jueves, 24 de octubre de 2013
sábado, 19 de octubre de 2013
EL DEFENSOR DE SÍ MISMO
El director de Canal Sur y subdirector
general de la Radio
y Televisión Andaluza (en adelante la
RTVA) resulta que gana más que la presidenta de la Junta de Andalucía, y me
parece bien: ¿cómo va a costar lo mismo gobernar una autonomía que gestionar
una radiotelevisión autonómica? No hay color. Al fin y al cabo, los directivos
de la RTVA no
tienen que enfrentarse a la resolución de problemas irresolubles, como por
ejemplo el del paro, sino a tareas que requieren una sensibilidad muy
agudizada: ofrecer concursos de coplas, estrenar películas de hace unos 30 años
y, sobre todo, buscar acomodo en la parrilla al ubicuo presentador y humorista
conocido como Juan y Medio, ya que la
RTVA no es mucho más que un monográfico dedicado a su
persona, sobrada de gracejo y de versatilidad: lo mismo anda emparejando a
ancianos románticos que armonizando los chistes de unos niños redichos y dicharacheros,
embriones de futuros andaluces graciosísimos.
El
director de Canal Sur y subdirector de la RTVA, que gana casi 79.000 euros anuales, se ha
puesto dickensiano: “Andalucía estaría huérfana sin Canal Sur”. Como David
Copperfield. Andalucía huérfana y él en el paro, y no sabe uno si sería más
intolerable lo uno o lo otro, siendo ambas cosas intolerables de por sí.
El
Consejo de Gobierno de la Junta
de Andalucía fijó un tope para las retribuciones del personal de las empresas
públicas, pero no hay que alarmarse: ese tipo de cosas se fijan por el gusto de
fijarlas, no para aplicarlas. Por inercia normativa, digamos. El jerarca
andaluz de la comunicación lo ha dejado bien claro ante los parlamentarios igualmente
andaluces: “Se trata de una empresa pública y, como tal, se rige por unos
criterios distintos a los de las administraciones públicas”. Así se habla. Le
ha faltado decir que las empresas públicas son un asunto privado y que de
ninguna manera pueden permitir la intromisión de las normas públicas en su
funcionamiento, y menos aún si se trata de un particular tan delicado como lo
es el de los sueldos de su cúpula. Corto se ha quedado el directivo, que en una
vida laboral anterior a esta se dedicaba a la información deportiva en el ente
que ahora dirige. Corto se ha quedado, ya digo: podría haber mandado a la
presidenta de la Junta
de Andalucía a barrerle el despacho.
La
gente hace cola en los comedores sociales. Los parados se cuentan por millones.
Los desahucios, por centenares de miles. Se recorta todo lo recortable y lo que
no. Según un estudio de ayer mismo, más del 40% de los andaluces vive en el
círculo de la pobreza. Pero ahí está el tío, defendiendo su sueldo, cuyo
cuestionamiento se permite interpretar como “demagogia”, y tiene toda la razón,
ya que la demagogia bien entendida empieza por los demás.
A ver si
aprendemos, en fin, de este revolucionario insobornable. De este Robin Hood de
sí mismo. Y olé.
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viernes, 11 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
martes, 1 de octubre de 2013
HOMEOPATÍA, más o menos
A veces, la demagogia resulta especialmente útil para combatir la demagogia.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
O T O Ñ O
La caída mecánica de un oro evanescente:
la hojarasca sin rumbo que naufraga en el viento.
Y esta serenidad de una abstracción que muere
en las manos del frío, con sus uñas de hielo.
Y el temblor de las hojas. Y el temblor de las fuentes:
el agua prisionera que rompe su silencio.
Y esa luna suicida entre nubes de éter.
Y el tiempo que se va para ser tiempo.
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F.B.R. (del libro La misma luna, 2006)
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viernes, 13 de septiembre de 2013
DISPAROS EN EL SALOON
El
hecho de que los políticos españoles decidieran dejar la huella de los
balazos de la banda de matachines de Tejero en los techos del edificio del
congreso, en calidad de símbolo de la defensa de la democracia, no deja
de resultar paradójico, sobre todo si se tienen en cuenta dos factores, a saber:
que la permanencia de los balazos son al fin y al cabo un homenaje a los
golpistas y que el 99% de sus señorías se arrojaron al suelo en cuanto se desató la balasera.
El hecho, además, de que ahora anden todos intentando convertir en una cuestión de estado -con la que cae- el que unos albañiles meticulosos hayan cegado o reparado algunos de tales balazos, como si fuesen emblemas ultrajados de la nación, evidencia algo más grave: el grado de infantilismo simbolista de los integrantes de la cámara baja, que fue más baja que nunca, como digo, en cuanto sonó el primer disparo.
El hecho, además, de que ahora anden todos intentando convertir en una cuestión de estado -con la que cae- el que unos albañiles meticulosos hayan cegado o reparado algunos de tales balazos, como si fuesen emblemas ultrajados de la nación, evidencia algo más grave: el grado de infantilismo simbolista de los integrantes de la cámara baja, que fue más baja que nunca, como digo, en cuanto sonó el primer disparo.
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lunes, 9 de septiembre de 2013
SIC TRANSIT
Aquella época en que el plato más refinado y elegante de la gastronomía española era el melón con jamón...
domingo, 8 de septiembre de 2013
martes, 27 de agosto de 2013
RESEÑA
Juan Bonilla escribe en la revista MERCURIO sobre CADA CUAL Y LO EXTRAÑO.
http://revistamercurio.es/lecturas/narrativa/ilusionismo-real/
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http://revistamercurio.es/lecturas/narrativa/ilusionismo-real/
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jueves, 15 de agosto de 2013
domingo, 11 de agosto de 2013
LA BURBUJA DE LA POMPA
La identificación popular del
político con el gusto por el dinero fácil constituye una leyenda inmemorial que,
visto lo visto, ha acabado perdiendo su condición nebulosa de leyenda para
convertirse en una realidad bastante obscena. “Todos roban”, clama la voz
popular. “Todos no somos iguales”, claman los políticos. Uno no sabe si todos
roban ni tampoco si son todos iguales, pues para eso tendríamos que ser amigos
suyos del alma, pero mucho me temo que tenemos fundamentos de sobra para llegar
a la conclusión de que todos son parecidos. Los niveles de corrupción son variables,
claro está, lo que no significa que una corrupción insignificante deje de ser
una corrupción, por la misma razón por la que una cría de elefante no deja de
ser un elefante: basta con que un político haga una llamada privada con su
teléfono oficial para convertirse no diremos que en ladrón, pero sí al menos en
raterillo.
Y de ahí para abajo: ves a un concejal de
jardines y cementerios subirse, trajeado de oscuro, a un coche oficial de color
igualmente oscuro y te dices: “Ahí va Martínez, gran servidor público, a velar
por nuestros intereses con la colaboración inestimable de su chofer”. Y te
conmueve la entrega de Martínez al bien común a cambio de casi nada: de un
sueldo, de unas dietas, de una tarjeta de crédito de libre disposición, de un
despacho, de una secretaria, de un gabinete técnico, de un teléfono con cargo
al presupuesto común, de un coche oscuro y de un chofer.
Y todos, en
fin, tan contentos. Empezando, claro está, por el propio Martínez.
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