miércoles, 10 de febrero de 2021
UN COCINERO DANÉS EN COREA DEL NORTE
sábado, 6 de febrero de 2021
IMPROVISANDO
(Publicado ayer en prensa)
Llevamos casi un año viviendo en el
absurdo y en la angustia, pero es posible que cuando en el futuro leamos la
crónica de este tiempo todo nos resulte aún más absurdo y angustioso de lo que
ahora nos parece. Algo tendrá esa crónica de relato de una pesadilla, y ya
sabemos que las pesadillas son distorsiones más o menos aleatorias de la
realidad, aunque también sabemos que, mientras estamos dentro de ella, la
pesadilla es tan real como la realidad misma.
Estábamos
tan tranquilos y de pronto entraron en nuestra vida las mascarillas y los
guantes, el gel hidroalcohólico y la distancia social, los murciélagos y los
virólogos. Los políticos estaban ahí desde siempre, pero de repente se vieron
obligados a gestionar un problema que no figuraba en el guion, y sin guion sólo
queda improvisar, y para improvisar hay que ser muy buen actor o tener mucho
desparpajo, o conciliar tal vez ambas cualidades.
En
este carrusel de improvisaciones que padecemos, los ejemplos resultan un tanto
cómicos, con la peculiaridad de que, en un escenario dramático, lo cómico tiende
a derivar a lo grotesco.
En
plena tercera ola, con los contagios disparados en todo el planeta, un senador de
talante triunfalista tuvo la ocurrencia de afirmar que Madrid había vencido al
virus, cabe suponer que gracias a las artes nigrománticas de la presidenta de
aquella comunidad, cuyos razonamientos suelen ser una pedrada en la frente a la
diosa Razón, aunque hay que reconocer sus desvelos por el gremio de la
hostelería, hasta el punto de sugerir que se priorice en el orden de vacunación
a los camareros para que de ese modo los bares resulten espacios seguros para
los clientes, cabe suponer que siempre y cuando los clientes de los bares sean
también camareros vacunados.
Por su parte, el historial de pronósticos de nuestro cordial director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias daría para un sainete protagonizado por un vidente al que le han vendido una bola de cristal defectuosa. A dicho sainete tal vez podría sumarse la ministra de Industria, Comercio y Turismo, que acaba de alegrarnos el sinvivir con la insinuación de que en Semana Santa es muy probable que recuperemos nuestra antigua condición de trotamundos. Resulta curioso, en fin, ese afán profético, cuando a los gestores públicos nadie les pide profecías, sino en cualquier caso proyectos.
Clarividencias aparte, disfrutamos también de ocurrencias en forma de brindis al sol, como la del vicepresidente segundo: en un momento en que el ansia mundial se centra en la obtención de dosis de vacunas, proclama su voluntad teórica de nacionalizar la industria farmacéutica (¿la norteamericana, la alemana, la británica?), lo que resulta tan útil como proponer que se aprovechen los efectos de un maremoto en Asia para construir un parque acuático en Ciudad Real.
Y
en esas andamos. Expectantes. Muy expectantes.
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domingo, 24 de enero de 2021
ERROR CERO
(Publicado ayer en prensa)
Cuando un político reconoce un error suele estar
reconociendo, en realidad, un acierto, sobre todo porque casi nunca se trata
del reconocimiento de un error concreto, sino inespecífico: “Si he podido
equivocarme en algo…”, lo que admite esta traducción aproximada: “Si por
casualidad he cometido algún error, habrá sido por acertar en todo lo demás,
incluido el posible error”. El ejercicio de la política parece ser que inmuniza
contra la equivocación, lo que lo distingue significativamente de cualquier otra
tarea humana. Si comete el error de cometer un error, en fin, lo normal es que
el político no cometa el error de reconocer su error, y es posible que haga
bien, pues lo que menos necesita una sociedad es la evidencia angustiosa de que
sus gestores públicos pueden ser falibles.
A
estas alturas de pandemia, los contagios y la tasa de mortalidad andan
disparados en casi todo el planeta, pero se da por hecho que nadie es
responsable de esta situación caótica, salvo quizá la situación en sí. En
cualquier caso, los únicos responsables seríamos nosotros y, por supuesto, el
virus, pero no los encargados de gobernarnos y de tomar medidas eficaces para
minimizar la incidencia de la catástrofe.
Los
científicos recomiendan un reconfinamiento estricto, por ejemplo, pero el
gobierno central desestima esa opción –que le sale muy cara- en beneficio del
mantenimiento de la actividad económica, así sea a ralentí, a pesar de que,
mediante esa estrategia de conciliación de la normalidad y el desorden, muchos
sectores se ven abocados a una ruina intermitente a corto plazo y a una ruina
total a medio plazo.
Los gobernantes nos tranquilizan con el
mensaje de que están tomando decisiones con arreglo a las directrices que les
marcan unos comités de expertos entre anónimos y fantasmagóricos, aunque nos
queda la duda de si sólo escuchan a esos expertos para escucharse finalmente a
sí mismos, pues, al fin y al cabo, un experto sanitario carece de esa visión
global de la realidad de la que suelen disfrutar los políticos gracias a su
omnisciencia infusa, o a lo que sea.
Ante
una situación descontrolada, parece ser que todo el mundo está eximido de
ejercer un control sobre ella, lo que no quita que se escenifiquen todos los
simulacros de control que a cada gobernante se le ocurran, ya sea mediante la
retórica –por lo común triunfalista- o mediante la implantación de medidas que
a veces rayan en el absurdo.
Aquí
nadie se ha equivocado. Y si se ha equivocado, será porque el error es un
trámite ineludible para acertar. Lo malo es cuando empezamos a sospechar que el
error puede ser no pandémico, pero sí endémico. Aunque nadie se haya equivocado
en nada, ya digo. Nadie. En nada.
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sábado, 23 de enero de 2021
CRÓNICA DEL HORROR
Como ustedes recordarán, el 22 de julio de 2011 se produjo un atentado con coche bomba en el distrito presidencial de Oslo. Hubo 8 muertos.
viernes, 22 de enero de 2021
viernes, 15 de enero de 2021
jueves, 14 de enero de 2021
LA EXPLICACIÓN
miércoles, 13 de enero de 2021
Sigo con los fantásticos y fantasiosos artículos de Álvaro Cunqueiro y leo esta apreciación de aplicación polivalente, digamos, y un tanto profética, tal vez por tratarse de una percepción intemporal: "Parece que en nuestro tiempo las gentes, a fuerza de no creer en nada, están dispuestas a creerlo todo, las mayores pamplinas, con tal de que caigan del lado de lo misterioso y sobrenatural".
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domingo, 10 de enero de 2021
LA BRAVURA
(Publicado ayer en prensa)
Como ustedes saben, en octubre de
1922 Benito Mussolini promovió una marcha sobre Roma para hacerse por las
bravas con el poder. Tuvo éxito. El miércoles pasado, otro fanfarrón narcisista,
Donald Trump, alentó, desde su acumulación de histriónicas pataletas de
perdedor agraviado, el asalto al Capitolio. A su manera, también tuvo éxito:
ofreció al mundo la imagen de la barbarie disfrazada de legitimidad democrática.
Al fin y al cabo, ese fomento de la barbarie ha sido el ruido de fondo de su
mandato: una superpotencia en manos de un demente. Demasiado poco ha pasado,
aun habiendo pasado mucho: la polarización fanatizada de un país de por sí especialmente
polarizado y crecientemente fanatizado.
Tanto
Mussolini como Trump contaron con el cerrilismo violento de sus seguidores,
representantes de ese cupo de bestialidad ideológica del que no consigue
librarse ninguna civilización, por avanzada que sea. Para desarrollar su
megalomanía, el megalómano necesita, en fin, el apoyo irracional de los
serviles, que jamás dudan de sus razones: es la ventaja del pensamiento que no
necesita pensarse a sí mismo.
Comoquiera
que EEUU viene a ser el laboratorio de los fenómenos sociológicos que, tarde o
temprano, tendrán su réplica en el resto del mundo capitalista, el sentido
común nos avisa de que podemos echarnos a temblar, ya que los personajes como
Trump no son una anomalía anecdótica, sino un patrón clonable: la sinrazón
necesita líderes para redimirse de su caos consustancial e individualista y
convertirse en un proyecto sistematizado y colectivo, en el simulacro de un
movimiento político superador de todas las ideologías políticas, con el
ultrapatriotismo como elemento armonizador de unas manías privadas: el
supremacismo, la paranoia conspirativa, la amenaza del comunismo y la conjura
de los oligarcas para aniquilar al género humano, pues el repertorio es tan
pintoresco como surtido.
En
Europa tenemos ya indicios sobrados del auge del populismo de tendencias
cesaristas. Y nuestro país no podía ser una excepción, claro está, con la
previsión de un crecimiento electoral de la derecha enfática, cuyo discurso
básico consiste en la necesidad de la destrucción de un presente considerado funesto
para emprender la reconstrucción de una difusa edad de oro, sin renunciar a la
nostalgia de nuestras glorias imperiales.
El
curso de la Historia nos advierte de los peligros de la denigración del
presente en beneficio de la añoranza de un pasado que no tiene sitio en el
futuro, pero se ve que a muchos les gusta vivir al borde del abismo de la
irrealidad: si la realidad les lleva la contraria, siempre habrá capitolios; si
la política no les vale como solución, la convierten en problema.
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viernes, 8 de enero de 2021
POEMILLA URGENTE
jueves, 7 de enero de 2021
ENTREVISTA
https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2021/01/06/5ff44a3721efa0644d8b463a.html
(No digo nada nuevo, pero las aportaciones de los comentaristas espontáneos merecen la pena: son la constatación de lo que intento reflejar en la novela.)
martes, 5 de enero de 2021
lunes, 4 de enero de 2021
sábado, 2 de enero de 2021
ENTREVISTA
"Las teorías conspirativas tienen detrás una ideología peligrosa, por
lo general cercana a la ultraderecha"
El autor roteño
Felipe Benítez Reyes estrena La conspiración de
los conspiranoicos, una novela en la
que aborda con humor e ironía las múltiples teorías negacionistas surgidas
durante la pandemia
1 de enero de 2021
Reírse de la idiotez
Hablar de Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) es hacerlo de un
autor total. Novelista, poeta, ensayista, columnista, en definitiva, escritor
de todo tipo de géneros, todos ellos con una brillantez y lucidez poco comunes.
Desde su atalaya, situada en el despacho de su vivienda habitual en su
localidad natal, rodeado de libros y de recuerdos, dio forma durante el
confinamiento a su última creación, la novela La conspiración de los
conspiranoicos (editorial Renacimiento, 2020), que gira en
torno a teorías conspiranoicas y negacionistas de la pandemia, con tramas que
se desarrollan por las calles de Cádiz.
El multipremiado escritor —Premio de la Crítica, Premio Nacional de
Literatura, Premio Nadal de novela, Premio Julio Camba de Periodismo o Premio
Nacional de Poesía, entre otros reconocimientos— retrata en su última obra a
varios perfiles de conspiranoicos cuyas conversaciones giran en torno a
discursos negacionistas, con Bill Gates, George Soros o Elon Musk
como “fuerzas del mal”, aunque también aparecen artistas como Miguel
Bosé o Bunbury, así como youtubers e influencers de todo pelaje, en una sátira en la
que el humor y la ironía que le caracterizan también están muy presentes.
"Ante un disparate tienes dos opciones básicas: reírte o irritarte",
dice el autor. Él opta por la primera opción.
El
presente también es una perspectiva. Mis novelas suelen tener un proceso de
escritura muy lento, pero está iba dictándomela el día a día, de modo que eso
funcionó como un acelerante.
¿Hay
vacuna para la conspiranoia?
Podría
suponerse que la sensatez, o el conocimiento, o el control de la imaginación,
pero mucho me temo que el conspiranoico no admite filtros racionales. Va por
libre y tiene una seguridad absoluta en sus deducciones y una suficiencia
intelectual que excluye cualquier duda en su proceso deductivo. Y en eso, al
fin y al cabo, tampoco se distingue mucho del resto. Todos somos conspiranoicos
con respecto a según qué. Debe de tratarse de una configuración de fábrica de
nuestra mente. Todo depende del grado, supongo.
¿Las teorías
de la conspiración más vale tomárselas a risa?
Bueno, sí
y no. Depende de su ámbito de influencia. Detrás de esas teorías conspirativas
suele haber una ideología peligrosa, por lo general cercana a la ultraderecha.
Si se trata de charlatanes de barra de bar, no pasa gran cosa, pero ya hemos
visto que algunos de esos botarates pueden llegar incluso a la presidencia de
un país.
¿Es el
humor la herramienta que deberíamos utilizar para contrarrestar estas teorías?
El humor
es un arma que suele servir para desarmar. Es posible, no sé. Ante un disparate
tienes dos opciones básicas: reírte o irritarte.
¿No es paradójico que, cuanto más acceso a
la información tenemos, peor la utilizamos?
Sí, es un fenómeno curioso.
Disponemos de un acceso casi absoluto y casi gratuito a la información, lo que
tiene como consecuencia unos niveles altísimos de desinformación. Aparte de
eso, la información más o menos objetiva tiene que competir con la información
fantasiosa, que suele ser más seductora.
¿Cuánta culpa tienen las redes sociales de
la “democratización” de la idiotez?
Hoy cualquiera puede tener su
simulacro de programa televisivo y su hojilla parroquial, y casi todo el mundo
tiene sus días tontos.
¿Por qué ambientada en Cádiz?
Porque es una de mis ciudades
predilectas y también porque es un buen escenario novelístico.
¿Cómo
le ha cambiado la pandemia? ¿Para qué le ha servido?
Cambiarme
no sé hasta qué punto. La verdad es que soy de salir muy poco. Mi lugar
favorito es mi casa, de modo que por ahí no tengo problema. Quizá me ha vuelto
un poco más neurótico, como a casi todo el mundo. ¿Servirme? Pues para escribir
esta novela, por ejemplo. Para poco más.
¿Cree
que ahora se valora más la cultura, refugio durante estos meses, o fue un
espejismo?
No lo sé, pero me extrañaría
que la cultura se hubiera revalorizado a partir de esto. Es posible que esa
revalorización afecte más a la industria del entretenimiento, que incluye por
supuesto a lo que llamamos cultura, pero no con
total exactitud.
¿Tuvo algún momento de bloqueo creativo durante el confinamiento?
Sí,
durante un par de meses, los primeros. La muerte se había convertido en una
presencia casi visible. De repente, se impuso una especie de pesadumbre
colectiva. Pasamos de la despreocupación a la fragilidad.
Saldremos mejores, se decía durante la
primera ola… ¿lo comparte?
Me gustaría pensar que sí,
pero me temo que saldremos igual que entramos, en el caso optimista de que no
salgamos un poco peor. Los traumas globales no se arreglan de la noche a la
mañana.
Hace poco anunció la donación de su
archivo al Ayuntamiento de Rota, ¿qué espera que hagan con él?
Pues catalogarlo para que
pueda servir como un centro de investigación, no sobre mí, sino sobre esta
época literaria. He aportado mucho material ajeno, en forma de libros, de
cartas, de revistas… Lo mío es el vehículo, no el objetivo.
martes, 29 de diciembre de 2020
Ahora -lo siento- toca andar en esto...
https://leerporleer.com/resenas/la-conspiracion-de-los-conspiranoicos/












