viernes, 31 de marzo de 2023
CARLOS MÁRMOL escribe en LETRA GLOBAL sobre LOS ABRACADABRAS
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domingo, 26 de marzo de 2023
UNA FANTASÍA
(Publicado en prensa)
Hay dos hipótesis sobre el éxito
de la moción de censura promovida por Vox que llevó a Ramón Tamames a la
presidencia del gobierno de España. La primera de ellas, prevalente en las
tertulias de politólogos, es que se debió a un hackeo perpetrado por unos
piratas informáticos rusos que convirtieron la tecla del NO en SÍ y viceversa.
La segunda, tal vez más verosímil, se la debemos a los expertos en misterios
insondables que suelen participar en el programa televisivo Cuarto Milenio: a
la hora de la votación, los diputados y diputadas sufrieron una abducción
mental transitoria por parte de unos extraterrestres, aunque nadie acierta a
especificar de qué planeta en concreto.
Lo
que vino luego es de sobra conocido: una vez investido presidente, Tamames tuvo
que lidiar con la pretensión de Abascal de que dimitiese y le cediera la
presidencia, a lo que Tamames objetó que Abascal era demasiado joven para
hacerse cargo de las riendas del país. Aquello creó un conflicto interno que a
punto estuvo de terminar como terminaron los idus de marzo para Julio César si
no hubiese mediado en el asunto el ministro de Cultura, que a la sazón no era
otro que Sánchez Dragó. (Todos los libros escolares, como saben ustedes, fueron
sustituidos por Gárgoris y Habidis,
que vino a cumplir la misma función que antaño la Enciclopedia Álvarez).
A los pocos
meses de redimir al país de las catástrofes ocasionadas por el gobierno de
coalición, Tamames se quitó la careta: “Fui comunista y lo seré siempre, ¿qué
os creíais? Soy un topo al servicio de China y de Corea del Norte, con la ayuda
además de los extraterrestres”. (Extremo este que potenciaría la segunda
hipótesis referida al principio). Tras aquella revelación, decretó la
disolución del gobierno y mandó detener a la cúpula de Vox, que quedó a la
espera de juicio por traición a la patria.
A
partir de ahí, los acontecimientos sorpresivos se sucedieron: el norcoreano Kim
Jong-un desembarcó con sus tropas en Santander para iniciar la invasión de
nuestra península desde el norte, en tanto que el chino Xi Jinping hizo lo
propio en Algeciras para invadir desde el sur, y fueron conquistando
territorios hasta encontrarse ambos a la altura de Madrid, donde proclamaron la
I República Asiática de España, de la que Ayuso fue nombrada princesa del
pueblo tabernario, en tanto que Tamames quedó como mandarín regente, a la
espera de que la susodicha princesa alcanzase la madurez mental. Según era previsible,
los socialcomunistas reclamaron su papel participativo en la nueva situación
política, pero obtuvieron una respuesta hostil: si habían sido los perdedores
de la moción de censura, no tenían derecho a reclamar nada.
Y
así se escribe la Historia.
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viernes, 3 de marzo de 2023
LIBRO GRATIS
domingo, 26 de febrero de 2023
LA DIPLOMACIA
(Publicado en prensa)
Según Putin, en Occidente tenemos
dos diversiones: practicar con impunidad la pedofilia y obligar a los curas a
celebrar matrimonios homosexuales. Aparte de eso, da por hecho que lo que de
verdad nos gustaría es destruir Rusia, deseo prevalente de cualquier occidental
desde que abre los ojos por la mañana: “Apreciados vecinos, ayer destruimos
Volgogrado y la semana próxima haremos una excursión para destruir
Novosibirsk”, se supone que anuncia el delegado del Gobierno en Almería,
pongamos por caso, mientras que el alcalde de Múnich firma un bando en que
incita a la destrucción de Saratov o de Ekaterimburgo, según le pille el día. Da
la impresión de que quien no tiene interés en destruir nada es el propio Putin,
y tal vez por eso ha anunciado el incremento de su arsenal nuclear.
La
ventaja de poner al mando de un país a un chulo barato es que todo suena a
épica, y ya sabemos que la épica se vende bien entre los hechizados por los
patriotismos irracionales: apelas a la patria y ya vale todo, en parte porque
la palabra “patria” no solo es polisémica, sino que además no significa nada en
concreto: lo que cada cual interprete. A la carta. La sofística tampoco podía
quedar al margen: según Putin, Rusia no empezó la guerra en Ucrania, sino que
la culpable es Ucrania por defenderse de la invasión rusa. Ya no sabe uno, en
fin, si Putin, aparte de un delincuente, es un idiota infantilizado o un cínico
resabiado, aunque, al tratarse de cualidades compatibles y acumulables, cabe la
posibilidad de que sea un poco de todo.
Nuestra
ministra Belarra lleva reclamando desde el principio de la guerra que se opte
por una solución diplomática, ya que el envío de material bélico a Ucrania solo
consigue prolongar el conflicto. Tiene razón: sin la ayuda internacional, a
estas alturas la guerra hubiese terminado y la bandera rusa ondearía hoy en
Ucrania, a la espera –quién sabe- de poder ondear mañana en Estonia o incluso
en Finlandia, en el caso de que los rusos más delirantes renuncien a su sueño grandioso
de trasladar la frontera euroasiática a la costa atlántica portuguesa. Pero sí,
cómo no: la diplomacia, aunque razonar con Putin sea algo parecido a discutir en
una reunión del bloque con ese vecino que, en vez de votar a favor del arreglo
de los tendederos, se empeña en acondicionar en la azotea una pista de
aterrizaje para las naves extraterrestres. De todas formas, la diplomacia flower power es una opción. Si la
ministra Belarra fuese nombrada embajadora de la UE ante el Kremlin, tal vez
acabaría de inmediato con la guerra. Incluso podría aprovechar para convencer a
Putin de que apruebe en Rusia una ley trans y de que subvencione a los
colectivos LGTBI. Seguro que algo consigue.
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domingo, 12 de febrero de 2023
LA CONVIDADA
(Publicado en prensa)
Alfonso, el de la compañía de seguros, llegó al bar en que nos reunimos a la salida del trabajo y soltó la bomba: “Acabo de oír en la radio a un alto cargo de la Agencia Tributaria”. Quedamos expectantes, porque todo el mundo sabe que la intersección de la Agencia Tributaria con la ciudadanía es siempre peligrosa. “¿Y?” El caso era que el alto cargo en cuestión, preguntado al respecto, había dicho que si alguien invita a alguien a una simple caña de cerveza en un establecimiento público, por ley estaría obligado a pagar el impuesto de donaciones.
Enmudecimos, pues
somos muy de convidar, y caímos de repente en la cuenta de que, por nuestra
culpa, el Estado está perdiendo un dinero que podría emplear en construir
autovías y hospitales. Y decidimos tomar medidas.
“El café de ese lo pago yo. Pero el impuesto de donaciones que lo pague él, porque no quiero líos con Hacienda”, dijo Martínez, el de la zapatería. Se planteó una duda: si alguien invita a uno a una copa de coñac, pongamos por caso, y ese uno invita al otro a lo mismo, ¿queda neutralizada la obligación de tributar? Sería, según se argumentó allí, como lo del IVA: compensar las convidadas repercutidas con las convidadas soportadas. A todos nos pareció razonable, pero hubo quien no tardó en objetar que eso podría hacerse conforme a la ley si ambos tomasen lo mismo, porque una copa de coñac cuesta el doble que un tinto con casera, lo que complicaría bastante la estimación tributaria.
Otro supuso
que si invitaba a alguien a un tercio del desayuno (al café, pero no al zumo ni
a la tostada), la tributación debería ser proporcional, al tener el desayuno un
precio unitario, no sujeto a fragmentación.
Pepe, el camarero, quedó en consultarlo con su gestor para no incurrir
en irregularidades. Julio Piedra, nuestro parado de larga duración, planteó un
caso entre práctico y teórico: “Si pago la consumición de alguien como
compensación por el dinero que le debo, ¿es donación?”. No: sería un pago en
especie. Y así.
La
cosa fue derivando a un terreno macroeconómico: Pedro Ramírez reconoció que a
la boda de su hija asistieron más de 200 invitados y allí nadie pagó nada, ni
el menú ni el impuesto, y mucho menos la orquesta. Por si fuese poco, los
regalos en metálico que recibieron los contrayentes fueron en B, pues durante
el banquete no se rellenó ningún impreso ni nadie firmó papel alguno en que
constasen esas donaciones.
Se nos ha
metido en el cuerpo, en fin, el temor de que un día llegue un inspector de
Hacienda camuflado y acabemos todos en el cuartelillo.
“Pepe,
pon una ronda a los amigos para celebrar el nacimiento de mi nieto”, según se
envalentonó Pepe Miranda, el del ultramarinos. Pepe, el camarero, asintió:
“Pero bajo su responsabilidad, don José”.
Seguimos
convidándonos, por supuesto. Pero ahora lo hacemos con la turbiedad de los
furtivos. Y estamos pensando que si persistimos en el vicio de convidar, lo más
prudente es que nos acojamos a la tributación por módulos.
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viernes, 3 de febrero de 2023
jueves, 2 de febrero de 2023
CARLOS EDMUNDO DE ORY
En el nº de febrero de TINTA LIBRE, en mi sección "Fantasmas ilustrados", escribo sobre Carlos Edmundo de Ory, con su correspondiente caricatura de Toño Benavides.
domingo, 29 de enero de 2023
LA TARA
(Publicado en prensa)
Entre otras, el sociópata tiene
la habilidad de colarse en la sociedad como un elemento de normalidad social.
El auge de las redes sociales nos ha brindado una evidencia: que buena parte de
la población mundial está para que la encierren bajo llave y bajo medicación
específica. Antes, cuando no existía Internet –ese invento creado a medias por
Dios y a medias por el Diablo-, salías a la calle y, en tu inocencia, pensabas
que la gente era convencionalmente normal, al menos dentro de lo raro que somos
todos, y dabas por hecho que las mentes funcionaban más o menos bien, dentro de
lo bien que puede funcionar una mente humana, pero, de repente, una ola de
sociopatía se hizo palmaria en varios frentes: en la sección de comentarios de
la edición digital de los periódicos, en Twitter y en Facebook, en Instagram e
incluso en TikTok, pongamos por caso, donde las muchedumbres hasta entonces
silenciosas optaron por dar rienda suelta a sus perturbaciones, aunque, eso sí,
por lo general bajo pseudónimo, pues el sociópata tendrá algunos defectos, como
todo el mundo, pero no el de responsabilizarse en público de sus opiniones
taradas, y de ahí quizá su afición al anonimato.
Comoquiera
que la humanidad está involucrada en un proceso imparable y creciente de
perfeccionamiento, esa sociopatía no ha parado de progresar, y en los últimos
tiempos se ha hecho fuerte en un ámbito en el que se dan las mejores
condiciones para su desarrollo: la política. Si a esa idoneidad de las
condiciones sumamos el hecho de que los profesionales de ese gremio están ahora
–en el caso de que no lo estén siempre- en precampaña electoral, el panorama
resulta inmejorable.
A
estas alturas de la Historia, creo que el sentido común nos advierte de que
podemos dar por perdidos los ideales de concordia y de equilibrio entre
intereses sociales, ya que el único contrato social que hemos firmado a lo
largo de los siglos es en el fondo un contrato leonino, por no decir que se
trata en realidad de un contrato basura: el contrato del sálvese quien pueda.
No
sé si la clase política cae de vez en cuando en la cuenta de que la
teatralización sobreactuada de la discordia acaba volviéndose en su contra, ya que
una sociedad crispada representa un riesgo ideológico por su falta precisamente
de ideología, al predisponerla de ese modo en favor de los profetas del orden,
que suelen acaban siendo los operarios del caos. La trifulca constante puede
ser un espectáculo entretenido, pero solo hasta cierto punto: llega un momento
en que asquea un poco, en parte –supongo- porque evidencia nuestro fracaso como
colectividad, una colectividad que tal vez preferiría armonizarse a dislocarse.
Pero,
en fin, ellos sabrán.
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lunes, 16 de enero de 2023
ACTUALIDADES
(Publicado en prensa)
El plagio brasileño del asalto al
Capitolio de EEUU tenía un componente épico: esas hordas que lucían mayoritariamente
la camiseta de su selección nacional de fútbol, supongo que como metáfora del
gol que pretendían marcarle no ya al presidente Lula, sino a otras cosas un
poco más abstractas: a la democracia, a la civilización e incluso me atrevería
decir que a la salud mental. Si tu héroe político es Bolsonaro y resulta que
pierde las elecciones, no te queda otro remedio que ponerte a romper cosas,
cosas públicas, cosas simbólicamente significativas de la nación; es decir,
cosas que también son tuyas, pero como si no lo fuesen, porque la barbarie es
desinteresada: su único interés consiste en destruir. Mientras tanto, Bolsonaro
se curaba en EEUU de una dolencia abdominal, provocada sin duda por el
resultado de las últimas elecciones, que, cuando son malos, suelen traer eso:
retortijones agudos, que se agravan cuando el que los padece se dedica a pensar
con las tripas.
Aquí,
mientras tanto, andamos entretenidos con otras cuestiones. Por ejemplo: la
secretaria de Estado de Igualdad está viviendo un calvario mediático por hacerse
la graciosa en una tertulia televisiva, víctima de la confusión de manifestarse
en un medio de repercusión pública no como la secretaria de Estado que es, sino
con el mismo desparpajo con que podría comportarse en una despedida de soltera.
Tras recurrir al viejo truco de fingirse la víctima de un complot, ha pedido
disculpas, de modo que el universo ha recobrado la armonía.
…O
tal vez no tanto: ahí tenemos al vicepresidente castellanoleonés con lo del
latido fetal y las ecografías en 4D como método nigromántico para que las
mujeres que han decidido abortar desistan de pecar contra Dios, que es una de
las funciones principales de un político del siglo XXI: procurar que el
porcentaje más bajo posible de la
ciudadanía acabe tras la muerte en el infierno. No sé qué opinarán ustedes,
pero eso de disfrutar de un gobernante retromedieval tiene su gracia y su
exotismo, y no sería desdeñable la idea de que cada ayuntamiento contase con
una Delegación de Edad Media y Reconquista.
Pero,
de repente, todo ha quedado oscurecido por la canción que Shakira ha dedicado a
su exnovio futbolista. Ahí se ha abierto el Gran Debate: ¿se trata de una
actitud ortodoxamente feminista de empoderamiento, de una rabieta de índole
choni o bien de una muestra populachera de despecho? Hay diversidad de
opiniones, como pasa con todo. Sea una cosa u otra, el desahogo le ha generado
ya 21 millones de dólares. Por raro que parezca, es una buena noticia para
todos los españoles: así podría pagar, sin que le doliese mucho el bolsillo,
los 14.5 millones que Hacienda le reclama, y no por despecho, sino por presunto
fraude fiscal.
Vamos bien.
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martes, 10 de enero de 2023
lunes, 2 de enero de 2023
sábado, 31 de diciembre de 2022
LA EXPECTATIVA
(Publicado en prensa)
Mañana entramos en un año nuevo,
y lo haremos tal vez con la idea difusa de haber dejado atrás, aparte de un
tramo de nuestra vida, un periodo global de calamidades y de incertidumbres,
pues si bien vivimos desde siempre en un mundo convulso, este 2022, puesto en
la balanza, nos ha traído más sobresaltos que sosiegos. ¿Cualquier tiempo
pasado fue mejor? No. La historia de la humanidad es una novela que empieza mal
y que posiblemente acabe peor aún, ya que, a estas alturas, podemos llegar a la
conclusión melancólica de que como colectividad no tenemos remedio, dicho sea
sin ánimo de ofender a nadie. Lo intentamos, sí, pero tampoco con mucha
convicción, y no hay cosa que nos guste más que tirarnos en grupo a un abismo,
a la manera de una manada de ñus.
Por nuestra
falta de capacidad para el escarmiento, en medio mundo seguimos regalando el
poder a fantoches y charlatanes, cuando no a sociópatas o a psicópatas, o todo
junto, en parte, supongo, porque las ideologías de antaño han derivado en meras
manías sectarias, con un trasfondo más religioso que propiamente político, hasta
el punto de que basta con que un ente extravagante suelte media docena de
barbaridades para que una muchedumbre lo ensalce como un redentor. Cada uno de
nosotros cree tener una solución expeditiva para los problemas del mundo, lo
que no quita que esa creencia acabe sumando al mundo otro problema: la
proliferación de iluminados. Unos iluminados que necesitan a un espabilado para
que los agrupe y los guíe en la senda de la purificación social. Un espabilado
que vocifere y gesticule, que recurra a las grandes palabras huecas y que
canalice ese descontento que, de manera más o menos abstracta, late en
cualquier sociedad, ya que los paraísos únicamente parecen existir como tales
en el mundo de las ideas: un mito metafísico. Y el espabilado, claro está,
aparece, y no solo puede acabar ocupando un escaño en un parlamento, sino
incluso sentado en un sillón presidencial, en calidad de jefe de la tribu de
los alucinados.
Las
actuales tensiones geopolíticas avisan de la fragilidad extrema de nuestra idea
de civilización, sobre todo si tenemos en cuenta que el delirio de una sola
persona puede desestabilizar el mundo, como nos demuestran la Historia y los
telediarios. Nos habíamos hecho la ilusión de estar en el camino de un futuro
luminoso y de repente el cielo se ensombreció. Entre virus y guerras, entre
inflaciones artificiales y catástrofes naturales, enarcamos, por prudencia, una
ceja.
Dicho
lo cual, que tengan ustedes por delante un gran año.
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lunes, 19 de diciembre de 2022
UN RELATO NAVIDEÑO
LA VÍSPERA
Mi empresa se dedica a mediar entre
vendedores y compradores. Unos clientes me citaron en Alicante el 23 de
diciembre. Para cenar. Podría haberme disculpado, por lo señalado de la fecha,
pero estaba en juego una comisión sobre la venta de un hotel en primera línea
de playa y tengo por norma desconfiar de los azares de última hora. Si no había
ninguna sorpresa, aquella operación equilibraría un año flojo. Elena lo
comprendió, pero no le cayó bien, porque la comprensión tiene sus limitaciones
emocionales, y la comprendí. Le prometí que volvería el 24 a primera hora para
ayudarle a preparar la cena.
Elena
y yo nos casamos hace ahora siete años. Un par de años antes, a los cinco o
seis meses de conocernos, yo rompí con Clara y ella con su marido. Elena tiene
gemelas de once años y yo un hijo de dieciséis. Las hijas de Elena siguen
mirándome con el mismo recelo que el primer día. Mi hijo me mira con el mismo
rencor que cuando salí de casa para irme a vivir a un apartamento de alquiler
en el que la tapicería del sofá era la misma que la de las cortinas.
Me
pasó lo que a casi todos: no dejé a Clara porque no la quisiese ni porque Elena
me gustase más que ella, sino sencillamente porque era otra. No hubo, en esencia,
mucho más. Eso, por supuesto, lo sé ahora, pero entonces no: Elena representaba
una vida nueva, aunque al poco comprendí que la vida no está fuera de uno
mismo. No quiero decir que esté mal con Elena ni mucho menos, sino que a estas
alturas podría estar con cualquiera, incluida Clara. A los sesenta años
conviene cerrar el laboratorio.
En
la cena éramos nueve, todos hombres. Las negociaciones habían tenido un prólogo
largo y sólo se trataba en realidad de celebrar la firma, de modo que se firmó
el contrato nada más sentarnos a la mesa, supongo que para poder celebrarlo
cuanto antes. Me alegré de que no surgiesen pequeñas discrepancias de última
hora, que suelen ser las más peligrosas para el éxito de este tipo de
transacciones. El restaurante era tailandés y estaba decorado con tiras de
espumillón azul eléctrico y con un abeto iluminado con guirnaldas de luces
azules, de un elegante azul frío.
Cenamos.
“Vamos
al Ma Chérie”. Alguno opuso resistencia, pero al final nos fuimos los nueve al
Ma Chérie. A la entrada había un árbol de navidad con luces rojas y bolas
doradas. Las muchachas se habían vestido esa noche de Papá Noel. La que me dio
conversación se llamaba Martina y era eslovaca. Salimos de allí más allá de las
cinco y media, porque el ánimo suele enredarse en esos sitios. Yo tenía que
estar en el aeropuerto en torno a las
siete y cuarto.
Llegué
al hotel con apenas tiempo para darme una ducha. Era un hotel muy de medio
pelo, pero no encontré otra cosa, más allá de los prohibitivos. Se ve que yo no
era el único desplazado durante la víspera de una celebración eminentemente
casera. En el hall había un abeto artificial con luces parpadeantes y
espumillón dorado. Pedí por teléfono que me subieran un café a la habitación y
me dijeron que no era posible. Le pregunté al recepcionista en qué planta
servían el desayuno. Me dijo que en la entreplanta, de siete y media a diez y
media. Eché en un vaso dos comprimidos de Actrón. El alcohol aún no me había
hecho daño. Estaba esperando sin duda a que yo entrase en el avión para
hacérmelo, como efecto teatral. Veía una escena anticipada: Elena ofreciendo
licores después de la cena.
Bajé
a recepción. El reloj de pared marcaba las siete menos veinticinco. Me daría
tiempo a desayunar con tranquilidad en el aeropuerto. Ante el mostrador estaba
una pareja muy joven. Apenas veinte él, dieciocho como mucho la chica. Sin
equipaje. “¿Han consumido algo del minibar?” Habían consumido dos cocacolas. El
muchacho pagó con tarjeta.
Antes
de subir al avión, el alcohol del Ma Chérie empezó a enrarecerse. El acento de
Martina, que me había hipnotizado apenas unas horas antes, me resonaba dentro
de la cabeza como el eco de un idioma robótico. Me tomé un café doble y vomité.
Mi avión salió con cincuenta minutos de retraso.
Cuando
llegué a casa, Elena estaba ya en la cocina. “Mis padres llegan al aeropuerto a
las cuatro y media. ¿Irás tú a recogerlos?”. Por supuesto. Las gemelas, con su
impavidez simétrica, fingían ayudar a su madre. En el salón estaba el abeto
decorado por ellas: luces verdes y figuras de ángeles. “No me ha dado tiempo a
compraros ningún regalito”, y las dos dibujaron un gesto que fundía la
decepción con la resignación. Nunca han esperado mucho de mí.
“Tienes mala cara”, me
dijo Elena. Sí, la comida exótica siempre me pasa factura.
“Por cierto, ¿cómo ha ido
todo?”. Y le dije que muy bien.
(Incluido en Los abracadabras. Relatos reunidos. Editorial Renacimiento, 2022)
domingo, 18 de diciembre de 2022
BOLILLÓN PRESIDENCIAL
(Publicado en prensa)
Comoquiera que se negó a que le
hicieran un análisis toxicológico tras su detención, el flamante expresidente
peruano ha añadido un misterio insondable a la mecánica del mundo: ¿qué droga
es esa que hace que leas un texto ajeno como si fuese propio, sin saber lo que
dices, como un loro parlante de juguete, y que te lleva además a disolver el
parlamento de tu país? Una droga dura, desde luego. La única certeza que tenemos
sobre ella es que es líquida o, al menos, soluble, ya que los defensores del
mandatario destituido afirman que alguien se la administró en un vaso de agua,
aunque cabe la posibilidad de que el agua en cuestión proviniera de un
manantial lisérgico controlado por unos demonios amazónicos que se apoderan así
de la voluntad de los mandatarios incautos, porque con estas cosas nunca se
sabe, y episodios aún más prodigiosos nos han brindado los novelistas del
llamado realismo mágico.
Por lo
general, al consumidor de drogas le da por escuchar a Pink Floyd o por ver
conejos y palomas de colores, pero al expresidente le dio, en cambio, por disolver
el parlamento, como ha quedado dicho. Y es que un mal viaje lo tiene cualquiera:
te da el punto de mandar a casa a todos los parlamentarios de tu país y resulta
que acabas en la trena con tu homólogo Fujimori. Los riesgos de la vida loca,
como si dijésemos.
He
buscado en los libros de Jünger, de Escohotado y de Schivelbusch la descripción
de alguna sustancia que conduzca a esos extremos delirantes de colocón, pero no
he encontrado nada que se ajuste a los efectos padecidos –porque disfrutados me
temo que no tanto- por el expresidente de Perú.
Y
piensa uno, no sé, que esa droga misteriosa puede convertirse en una gran
aliada de la clase política universal. Por ejemplo: te pillan prevaricando o
malversando y lo achacas a la droga que te echaron en ese vaso de agua que les
ponen a los parlamentarios cuando suben al estrado para que puedan exponer con
la lengua hidratada una solución expeditiva para los problemas del país. Sería
un eximente inmejorable, y se oirían por los pasillos de los parlamentos
conversaciones de este tipo: “¿Has bebido agua antes de defender la enmienda a
la ley?”, y el otro le respondería: “Un par de sorbos. Por precaución. Aparte
de eso, si no me drogan es que ni yo mismo me creo lo que digo”.
Como
es lógico, habría que convocar una plaza de camello parlamentario, para que lo
que se vierta en los vasos de sus señorías esté sometido a un control de
calidad, porque igual te dan material adulterado y se te ocurre ponerte a
bailar bachata con los de la oposición, o lo que sea, y es ya lo que nos
faltaba.
El
expresidente peruano ha abierto, en fin, un camino.
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