viernes, 26 de julio de 2019

CARMEN JODRA





Me entero de la muerte de Carmen Jodra, a sus 38 años.


A sus 18 ganó el premio de poesía Hiperión con un libro de factura clásica que me deslumbró: Las moras agraces.

Bueno, me deslumbró y deslumbró a casi todos los lectores de poesía, que adivinamos allí una voz de una potencia excepcional, a una casi niña que manejaba con maestría los recursos retóricos y que lograba trascender, con giros irónicos y sorpresivos, los moldes estróficos tradicionales en los que se apoyaba.
Tuvo mucho éxito, pero parece ser que el éxito la abrumó y optó por hacerse casi invisible.

Me encontré con ella en una ocasión. Una muchacha excepcionalmente tímida. Le elogié mucho su libro y la noté incómoda ante aquellos elogios. Como si pidiese perdón, me regaló su segundo libro. Le pedí que me lo firmase y se sintió desconcertada, balbuciendo que ella no firmaba sus libros, que sus libros no valían nada y que para qué. Al final, me lo firmó, con una caligrafía nerviosa.

Creí intuir que llevaba por dentro muchas tempestades.


Descanse en paz... aunque demasiado pronto.

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jueves, 25 de julio de 2019

SAM COOKE, la mala muerte

Anoche, este documental sobre Sam Cooke, aquella voz portentosa.
 
En una época en que seguía vigente la segregación racial -una de las grandes vergüenzas históricas que EEUU arrastrará para siempre-, su asesinato en un motel de mala muerte, con prostituta por medio, ha dado pie a muchas teorías conspirativas. 

Visto el documental, que promueve las hipótesis en torno a esas conspiraciones, llega uno a la conclusión -o digamos mejor que a la sospecha- de que todo fue una noche de juerga que acabó al modo Tarantino: mezcla de azar y de absurdo.

Al margen de eso, ahí queda uno de los himnos más conmovedores de la historia de la música: A Change is Gonna Come.

martes, 23 de julio de 2019

LOS DUELISTAS

(Este artículo lo publiqué el sábado pasado en prensa. Tras el pleno de hoy, seguimos casi igual, con una variante: Iglesias con un gesto fijo que puede traducirse como "¿Creías que el humillarme iba a salirte gratis?".)



El desacuerdo obstinado entre Sánchez e Iglesias admite una traducción metafórica: tres coronas son demasiadas para un solo reino. 

Durante el periodo en que Iglesias creyó que podía ganar unas elecciones generales tras arrebatar el grueso de su electorado histórico al PSOE, se servía y se bastaba por sí solo a través de un discurso de redención nacional inminente: plantaría cara al FMI y al IBex 35, acabaría con la usura bancaria y con la codicia de las inmobiliarias, daría a los catalanes su referéndum, convertiría la prima de riesgo en una pariente lejana, acabaría con el oligopolio de las eléctricas, desterraría de nuestra mente el concepto de “corrupción política” y pondría un candado a las puertas giratorias, entre otras aventuras no menos emocionantes que apremiantes, de modo que la clase obrera pasaría en cuestión de meses de oprimida a regalada. (¿Quién da más?) Muchísima gente decidió comprarle ese discurso, quizá porque resulta difícil no hechizarse ante el mensaje de un mesías, sobre todo si el mesías en cuestión aparece cuando la gente lo que pide es la multiplicación de los panes y los peces. Los buenos mesías, los mesías profesionales, digamos, saben que su éxito está casi garantizado en tiempos de crisis, en parte por la misma razón por la que una persona desahuciada por los oncólogos decide ponerse en manos de un curandero: a falta de milagros, buenos son los malabares.

Ahora, cuando Iglesias ha caído en la cuenta de que es muy probable que nunca gane unas elecciones generales, ha decidido acceder al poder –al de verdad, no al retórico- no por la puerta falsa, porque tanto las urnas como las matemáticas han dado legitimidad a su formación para entrar en un gobierno, sino por la puerta grande, cuando en cualquier caso le correspondería entrar por la pequeña. El problema es doble: que a Iglesias no le cabe el ego por una puerta pequeña y que Sánchez, por su parte, está empeñado a darle con la puerta -así sea la pequeña- en las narices. En cualquier caso, debemos elogiar el doloroso esfuerzo psicológico realizado por Iglesias al postularse como vicepresidente de un posible gobierno de alianzas, teniendo él mimbres para ser no ya presidente, sino incluso emperador. (Algo así, no sé, como haber propuesto a Napoleón Bonaparte que en su destierro en Santa Elena se dedicara a pastorear cabras, o poco menos.)

Sánchez quiere ser presidente a pesar de Iglesias e Iglesias quiere ser vicepresidente a pesar de Sánchez, de manera que cabe la posibilidad de que ambos se queden sin nada hasta unas nuevas elecciones, sin haberse enterado de que en la última convocatoria electoral mucha gente no les votó desde el fervor, sino con la resignación de quien se conforma con lo menos decepcionante. 

Pero ¿quién les explica eso a dos gigantes de sí mismos?

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domingo, 21 de julio de 2019

LA ARAUCARIA

Esta araucaria es mi vecina desde que nací. Le calculo una altura de unos 40 metros. Crece en el patinillo de una casa del barrio.

     Es una especie de hotel bullicioso de la pajarería: un día se llena de gorriones, otro de vencejos,otro de mirlos melómanos, otro de tórtolas, otro de urracas... Por turnos. Conforme a un método de rotación que no sé interpretar, porque no se rige por el ciclo de las estaciones ni nada de eso, sino -ya digo- por el día a día, e incluso por horas. Sin un patrón estable: llegan las urracas, por ejemplo, y los gorriones pegan el voletío. Y así van.

    De vez en cuando aparece un halcón, que se posa, altivo y amenazante, en las ramas de la copa, y todos las demás especies pegan la espantada.

    Convertida mi terraza en un observatorio ornitológico, a esta araucaria tan visitada me distraigo en atribuirle, por derivación del ocio, algunas dimensiones simbólicas, todas ellas más o menos difusas y más o menos caprichosas: desde la inestabilidad del vivir -en la frontera imprecisa entre la libertad y la condena de ser libre para nada- hasta la representación -un tanto estrambótica- de la lucha de clases en versión pajarera.

    Pero esa sería ya otra historia.


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jueves, 18 de julio de 2019

CINCO SERIES

En La Esfera de Papel, el suplemento de cultura de El Mundo, escribo sobre varias series televisivas basadas en hechos reales. 

(El "que no debes perderte" del titular no es cosa mía. Por desgracia, algunas puedes perdértelas sin perderte gran cosa.) 

(Y lo mejor, como siempre, los comentarios de los lectores anónimos: algo así como un frenopático durante la celebración del día de su patrona.)

lunes, 8 de julio de 2019

EL JEROGLÍFICO



Más de dos meses después de las elecciones generales, aún no sabemos si tendremos un gobierno –ya sea de coalición, de cooperación o de colisión- o si tendremos que ir de nuevo a votar. Tampoco sabemos si, llegado el caso, debemos votar a los mismos a quienes votamos en su día o si resulta que nos equivocamos y debemos rectificar no ya nuestro voto, sino incluso nuestras inclinaciones ideológicas, pues, según parece, algo hicimos mal los votantes, que somos quienes formamos estos líos. Se trata de una incertidumbre rara: visto lo visto, cabe la posibilidad de que acabemos sometidos a una maratón electoral hasta que a alguien le salgan las cuentas para gobernar con tanta autoridad como comodidad. Es decir, con una de aquellas mayorías absolutas que algunos recuerdan como la edad de oro de nuestra democracia.


            Aparte de rara, se trata también de una incertidumbre preocupante, al ser síntoma de algo que venimos intuyendo desde hace tiempo: la falta de sentido de la realidad que exhiben esas personas cuya labor consiste en gestionar la realidad común.


            Nuestros políticos, al verse ante el panorama resultante de un voto diversificado, parecen haber entrado en parálisis. Todos saben lo que quieren hacer, pero, dado que nadie puede hacer del todo lo que quiere, da la impresión de que han decidido no hacer nada. Siempre será preferible la inacción a una acción errónea, por supuesto. Pero también puede darse el caso de que la inacción sea un error por sí misma, en especial si se tiene en cuenta que los políticos están para dinamizar el entramado de lo público, no para rezarle a Buda.


            En la encrucijada actual, intentamos ser comprensivos con las estrategias de los diferentes partidos, lo que no quita que el afán de ser comprensivos nos lleve a no comprender absolutamente nada. Guste o no, quien tiene más legitimidad para formar gobierno es Pedro Sánchez. El problema es que le guste a él el gobierno que pueda formar: con Iglesias en el consejo de ministros, por ejemplo, sabe que tiene asegurada la pesadilla. La actitud de Ciudadanos, por su parte, es uno de los grandes misterios de la politología contemporánea: un partido que se dice de centro pero que, en plena campaña electoral, anuncia que su socio natural es el PP y que su adversario irreconciliable es el PSOE, que al fin y al cabo, y en rigor, es un partido de centro –valedor no sólo de la institución monárquica sino incluso del oligopolio de las eléctricas, pongamos por caso-, hasta el punto de que lo que más puede incomodarle es un gobierno de coalición con Unidas Podemos.


            Y en esas estamos: unos profesionales de la política que se esfuerzan en no darse por enterados de que están obligados a pactar y de que la renuncia a la comodidad de la gestión forma parte del martirio que llevan implícito el poder y la gloria.


            Pero si hay que votar de nuevo, se vota y ya. A lo que manden.


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martes, 2 de julio de 2019

EL CASO ALCÁSSER

En El Mundo escribo sobre la serie documental que reconstruye el caso de las niñas de Alcásser.

https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/07/02/5d139ff9fdddffd37d8b4638.html



lunes, 24 de junio de 2019

INSULTOS Y LAZOS



Ada Colau se ha dolido, entre lágrimas, de que, en el día de su elección como alcaldesa, ella y sus ediles fueron insultadas por quienes se concentraron en la plaza Sant Jaume para protestar por el tetris democrático que, tras dejar fuera de juego a ERC, propició su investidura. Razón para el duelo no le falta, pues los insultos sobrepasaron el límite del machismo para invadir el terreno de la pura barbarie. Las bocas de las que salieron esas barbaridades se supone que son las mismas que pregonan y ensalzan el pacifismo y la sonrisa permanente del ideario independentista catalán, que se exhibe ante el mundo como un episodio candoroso de los teletubbies, entre cánticos regionales y banderas de un país imaginario, aunque muy parecido, según cuentan, a Shangri-La, al menos a medio plazo vista.

            La apertura de la caja de los truenos suele presentar ese inconveniente: que los truenos suenan para todo el mundo. Por su parte, el inconveniente de los insultos es que son portátiles y van de un bando a otro, sin más disciplina que la del sentimiento en caliente. Estás en el país de la fraternidad, como si dijésemos,  y, de improviso, te cae un insulto no ya de tus adversarios, sino de tus aliados naturales, y todo empieza a enrarecerse, pues lo que era Shangri-La empieza a parecerse un poco al barrio del Raval de madrugada.

            Cuando la política se saca del ámbito de la gestión de lo público y se desplaza al ámbito de la gestión de lo esotérico pasan al menos dos cosas, a saber: 1) que la realidad acaba siendo un factor secundario y 2) que las fantasías acaban siendo un sustituto irracional de la racionalidad. La buena noticia es que para un político profesionalizado resulta más cómoda la puesta en circulación de abstracciones irresolubles que el dar solución a concreciones irresueltas.

            A pesar de los insultos recibidos por un sector exaltado del independentismo, Colau ha manifestado su intención de mantener el lazo amarillo en la fachada del ayuntamiento. Bien. Puede entenderse como una muestra de su falta de rencor. Puede entenderse como un guiño de complicidad a quienes la insultaron. Puede entenderse como una muestra de su habilidosa ambigüedad. O puede entenderse sin poder entenderlo en absoluto. 

            Hay optimistas que opinan que un referéndum pactado solucionaría este tipo de disputas y se impondría una armonía social modélica. No diré que no. Pero, a poco que echemos unas gotas de pesimismo a ese optimismo, se impone la sospecha de que esa consulta no sería la solución del problema, sino el principio de otro, distinto en su apariencia aunque idéntico en su esencia. Es lo que tiene el romanticismo telúrico cuando se aplica a la política: crear conflictos sin solución posible. Tal vez porque la solución –quién sabe- es el problema mismo. 

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martes, 18 de junio de 2019

WILD WILD COUNTRY

En El Mundo escribo sobre la serie documental Wild Wild Country.
 

(No pierdan el tiempo en leer mi artículo y apresúrense a verla, bajo promesa de alucinación.)

https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/06/16/5d03ab9221efa0744d8b45ff.html

lunes, 17 de junio de 2019

UN DOCUMENTAL DE MÚSICA Y DE SANGRE: LA MASACRE DE LA MIAMI SHOWBAND. (En Netflix.)

31 de Julio de 1975. El grupo Miami Showband ("los Beatles irlandeses") vuelve a Dublín tras un bolo en Banbridge, en Irlanda del Norte. Un aparente control de carretera. Unos soldados aparentemente británicos. Una bomba que explota de repente en la furgoneta. Tres de los seis músicos son tiroteados a quemarropa con munición expansiva. Dos sobreviven, al haberlos dado por muertos. (El sexto componente tuvo la suerte de viajar en coche propio.)
 

Y el enredo: la relación de los servicios secretos británicos con los terroristas unionistas. Aquella Irlanda que vivía en un baño de sangre. La investigación escabrosa en torno a una guerra no ya sucia, sino más bien cochambrosa.

sábado, 15 de junio de 2019

A LA MANERA DE ÁLVARO DE CAMPOS


Anteayer fue el cumpleaños de Pessoa.
Traigo aquí este poema que escribí intentando imitar los modos de Álvaro de Campos.




Estoy cansado de sentir.

De sentir incluso esos sentimientos

que he dejado hace tiempo de sentir

y que regresan desde el pasado como un eco

para que yo los sienta sin sentirlos.



Los sentimientos que están fuera de lugar,

los inesperados, también me cansan.

Me aburre este corazón que no para de sentir

incluso las cosas que no siente,

que no debería sentir, al no ser sentimientos

estrictamente suyos, sino de alguien

que está ya muy cansado de sentir.



No sé si lo que siento

es falso o es veraz, ajeno o propio,

y de ahí sin duda este cansancio,

mientras observo sin sentir nada

los barcos que zarpan con esos marineros

de redes invisibles

que navegarán sin sentir nada,

como tampoco lo siento yo mientras escribo esto,

como no siento cuando pienso en el pasado

y me digo: “Eso en lo que pienso nunca existió”,

y en ese momento tampoco mi yo fundamental –digamos- existe,

porque no está amparado por una densidad de tiempo verifi-cable,

un tiempo exclusivo que sostenga

lo que voy a sentir a continuación

sin sentirlo, y de ahí este barajar fantasmagorías

para echar atrás la tarde

engalanada de unos oros transitorios

y del humo de las fábricas,

la tarde que se fuga hacia la noche,

como el oficinista apesadumbrado

que, al regresar a su casa pequeña, se siente el emperador

de unos planetas desconocidos.



Y desde luego la nostalgia, sí, la nostalgia

de aquel que sentía lo que creía sentir

y derivaba todo cuanto sentía al gozo o al dolor,

y no a la indiferencia del sentir,

como este yo de ahora que no siente

la obligación de sentir.



Nostalgia

de cuando la vida era más vehemente y un poco más extraña,

al menos como recuerdo que yo la sentía,

aunque quién sabe.

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(Del libro Ya la sombra, 2018)

DYLAN por SCORSESE

Acaba de estrenarse.
De nuevo, tras la inolvidable No Direction Home, Dylan a través de Scorsese.
Una gira extravagante, en 1975. Un documental que juega con el testimonio y con la mentira bromista. Un genio patoso en la carretera, con una trupe de estupendos patosos alrededor.
Pero, sobre todo, más allá del ambiente circense de aquel experimento, un Dylan que versiona maravillosas canciones propias para convertirlas en maravillosas canciones diferentes.


miércoles, 12 de junio de 2019