martes, 18 de mayo de 2021

LA EVALUACIÓN

 Cuando nuestra vida en común recupere su plena condición de vida, de vida que merezca ese nombre, haremos recuento de muchísimas cosas desde una perspectiva aliviada, pero también extrañada, porque extraño está siendo todo, y la extrañeza suele exigirnos un proceso de interpretación, de dilucidación y de clarificación de la anomalía.

         Llevamos mucho tiempo instalados en el temor, pues lo que era cotidiano se ha convertido en peligroso y lo que era inocente ha pasado a ser culpable. A estas alturas, todos tenemos una difusa conciencia delictiva: ¿quién no ha se ha saltado el toque de queda, quién no se ha apuntado a una reunión clandestina en casa ajena o ha montado una celebración secreta en casa propia, quién se resistió a abrazar a sus mayores o allegados cuando aún la vacunación era una esperanza remota, quién no ha terminado por asumir miles y miles de muertes con la insensibilidad de quien recibe un mero dato estadístico?

¿Estamos al límite? En estos días, vemos a muchísima gente echarse festivamente a la calle no ya como si se hubiese acabado la pandemia, sino como si el mundo fuera a acabarse mañana mismo. Y es algo que censuramos, a la vez que, en el fondo, lo comprendemos: si resultaba difícil sobrellevar la realidad que solíamos considerar normalizada, ¿cómo vamos a soportar una irrealidad del todo anómala? Los políticos nos piden responsabilidad, pero ni siquiera ellos se atreven a sugerirnos que nos comportemos como héroes, porque en eso llevarían las de perder: somos lo que somos y como somos. Como podemos ser, y no más.

Cuando esto pase y analicemos este periodo extraño, tal vez nuestros gobernantes no salgan muy bien parados de la evaluación, y no por la manera inevitablemente errática en que están gestionando esta crisis, con tantos aciertos como errores, con tantas medidas efectivas como normativas absurdas, sino por su falta de altura no en la gestión, ya digo, sino en el concepto profundo de la política misma.

Y es que han pedido a la gente unos sacrificios que no se han aplicado a ellos mismos. El sacrificio, por ejemplo, de que desideologicemos esta catástrofe para ir todos en el mismo barco, a la vez que ellos han acentuado –e incluso enfatizado- sus disputas partidistas, conforme a esa especie de supramundo olímpico en que han decidido asentarse para ejercer la hostilidad mutua como norma irrenunciable.

En un clima social proclive a la crispación y al desánimo, la clase política ha decidido, en suma, fomentar la crispación y promover el desánimo. No parece, así de entrada, una buena estrategia para la reconstrucción emocional de una sociedad golpeada en su centro.

         Pero, como siempre, ellos sabrán mejor que nadie lo que nos conviene.

.

lunes, 17 de mayo de 2021

lunes, 10 de mayo de 2021

CABALLERO PERPETUO

 (Publicado ayer en EL MUNDO)



Tenía 94 años, sí, pero nos habíamos hecho a la idea de que era inmortal, como se sospechaba que lo era el conde de Saint Germain, y que nos sobreviviría a todos.

No ha podido ser, aunque cuesta trabajo creerlo: ¿cómo que ha muerto Pepe, si ya lo difícil para él era morirse, después de haber sobrevivido a varios naufragios, circunstancia que, según una antigua superstición a la que él se acogía, otorga la inmortalidad a los mortales? Dábamos por hecho, en fin, que la metódica dama Muerte se había olvidado de llamar a su puerta, como si nuestro tío adoptivo Pepe se hubiese convertido en el personaje venturoso de una de esas fantasías paranormales de las Mil y una noches

Hasta el último momento estuvo lúcido, con el cuerpo rendido pero con la mente en estado permanente de alerta, con el pensamiento vivísimo y rápido, lo que en parte era un don y en parte una condena: consciente de su acabamiento progresivo, de la muesca que el paso de los días dejaba en su cuerpo castigado. Él, que siempre tuvo andares y hechuras de emperador de un país exótico, a prueba de madrugadas y de botellas vaciadas de manzanilla....

“Estoy caducado”, te decía, con el senequismo de un epicúreo. “Esto se acaba”. En los últimos meses, al otro lado del teléfono, presumía de que se le olvidaban las cosas, incluidas algunas palabras, pero, al mismo tiempo, soltaba una agudeza sorprendente, una divertida frase epigramática sobre algún personaje de actualidad, un juego afortunado de palabras en modo alguno olvidadas.

Presumía también de tener un carácter difícil, pero selectivo: podía ser impertinente con los impertinentes, pero fiel como ninguno a sus afectos.

Es muy raro esto de que se nos mueran los amigos, porque los amigos nunca se nos mueren: sólo morirán con nosotros, no en nosotros.

Muy raro esto de que no volvamos a reunirnos con Pepe y Pepa, su mujer, la pareja inseparable, en una venta a pie de playa, frente a una bandeja de huevos fritos con patatas de Sanlúcar, para hablar de todo en abstracto y de nada en particular, como si fuésemos inmortales, como si el tiempo fuese una mera ficción del pensamiento.

Como si la vida no tuviese al dorso, en fin, una implacable fecha de caducidad.


.

lunes, 3 de mayo de 2021

LA HORA DEL VOTO

 

Mañana los madrileños irán a votar y el resto de los españoles descansaremos al fin de una campaña electoral especialmente crispada que, en un plano estrictamente territorial, ni nos iba ni nos venía, pero que se nos coló en casa gracias a ese centralismo informativo que sobrevive a la fragmentación autonómica, hasta el punto de que conocemos mejor a los candidatos de allí que a nuestros respectivos gobernantes regionales.

         De la campaña podemos concluir varias cosas, todas ellas tan desconcertantes como edificantes. Por ejemplo, que los madrileños, según la percepción de quienes se ven como afectados, son víctimas de una creciente madrileñofobia. Y es que si Cataluña disfruta –y nunca mejor dicho- de la catalanofobia, Madrid no podía ser menos: ¿qué región del mundo puede vivir sin una idiosincrasia y sin agravios a su idiosincrasia?

También se deduce, con arreglo a las proclamas de algunos candidatos, que Madrid atesora la esencia milenaria del españolismo, previa incluso a la existencia de España: algo así, no sé, como un bastión irreductible frente a la amenaza del comunismo, al que algunos combaten mediante la defensa de una especie de vitalista anarquismo de derechas, ideología parapolítica que defiende aspectos tan variados como pueden serlo la bajada de impuestos como método para garantizar los servicios públicos o bien el consumo de cerveza, en tiempos de pandemia, como un acto cívico de libertad y rebeldía identitaria. (No en vano la actual presidenta en funciones dejó claro en su día que a Madrid emigra lo mejor de las Españas, mientras que en el resto del territorio se supone que se queda la gleba improductiva y subvencionada, dato que ya conocíamos, no obstante, por boca de algunos líderes catalanes.)

         Por si faltaba algo, entraron en campaña las amenazas de muerte, lo que añadió una dimensión épica a lo que en principio estaba limitado a ser una mera trifulca. Un asunto desagradable, por supuesto, pero todo el mundo sabe –y mejor que nadie los políticos- que el peligro de verdad no está en que te amenacen de muerte, sino en que te maten sin amenaza previa, porque quien tiene decidido matarte, salvo que medie un chantaje previo, no suele practicar la cortesía de avisarte de sus intenciones, aunque ¿quién renuncia –y menos en campaña- al prestigio de lo dramático?

Todos nos llevamos una sorpresa al saber que el único identificado como autor de esas amenazas es un enfermo mental, cuando se supone que deberíamos dar por sentado que ese tipo de acciones las llevan a cabo las personas que están plenamente en sus cabales.

“Nuestra democracia está amenazada”, enfatizaron algunos, elevando la anécdota a categoría con la misma lógica con que podríamos deducir que, tras el atraco a una joyería de barrio, la industria joyera del país está al borde de la extinción.

         En estos casos, en suma, todo vale. Y mañana votarán. Y entonces, pase lo que pase, empezará allí el verdadero lío.


.

miércoles, 28 de abril de 2021


Esta fotografía anónima podría haberla firmado Cristina García Rodero.

El retratado es Arturito, que ni de viejo perdió el diminutivo, en atención a su candidez.
Se dedicaba a rifar cosas: cestas de alimentos, radiocasetes, ventiladores, niños jesús de escayola...
Creo que nadie se preocupaba por enterarse de si su cupón había sido premiado, porque aquello tenía mucho de rifa abstracta: no te importaba el premio, sino el echar una mano a Arturito en su ilusionado negocio de azares.
Era afectuoso y respetuoso con todo el mundo y no se le entendía lo que hablaba, pero sabías que era amable lo que intentaba decirte cuando te alargaba, con una sonrisa rígida, la papeleta, firmada al dorso por él con un garabato.

.

martes, 20 de abril de 2021

lunes, 19 de abril de 2021

POSTULANTES

 (Publicado ayer en prensa)


Convocar elecciones, así sean autonómicas, en medio de una pandemia viene a ser como empezar a estudiar el temario de unas oposiciones en medio de un terremoto: no puede decirse que sea el momento propicio. Y no porque haya que extremar las medidas sanitarias de seguridad tanto en los mítines como en los colegios electorales, pues ya hemos visto en Cataluña que eso puede resolverse con éxito, sino porque una campaña electoral exige a la gente un esfuerzo psicológico complementario al que ya supone soportar este desastre que ha hecho que se tambalee nuestra salud, nuestra economía, nuestras rutinas y nuestros equilibrios emocionales.

Lo que menos necesitamos, en definitiva, es asistir al espectáculo vociferante de una pugna política para ocupar sillones y, de paso, y si se tercia, para llevar a la ciudadanía en bloque al paraíso sociológico con el que la humanidad sueña desde que empezamos a caminar erguidos, hará de eso unos cuantos millones de años, aunque el disfrute de ese paraíso sea nuestra principal asignatura pendiente, pues se ve que el género humano es un mal estudiante de sí mismo y lleva demasiado tiempo suspendiendo los exámenes, hasta el punto de que casi podemos dar por agotadas las convocatorias.

         Se nos hace raro, en fin, asistir en estos tiempos a esa confusa función teatral que son las campañas electorales, pues, a pesar de nuestras profundas convicciones democráticas, todo nos suena a comedia de capa y espada ante un decorado de cartón piedra. Los actores parecen sobreactuar más que nunca. El argumento de la obra nos resulta inverosímil. Los aplausos que reciben parecen venir sólo de la clac.

         No sé. Es un mal momento para alentar ilusiones colectivas a partir de futuribles, precisamente porque lo que más necesitamos es otro tipo de utopías: que la vida vuelva a nosotros, que nos vacunen, que se encuentre un remedio para el virus y que la gente pueda regresar sin miedo a su trabajo y a sus ocios. La promesa del paraíso en la tierra no es ahora un artículo de primera necesidad, y nos conformamos con salir de este purgatorio, cuando no, en los casos más desventurados, de este infierno en vida.

         Hay que reconocer que los políticos son muy valientes al someterse a un escrutinio en tiempos de crispación, de desaliento y de escepticismo globales, con la desconfianza hacia ellos acentuada por unas circunstancias muy adversas (algo así como si se incendia el bloque y aparece el vecino del 6ºA disfrazado de Spiderman), porque corren el riesgo de no resultar creíbles, de ser vistos como actores pendencieros y malhumorados que venden un discurso que en su mayor parte se quedará, a la hora de la gestión, en un mero discurso.

         Lo de siempre, se dirá. Sí. Pero tal vez en el peor momento posible.


.

jueves, 8 de abril de 2021

MAE WEST as herself

 


Esta película de 1933, dirigida por Wesley Ruggles, con guion -al menos en parte- de Mae West, resulta fascinante por lo que tiene de disparate casi del todo involuntario.

A sus 40 años, la divertidísima y narcisista Mae West se adjudica el papel de adolescente fatal, de flapper, de sex symbol irresistible, de perdición de los hombres, que con solo verla caen fulminados ante el esplendor rubio de su belleza. (Como dato curioso, creo que ella inventa en esta película los andares característicos de los vacilones de Harlem.)

Mae West está absurdamente grandiosa, en fin, en un papel del todo absurdo.

Por su parte, Cary Grant, que por entonces tenía 29 años, pasa las fatiguitas de la muerte para meterse en el papel de enamorado rendido de la diva.

Una cautivadora majadería kitsch, en definitiva, de cabo a rabo.

(En FILMIN. También disponible en Youtube.)

lunes, 5 de abril de 2021

 





Honrarás a tu padre (Sweepings), película de 1933 de John Cromwell basada en una novela de Lester Cohen e inspirada vagamente en El rey Lear, con un impresionante Lionel Barrymore, sólo tiene, a mi entender, un defecto: sus 3 segundos finales.
Lo demás me parece espléndido.

(La he visto en FILMIN)

viernes, 2 de abril de 2021

UNA RESEÑA

 


Ana Rodríguez Fischer, hoy, en EL PAÍS / Babelia: 

https://elpais.com/babelia/2021-04-02/majaretas-y-charlatanes.html


Creo que sólo está accesible para suscriptores. La copio:

MAJARETAS Y CHARLATANES

Son dos tipos humanos que parecen necesitarse mutuamente o al menos mantener entre sí cierta dependencia. Así lo percibimos en La conspiración de los conspiranoicos, novela protagonizada por cinco amigos que, en plena pandemia, se dedican a analizar la situación, recogiendo las múltiples noticias y opiniones que van aflorando, valorándolas y elucubrando sobre los oscuros propósitos que esconden o los intereses a que sirven, dando rienda suelta a disparatadas hipótesis y llegando a conclusiones no menos chocantes.

Los materiales proceden en gran medida de la realidad que estamos viviendo y el acierto de Felipe Benítez Reyes es organizarlos conforme a un designio inequívocamente literario. Empezando por los personajes: Montse Montenegro, maestra en una guardería, viuda y muy dada a fantasías espirituales de diversa índole; Beltrami, de elevada alcurnia pero que fue dependiente raso en un bazar chino; Mangoli, acrónimo de Manuel González Lira, muy versado en cientifismos, trabaja en la Diputación Provincial coordinando eventos, aunque lleva un año de baja por depresión; Tomi Guerra, profesor de literatura en secundaria, colabora en el Diario de Cádiz y es autor de una novela histórica, y Lorenzo Aguado Menéndez, propietario de una gestoría y narrador de la novela.

El segundo acierto es articular todo el discurso a partir de la tertulia mensual que mantienen estos amigos que se conocieron en un taller literario y que, por motivos paranoicos, pasa a ser ambulante. Benítez Reyes toma la tradición satírica del XVIII y articula esta hilarante crónica a partir de una tertulia provinciana. Los espacios que la acogen o el rito que la preside añaden variedad y amenidad al relato, pues en cada sesión un tertuliano pronuncia un discurso que después se debate, proyectando la especulación hacia el trascendentalismo religioso o la ambición enciclopédica. Por último, el lenguaje o la maestría de Benítez Reyes en el manejo del humor, la ironía y la parodia. Como adenda, un divertido desenlace novelesco.

    Y ahí lo dejamos, que diría un contertulio.

domingo, 28 de marzo de 2021

MIA, WOODY Y DYLAN

 


Visto esto, que deja muy mal cuerpo.

Por decirlo todo: en general, me gusta poco el cine de Woody Allen.
¿Un genio? Bueno, la genialidad es un concepto fluctuante, y cabría suponer que para reconocer y calibrar la genialidad ajena habría que disponer de una genialidad propia, pero bien está: para muchos, un genio. Vale.

Los cuatro capítulos de este documental se centran en los presuntos abusos sexuales a los que Allen sometió a su hija adoptiva cuando ella tenía 7 años.

En su momento, Mia Farrow acusó a Allen de tales abusos y Allen acusó a Farrow de manipular a la niña como venganza por su separación: la célebre "alienación parental", trastorno considerado como pseudocientífico por muchos psicólogos y coartada habitual para los abusadores: gracias a ese concepto, la mayoría de las madres estadounidenses que denuncian abusos cometidos por el padre pierden la custodia de sus hijos. (Y se estima que en el 88% de esos casos los menores vuelven a ser víctimas de abusos por parte de su padre.)

Este documental tiene el punto débil de ser un relato “de parte”. De la parte de Farrow. Aun así, se le da voz a Allen a través de intervenciones públicas en las que defendía su inocencia y denunciaba la malignidad de su expareja.

Hay quien esgrime como argumento exculpatorio que Allen jamás fue condenado judicialmente por esos abusos. Así es. Pero este documental revela un detalle: el juez que llevó el caso vio indicios claros de delito, aunque prefirió cerrarlo para evitar que una niña traumatizada se viese sometida a las presiones psicológicas derivadas de un juicio de repercusión mediática mundial. ¿Una decisión acertada o errónea? El propio juez sigue preguntándoselo hoy en día.

En un intento por ser ecuánimes, podríamos considerar la posibilidad de que Farrow -mujer más que extraña- manipulase a la niña y le impusiera y dictara el relato de los presuntos abusos. De acuerdo. Lo que resulta raro es que aquella niña, hoy ya mujer adulta, y tras pasar por la consulta de varios psicoterapeutas para gestionar sus traumas infantiles, mantenga sin fisuras ese relato: en el caso de tratarse de una fantasía inculcada por su madre, cabe suponer que, tarde o temprano, la mentira se hubiese derrumbado en su mente, de modo que hubiera pasado de considerarse víctima de su padre adoptivo a aceptarse como víctima de su madre adoptiva.

Y aquí podemos dar la vuelta al asunto: ¿y si es Woody Allen el que se ha hecho a sí mismo un relato falso en torno a un episodio vergonzante y vergonzoso? ¿Y si fuese Woody Allen el que ha engañado a su conciencia con mentiras sobre sí mismo inducidas por él mismo?

También es raro, de todas formas, que Woody Allen decidiera ejercer de pederasta ocasional -los psicólogos admiten esa figura- justo en medio de una ruptura sentimental bastante traumática y espinosa. ¿¿¿???

Como decía al principio, esta historia deja muy mal cuerpo, en parte porque obliga al espectador a convertirse en verdugo moral a partir de unos hechos que en esencia desconoce, por muchos detalles que se den: hay en todo este asunto un trasfondo muy turbio, una zona insondable.

Al final, no sabes qué pensar ni en qué -ni a quién- creer, y lo que queda es el sufrimiento de una niña que, ya de mujer, sigue sufriendo retrospectivamente a causa de unos episodios -¿imaginarios?-de su infancia. Ese daño permanente.


.

martes, 23 de marzo de 2021

domingo, 21 de marzo de 2021

TERREMOTOS DE SALÓN

(Publicado ayer en la prensa) 




Son tiempos raros para todos, y nuestros políticos no iban a ser una excepción. Aun así, en estos últimos días, la rareza del comportamiento de algunos de ellos ha ido ascendiendo al rango de lo estrambótico.

         Se produce la primera detonación en Murcia, con la traída y llevada moción de censura promovida por el PSOE y Cs, hasta que el secretario general del PP decide negociar en la sombra con tres de los diputados de Cs que habían firmado dicha moción. Como por arte de hechicería o de hipnosis, el resultado acaba siendo inmejorable: a cambio de tres consejerías, el susodicho secretario general les neutraliza las ganas de censurar a nadie. Como efecto secundario del psicodrama murciano, la presidenta de la Comunidad de Madrid oye una voz interior que le dice que disuelva el parlamento autonómico y convoque elecciones, no sólo por el temor de que sus socios de gobierno exporten a Madrid la traición llevada a cabo en Murcia, sino también por la ilusión de obtener una mayoría absoluta: "Ahora quiero ser libre. Aspiro a hacerlo sola, a estar sola”.

         Quien no ha querido estar solo, en cambio, es Pablo Iglesias, que, tras sacrificar su vicepresidencia segunda para interpretar el papel de redentor repentino de la izquierda amenazada, tendió la mano a Más Madrid, formación que tiene su origen precisamente en el hartazgo del talante cesarista de Iglesias. En este caso, y al contrario que en Murcia, no ha habido un final feliz para nadie, en parte porque la mano que les tendía Iglesias no era la de un solícito servidor, sino la de un imperioso emperador. Se respeta así la tradición del egocentrismo suicida de las formaciones de izquierda, aunque en este caso la unión parece ser que no haría necesariamente la fuerza.

      ¿Qué consecuencias tendrán estos movimientos desconcertantes? No lo sabremos hasta mayo. Es posible que Ayuso consiga una mayoría absoluta para cumplir su sueño de soledad absolutista, pero también es posible que no, en cuyo caso tendría una recompensa: en vez de con Cs, podría gobernar con VOX, más en sintonía con la deriva populista de su discurso, resumido en el extraño lema “Comunismo o libertad”, disyuntiva que tiene el mismo fundamento que la de “Discoteca o yoga”, pongamos por caso.

         Mientras sí y mientras no, el PP acoge ya en su seno –a falta de nueva sede- a los arrepentidos de Cs, que regresan como hijos descarriados a la casa común de la derecha hegemónica, lo que compensa un poco la fuga de muchos de sus votantes a la ultraderecha emergente. ¿Y el efecto Iglesias? Es posible que ni él mismo acierte a calibrarlo, a pesar de que el narcisismo suele ser una variante del optimismo.

Será, eso sí, una campaña especialmente áspera e inmoderada. Ayuso apelará sin complejos al supremacismo madrileñista, VOX se aferrará a su patriotismo simplista y melodramático, Cs recurrirá –no sin razón- al victimismo y los partidos de izquierda defenderán más o menos lo mismo con tonos muy diferentes.

         Y nosotros, mientras tanto, esperando la vacuna… y a Godot.


.

sábado, 20 de marzo de 2021

ESCRITO EN LA ARENA

 (Poema -hasta ahora inédito- que publico en El Cultural. El cuadro es de mi hermano Manuel Antonio.)




Qué extraña va la mar en su deriva

de inmovilidad palpitante.


El oleaje que busca sus orillas

en el confín desconocido,

en la playa remota en la que suenan

las caracolas por dentro de sí mismas,

o en un paraje helado,

o en el muelle con barcas con nombre de mujer.

 

Tú, el niño navegante de una mar infinita,

corsario de una arena con tesoros,

mírate llegar también a donde acaban

las olas de expirar con su grandeza

de dibujo en el aire y en el tiempo.

 

Mírate allá en el tiempo, que no es nada.

 

Mírate allá en el aire, en lo que eres.

 

La mar extraña en ti y en tu deriva.


.




viernes, 12 de marzo de 2021

LA MUJER EN LA LUNA



No había visto esta película muda, de 1929, de Fritz Lang, con guion suyo y de su mujer Thea von Harbou.

Me parece un prodigio de la fantasía, con sus inevitables candideces futuristas y con sus imprevistas anticipaciones tecnológicas.

Hay quien le achaca un exceso de metraje (170 minutos en la versión restaurada), pero quizá hay que tener en cuenta que quien iba al cine en 1929 lo hacía con el ánimo de quien se adentra en una gruta encantada parecida a la cervantina cueva de Montesinos, sin prisas, dispuesto a dejarse fascinar durante el tiempo que hiciera falta por aquel ilusionismo novedoso. (Y, además, se podía fumar en la sala.)

Es cierto que en la primera mitad se demora mucho la acción, pero, en cuanto los protagonistas pisan territorio lunar, el cuento -es eso- se vuelve fascinante.

Y se transforma uno en el maravillado espectador infantil que una vez fue cuando se apagaban las luces, se iluminaba la pantalla y deseaba que aquello no acabase nunca.