Ignacio Garmendia escribe sobre esto:
https://www.diariodesevilla.es/delibros/bazar-ingenios-benitez-reyes_0_1439556140.html
lunes, 24 de febrero de 2020
domingo, 16 de febrero de 2020
BUEN MORIR
(Publicado ayer en prensa)
Resulta tan desconcertante
como preocupante el hecho de que un debate parlamentario sobre la eutanasia
acabe pareciendo un concilio Vaticano. Entiende uno que algunas ideologías
políticas tienen una base religiosa, pero los representantes de esas ideologías
deben entender también que, en un estado laico, aunque aún con rescoldos del
nacionalcatolicismo, las devociones no son ecuménicas, sino privadas, mientras
que los derechos civiles conviene que sean universales, se haga uso de ellos o
no por motivos de conciencia o de lo que corresponda.
La
legalización de la eutanasia no convierte al Estado en una “máquina de matar”,
según la apocalíptica VOX. Tampoco se trata, según quiere el PP, que en este
caso ha optado por trivializar los dramas ajenos en beneficio de la demagogia
propia, de una “solución final” para ir asesinando poco a poco a la población
adulta y, de ese modo, ahorrar en gasto sanitario y en pensiones. Oír esas
barbaridades en boca de unos parlamentarios provocaría risa si no provocase
estupor, por lo que tienen de argumentos tan sórdidos como desproporcionados:
no se trata de romper los frenos de los autobuses del Inserso, sino de la
regulación garantista de una cuestión humanitaria, como no haría falta decir.
Una ley de eutanasia no
implica –como tampoco haría falta decir- una invitación al suicidio,
entre otras razones porque el suicida no necesita leyes para suicidarse. Hay un
matiz: no todos quienes deciden dejar de vivir son en rigor suicidas, sino
personas que, sobrepasadas por el sufrimiento, renuncian a vivir porque
consideran que su vida está fuera de la vida. No es exactamente lo mismo
decidir matarse que tener derecho a decidir la propia muerte. Aparte de eso, el
deseo de morir puede ir unido, paradójicamente, a un gran apego a la vida: la
renuncia a la existencia desde la añoranza de una existencia que mereciera ese
nombre.
Oponerse a un derecho en el que entra en juego la
dignidad de la condición humana es oponerse a la realidad misma en beneficio de
una religiosidad intrusiva, ya que ningún dios pasa por las urnas. La hipótesis
de un orden divino, en suma, frente a unos hechos constatables. La moral
derivada de un supuesto supramundo frente a los dramas cotidianos de este
mundo. Hay quienes encuentran en la oración un consuelo para su desdicha, pero
hay quienes no, y, en una sociedad plural, ambas opciones deberían convivir sin
interferencias. Al fin y al cabo, muchos hemos vivido desde nuestra infancia
con la amenaza del infierno teológico, de modo que no estaría mal que los
promulgadores de esa amenaza reconocieran que hay quienes padecen el infierno
en vida. Y, de paso, que la vida consiste en gran parte en huir de los
infiernos, porque nacemos para vivir, no para morir día tras día sin más esperanza
que morir del todo.
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viernes, 14 de febrero de 2020
VARIAS TELESERIES
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Aquí escribo sobre varias teleseries.
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/02/13/5e3afa38fc6c83927b8b4626.html
Aquí escribo sobre varias teleseries.
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/02/13/5e3afa38fc6c83927b8b4626.html
lunes, 3 de febrero de 2020
PRESENTE DE SUBJUNTIVO
El gran problema de la política
no es la política en sí, sino la necesidad que tiene la política de dejar de
ser una abstracción ideológica –o una de esas fantasías que se incorporan a los
programas electorales- para convertirse en una estrategia de gestión desarrollada
por unos entes de carne y hueso que deciden sacrificarse por el bien común.
El ministro
Ábalos, por ejemplo, no desvelará nunca qué hacía de madrugada en un aeropuerto
ejerciendo labores de vigilancia policial de una mandataria extranjera, pero ha
dejado muy clara su vocación: “Vine para quedarme y no me echa nadie”. Por si había
dudas de la firmeza de su propósito, lo dijo como si mordiera un puro en la
barra de un saloon del Lejano Oeste. Y
sí, es posible que no lo eche nadie, porque incluso si lo echaran los votantes,
seguro que encontraría un hueco laboral en la diversificada industria de la
política, por esa capacidad que tienen los partidos de convertirse en una
agencia de colocación para descolocados, pero es posible que un político con
vocación de perpetuidad como tal político haría mejor en no alardear de su
profesionalización vitalicia como benefactor de la sociedad, en especial si se
trata de una sociedad en la que abundan el paro y el empleo precario.
Por
su parte, el presidente Torra ha decidido marcharse antes de que lo echen, tras
dar por quebrada la fraternidad patriótica que cohesionaba a la izquierda y a
la derecha en un ideal superior: la república catalana, esa entelequia que va
camino de convertirse menos en un ensueño catalán que en una pesadilla gubernamental
para Sánchez, quien no sólo está dispuesto a reconocer la existencia de un
conflicto político en Cataluña, según exigen los creadores del conflicto, sino
que, a este paso, también puede acabar reconociendo la existencia de un conflicto
psicológico paralelo. El sueño que no le quitó su ahora vicepresidente puede
robárselo Junqueras con su discurso de fraile laico y con su aura trágica de
conde de Montecristo. ¿Diálogo? Sí, pero el guion parece previsible: referéndum
y amnistía a cambio de presupuestos y de gobernabilidad.
En
cuanto a desjudicializar el conflicto, ¿de qué hablamos? Sin ir más lejos, la
vía judicial –con todas sus carencias y arbitrariedades- está empezando a
servir de parapeto contra el discurso retrofranquista de la ultraderecha: la
libertad de expresión no es sinónimo de impunidad de expresión, de igual modo
que la libertad de pensamiento no siempre conlleva la libertad de actuación.
Desjudicializar las acciones de los políticos no sólo rompería nuestro frágil y
sospechoso equilibrio de poderes, sino que haría trizas el contrato social más
básico, que no es otro que el de la preservación de una legalidad consensuadamente
alterable, pero individualmente inviolable.
Se mantiene,
en fin, la expectación.
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miércoles, 29 de enero de 2020
Aquí escribo sobre varias teleseries:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/01/29/5e28562921efa03a6b8b4590.html
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/01/29/5e28562921efa03a6b8b4590.html
lunes, 20 de enero de 2020
EL EXPERIMENTO
(Publicado en prensa)
Los políticos suelen equivocarse en algunas cosas y acertar
en otras, como cualquiera, pero resultan infalibles cuando optan por
distorsionar la realidad. Es decir, cuando deciden que las cosas no son como
son, sino como les conviene que aparenten ser. Ahora estamos en eso, a diversas
bandas.
Bien es
cierto que el nuevo gobierno genera dudas sobre su fortaleza y su
perdurabilidad, y sospecho que esas dudas las tiene el gobierno mismo, que
acaba de nacer al son de la retórica triunfalista que resulta propia de estas
ocasiones (ilusión, diálogo, etc.), aunque se le percibe una inquietud de fondo
frente a la posibilidad de las deslealtades internas y frente a la presión de
factores externos, empezando por los independentistas y terminando por la UE. Pero negar legitimidad al nuevo gobierno,
según el empeño de algunos, no pasa de ser una negación de la legitimidad del
sistema democrático, que se sustenta, al menos en lo básico, en los números. No
creo que a nadie del PSOE le haya resultado plato de gusto el tener que
gobernar con UP gracias a la abstención de ERC y de Bildu, pero platos igual de
amargos ha tenido que tragarse el PP durante algunas de sus etapas de gobierno,
por mucho que ahora apele a la irreprochabilidad de su trayectoria de pactos.
La
estrategia de crispación social por la que han optado las derechas –acomodadas
en el lecho de Procusto y en pugna entre sí por comprobar quién vocifera más
alto- puede entenderse por la frustración de no haber podido sumar entre ellas,
de modo que sólo les queda restar todo lo posible a quienes han conseguido
llevar a cabo una suma parlamentaria un tanto extravagante. Pero esa táctica convulsionadora
tiene sus peligros: alentar la nostalgia de la barbarie, las ideologías de
brocha gorda, la indignación infundada, el patriotismo alfa y la traslación del
pensamiento político a la esfera de la emocionalidad. No estoy seguro de que
sea sensato ni convincente el pretender transformar una coyuntura gubernamental
en un apocalipsis nacional: un gobierno dura a lo sumo cuatro años. Y su
posible fracaso sería, a fin de cuentas, el fracaso –coyuntural, no
apocalíptico- de todos, pues a todos –incluidos sus detractores de a pie- nos
traería contrariedades una labor de gobierno ineficiente.
Son muchas las
incertidumbres en torno la viabilidad gestora de este ejecutivo, y será sin
duda fascinante ver cómo aciertan a conciliarse dos egos muy acentuados, pero
el afán de deslegitimación anticipada por parte de sus adversarios resulta tan teatral
como la euforia de sus componentes. El pesimismo razonado no es incompatible con
un optimismo razonable: simplemente, estamos en la fase del “ya veremos”. Ni
menos ni más. Y como siempre.
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viernes, 17 de enero de 2020
QUIMERISMO Y ESPIONAJE
Aquí escribo sobre tres series televisivas: Watchmen, La materia oscura y El espía:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/01/17/5e160eb821efa0e5518b462a.html
sábado, 11 de enero de 2020
domingo, 5 de enero de 2020
FUNAMBULISMO
(Publicado ayer en prensa)
Salvo imprevistos de última hora,
Sánchez va a tener gobierno en cuestión de horas. Lo que no sabemos es si
España va a tener gobierno, pues cada cosa parece ir por su parte: el anhelo
personal de gobernar y la necesidad colectiva de ser gobernados. El nuevo ejecutivo
de Sánchez puede durar cuatro años, cuatro meses, cuatro semanas o cuatro días,
como quien dice, porque nace en vilo y pendiente de las exigencias de quienes
van a propiciarlo bajo ese lema que rige en nuestro Estado: “La solidaridad
interautonómica bien entendida empieza por la solidaridad intrautonómica”. (O incluso
por Teruel.) Al fin y al cabo, en estos días Sánchez ejerce menos de presidente
en funciones que de cartero real, recogiendo en mano la lista de deseos de
quienes van a propiciar, por activa o por pasiva, su acceso a la presidencia.
Para
empezar, ERC va a tardar nada y menos en exigir un referéndum que ni siquiera
el aventurero Sánchez supongo que se atreva a concederle, y esa puede ser la
primera piedra que se desprenda de un edificio gubernamental construido sobre
arenas movedizas. No creo que resulte ilegítimo sospechar que la abstención de
ERC es coyunturalmente estratégica: sabe que le conviene un gobierno central
frágil y al mando de un político veleidoso, aliado además con Iglesias, que es
a la vez el sosias y la némesis de Sánchez y que, con respecto a Cataluña,
juega a una ambigüedad nada ambigua, aunque desde la vicepresidencia de un
gobierno la sostenibilidad de las ambigüedades se complica un poco. Pero no
todo son inconvenientes: es tal la dispersión partidista del congreso que resultaría
difícil poner de acuerdo a los adversarios de Sánchez para someterlo a una
moción de censura, aunque nada es imposible en el país de las maravillas.
Frente a la abstención condescendiente de ERC, asistimos a la intransigencia
airada de JxCat no ya sólo con respecto al apoyo a Sánchez, sino también ante
la abstención de ERC. Y es que la derecha independentista tiene mucho en común
con la ultraderecha españolista: la prevalencia de las edulcoradas ensoñaciones
patrióticas frente a la realidad, desde el convencimiento en este caso de que
la catalana se trata de una suprautonomía forzosamente española que está a un
paso de la conversión en una microrrepública europea, ya sea por la vía
improbable de un acuerdo con el gobierno central o ya sea por la vía, no tanto
improbable como imposible, de una ruptura unilateral con el Estado.
A
Sánchez hay que reconocerle sus artes de funambulista, pero todo funambulista
corre unos riesgos que generan nerviosismo entre el público. De momento, todo
le ha salido bien. Pero ahora tiene un problema latente: que quienes le han
puesto la red acaben zarandeándole el cable.
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miércoles, 1 de enero de 2020
CRIMEN, ESPIRITUALIDAD Y PROSTATITIS
En El Mundo escribo sobre varias series televisivas:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/01/01/5e04dd7ffdddff47618b45fb.html
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2020/01/01/5e04dd7ffdddff47618b45fb.html
lunes, 30 de diciembre de 2019
domingo, 22 de diciembre de 2019
EXPECTANTES
(Publicado ayer en prensa)
Estamos ante una coyuntura
extraña: si no hay investidura, el país va a tener un problema de gestión; si
la hay, el gobierno resultante va a tener el problema de gestionarse a sí mismo:
un ejecutivo no sólo complicadamente compartido con UP desde el recelo mutuo y
en el que cada cual se arrogará los éxitos y achacará a su socio las
frustraciones, sino además en situación de precariedad parlamentaria, obligado
a negociaciones conflictivas.
Ante la incertidumbre, las conjeturas tienden a
dispararse. En principio, si el PSOE, tras sus prolongadas y misteriosas
negociaciones, consigue la abstención de ERC, resulta improbable que cuente con
su apoyo para aprobar medidas que vayan más allá de la más quimérica de todas
ellas: la vía libre a un referéndum de autodeterminación, dado que el
independentismo catalán vive ensimismado en su micropatriotrismo y poco va a
interesarle que en Extremadura reclamen la modernización de su línea
ferroviaria, que los agricultores murcianos demanden acuerdos de exportación
tras el Brexit o que los olivareros de Jaén
se vean afectados por los aranceles impuestos por EEUU, pongamos por
caso. Al fin y al cabo, patria no hay más que una, y la de ellos está donde
está: concentrada en la bandera de una república fantaseada. Hay quien supone
que a los independentistas catalanes les interesa más un gobierno de izquierdas
que uno de derechas, aunque puede quedar un margen para la duda, ya que ellos
juegan con las dos barajas: si un gobierno central de izquierdas no pone fin a
sus siglos de opresión y no libera a sus presos, ya tienen potenciado su
discurso de martirio histórico; si un gobierno de derechas les aplica el 155,
ese discurso pasa a ser plenipotenciario. En cualquier caso, y a pesar de que
todo tiene la apariencia de una teatralización con un desenlace previsible, es
de elogiar que, frente a la gestualidad antisistema de la derecha catalana, ERC
se haya aplicado el “sit and talk”,
que en catalán significa algo así como “siéntate a hablar conmigo de lo que yo
te diga para llegar a la conclusión que yo te dicte”.
En
el caso de que Sánchez sea investido y comparta gobierno con Iglesias, las
incógnitas serán múltiples: ¿qué será de la reforma laboral, qué de la subida
del SMI, qué de los impuestos a la banca y a las grandes fortunas, qué de la
fiscalidad de la Iglesia, qué de la regulación del alquiler, qué del oligopolio
de las eléctricas y qué del objetivo de déficit impuesto por la UE? Etc. Porque
los matrimonios de conveniencia funcionan mal: pueden compartir la
conveniencia, pero no la convivencia.
Entretenidos
estamos, desde luego. Aunque mucho me temo que esto no es nada comparado con lo
que nos queda por ver. O por no ver.
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sábado, 21 de diciembre de 2019
lunes, 9 de diciembre de 2019
LA CUMBRE
(Publicado el sábado en prensa.)
Toda empresa humana lleva
implícita su contradicción: la
Cumbre del Clima que se celebra en Madrid va a generar 65.000
toneladas de CO2.
Y es que si
convocas a 50 jefes de estado o de gobierno, cuenta con 50 aviones oficiales,
pues no se imagina uno a un alto mandatario viajando en catamarán, como ha
hecho la joven activista Greta Thunberg, convertida ya –por mano de muchos
odiadores anónimos y por algunos periodistas que mejor estarían en el
anonimato- en emblema sometido a la tortura mediática, por nuestra vieja
costumbre de matar al mensajero.
Si reúnes a
25.000 personas en un recinto de más de 100.000 metros
cuadrados, no vas a tener la desconsideración de que
pasen frío, de modo que hubo que activar la climatización de IFEMA antes que
activar las medidas para frenar el deterioro climático.
Comoquiera que
todo el mundo tiene la costumbre de comer, el menú de los mandatarios estuvo en
manos de tres de los considerados como mejores cocineros del mundo. (El primer
plato parecía la fórmula de un druida: “Caldo liofilizado de trompetas de la
muerte, trufa, boletus edulis y garbanzos tostados. Agua vegetal transparente a
100º C vertida en el plato para convertirse en un caldo sucio, aunque
sabroso”.) No va a decir uno que cada cual podría llevarse el bocadillo de
casa, pues de sobra sabemos que, allá donde se reúnan más de dos gobernantes,
habrá indefectiblemente un banquete a cuenta de los gobernados, pero los políticos
parecen no darse cuenta de la obscenidad que hay en la celebración de un
convite con el pretexto de poner remedio a una situación catastrófica.
Dejando
a un lado los diagnósticos acreditados de los científicos, abocados a predicar
en el desierto, durante estos días estamos asistiendo a un espectáculo retórico
en torno a la destrucción global del ecosistema. No hay novedades: una salmodia
que llevamos oyendo, en boca de los gobernantes, desde hace décadas. Golpes de
pecho. Grandilocuencia. Apocalipsis pero con esperanza. Promesas de medidas a
medio o largo plazo. Enaltecedores debates. (Aparte –cómo no- de conciertos,
degustaciones y actividades lúdicas.) Por asistir, hemos asistido a las
declaraciones de un cruzado de VOX para quien el cambio climático no es
consecuencia de la acción humana, sino “de otros factores”, aunque nos ha
dejado con el misterio de cuáles son esos factores secretos.
El
problema de la alteración climática es que no sólo requiere medidas urgentes,
sino también medidas retrospectivas, con su correspondiente impacto económico –con
los intereses de grandes empresas por medio- y, por tanto, y por derivación, con
su impacto impopular en determinados sectores productivos como el de la minería,
pongamos por caso, por no hablar de la ganadería intensiva ni de la producción textil, de las compañías
aéreas ni de prácticamente cualquier actividad industrial, por no entrar en el
asunto espinoso de nuestros hábitos domésticos.
Está muy bien
hablar de la emergencia climática y reconocer la necesidad urgente de
actuaciones al respecto, pero el caso es que un político está programado para
tener una perspectiva de actuación de cuatro años, prorrogables si hay vocación
y suerte en las urnas. Más allá de ese periodo, la gestión de lo público
empieza a considerarlo política-ficción. Conque a ver.
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