(Publicado el sábado en prensa.)
Siempre se ha dicho que viajar
ensancha la mente, aviva nuestros sentidos y nos otorga conocimientos fortuitos
del mundo y de la vida. Sin duda. Ayer mismo, viajaba yo en tren y pude
comprobarlo. Quiso el azar colocarme en el asiento contiguo al de un caballero
que, antes incluso de que pusiéramos rumbo a nuestro destino, de amanecida aún,
ya estaba amortizando su tarifa plana. Decía Chesterton que oír hablar a
alguien por teléfono hace que te sientas como si te faltase la mitad de cerebro,
aunque por fortuna no fue el caso, ya que mi vecino tuvo la amabilidad de
repetir cuanto le decía su interlocutor, sin duda para evitar malentendidos.
“Entonces me
dices que lo suyo es retirar el material viejo y colocar uno nuevo. Pero ¿de
qué material estamos hablando?”, preguntó mi vecino casual de expedición. “Ajá.
A ver si lo entiendo. ¿Un material plateado que se adhiere con calor de
soplete?” La respuesta fue afirmativa. “¿Y eso da buen resultado?” La respuesta
fue igualmente afirmativa: “Entonces me dices que da buen resultado y que es
fácil de colocar”. (El material. El plateado.) “¿Me aseguras que eso va a
arreglar el problema?” Por supuesto.
Una
vez convencido del buen resultado y de la capacidad resolutoria del material
plateado en cuestión, llamó a otra persona de su confianza, sin duda porque de
repente le asaltó una duda metódica, o quizá por el mero placer de
universalizar el asunto: “Enrique, oye, mira, que me han dicho que hay un
material plateado que es lo que mejor nos viene para eso. Por lo visto, se
adhiere con calor de soplete. Infórmate y tomamos una decisión ya. Porque si me
equivoco quiero que nos equivoquemos los dos, ¿me entiendes? Y si acierto, que
acertemos los dos, ¿de acuerdo?”. Aquello podía considerarse, en fin, un debate
asambleario, así lo fuese modestamente a dos bandas. Casi un concilio, en fin,
sobre el material plateado.
Colgó
y volvió a marcar. “¿Manolo? Sí, mira, que me ha dicho tu tocayo, el de
EMAGESA, que hay un material plateado…”. Deduje que Manolo corroboró el informe
favorable de su tocayo Manolo sobre el material plateado. “Entonces, ¿tú crees
que esa puede ser la solución?” En cuanto dejó de hablar con Manolo II, recibió
una llamada de Enrique, que ya había tenido tiempo de recabar información
técnica sobre el material sometido a una investigación ténica. “Vale, pues si
tú me dices que puede servir, por mí adelante”. Adelante, pues, con el material
plateado. Y prosiguió una ronda de consultas: “Oye, mira, me han recomendado un
material plateado que…”.
Al
cabo de unos 200
kilómetros, el material plateado y yo éramos ya casi de
la familia. Me levanté y dudé si refugiarme en la cafetería o saltar del tren
en marcha. “¿Solo o con leche?”, me preguntó el camarero. Y a punto estuve de
decirle: “Plateado”.







