jueves, 21 de enero de 2016

LA BOLSA O LA VIDA



(Publicado en prensa el 28-11-2015)


La titular del Ministerio de Empleo y Seguridad Social incorporó un componente esotérico a la política cuando delegó en la Virgen del Rocío la responsabilidad de sacarnos de la crisis. 

Hace un par de años, y lejos de cualquier esoterismo, su Ministerio adoptó una medida curiosa: si un jubilado ingresa más de 9.000 euros al año en concepto de honorarios por conferencias, por cesión de derechos de autor o por impartir un curso, debe darse de alta como autónomo y renunciar a su pensión, cabe suponer que como un correctivo contra el pecado de codicia. 

Así las cosas, los agravios se disparan. En principio, la ley en cuestión parece penalizar la vejez de nuestros profesores y creadores, conminados al disfrute del ocio pasivo, como si fueran budistas. Si usted tiene 66 años y 66 inmuebles en alquiler, puede cobrar las rentas y su pensión. Si usted tiene 80 años y 80 millones de euros en acciones, puede cobrar los beneficios que le generen sin renunciar al cobro de su pensión. Ahora bien, si usted tiene más de 65 años y decide publicar sus memorias o una novela de espías, o bien dar unas cuantas conferencias, ya sabe: o lo hace gratis o, de lo contrario, va a salirle bastante caro.

            A veces recurrimos a teorías un tanto conspiranoicas con respecto a la aversión de los políticos a la cultura como concepto genérico. No creo que sea para tanto: sencillamente, la cultura es algo que les interesa muy poco, en parte porque saben que a la mayoría de la gente le interesa menos aún que a ellos. Con todo y con eso, esta ley parece tener un componente de castigo no ya fiscal, sino más bien ideológico, aunque les confieso que prefiero creer que viene inspirada por una mera medida de ahorro presupuestario, así se trate del chocolate del loro.

            La ocurrencia ministerial tiene por supuesto su lógica: si alguien ejerce una actividad económica, se le considera un trabajador en activo, lo que generaría una contradicción flagrante con la condición simultánea de pensionista. Hasta ahí de acuerdo. Ahora bien, habría que tener en cuenta al menos un par de factores: los libros pasan a ser de titularidad pública a partir de los 70 años de la muerte de su autor, circunstancia que no afecta a ninguna otra propiedad, ya sea un cortijo o un yate, bienes que pueden transmitirse de heredero en heredero por los siglos de los siglos. Por otra parte, los libros de un autor son una materia legalmente desamparada, vista la desidia y la inoperancia de los mecanismos de control gubernamental sobre la piratería. Con arreglo a estas dos circunstancias, la ley en vigor adquiere un matiz injustamente penalizador, por no hablar de la insignificancia que su aplicación representa a nivel de presupuestos generales del Estado, al incidir sobre un gremio mayormente de menesterosos.

            En cualquier caso, siempre nos quedará la opción de encomendarnos, en cuanto arregle la crisis, a la Virgen del Rocío.

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sábado, 9 de enero de 2016

EL SAINETE Y LA ESTATUA



Una de las grandes perversiones de un sistema democrático consiste en promover entre la ciudadanía la idea primitivista de la propiedad territorial frente a un ideario concreto de la administración de ese territorio. Es decir, la puesta en circulación de una conciencia nacionalista en la que no prevalece un modelo específico de organización social, sino la activación visceral de unas emociones patrióticas. La prevalencia de esas emociones, según vemos en Cataluña, puede originar alianzas políticas no sólo desnaturalizadas, sino también ligeramente cómicas, como cómico resulta, por ejemplo, que Junqueras, izquierdista y republicano, acabe entregando de forma incondicional su corazón catalanista a la causa de Mas, representante de la carcunda autóctona y cabeza de un partido con un historial de corrupción bastante obsceno. Más que de consenso, podríamos hablar de síndrome de Estocolmo, pero dejémoslo correr.

            Si desconcertante resulta la adhesión de buena parte de la izquierda catalana al proyecto megalómano y egolátrico de Mas, la actitud mendicante de los dirigentes de ese potaje ideológico que se dio a conocer como Junts pel Sí con respecto a la CUP me temo que transgrede las normas elementales del decoro político. Esa mendicidad no ha dado finalmente otro fruto que el de unas negociaciones surrealistas, con el componente de una decisión asamblearia en la que la moneda cayó milagrosamente de canto. Sólo un voto revolucionario ha impedido a Mas repetir como presidente de todos los catalanes, y ya es mala suerte. Pero, a pesar de no haber conseguido que la CUP apoye su investidura, ahí sigue él, proclamando su deseo de "plantar cara", que es tal vez de lo que anda más sobrado; en cambio, el jefe anticapitalista de la CUP, tras repetir hasta el hartazgo que su formación jamás apoyaría la investidura de Mas, ha renunciado a su acta de diputado autonómico por no haber logrado que los suyos apoyen a Mas. Todo esto exigiría alguna explicación, por supuesto, pero hay decisiones políticas que son como los chistes: si hay que explicarlos, es que se trata de chistes fallidos.

            Es posible que Artur Mas, en sus sueños heroicos, tuviera ya localizado el emplazamiento en que le erigirían la estatua, en su calidad de libertador de la Cataluña avasallada. Parece ser que tanto lo de la estatua como lo de la liberación va a retrasarse un poco, y es una pena, porque las estatuas de los próceres no sólo dignifican las perspectivas urbanas, sino que también sirven de wáter a las palomas, tanto en los territorios opresores como en los oprimidos: de esa rebaja de honorabilidad no se libra nadie. En el caso de Mas, cuando llegue el momento, creo que debería tratarse de una estatua ecuestre, y no porque sea aficionado –al menos que yo sepa- a la equitación, sino porque las posibilidades de inmortalidad se duplicarían: visto lo visto, da la impresión de que a ese hombre lo mismo le daría ser el jinete que el caballo.

(Publicado hoy en la prensa) 

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sábado, 2 de enero de 2016

(Una conjetura)

(No estoy seguro, pero creo que en la sede central de la Agencia Estatal de Meteorología hay una pandilla de rumberos, con sus guitarras y sus cajones rítmicos, cantando y bailando, y de pronto dice uno: "Pon que va a llover en Palencia", por ejemplo, y otro dice "Ole", y ya luego siguen bailando y cantando.)

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viernes, 1 de enero de 2016

(UN VIEJO POEMA PARA EL AÑO NUEVO...)

Otro año que se va. Los tantos que se fueron
nos dejaron un verbo repetido
con significados diferentes
y el mapa de un tesoro que no está en ningún mapa,
conversaciones lentas y el silencio,
y luces que se apagan y sombras que se encienden,
y el vagar de alma en pena por el alma
de lo que no supimos expresar.

Otro año, mi vida. Y nosotros buscando
la llave que nos cierre la puerta del pasado
para estar en el tiempo,
que nunca es el ayer sino el enigma,
que nunca es regresar sino perderse. 


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(F.B.R. La misma luna, 2006)

lunes, 28 de diciembre de 2015

GANANCIA DE PÉRDIDA



El gran momento de cualquier régimen democrático es el día de unas elecciones. El peor momento de una democracia suele ser el día siguiente al de unas elecciones, y no sólo porque a partir de entonces la democracia se reduce a burocracia, sino también porque los políticos optan por interpretar los resultados no con arreglo a lo que dicen esos resultados, sino con arreglo a lo que ellos deciden que les conviene que digan.


        El resultado de las elecciones del 20D tiene una interpretación muy simple: un electorado de tendencias plurales, cabe suponer que derivado de una pluralidad ideológica, ya se base en principios esenciales o en meros matices, al menos en el supuesto optimista de que la mayoría de la gente vote programas y no fotografías. Pero el problema de las interpretaciones simples es que suelen resultar demasiado complejas. Los dos partidos hasta ahora mayoritarios se acomodaron al juego del cara o cruz, hasta que la moneda ha caído de canto. Esta dislocación del mecanismo de alternancia rutinaria en el poder aviva ahora el fantasma de la ingobernabilidad, sin duda porque se identifica la gobernabilidad con el desahogo que otorga una mayoría absoluta o, en el peor de los casos, un pacto de gobierno con alguna formación minoritaria, preferiblemente nacionalista, que se conforme con las sobras del festín, por lo general con menos talante cooperativo que ventajista y con menos lealtad que conformismo.


            Si la decisión de los votantes es plural, la lógica requiere que los políticos asuman ese resultado de pluralidad y procuren armonizarlo de la manera más sensata y efectiva posible, salvo que consideren que un resultado electoral disperso representa un error democrático. Pero tenemos más que visto que la lógica no es el fuerte de las decisiones políticas, sino más bien a la inversa, y ya hay quienes reclaman una repetición de los comicios, con la esperanza estratégica de que los votantes cambien de la noche a la mañana de opinión, se dejen de promiscuidades y de veleidades y concentren sus opciones. Lo pintoresco sería al fin y al cabo lo normal: que unas nuevas elecciones arrojasen un resultado idéntico. Y vuelta a empezar. Esa concatenación de elecciones nos supondría unos costes considerables, pero no cabe duda de que reforzaría nuestro sistema democrático: podríamos ejercer nuestro derecho a voto cada dos o tres meses, a la espera de una fumata de un solo color.


            Si alguien cree a estas alturas que nuestros políticos acatan los mandatos populares que salen de las urnas cuando se trata de mandatos complejos, estará sin duda de enhorabuena por su candidez, pero lo lleva claro con la realidad. El problema tradicional de la política es que todo el mundo sabe ganar, pero nadie saber perder. Y, a efectos prácticos, en estas elecciones han perdido todos.


            En cualquier caso, felices fiestas.

(Publicado el sábado en prensa)

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jueves, 24 de diciembre de 2015

DISCURSO NAVIDEÑO



Como cada año, es para mí un honor y una responsabilidad dirigirme a todos los españoles y españolas en estas señaladas fechas navideñas. Fechas que marcan un hito colectivo en cuanto a consumismo y fraternidad, con la mirada fija en unos objetivos sociales que a todos nos afectan.

            Vivimos tiempos difíciles, pero es en la dificultad donde las grandes naciones encuentran el impulso necesario para impulsarse. Impulsarse hacia adelante, no hacia atrás, como desgraciadamente hemos presenciado en ocasiones en países amigos, víctimas hoy del anonadamiento económico del que nuestra firme democracia se manifiesta como garante, aunque al revés, pues lo que nos garantiza es la fuerza y el estímulo necesario para esquivar ese fatal anonadamiento al que antes me he referido. Porque si bien es cierto que las dificultades hacen que todo sea más difícil, también lo es, y en no menor medida, que lo sencillo vuelve todo demasiado fácil, y los grandes empeños requieren un esfuerzo común y un doloroso sacrificio que sólo los ciudadanos de buena fe estamos dispuestos a afrontar, siempre con la sonrisa en los labios, pues nuestra experiencia en el duro campo de la adversidad nos otorga un aval milenario de compromiso y abnegación.

No quiero dejar pasar por alto la ocasión de brindar todo mi apoyo a quienes, desde el convencimiento europeísta, viajan al menos una vez al año a Europa, sin distinción de zonas, pues mantengo la convicción de que Europa constituye una construcción global que requiere el esfuerzo y la ilusión de todos. Repito: son tiempos difíciles, pero no por ello debemos cejar en nuestros afanes de igualdad y de legalidad, de legalidad y de igualdad, pues entre todos y todas, juntos y juntas, sabremos convertir nuestros proyectos en realidades. 

No puedo olvidarme de quienes en estas fechas navideñas se preparan a conciencia para entrar de lleno en las fiestas navideñas, ya sea disfrazándose de Papá Noel o de rey mago, ya sea de pastorcillo en los belenes vivientes o de Virgen María, ya sea preparando cestas navideñas o reponiendo polvorones en los grandes almacenes. No dudo que el esfuerzo conjunto dará como resultado un resultado conjunto.

            Por último, me gustaría hacer una llamada a la esperanza. Vivimos tiempos difíciles, como creo haber dicho ya, pero no tan difíciles que resulten imposibles. Lo mismo les ocurre a los escolares con las matemáticas, aunque, con la ayuda de sus profesores, lo imposible se convierte en meramente difícil, lo que es buena prueba de una superación digna de elogio y de respeto dentro del marco de la Unión Europea y, sin ir más lejos, mismamente de España. Si sabemos encontrar el rumbo, nuestro timón no dudará qué rumbo seguir. Si acertamos a mantener firme el timón, llegaremos a puerto. Si comemos demasiado turrón, nos caerá mal.

                 Felices fiestas.

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miércoles, 23 de diciembre de 2015

(Greguería)

Los días en que se juega la lotería las botellas de cava se venden en las tiendas de artículos de broma.

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Confieso que hace tiempo que dejé de tener la capacidad de meterme en la mente de un político profesional.

Pablo Iglesias, que defiende -muy sensatamente- que la Jefatura del Estado esté sometida a sufragio, propone en cambio la designación de la figura de un "independiente de prestigio" para ocupar la presidencia del próximo Gobierno.

Es decir, que ocupe esa presidencia alguien a quien nadie ha votado.

Como me consta que aquí hay muchos partidarios suyos, agradecería algún tipo de explicación convincente, porque solo no alcanzo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

ESTAMPA MATINAL

Llegas a un bar y pides un café.

Al café hirviendo, con temperatura de lava ardiente, el camarero le añade un chorro de leche borboteante con la que podría fundirse la plata.

Tocas la taza y la porcelana está casi en el punto de ignición.

Piensas en decirle al camarero: "¿Cuánto está dispuesto a pagarme usted si me bebo esto antes de cinco minutos?". Pero te lo callas. Y te tomas el café con valentía y con la esperanza secreta de que entre en el bar en ese instante un cazatalentos del Circo del Sol y te contrate para un número de comefuegos.

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domingo, 13 de diciembre de 2015

SHOW-BUSINESS



A estas alturas, habrá especialistas que hayan interpretado el sentido profundo del alzamiento de cejas del candidato X en el minuto 68,4 del anunciado como “el debate decisivo”, al menos según la decisión decisiva de sus promotores, pues parece ser que, incluso después de ese debate decisivo, hay un porcentaje de indecisos que supera el 23% del electorado. Gracias a una de esas paradojas por las que se rige la democracia, serán esos indecisos quienes decidan qué gobierno tendrán los decididos. Dicho de otra manera: los carentes de ideología decidirán la ideología de los gobernantes de todos.

            Nada más terminar el debate, se planteó la cuestión estelar: “¿Quién ha sido el ganador?”, lo que parecía ser más relevante que el debate en sí, equiparado de ese modo a un concurso de ocio de los muchos que promueven nuestras televisiones, hasta el punto de que echaba uno en falta por allí a Mercedes Milá para proclamar al triunfador y darle un cheque. 

              Se trataba, por supuesto, de una pregunta retórica: aunque no nos revelen los ingresos por publicidad que generó la emisión –con sus consecuentes secuelas interpretativas a cargo de los cartomantes que animan las tertulias mediáticas-, el debate lo ganó indiscutiblemente Atresmedia. Y, dado que no hay ganador sin perdedor, ¿quién perdió? Pues me imagino que la realidad. Es decir, nosotros y nuestras circunstancias: después de dos horas de charloteo errático, difuso y utópico, ¿qué ganó la clientela de esos vendedores de sueños? Pues tal vez lo más barato: perplejidad.

            Se calcula en más de 9 millones los espectadores del cónclave. Imagino, no sé, que la gente esperaba que alguno de los candidatos, en el punto álgido de la controversia, se sacara el machete y le cortase la cabellera al contrincante, o que uno de ellos volviera a desnudarse en público, o que apareciese por sorpresa el presidente del gobierno, salido tal vez de una tarta gigante. De otra manera no se explica tanta expectación en un país en el que la politología se ejerce principalmente en la barra de las tabernas, hábitat natural de los redentores sociopolíticos y de los dueños de las grandes soluciones.

            Podríamos suponer que todo consistió en un espectáculo tan inane como inocente, pero tal vez estaríamos minusvalorando su perversión de fondo. La perversión que supone el desplazar la política al ámbito del entretenimiento televisivo. O la perversión de reducir artificialmente a cuatro las opciones electorales -dos de ellas sin representación parlamentaria en la actualidad-, en atención a los sondeos, lo que viene a ser como planear nuestras vacaciones veraniegas con arreglo a las profecías de Nostradamus. O esa otra perversión que implica el confundir a un campeón de la política con un campeón de la oratoria. O esa perversión, sobre todo, de concebir un programa festivo para tratar una situación colectiva al fin y al cabo dramática.

            Y lo que nos queda.


(Publicado ayer en prensa)
           

viernes, 11 de diciembre de 2015

A finales de 1971, Deep Purple grababa en un hotel de Montreux su disco Machine Head, con el añadido a última hora de "Smoke on the Water", escrita tras el incendio del Montreux Casino -del que ellos fueron testigos desde los balcones de su hotel- durante un concierto de Frank Zappa. 

Por esas mismas fechas, Nabokov, residente fijo del Palace de la misma ciudad, escribía Transparent Things, y cabe suponer que también fue testigo a distancia de aquel incendio.

("¿Y qué?", se preguntarán ustedes.)

(Pues nada: eso, que unos componían y el otro escribía. Y que el casino ardió.) 

Este es el humo sobre el agua que da título a la canción:

martes, 1 de diciembre de 2015

(UN POEMA OTOÑAL)

La caída mecánica de un oro evanescente:
la hojarasca sin rumbo que naufraga en el viento.
Y esta serenidad de una abstracción que muere
en las manos del frío, con sus uñas de hielo.
Y el temblor de las hojas. Y el temblor de las fuentes:
el agua prisionera que rompe su silencio.
Y esa luna suicida entre nubes de éter.


Y el tiempo que se va para ser tiempo.
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(F.B.R., del libro La misma luna, 2006)

domingo, 15 de noviembre de 2015

EL HEROÍSMO CONFORTABLE



Hemos avanzado: antes, si un territorio decidía independizarse o si alguien tenía la ocurrencia de anexionarse un territorio, las cosas se resolvían casi ineludiblemente en el campo de batalla. No se salía con la suya quien tenía más razón, sino quien tenía más fuerza. No era preponderante ni decisivo el discurso, sino la eficacia militar. Hoy, por fortuna, una declaración de independencia puede decidirse pulsando un botón desde un escaño de terciopelo. Es una de las ventajas de los regímenes democráticos: tener la obligación de asumir de forma incruenta esas maniobras extrademocráticas que se amparan en la defensa de una democracia alternativa, adornada por lo general con componentes mágicos: la consecución de un paraíso sociológico o, como poco, la recuperación de un edén vernáculo usurpado por un enemigo más o menos ficticio y más o menos calculadamente robotizado en el imaginario colectivo. 

            En Cataluña, lo primero que se ha independizado han sido las matemáticas, que allí han pasado de ser una ciencia exacta a convertirse en una ciencia esotérica: un 47,8% es más que un 52,2%. O lo que viene a ser lo mismo: una suma de diputados vale más que una suma de ciudadanos.
            Los políticos catalanes que han optado por proclamar teatralmente la independencia parecen pensar más en los futuros libros de historia que en el presente, lo que si bien puede entenderse como un gesto loable de previsión, también podría malinterpretarse como un síntoma de profetismo, y ya sabemos que no ha nacido aún el profeta que dude de su clarividencia. Hay mucho de heroísmo ornamental en su actitud, sabedores de que al fin y al cabo la sangre no llegará jamás al río y de que cualquier acción que se les aplique, ya sea judicial o policial, no hará sino nimbarlos de santidad en su versión cívica. Aunque fracasen, saben que triunfarán, pues su éxito depende en gran medida de la dimensión de su cataclismo, mejor cuanto más dramático. Es un juego curioso: gana más quien pierde que quien gana.

            En Cataluña estamos asistiendo a lo que parecía apenas una suposición intelectual un tanto apocalíptica: la muerte de las ideologías, en beneficio en este caso de un supraconcepto: la república catalana independiente, que al parecer es algo que está no sólo por encima de las controversias partidistas, sino por encima incluso de la realidad catalana, aunque no desde luego por encima de Artur Mas, que es el Hamlet, el Arlequino y el Míster Bean de este pintoresco sainete.

            ¿La solución pasa por la convocatoria de un referendum, por el diálogo político –sea eso lo que sea-, por la aplicación a rodillo de las leyes? Doctores tiene la conjetura, pero mucho me temo que la solución del problema no es otra que el problema en sí. Y es que quien tiene la habilidad de crear un conflicto irresoluble suele saber lo que se trae entre manos: tanto el veneno como el antídoto.

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lunes, 2 de noviembre de 2015

EL CASI, EL EX Y EL PRE

(Publicado el sábado en prensa)



Si buena parte de las maniobras políticas de las altas esferas del poder tiene mucho de sainete, hasta miedo da pensar el grado paródico que ese sainete puede alcanzar a nivel de pueblo menor de 20.000 habitantes, como lo es por ejemplo la localidad gaditana de Chipiona, donde un ex cabecilla local del PP está que se lo llevan los mismísimos duques del infierno por el hecho de que el PSOE haya incluido en sus listas para el Senado a una ex concejala de su pueblo a la que él tiene doblemente denunciada por diversas ex actuaciones presuntamente pavorosas. Tales denuncias están aún en mero trámite, pero, lejos de achantarse ante la lentitud de las diligencias judiciales, el ex capitoste ha optado por insistir en el argumento de que se trata de una casi imputada, de una precondenada, de una predelincuente que el día menos pensado, en cuanto los jueces se espabilen, será más carne de presidio que de cámara alta. 


Resulta evidente que estamos ante una versión chipionera de Regreso al futuro, comedia de enredos temporales de la que acabamos de celebrar el trigésimo aniversario de su estreno. Y se pregunta uno: ¿tendrán en la sede del PP de Chipiona una bola de cristal en la que el porvenir se manifiesta con la nitidez de un guiñol? Cosas más raras se han visto, como por ejemplo el noviazgo tripartito entre Mas, Junqueras y Baños, que a estas alturas son ya los prepadres de la prepatria catalana, en un revoltijo admirable de miembros de la alta burguesía y del anticapitalismo, de herederos de la corrupción tradicional y de paladines de la anticorrupción, con un grado de armonía equiparable al de aquellos folletos de los testigos de Jehová en que el león yacía junto a la oveja, el niño junto al lobo feroz y la gacela junto al tigre.   


La ex concejala y presenadora chipionera debe de estar, en fin, que no le llega la blusa al cuerpo, pues me temo que todo político le teme más a una preimputación que a una imputación propiamente dicha, ya que el nivel de incertidumbre de la primera supera al de la segunda, y lo que menos necesita un político son incertidumbres, al ser su materia de trabajo el porvenir y no el presente: lo que importa no es lo que se está haciendo o dejando de hacer, sino lo que se hará, pues la esencia de todo buen discurso político no es tanto la realidad en crudo como ese preterritorio mítico que nuestros prerregidores nos pintan en los programas electorales.


Si el ex dirigente del PP de Chipiona asegura que la ex concejala y presenadora chipionera es una preimputada, sus razones tendrá, y ya veremos si el tiempo y la justicia –que suele ir a contrapié del tiempo- le dan la razón. Mientras tanto, aquí estaremos nosotros, expectantes ante la resolución del precirco, del circo y del postcirco. 

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domingo, 1 de noviembre de 2015

EL CIUDADANO, EL PINTOR Y EL EREMITA

Esta es la semblanza que he escrito para el catálogo de mi paisano el pintor Manolo Tosar (Tosar Granados), que ahora expone en Jerez de la Frontera, en los claustros de Santo Domingo.




Cuando el pintor Tosar Granados es el ciudadano Manolo Tosar, con su melena y su barba de reminiscencias bíblicas, con su piel tostada y tersa de santificado, te da la impresión de que se trata de un eremita que acaba de volver de los rigores del desierto de cumplir una larga y mortificante penitencia por sus disipaciones.

Hablas con Manolo Tosar y ahí tienes un gran espectáculo: gesticula gallardamente con el aplomo de un monarca escapado de una obra de Calderón de la Barca, te dice algo con su voz imponente de tenor, mueve la mano en el aire como si el aire fuese un lienzo, se levanta de la silla y da dos vueltas sobre sí mismo para celebrar una ocurrencia o para escenificar un asombro, dice algo y se tapa de inmediato la boca para dar a entender que quizá no ha debido decir lo que ha dicho, te interroga con un alzamiento de las cejas si ha debido decir eso que ha dicho, le confirmas que él puede decir lo que se le antoje, se ríe con su risa de bucanero bueno de los mares del Sur, se mesa la susodicha barba bíblica, distrae durante un segundo los ojos vivaces en una lejanía abstracta, como si buscase allí un argumento perdido, te mira, se mira un poco por dentro y complementa toda esa teatralidad con una frase sentenciosa que de inmediato se arrepiente de sí misma, de su solemnidad y vehemencia, para coronarla al instante con un alegre disparate, acompañado convenientemente de la ya referida risotada de aristócrata de la piratería.


Eso en la calle. Porque, en cuanto se encierra en su estudio, en su taller de blancuras y de espectros de colores, ahí tenemos ya a Tosar Granados, el maestro pintor, el que discute con los fulgores y las sombras, el que pacta con las figuras huidizas, el que pone cepos líricos a la luz para apresarla, para darle un molde y un sentido, para ponerla más en claro. El Tosar Granados que construye deslumbramientos geométricos. El Tosar Granados que pronuncia el abracadabra de la blancura para que se haga la blancura. El hechicero que transforma la luz incorpórea en una materia densa y expansiva. El de los corros de personajes grotescos. El de las muchedumbres arábigas que parecen estelas de colores en fuga.


Ahí, en su estudio, hablando y batallando consigo mismo, gesticulando para sí mismo, convirtiendo en tangible lo incorpóreo, es donde Manolo Tosar, el ciudadano con aspecto de eremita, se convierte en el eremita Tosar Granados: el solitario ante su arte. El hombre que recrea los desiertos infinitos y las esquinas pequeñas. El constructor de un mundo de azoteas y de páramos, de escenarios entre reales y oníricos: tan reales a veces, que dislocan la realidad; tan oníricos, que acaban resultando delicadamente hiperreales.

Allí, en su taller de alquimista que sabe convertir la nada en luz, es donde Manolo Tosar se repliega sobre sí mismo para que hoy podamos disfrutar, en fin, de los encantamientos minuciosos y refulgentes de los cuadros de Tosar Granados.

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