Ya anda esto por ahí. (Es una antología: nada nuevo.)
jueves, 3 de noviembre de 2016
lunes, 31 de octubre de 2016
LA BOLA
La semana pasada vi salir de una
tienda a un famoso y esclarecido tertuliano televisivo con una bola de cristal
en la mano, y me dije: “Ahí está la clave”, de manera que me animé a entrar en
aquel curioso establecimiento, en el que se exponían todo tipo de útiles para
actividades esotéricas: saquitos de conjuros, ruedas de oración, quemadores de
esencias, espejos negros, amuletos astrológicos, cartas del tarot marsellés y
figuritas de deidades exóticas. En el aire flotaba el humo acogedor y sedante
que desprendían unas varas de incienso.
Le dije al
dependiente que estaba interesado en hacerme con una bola de cristal idéntica a
la que acababa de llevarse el tertuliano, a quien todo el país reconoce una
lucidez portentosa no ya para analizar nuestro presente político, que eso es al
fin y al cabo una habilidad al alcance de cualquiera, sino para escrutar el
futuro común, que es destreza propia de profetas y de magos. “También quiero
pronosticar”, le dije con tono entre socrático y aristotélico. El dependiente, que
exhibía esa aire absorto de los acostumbrados a bregar menos con las
trivialidades cotidianas del mundo que con los trajines azufrosos de los
trasmundos, me exhibió la bola. “Esta la fabrican en Taiwán”, según me informó.
“Es de calidad media. Las tengo mucho mejores”.
Me extrañó que el tertuliano
célebre se conformase con una bola taiwanesa de calidad mediana, dada su
notoria desenvoltura para el vaticinio, y así se lo expresé al comerciante. “Es
que hay gente que se deja guiar por el precio y no por la calidad del producto,
y luego pasa lo que pasa”. Les confieso que no logré imaginarme lo que podía
pasar ante esa elección errónea, pues siempre había tenido al tertuliano en
cuestión por un oráculo infalible, y me sorprendió el hecho de que se mostrase ahorrativo
en bolas de cristal, al ser una herramienta indispensable para cualquier
politólogo.
Ante mi mirada
interrogativa, el dependiente me aclaró que ese modelo de bola venía con
algunos defectos de fábrica, ya que, después de usarla unas cuantas veces, las
imágenes se volvían borrosas, de modo y manera que su usuario no acertaba a ver
el futuro con claridad, que es lo peor que puede pasarle a un profesional de la
adivinación, sobre todo si lo que pretende adivinar es el futuro colectivo, por
la responsabilidad que tal labor acarrea, y más si el augurio se ejerce ante
varios millones de telespectadores. “Si usted quiere una buena bola, llévese
esta. Las fabrica un descendiente directo de Merlín”, y me mostró un modelo más
caro, pero al parecer más fiable.
Desde
entonces, cada vez que escucho por televisión las predicciones dogmáticas del
tertuliano, escruto mi bola de calidad superior y compruebo que nuestras
visiones no coinciden. Y es que, como suele decirse, lo barato acaba saliendo
caro.
(Publicado el sábado en la prensa)
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miércoles, 26 de octubre de 2016
ENTREVISTA
FELIPE BENÍTEZ REYES – Entrevista
POR BEGOÑA CURIEL, para EL LIBRO DURMIENTE
FOTO: ANTONIO GALISTEO
26-10-2016
Nacido en Rota (1960), con premios de calado nacional, este
escritor sorprende en cada obra con su especial dominio del lenguaje y
un sello propio por el que ocupa un puesto de cabecera en la literatura
española.
–Maneja diferentes géneros. ¿Se quedaría con alguno como predilecto o no quiere escoger?
-Bueno, ya he escogido. El hecho de
practicar varios géneros implica una elección múltiple. Me cuesta
trabajo imaginar a un escritor que decida escribir lo que no le gusta
escribir.
–¿Tiene o tuvo maestros o existe el estilo propio Felipe Benítez Reyes?
Todo el mundo aspira a ser digno de
tener maestros, claro está. El problema de las genealogías literarias es
que cada cual fantasea con la suya, trazando un árbol que casi siempre
es más prestigioso de la cuenta. En cuanto a ese supuesto estilo propio,
no sabría qué decirle. En el estilo hay un cupo de voluntad, pero
también un factor casual. No creo que ningún escritor sea del todo
consciente de las características de su estilo, que tal vez responde más
a intuiciones que a patrones. No creo que el estilo consista en una
acumulación de amaneramientos o de retorcimientos ni en una escritura en
escorzo, sino más bien en una modulación que propicie un espejismo de
oralidad y de transparencia, por artificioso que sea el punto de partida
del procedimiento.
–¿A qué autores contemporáneos admira?
A todos los que puedo.
–Acumular tantos premios como
usted, ¿es un aliciente o da (o le dio en su momento) cierto miedo? A
estas alturas de su carrera, ¿le condicionan?
Los premios no son medallas, sino
heridas de guerra. No creo que nadie, por muy vanaglorioso que sea, se
levante o se acueste pensando en los premios que ha ganado. En esto, lo
mejor es recibir los premios con la misma insensibilidad con que los
recibe el caballo ganador del derby de Kentucky. Aparte de eso, en esta
cuestión de los premios hay una cierta obscenidad de fondo que no sabría
precisarle.
–¿Son diferentes los premios académicos a los de los lectores? ¿Cómo los valora?
No sé, la verdad. He pensado muy poco en
ese asunto. Siempre te alegras cuando alguien te dice que le ha gustado
un libro tuyo, eso sí.
–¿Es maniático a la hora de escribir o lo hace donde o como puede?
Me cuesta mucho escribir en cualquier
sitio que no sea mi mesa de trabajo. Mi “genius loci” no se mueve de
ahí. No es itinerante, y sin él me temo que no soy nada.
–El aplauso y los halagos por su
“El azar y viceversa” se cuentan por miles. Y no es para menos. Su
intención era acercarse al género de la picaresca y lo ha conseguido con
creces. ¿Es un contenido que nunca pasa de moda?
Digamos que es un territorio narrativo
fértil, tal vez porque está muy adscrito a la esencia del vivir. El
menesteroso no sólo tiene que ganarse la vida, sino también que
inventarse una vida, porque nadie le regala nada. Aparte de eso, mi
novela se acoge a la picaresca desde un ángulo filtrado también por
varios siglos más. Con Dickens o Thackeray por medio, pongamos por caso.
–“El humor me sirve para
escribir novelas muy tristes” dijo en una entrevista. Es un recurso que
maneja de manera prodigiosa. ¿Es tan premeditado como parece o considera
vital el humor para escribir y/o vivir?
Pues exactamente eso. ¿Contar una
historia trágica desde un registro trágico? Complicado, ¿no? El humor no
sólo sirve para hacer reír. También resulta indispensable para
describir la condición humana desde el rigor del realismo. La solemnidad
no sólo suele ser el disfraz del aburrimiento, sino también un
falseamiento del tono verdadero de la vida. En esta novela procuré jugar
con las emociones del lector. Llevarlo de la carcajada al escalofrío,
con apenas transición entre una cosa y otra.
–¿Se considera poeta y escritor
por este orden, o en el segundo término va incluido el primero (en su
caso, claro)? A veces los conceptos se distinguen, otros se solapan,
según quien hable de ello.
Bueno, los poemas se escriben, ¿no? Es como decir de alguien que es pintor y acuarelista. O que es médico y traumatólogo. Lo genérico se supone que incluye la especialidad.
Bueno, los poemas se escriben, ¿no? Es como decir de alguien que es pintor y acuarelista. O que es médico y traumatólogo. Lo genérico se supone que incluye la especialidad.
–Que el escritor debe estar comprometido con su tiempo, ¿es un debate necesario o una tontería?
Creo que necesario. Hay que ser muy bobo, muy engreído o muy rico para vivir en una torre de marfil.
–Desde su anterior novela han
pasado años. Pero no ha parado de trabajar en multitud de historias.
Entiendo que se puede trabajar a la vez, de manera paralela o
complementaria, en muchos géneros y terrenos. ¿Genera confusión esta
mezcla a la hora de crear o es una dinámica, digamos, natural?
En mi caso es natural. Siempre ando
barajando varios proyectos a la vez. Procuro que cada cual se desarrolle
en la parte específica del cerebro que le corresponde.
–Está muy mal comparar pero tras
la lectura de “El azar y viceversa” no puedo evitar hacerlo: pocos
escriben y manejan las letras como usted, al menos en este país (en mi
humilde opinión). ¿Cuál es el nivel que tenemos en España? ¿Hay más
cantidad que calidad?
Muchas gracias por la suposición. ¿El
nivel? Pues hay de todo, como no podría ser de otra manera. Lo insólito
sería que todo el mundo fuese un genio de las letras o que todos
escribiésemos mal. Pues eso: que hay de todo. Como en todas las épocas.
–¿La autopublicación, sobre todo en plataformas digitales, ha degradado –en líneas generales– los contenidos?
No estoy muy al tanto de ese asunto. Le
digo lo mismo: de todo habrá. Hoy resulta muy barato autoeditarse un
libro, y si alguien quiere darse ese capricho, me parece muy bien. El
problema empieza cuando ese alguien empieza a querer escalar el monte
Parnaso con su librito entre los dientes. Ahí suele haber un choque de
trenes entre la realidad y la quimera.
–¿Hasta cuándo debe intentar un
novato seguir llamando a la puerta de las editoriales, antes de
decidirse por la autopublicación?
Los síntomas suelen ser muy claros.
Cuando te dan con todas las puertas en la nariz, por ejemplo. Lo que no
quiere decir que el libro en cuestión no valga, sino que la mecánica de
la industria editorial es más compleja de lo que parece. A veces, la
valía de un libro puede ser un inconveniente para que se publique y
otras veces el hecho de que sea un mamarracho es un aval inmejorable
para que se publique. Paradójicamente, las paradojas funcionan.
–¿Se lee tan poco como se dice?
Desde luego más que en otras épocas
históricas. En esto de los índices de lectura conviene ser optimista,
porque todo podría ser mucho peor de lo que es.
–¿Qué le gusta y cuánto lee Benítez Reyes?
Un poco de todo. Me gustan mucho las biografías, por ejemplo.
–¿Hay algún libro que se haya leído muchas veces o no suele repetir?
Releo. Poesía por supuesto. Y también
algunas novelas o relatos con los que tuve la impresión de que no se
agotaban en una sola lectura.
–¿Qué libro le gustaría haber escrito o cuál sueña con escribir?
Pues imagínese la de miles de libros
ajenos que me hubiese gustado escribir… ¿El libro soñado? Ese que estás
escribiendo, con la certeza de que finalmente no será el libro de tus
sueños ni por asomo.
–¿Qué opinión le merecen las
páginas y blogs literarios? Internet y las redes sociales han aumentado
su número y variedad. ¿Es un fenómeno positivo para la literatura aunque
su autor sea un simple lector o alguien que ame las letras?
Le digo lo que le decía antes: de todo
habrá. La democratización de la crítica literaria me parece bien, como
cualquier tipo de democratización, aunque sin duda genera un poco de
desorden, porque lo mismo alguien considera que un libro es una obra
maestra y en el blog de al lado alguien lo considera un bodrio… Pero eso
pasa también, al fin y al cabo, en los suplementos literarios de los
periódicos tradicionales. No sé. Bien, ya le digo.
–Después de “El azar y viceversa”, ¿qué tiene entre manos Felipe Benítez Reyes?
Digamos que tres bolas de humo que hay que solidificar.
sábado, 22 de octubre de 2016
viernes, 21 de octubre de 2016
martes, 18 de octubre de 2016
EL CÓDIGO
El malhechor que premedita sus
fechorías debería acogerse, por muy malhechor que sea, a un código moral
básico, ya que todo el mundo tiene la obligación cívica de regirse por unos
principios, así se trate de unos principios que conduzcan a un final desastroso,
en parte por esa afición que tiene la vida a tomar una deriva dramática y en
parte por nuestra inclinación natural a complicarnos la vida. En la comisión de
cualquier delito –excluidos los pasionales- se supone que hay un factor de
riesgo no sólo calculado, sino también asumido, y muy mezquino tiene que ser el
delincuente de guante blanco para quejarse de su malaventura cuando lo pillan.
Se puede ser, en fin, delincuente y caballero. Lo deshonesto es ser delincuente
y carajote.
En
estas semanas, asistimos en los juzgados a un desfile penitencial de ciudadanos
esclarecidos que decidieron engañar al resto del país con el apoyo inestimable
no sólo de su inteligencia financiera, sino también de su inteligencia
criminal, en el caso de que podamos implicar a la inteligencia en la ideación
de unas actuaciones que acaban llevándote al banquillo de los acusados y, con
un poco de mala suerte, al mismísimo trullo.
Y ahí es donde echa uno en falta
ese código moral al que me referí, o al menos el asesoramiento de un gurú que sirva
al encausado de guía espiritual: “Si decides financiar ilegalmente a tu partido
político a la vez que te financias a ti mismo o si decides tirar de tarjeta
black con la compulsión consumista de una Kardashian, sé medianamente digno y
moderadamente gallardo cuando te pongan los grilletes, pequeño saltamontes. No sugiero
que sigas el ejemplo de los héroes homéricos, pero tampoco te comportes como un
colegial, inventándote excusas cómicas, culpando al compañero de pupitre o
fingiéndote el ofendido, porque eso no sólo supone una ofensa complementaria a
tu persona, sino también una ofensa por duplicado a la sociedad que te permitió
ascender a las cumbres del bandolerismo institucional. ¿Tú me entiendes,
forajido? Hiciste cuanto estuvo en tu mano para que no te pillaran, y ese
mérito no puede rebajártelo nadie, pero te pillaron, y no te queda otra que
agachar la cabeza y pedir disculpas a tus compatriotas, o si consideras
humillante esa actitud, procurar fugarte a un país exótico con la parte del
botín que te quepa en el bolsillo, con lo cual la comunidad ahorrará un poco en
gastos judiciales, porque es que además tenéis la fea costumbre de caer al
unísono toda la pandilla, y sólo en sillas se nos va un pico”.
Sea
como sea, corromperse debe de proporcionar grandes satisfacciones íntimas, pues
de otro modo no se explica el que tanta gente se aficione a la corrupción. La
clave estaría en establecer un principio de igualdad: el derecho constitucional
a corrompernos todos. Y a ver qué pasa.
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viernes, 14 de octubre de 2016
jueves, 13 de octubre de 2016
domingo, 9 de octubre de 2016
lunes, 3 de octubre de 2016
UN PAISANO MÍO
(Microrrelato de lunes)
Cuando yo era
pequeño, había en mi pueblo un fakir que se anunciaba en los carteles como
Sigfrido Khan.
Una noche, mientras actuaba en una
gala benéfica a la que tuve la suerte de asistir, se envalentonó más de lo
preciso y se tragó una cuchilla Gillette Blue Blade.
Murió a los dos días.
Desde entonces, de mi pueblo han
salido seis o siete fakires, pues se ve que Khan creó afición, y, aunque todos
ellos suelen tener un recuerdo admirativo en mitad de sus actuaciones para
aquel pionero y mártir, ninguno de ellos se ha atrevido –al menos de momento- a
tragarse una Gillette Blue Blade, lo que no creo que diga mucho a favor del
fakirismo local.
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domingo, 25 de septiembre de 2016
UN RELATO COLECTIVO
En Infolibre, el relato que hemos ido ideando entre Santiago Rocangliolo, Juan José Millás, Cristina Fernández Cubas y yo:
http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/09/23/la_abuela_4_55091_1821.html
http://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2016/09/23/la_abuela_4_55091_1821.html
martes, 6 de septiembre de 2016
EXÉGESIS SORIANAS
Lo de Soria sólo podría explicarlo Cospedal: "Se trata de un giratorio
en diferido por la simulación de un funcionario designado en finiquito".
No nos engañemos: lo peor de todo es que los ejecutivos del Banco Mundial van a acabar haciéndose un lío geográfico con Soria y Panamá.
Visto lo de Soria, Bárcenas exige al gobierno que lo mande al Banco Mundial aunque sea en calidad de cajero automático.
No se alteren ustedes por menudencias. El verdadero lío vendrá cuando se
descubra que Soria es en realidad un cantante melódico venezolano.
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