Este collage ("El paraguas universal") lo hice para la poesía reunida de Juan Bonilla, que publicará Visor próximamente.
viernes, 12 de septiembre de 2014
miércoles, 10 de septiembre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
martes, 2 de septiembre de 2014
Extraña -y muy buena- esta película (de 1949) de King Vidor.
Extraña porque, aparte del previsible enredo amoroso, lo que plantea es fundamentalmente un problema de ética estética, por decirlo con una expresión del gusto de J.R.J.
Los conflictos de un arquitecto con la realidad a partir de sus principios estéticos insobornables. Una especie de alegato en favor de la modernidad -que es siempre un concepto provisional y transitorio, porque no puede ser de otra manera.
Todo a partir de las muy discutidas premisas ideológicas de Ayn Rand.
Y lo más raro de todo: que los productores diesen el visto bueno comercial al producto.
Extraña porque, aparte del previsible enredo amoroso, lo que plantea es fundamentalmente un problema de ética estética, por decirlo con una expresión del gusto de J.R.J.
Los conflictos de un arquitecto con la realidad a partir de sus principios estéticos insobornables. Una especie de alegato en favor de la modernidad -que es siempre un concepto provisional y transitorio, porque no puede ser de otra manera.
Todo a partir de las muy discutidas premisas ideológicas de Ayn Rand.
Y lo más raro de todo: que los productores diesen el visto bueno comercial al producto.
sábado, 23 de agosto de 2014
DEL SABER
El afán de saber, la aspiración
al conocimiento, implica en gran parte la nostalgia de un saber imposible, de
un conocimiento inabarcable. Implica también una resignación: la de ejercer un
mero tanteo en el misterio poliédrico del mundo, empezando por nosotros mismos,
ya que, al fin y al cabo, no hay misterio mayor, ni con patrones más
inestables, que el de la propia identidad: el misterio de sabernos, de
aprendernos y de aceptarnos. El misterio insondable, en definitiva, de nuestra
oscilación.
Quisiéramos
tener la capacidad de concebir una metáfora de niveles complejos y a la vez ser
capaces de resolver un problema matemático que se desplegase a lo largo de
varias pizarras repletas de números y de símbolos, con aspecto de gran
pictograma, de jeroglífico sometido a una secuencia perfecta e intransigente
con cualquier desorientación. Al fin y al cabo, ambas cosas –la metáfora y el
problema matemático- no son asuntos divergentes: tanto una como otra tienen la
obligación de sugerir un desarrollo perfecto. Nos gustaría conocer el proceso
por el que se fusionan los átomos y ser igualmente capaces de eternizar en un
pentagrama la secuencia musical que nos transita por la imaginación –o por
donde corresponda- con la fluidez de un pensamiento líquido. Nos gustaría, qué
sé yo, ser capaces de construir un mueble con marqueterías de laberintos
geométricos y acertar a reducir nuestra conciencia a una norma geométrica que
nos permitiese interpretar, valorar y tal vez desentrañar los grandes conceptos:
el de la eternidad o el de la nada, el de destino o el del sentido de la
muerte, ya sea desde una ilusión de trascendencia o desde el abismo del
descreimiento. Todos quisiéramos ser en las horas nocturnas el poeta de estirpe
romántica que armoniza en rimas rotundas y con adjetivos contundentes la
esencia de nuestra intimidad tormentosa y ser a la vez el astrónomo meticuloso
que vigila los cuerpos celestes con la precisión y el celo de un centinela de
los cielos.
Es tan
complejo y fascinante el mundo, tan minuciosamente inabarcable, tan
sobrecogedoramente magnífico, que su comprensión total nos conduciría tal vez
no tanto a la sabiduría como a la locura. Afortunadamente quizá, pasamos por él
con apenas unos datos, con apenas unas convicciones, con unas habilidades
específicas, con una percepción liviana de este milagro inmenso en que nos
hemos visto implicados por quién sabe qué cadena prodigiosa de azares.
Esto lo
construimos entre todos, desde el que trenza un canasto de mimbre hasta quien
elabora una suposición filosófica, desde quien perfora una caña para hacerse un
caramillo hasta quien dirige una gran orquesta. Desde quien estudia
microorganismos en un laboratorio hasta quien imagina gigantes malintencionados
para escribir cuentos que sobrecojan gustosamente la fantasía de los niños.
Y otro verano,
en fin, que se nos va.
(Publicado ayer en prensa)
lunes, 11 de agosto de 2014
EL SÁBADO
El sábado es un buen día para quedarse en casa y
emprender faenas postergadas desde no sabemos cuándo, aunque latentes en
nuestra conciencia igual que remordimientos, ya que los meses pasan con la
rapidez de una semana, las semanas con la rapidez de un día y los días con la
velocidad de los relámpagos, y de los minutos no merece la pena ni hablar -y no
digamos de esos eternos agonizantes: los segundos.
El sábado es un día idóneo
para decirse: “Voy a ordenar los discos por orden alfabético”, o bien: “Voy a
arreglar las herramientas”, y entretenerse uno en clasificar los tornillos
según su longitud y grosor, y los espiches, y los cáncamos y puntillas, y en
limpiar de óxido el martillo, y en darle aceite al serrucho, y similares.
Hoy es un día inmejorable para
remangarse uno y decir: “El trastero”, y meterse en aquella covacha, entre
botes de pintura reseca, entre cajas de juguetes ya inútiles y entre flotadores
desinflados, y dedicarse a poner en orden las cajas con adornos navideños, los
capirotes de penitencia, los sombreros de ala ancha, los disfraces de carnaval,
los libros polvorientos del bachillerato, los diplomas de participación en
actividades deportivas terrestres o acuáticas, y así sucesivamente, según las
aficiones o devociones de cada cual, pues somos una especie animal muy
diversificada, al menos en las actividades externas, aunque me temo que esas
actividades externas responden a una diversidad inconsolable en cuestiones
internas. O puede decidir uno arreglar los armarios para experimentar la sensación
de quedarse de piedra al ver esa camisa que, hace apenas dos temporadas, era el
último grito y que hoy dan ganas de gritar al verla, o ese jersey ingrato que
nos revive una sensación de picor constante, tal vez porque se elaboró con la
lana de una oveja sobre la que pesaba una maldición egipcia o algo así, o esa
chaqueta que ya no nos cierra.
O puede uno ponerse a
ordenar los libros, o el cajón de los cubiertos, o esos altillos de armario en
los que escondimos cosas que ya no recordamos siquiera, enseres desterrados de
la escenografía doméstica por su inutilidad o por su fealdad.
O puede uno ponerse a
ordenar el secreter de la mesilla de noche, donde siempre acaban deambulando
pastillas viudas, gemelos de propaganda, el alfiler de corbata que nos regalaron
en el banco, un bolígrafo sin tinta y una linterna sin pilas, un par de
pañuelos, unas gafas rotas… Al final, llega el domingo –ese día que dedicamos a
las tareas agotadoras del ocio- y uno no ha hecho nada de cuanto se propuso el
día anterior, como es lógico y natural, pero el sábado –quién puede dudarlo- es
un día estupendo para hacer cosas. Y así pasan los sábados. Y así pasa la vida.
Con todo por hacer, o casi todo. Asombrados de esta velocidad con que el tiempo
nos lleva hacia quién sabe dónde.
(Publicado en prensa el sábado pasado.)
sábado, 19 de julio de 2014
NOVEDAD DE INTERROGANTE EDITORIAL
EDICIÓN DE 100 EJEMPLARES NUMERADOS Y FIRMADOS POR EL AUTOR.
http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/
http://interrogante-editorial.blogspot.com.es/
domingo, 6 de julio de 2014
Alguien
debería decirles a los responsables de los telediarios que sí, que ya
sabemos que en Pamplona se celebra ahora San Fermín, que es el santo que
más gora. Que ya sabemos que hay gente que corre delante de los toros y
toros que corren detrás de la gente, aunque siempre hay un toro que se
rezaga y algún guiri que resulta corneado como detalle de legitimación
folclórica. Que ya nos conocemos de
memoria el ritual del chupinazo y el de tirarse al vacío desde la fuente
Navarrería. Que ya sabemos el color que tiene una camiseta blanca
empapada de vino tinto y lo de las muchachas exhibicionistas. Que ya
sabemos que hay gente que duerme en la calle o que no duerme. Que
sabemos lo de Hemingway, etc. Y, sobre todo, y lo más importante: que no
vemos llegar el día en que se cante el "Pobre de mí" para que los
telediarios hablen de otra cosa y se asienten nuestros saberes
enciclopédicos sobre los sanfermines.
viernes, 4 de julio de 2014
ENTREVISTA
En Diario de Cádiz, a propósito de Política y polichinela.
http://www.diariodecadiz.es/article/entrevistas/1808974/tengo/mucho/respeto/perogrullo/como/opinador.html
http://www.diariodecadiz.es/article/entrevistas/1808974/tengo/mucho/respeto/perogrullo/como/opinador.html
miércoles, 2 de julio de 2014
martes, 1 de julio de 2014
MODALIDADES
Comoquiera que en España tenemos
una experiencia privilegiada en ese particular, la corrupción política va
perfeccionándose, ramificándose y estableciendo sus jerarquías específicas. La
insistencia acaba dando, en fin, sus frutos, así sean amargos.
En primer lugar
estaría, por derecho propio, la corrupción a secas, la corrupción por
antonomasia: la que parte de la iniciativa particular de un individuo para
corromper de paso, y de rebote, al sistema, que para eso está, pues parece
claro que, a estas alturas, casi todo el mundo se ha hecho a la idea de la
imposibilidad del desarrollo de las utopías, mientras que las distopías vienen
solas. Ese lugar prominente corresponde, según decía, a la corrupción de toda
la vida: nuestra corrupción cañí, heredera de los modales propios del bandolero
que se lleva el botín a punta de trabuco, aunque, en atención a los tiempos y
al espíritu que debe regir las sociedades avanzadas, el trabuco haya sido
sustituido por la magia administrativa, ya sea aplicando el arte de la
prestidigitación a unos ERE o las mañas del escapismo a los fondos para unos
cursos de formación.
Una
vez reconocido el predominio y arraigo de esa modalidad, no debemos pasar por
alto otros rangos de corrupción que, no por menos vistosos, resultan menos
malolientes ni menos honorables. Podría hablarse de vicecorrupciones y de
semicorrupciones, por no hacer el catálogo demasiado extenso y que, al final,
los corruptos acaben liándose y no sepan con exactitud en qué modalidad se
enmarcan sus acciones.
De
todas formas, lo peor de la corrupción no es tanto la corrupción misma como las
excusas de los corruptos pillados en falta. Ahí entra en juego –“Yo no he
sido”- otro tipo de corrupción: la de la inteligencia. Si la hubiere.
.
lunes, 23 de junio de 2014
domingo, 22 de junio de 2014
NEBRASKA
Después de ver durante los últimos días -un
poco a destiempo- algunas películas que me han resultado decepcionantes
(La gran estafa americana -híbrido de Scorsese y de Mamet-, El lobo
de Walt Street -un plagio de Scorsese por Scorsese-, Melancolía -una de esas habituales idas de pinza de Lars von Trier-; Agosto, de J. Wells -con su dramatismo de sal gorda-),
de pronto, "Nebraska", de Alexander Payne. Una historia conmovedora y
desoladora, sin azúcares añadidos.
La ridiculez de nuestras fantasías. Nuestra necesidad irrenunciable de esas fantasías. La cadena de fantasías sin fundamento que conforman la vida. Y la rareza de la vejez. Y ese impresionante Bruce Dern. (Y qué fotografía, ¿no?)
viernes, 20 de junio de 2014
lunes, 16 de junio de 2014
EL PENSAMIENTO
La presidenta
de Argentina, que no se las suele pensar dos veces, ha creado una Secretaría
Estratégica del Pensamiento Nacional. A su frente ha puesto nada menos que a un
filósofo, cuando lo normal es que los organismos estatales acaben regidos por
políticos, que, gracias a una ciencia infusa de condición portátil, lo mismo
entienden de agricultura que de sanidad, lo mismo de turismo que de los
misterios numéricos de la hacienda pública, pues no se conoce una versatilidad
más alardeada que la de los servidores públicos.
Supone
uno que la creación de esa secretaría requirió un debate previo sobre su
denominación, ya que, en vez de Secretaría Estratégica del Pensamiento Nacional,
bien pudo denominarse Secretaría Nacional del Pensamiento Estratégico, ya que
el orden de los factores no alteraría el producto, de por sí bastante exótico.
La
palabra “pensamiento” tiene un problema: que soporta mal la adjetivación. Por
sí sola, da una idea de voluntad reflexiva, de afán interpretativo de todas
esas realidades que conforman la realidad, de ahondamiento, en fin, en las
cosas, tanto en las tangibles como en las abstractas. Pero si se le añade un
adjetivo, según decía, la palabra “pensamiento” da mucho que pensar, y casi
siempre de regular para abajo.
No
soy quién para inmiscuirme en las políticas foráneas, pero me temo que la
posibilidad de que exista un pensamiento nacional específicamente argentino tal
vez rebase el ámbito estricto de la filosofía para invadir imprudentemente el
del esoterismo, y mejor papel haría al frente de esa Secretaría Estratégica un
vidente televisivo que un filósofo, dicho sea menos como reproche que como
sugerencia.
El
concepto de “pensamiento nacional” requeriría una aclaración sobre su esencia,
a saber: si es algo que existe por encima del pensamiento individual, a modo de
entelequia telúrica, por decirlo de alguna manera, o si es algo que se delimita
y define estratégicamente desde una secretaría estatal de condición asimismo
estratégica. Creo que Ricardo Forster, el filósofo que tiene la encomienda
gubernamental de regir el organismo, debería editar antes que nada un folleto
con las instrucciones de uso de ese pensamiento nacional, para que la gente no
lo confunda con el pensamiento privado, que tiene el defecto endémico de tomar
las veredas más insospechadas y de saltarse incluso las fronteras.
En
España vamos por delante de Argentina en cuestiones de pensamiento nacional: hemos
logrado imponer desde hace tiempo el pensamiento autonómico, que viene a ser
una fórmula de atomización muy práctica, ya que un tarraconense no tiene la
obligación de pensar lo mismo que un alicantino ni un pontevedrés tiene que
calentarse la cabeza con lo que quiera que piense un malagueño.
Aquí el
pensamiento va por barrios, como quien dice. Incluso por el Barrio Sésamo.
.
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