(Publicado en prensa a través de la Agencia Colpisa)
Con la realidad pasa lo mismo que
con las novelas: si llega un momento en que su trama nos resulta inverosímil,
nos sentimos expulsados de la realidad o de la novela, según.
Que nos
decepcione una novela y abandonemos su lectura es algo que carece de
importancia: hay millones para elegir. Que nos perturbe la realidad resulta un
poco más alarmante, ya que realidades individuales hay muchas, pero la realidad
global nos afecta a todos: desde mi realidad individual puedo creerme Napoleón
Bonaparte, pongamos por caso, pero si tengo intención de pasar mis vacaciones
veraniegas en Córcega, el billete de avión va a salirme más caro si persiste el
bloqueo en el estrecho de Ormuz, en especial si al bloqueo iraní se sigue
sumando el rebloqueo norteamericano, estrategia que imagino diseñada por los
altos mandos de la inteligencia militar, pero que así al pronto parece ideada
por un cuñado harto de vino tinto.
El
caso es que si la realidad global adopta una deriva disparatada, nuestro
pensamiento tiende a volverse igualmente disparatado, cuando no conspiranoico,
y entonces te da por sospechar cosas. Cosas raras. Por ejemplo, no sé: a) que
lo del tiro en la oreja fue un montaje de efectos especiales, b) que EEUU ha atacado Israel porque el
Mossad se ha hecho con una copia de los archivos de Epstein y Netanyahu ha
chantajeado a Trump con hacerlos públicos si no le presta apoyo en su delirante
sueño expansionista y en su vocación exterminadora, c) que EEUU lleva gastados más de 25000 millones de dólares desde
el inicio del conflicto con la única finalidad práctica de que el clan de los
Trump aumente su fortuna o d) que
Donald Trump es un replicante del Trump de carne y hueso, un robot cómico
construido en China, vendido luego a Rusia y exportado clandestinamente a EEUU,
donde ganó las elecciones tras proclamar verdades tan sobrecogedoras como que
en Springfield, Ohio, los inmigrantes ilegales haitianos se comían los perros y
los gatos de la población legal.
Según todos
los indicios, el robot se ha averiado y está fuera de control, hasta el punto
de que incluso los chinos y los rusos andan preocupados con las ocurrencias
anonadantes de esa especie de monstruo de Frankenstein anaranjado que han
puesto al frente de la primera potencia mundial y que lo mismo se levanta un
día postulándose como papa de Roma que al día siguiente decide ser Jesucristo.
Por suerte,
durante la visita del rey Carlos III de Inglaterra no ha hecho chistes con las
orejas del monarca, aunque justo al día siguiente no dudó en hacerlos con las
orejas de soplillo del jefe de la NASA.
Hay impulsos,
en fin, incontrolables. Y el robot incontrolado no parece dispuesto a dejarse
reparar.
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