(Publicado hoy en prensa a través de la agencia Colpisa)
Mañana se
celebran las elecciones andaluzas y la incertidumbre ante el resultado es
relativa: mayoría absoluta del PP o perspectiva de un Gobierno de coalición
entre PP y Vox, lo que abriría una incertidumbre ya no tan relativa, en
especial si tenemos en cuenta el historial de acuerdos entre ambas formaciones,
que en realidad es un burdo y áspero historial de desacuerdos, hasta el extremo
de caer en la estrategia del absurdo en el caso de Extremadura.
Los dirigentes de Vox (y no sé si exagero con el uso del plural) saben
que, salvo que el país entero se vuelva loco de atar, nunca ganarán unas
elecciones, pues la suya no pasa de ser una de esas formaciones pintorescas que
se valen de la democracia para promover políticas de debilitamiento democrático,
pero parecen dispuestos a imponer sus principios inamovibles si el PP necesita su
apoyo para gobernar, lo que no deja de ser una manera de ganar cuando se
pierde, gracias a esas matemáticas misteriosas que aplican los políticos a la
política cuando las matemáticas canónicas no les sirven de mucho.
En cualquier caso, Moreno Bonilla afirmaba ayer mismo: “Un Gobierno con
Vox es un Gobierno imposible”, aunque creo que la palabra adecuada hubiese sido
“insufrible”, porque “imposible”, en política, es una palabra demasiado
polisémica que a menudo significa lo contrario de lo que significa.
Como todo proceso electoral, este tiene
su lado estrambótico, pues muchos ciudadanos de izquierdas respirarán
medianamente aliviados si el PP revalida la mayoría absoluta y puede prescindir
de esos chantajes a menudo inconstitucionales que la ultraderecha se ha
aficionado a confundir con una negociación más o menos razonable con la
formación más afín a sus postulados, aunque en el caso andaluz esa afinidad se
aleja un tanto –al menos en apariencia- del estándar nacional.
Los dirigentes de las izquierdas, por el contrario, no creo que se lo
tomen tan bien, pues una cosa es el interés de la ciudadanía y otra un poco
diferente el interés de los partidos, como evidencia el hecho de que prefieran que Vox entre a formar parte de algunos gobiernos autonómicos antes
que someterse ellos al martirio de una abstención en una sesión de investidura, y que
la gente -incluidos sus propios votantes- se resigne a que le caiga encima todo
el peso muerto del ultrapopulismo.
Por otra parte, quien haya tenido la
ocurrencia de designar candidata a María Jesús Montero se merece un homenaje
por parte del PP. ¿Una política con un pasado vulnerable por su gestión como
consejera andaluza? ¿Una paracaidista
designada por el Gobierno central a falta de candidatos regionales adecuados?
¿Una exministra de Hacienda en una comunidad que tiene el mayor número -en
términos absolutos- de trabajadores autónomos, que son los más presionados
fiscalmente de todo el espectro laboral?
Todo tan previsible, en fin, que hasta
sobran los comentarios.
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