lunes, 29 de abril de 2013

Un gobierno que exige fe en los sacrificios humanos como método para calmar la ira de los dioses está confundiendo la economía de mercado con la teología maya.

jueves, 25 de abril de 2013

CARTEL

Una amiga fiscal me pidió que le hiciera un cartel para un congreso gremial. Uno,  hecho a la voz de Violante, lo hizo. Esto es lo que salió.







miércoles, 24 de abril de 2013

LA FESTIVIDAD DE LOS LECTORES



(Este es el texto que divulgó ayer el CENTRO ANDALUZ DE LAS LETRAS con motivo del Día del Libro.)

Los libros nos hacen movernos por regiones inexistentes, tratarnos con tipos fantasmales o vivir unas vidas que no hemos sido capaces de merecer, a veces por fortuna. Y es ese poder suyo para el espejismo lo que más nos inquieta, quizá porque, ante su brillante engaño, el engaño de nuestra propia vida queda en una situación bastante desfavorecida, como cosa de poca monta.

            La literatura sabe herir la memoria, y sabe hacerlo de una manera implacable. Un libro puede dejarnos heridas que no se cierren nunca. Heridas en las que se cifre el recuerdo de un mundo que no nos pertenece y que, sin embargo, hemos confundido con nuestros mundos particulares, con esos mundos nuestros en que no ocurren sucesos fabulosos, en que no existen los misterios, los dragones, los seres perseguidos por su pasado ni las pasiones que acaban entregándose a la muerte.

            Los libros no contienen el mundo, claro está, sino que son una parte del mundo, una de las muchas cosas que hay en el mundo. De todas formas, los libros comparten con el mundo mismo su condición de inmensa entelequia inabarcable para el entendimiento, pues el lector padece el vértigo de la infinitud: cuanto más lee, más le queda por leer. 

Existen libros que explican la estructura de las galaxias y libros que revelan la vida cotidiana de los insectos, libros que arriesgan teorías sobre la formación de las estrellas y libros que celebran el lirismo del titilar de las estrellas, libros que indagan en el ser o en la nada, libros que ofrecen antídotos contra la melancolía y libros que transmiten melancolías inconsolables, libros que desvelan el trazado de los laberintos abstractos de las matemáticas y libros que cuentan leyendas de piratas que gritan himnos fraternales y sanguinarios en tierras de Jamaica o de Isla Verde, libros que hipnotizan nuestra voluntad y libros que conquistan nuestro corazón por razones que a veces no tienen nada que ver con el corazón, libros que contienen poemas dedicados a muchachas de duro mármol frío y libros de versos que celebran las cosechas, libros que llevan dentro el veneno de la sátira, libros que destilan el licor áspero y bronco de las pasiones sin suerte, libros que desprenden la neblina gótica de las historias de espectros ensangrentados, libros que transpiran el sudor de los aventureros, libros que huelen a alcoba clandestina, a bar de bebedores solitarios y bravíos, a estepa nevada por la que se desliza un trineo… 

            Este año, los andaluces celebramos la concesión del Premio Cervantes a nuestro paisano José Manuel Caballero Bonald, un autor que ha apostado por la literatura exigente, por la literatura que se exige lo máximo a sí misma. En sus poemas, en sus novelas, en sus libros de memorias y de ensayos, Caballero Bonald nos cursa una invitación personal y transferible para adentrarnos en un laberinto de palabras bien medidas, en un universo de percepciones y de obsesiones, de indignaciones y de quiebros mágicos.

            Celebremos con él, con sus libros, esta fiesta de la lectura.

            Celebremos la lectura como ese privilegio íntimo que se nos concede con sólo leer una primera frase y dejarnos hipnotizar.


                                                                                  FELIPE BENÍTEZ REYES

sábado, 20 de abril de 2013

Un matadero equino tiene algo de profanación, de morgue de unicornios.

viernes, 19 de abril de 2013

El cursi no puede ser tan cursi como para no saber que es cursi.

jueves, 18 de abril de 2013

PARASITISMO PRESTIGIOSO

La erudición es una forma de conocimiento que se adquiere gracias a la sabiduría ajena.

sábado, 6 de abril de 2013

LA VIE EN ROSE

En los cuentos de hadas, las princesas suelen padecer pequeños y desagradables contratiempos, generalmente derivados -por una cosa o por otra- de su amor por el príncipe rubio, pero luego todo se soluciona y se impone el final de felicidad radiante, con el sacrificio ritual de algunas perdices.

En nuestros días y en nuestro país, la novedad narrativa consiste en la incorporación de la figura benévola de un fiscal anticorrupción (el hada del cuento) dispuesto a luchar contra el juez dragontino para salvar a la princesa -y al príncipe rubio, si salió travieso, que le den mucho por culo, porque, en los cuentos de hadas, las travesuras no son bienes gananciales.

lunes, 1 de abril de 2013

PROPUESTA DE NEOLOGISMO



PÉRRIMO (entre perro y pésimo).

(Ejemplo práctico: "Hace un tiempo pérrimo".)

miércoles, 27 de marzo de 2013

Nuestra prenda más íntima es al fin y al
cabo el reloj.

jueves, 21 de marzo de 2013

LA MALA SUERTE


Estaba yo a punto de hundir mi lanza en el corazón del mamut cuando sobrevino de repente la última glaciación.

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EL ÚLTIMO TRAGO


Ese momento aterrador en que alguien, al final de un banquete, se pone en pie y golpea una copa con la cucharilla del postre, como una amenaza tintineante de retórica achispada y ligeramente agramatical...

lunes, 11 de marzo de 2013

PESADILLAS



Resulta injusto tener malos sueños, de igual modo que resulta injusto que en nuestro idioma esos malos sueños se designen con una palabra que tiene un sufijo diminutivo: “pesadilla”. Si alguien dice que ha tenido una pesadilla, no podemos compadecernos de él, y no por falta de piedad, sino por culpa precisamente de ese sufijo, que hace que la pesadilla suene a terror de pacotilla, a una desazón que tiene menos que ver con los fangales psicoanalíticos que con los dibujos animados. Si esas malas aventuras se designasen mediante una palabra un poco más grandilocuente, las pesadillas perderían ese matiz un tanto cómico que les otorga su designación, ya que incluso la palabra “gastroenteritis”, pongamos por caso, resulta más solemne que la palabra “pesadilla”, a pesar del prestigio freudiano que tiene la pesadilla frente a la carencia de cualquier prestigio que tiene la gastroenteritis.


            Al margen de ese inconveniente, el caso es que todos los sueños deberían ser placenteros, una vez descartada la posibilidad de que no soñásemos, que sería lo idóneo. Incluso el más desdichado de los seres debería ser feliz al soñar, siquiera fuese para compensarle de las angustias propias de su vigilia, por muchas y adversas que fueran. Los sueños deberían localizarse siempre en jardines de tipo versallesco o, como poco, en uno de esos cuadros con cascadas idílicas, iluminados por detrás para fingir que fluyen, que hay en algunos restaurantes chinos. Pero, tal como están las cosas por dentro de nuestra mente, lo más normal es que si soñamos con un jardín versallesco, acabemos en la guillotina y que si soñamos con la cascada china acabemos medio ahogados, o en el mejor de los casos perseguidos por un malhechor experto en artes marciales.


            Hay una injusticia flagrante, ya digo, en el hecho de trasvasar nuestros temores, nuestras frustraciones y nuestros desasosiegos –y todo lo turbio, en fin, de nosotros- a esa especie de yo vicario que somos mientras dormimos, a ese fantasma que recorre sin rumbo los ámbitos de irrealidad de su pensamiento y de su sentir. No nos merecemos esos abismos, no nos merecemos esas resurrecciones aleatorias de difuntos, no necesitamos que los vivos mueran en falso, no hemos hecho nada para que a lo largo de un sueño nos apuñalen o nos encierren en un sótano antes de ejecutarnos sin saber por qué y sin un juicio medianamente justo, porque las cosas que pasan allí se rigen por las leyes atolondradas de un azar en estado de sonambulismo. (Covarrubias, en su diccionario, define la pesadilla como “un humor melancólico que aprieta el corazón con algún sueño horrible, como que se carga encima un negro, o caemos en los cuernos de un toro, etc.”)


            La pesadilla tal vez sea la constatación de que el mundo es, en general, un mal sitio para nosotros, así como la prueba casi irrefutable de la tendencia humana al melodramatismo sin fundamento. El síntoma evidente, en definitiva, de que somos defectuosos. De que el sufrimiento nos vence incluso cuando cerramos los ojos como una petición de tregua. Aunque luego venga quién sabe qué.

.(Publicado en prensa el sábado.)

jueves, 7 de marzo de 2013

Escribir "extrafalario" no es tanto una falta de ortografía como una hipérbole.

martes, 5 de marzo de 2013

PROPUESTA DE NEOLOGISMO

RETROBUCIÓN: Lo que la gente ganaba antes.



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