https://www.iglesiasanlorenzoubeda.com/libro/lo-que-viene-despues-de-lo-peor/?fbclid=IwAR1dDJQCWgZxP68l4xDrJGo7U5Cwzx_CJewAwf-5ccWZekBfhJYcMTD13g0
miércoles, 21 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
EMPLEOS A LA SOMBRA
El de asesor de un político es
sin duda un buen empleo: te contrata un prohombre necesitado de asesoramiento y
tú, que en vez de necesitar asesoramiento estás en condiciones de asesorar, te
dedicas a asesorarlo, para que de ese modo el político en cuestión no ande por
el mundo sin asesoramiento y a su libre ocurrencia, lo que convertiría la suya
en una profesión de alto riesgo, pues si peligro tiene un político bien
asesorado, más vale no imaginar siquiera el que tendría un político sin
asesorar.
Lo idóneo
sería, no sé, que el asesor necesitase a su vez de asesoramiento para asesorar
a su asesorado, ya que entonces la cadena laboral sería muy larga, hasta el
punto de que las tareas de asesoramiento no sólo podrían acabar con el paro, al
convertirnos todos en asesores de plantilla, sino que incluso harían que el PIB
se disparase. Un país, en fin, con una economía basada en el asesoramiento, que
incluso podría cotizar en bolsa. “¿A quién asesoras?”, preguntaríamos a nuestro
vecino. Y nos respondería: “Al subasesor del viceasesor del asesor general del
presidente de la mancomunidad de asesores del vicepresidente de la diputación”,
pongamos por caso.
Pero
si bien el de asesor es un empleo codiciable, no debemos olvidarnos de ese otro
empleo a la sombra que es el de redactor de discursos para los políticos. Otro
buen trabajo. Y además estable, por esa cosa inherente a la condición del jefe:
el tener que hablar sin tregua, pues lo importante para un político no suele
ser lo que diga, sino el tiempo que consiga hablar, a ser posible delante de un
micrófono.
Envidia
uno mucho –a qué negarlo- a esos redactores de discursos. Te levantas un día
con el encargo de escribirle uno, qué sé yo, al consejero de turismo de una
comunidad autónoma, te sientas ante el ordenador y allá va: “En nuestra
coyuntura presente, en base a los proyectos acometidos, estamos en condiciones
de asegurar que la precariedad de las infraestructuras actuales será enmendada
por una actuación eficiente y decidida por parte de nuestra administración en
los plazos marcados por la disponibilidad presupuestaria”. Por ejemplo. O bien,
si te mueves ya por las cumbres profesionales, te encargan uno para el
presidente del Gobierno, lo que es ya la mismísima gloria en vida: “En atención
a las expectativas creadas, estoy en condiciones de asegurar a todos los
ciudadanos y a todas las ciudadanas de este país que no cejaremos en el empeño
de establecer un marco adecuado para la consecución de los objetivos de
déficit, aunque sin por ello renunciar a nuestro propósito de establecer un vínculo
solidario entre administraciones, para así consolidar nuestro sistema durante
al menos los cinco próximos lustros”.
Buenos
empleos ambos, ya digo. Y creativos. Y sin tener que opositar. Y a riesgo cero.
.
sábado, 17 de noviembre de 2018
OTRA... (y lamento la insistencia)
(
El libro se publicó en mayo, pero ahora es cuando están saliendo cosas sobre él. En diferido, y un poco en modo cascada.)
En el diario CÓRDOBA, esta reseña de Alejandro López Andrada: https://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/esquinas-sombra_1264563.html?fbclid=IwAR0rp1RHy_Uh9kTlTXVxYWgddhXXTp0_82lSbL4Uukcx_70QseBE_MGsRqo
En el diario CÓRDOBA, esta reseña de Alejandro López Andrada: https://www.diariocordoba.com/noticias/cuadernos-del-sur/esquinas-sombra_1264563.html?fbclid=IwAR0rp1RHy_Uh9kTlTXVxYWgddhXXTp0_82lSbL4Uukcx_70QseBE_MGsRqo
jueves, 15 de noviembre de 2018
Diego Doncel escribe en ABC CULTURAL sobre Ya la sombra.
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-sombra-tiempo-deja-paso-201811150249_noticia.html
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-sombra-tiempo-deja-paso-201811150249_noticia.html
miércoles, 7 de noviembre de 2018
Carlos Alcorta escribe sobre Ya la sombra -y van también algunos poemas- en
https://elcuadernodigital.com/2018/11/07/felipe-benitez-reyes-ya-la-sombra/?fbclid=IwAR31Z0NNhdp-4M54sp8FVBVj9h0alavU5OzoU6_CvVblOnU7Rs-wAs3YPbY
https://elcuadernodigital.com/2018/11/07/felipe-benitez-reyes-ya-la-sombra/?fbclid=IwAR31Z0NNhdp-4M54sp8FVBVj9h0alavU5OzoU6_CvVblOnU7Rs-wAs3YPbY
lunes, 5 de noviembre de 2018
CASTLE ROCK
En el suplemento LA ESFERA DE PAPEL del diario EL MUNDO escribo sobre la serie CASTLE ROCK:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2018/11/05/5be06165ca4741177d8b45e7.html
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2018/11/05/5be06165ca4741177d8b45e7.html
jueves, 1 de noviembre de 2018
UN POPURRÍ FÚNEBRE
En el suplemento La esfera de papel, del diario EL MUNDO, escribo sobre tumbas y ultratumbas:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2018/10/30/5bd3411222601d5d6c8b45d7.html
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2018/10/30/5bd3411222601d5d6c8b45d7.html
sábado, 27 de octubre de 2018
domingo, 21 de octubre de 2018
BOCA DE PEZ
(Publicado el sábado en prensa. El asunto era facilón, pero...)
La exministra Tejerina estudió de
niña en un colegio vallisoletano de la orden religiosa de María Nuestra Señora.
Tuvo suerte, pues no hay parangón posible entre estudiar al amparo exclusivo de
unos maestros y hacerlo bajo la protección de una deidad: la cosa cambia. Mucho.
Por ejemplo, no es lo mismo aprobar de milagro que aprobar gracias a un
milagro. En un colegio público, el mayor milagro que suele producirse es que no
tenga goteras, pero en un colegio religioso incluso las goteras, si las
hubiese, pueden interpretarse pedagógicamente como la manifestación
sobrenatural de los santos y santas que lloran en el Cielo por nuestros pecados
infantiles.
En
un rapto de generosidad informativa, la exministra ha declarado que lo que sabe
un niño andaluz de 10 años es lo que sabe un castellanoleonés de 8. Ella lo tiene
muy medido con una vara estadística solvente, pues de mucho tiempo libre habría
que disponer para evaluar sobre el terreno los saberes de tantísimas criaturas y
luego sentarse a comparar lo que saben unos y otros. La noticia, en fin, no
puede ser más desoladora no solo para los niños andaluces, sino también para
los castellanoleoneses, a los que ese exceso de sabiduría puede arruinarles la
infancia, más propicia a la expansión mediante el juego que a la adquisición de
conocimientos mediante la aplicación y el estudio. (De momento, la exministra
no ha planteado las diferencias de cavidad craneal ni de volumen cerebral que podrían
darse en nuestras respectivas autonomías, ya sean históricas o de historieta.)
Desde
la revelación de la exministra, les confieso que voy por la calle con
pesadumbre, mirando con compasión solidaria a esos niños andaluces de 10 años
que llevan dos de retraso en su formación, hasta el punto de que algunos juegan
a la pelota en vez de estar leyendo a Schopenhauer. No sé, resulta triste saber
que las niñas andaluzas de hoy nunca llegarán a ser ministras de nada, porque, en
el caso de que llegaran a serlo, se pasarían la mitad exacta de la legislatura
sin enterarse ni de la cuarta parte de los asuntos de Estado de los que se
enterarían sus adelantados compañeros castellanoleoneses de gabinete, y la vida
es corta, y una legislatura aún más corta que la vida.
En
2011, la exministra Mato –afectada por una rara discapacidad visual que le
impide ver jaguares en el garaje de su casa- nos informó de que los niños
andaluces son “prácticamente analfabetos”. Así las cosas, la declaración de la
exministra Tejerina puede interpretarse como un dato esperanzador: es posible
que, de aquí a un par de décadas, los niños andaluces se pongan a la par de
los de Castilla, en el caso de que los niños castellanos no se embalen
intelectualmente y se pongan otros dos años por delante de los andaluces.
Seguiremos
informando.
.
lunes, 8 de octubre de 2018
CREER O NO
(Publicado el sábado en prensa)
Cuando una ideología política se
convierte en una fe –lo que de entrada no es bueno ni malo-, el pensamiento se
escora al lado de la irracionalidad: del pensar al sentir, del análisis crítico
de la realidad a la percepción emocional de la realidad. Según estudios
neuropolíticos –tan reveladores como, en el fondo, aterradores-, cuando el
exceso de información sobrepasa los límites de nuestra capacidad racional para
organizar e interpretar esa información, la razón se echa a un lado y tendemos
a buscar soluciones y conclusiones emocionales, que siempre tienen algo de
azarosas.
Algunos
neurocientíficos dan por hecho que la persona que milita en una formación
política desarrolla un mecanismo cerebral que le impide entender las razones de
quienes militan en otra. Algunos experimentos concluyen que, incluso cuando se
aportan datos objetivamente favorables sobre la gestión de gobierno de un
partido contrario al de nuestra militancia, la mente activa dispositivos
que niegan la evidencia de esos datos.
Este
sectarismo sirve para ser aplicado a la política, a la religión o al deporte, y
lo más prudente sería resignarnos a que la historia de la humanidad se reduzca
a la historia de una confrontación permanente e inexorable no ya tanto entre
maneras distintas de pensar como entre maneras distintas de sentir lo que
pensamos, al menos en los casos afortunados en que el sentir se apoya en el
pensamiento. La idea de una sociedad armoniosa en cuanto al equilibrio de sus
intereses colectivos no pasa de ser, en fin, una tierna utopía que tiene que
conformarse con una distopía soportable: la gestión equilibrada de unos
desequilibrios irresolubles.
Las
formaciones políticas lo que en esencia nos ofrecen son diferentes opciones de
paraíso, lo cual establece un pacto de fantasía entre los gobernantes y los
gobernados: ambos sabemos de sobra que los paraísos terrenales se extinguieron
en las primeras páginas de la
Biblia, pero ambos optamos por dar crédito a una ilusión casi
tan antigua como el mundo: redimir a la condición humana de sí misma. Con
arreglo a nuestro nivel de credulidad con respecto a esa oferta variada de
paraísos, elegiremos a un redentor o a otro, o bien nos abstendremos de votar,
aunque en cualquier sociedad democrática los niveles de abstención –así rocen
el 50%- no suelen ser considerados síntomas de alarma, sino gajes del sistema.
.
lunes, 24 de septiembre de 2018
EL HEROÍSMO CONFORTABLE
(Publicado el sábado en prensa)
Debo empezar con la confesión de
mi aconfesionalidad. Aclarado esto, veamos…
El
actor Willy Toledo ha tenido que comparecer ante un juez por blasfemo. Si bien
la exhibición de su blasfemia resulta sobreactuada, no implica menos
sobreactuación el hecho de que una asociación de abogados cristianos –promotora
de la denuncia- procure convertir los juzgados en un tribunal del Santo Oficio.
Al fin y al cabo, lo que dijo Toledo se oye a diario en cualquier taberna, y
por lo general sin ánimo sacrílego, sino como una expresión pretendidamente
viril que mezcla la teología con la escatología, materias ambas consustanciales
a la cultura española. Tan chusco resulta que un ateo blasfeme sobre un
concepto en el que no cree como que un creyente se ofenda por un exabrupto
inspirado en su creencia, sobre todo si se tiene en cuenta que la comunidad
cristiana tiene una larga tradición de martirio, aparte de la prescripción de
ofrecer la otra mejilla a sus antagonistas.
Cabe un matiz, desde luego: quien
blasfema no busca insultar a un ente para él ilusorio, sino a quienes focalizan
su fe en ese ente tenido por sagrado, y ahí salimos del ámbito de la
espiritualidad para entrar en el de la convivencia. Cabe otro matiz: si los
creyentes están convencidos de la existencia de un infierno para los
descreídos, no acaba de entenderse que, en vez de por una acción apostólica,
opten por una acción judicial. Y otro matiz: de igual modo que un creyente
puede sentirse ofendido por una blasfemia, un ateo puede sentirse ofendido por
la amenaza inexorable del infierno aunque lleve una vida de santo laico. Cuando
se enfrentan el mundo terrenal y el mundo celestial, en fin, el único pacto
posible es el que establecen el agua y el aceite: ni la una ni el otro pueden
dejar de ser lo que son para ser una tercera cosa.
Willy
Toledo sabe que su caso no va a tener consecuencias, y de ahí –al menos en
parte- su valentía. Una valentía que tal vez resultaría más comedida si en Cuba
decidiera cagarse –ya fuese metafórica o fisiológicamente- en el mausoleo de
Fidel Castro o si en Corea del Norte le diese por hacer chistes sobre el corte
de pelo del líder supremo de allí. Se podrá objetar que no es lo mismo insultar
a personas que a entelequias. Sí, pero no olvidemos que para un creyente una
entelequia es un ser real, no un fantasma contingente y sujeto a la
controversia, ya que para algo se inventaron los dogmas.
Este
asunto tiene otro fondo: el héroe de guiñol que saca pecho contra el Estado
que, con todos sus defectos y carencias, ampara sus derechos. El flagelador
teatral de un sistema que le permite incluso denigrar ese sistema de una manera
muy española: escupiendo chulescamente por el colmillito. Y poco más.
.
domingo, 9 de septiembre de 2018
EL HORARIO
(Publicado ayer en prensa)
Si tuviésemos que sintetizar el
espíritu que rige los debates que se originan en las redes sociales, bastaría
con imaginar a alguien que escribe “Hoy me he levantado con dolor de cabeza” y
a otro alguien que le replica “No estoy de acuerdo”. Hay quien supone que las
redes sociales han promovido la idiotez, pero me temo que el asunto es más
simple: antes la idiotez era privada y ahora aspira a ser pública. Hemos
pasado, en fin, de la idiotez casi secreta a la idiotez exhibida.
Como
norma general, el idiota suele ser el que no piensa como nosotros, por idiotas
que seamos, y ahí se origina una guerra de idioteces antagónicas de la que sólo
sale victoriosa la idiotez como concepto genérico. En buena medida, esta
expansión de la idiotez se debe a una superstición intelectual: la de estar
convencidos de que todos los fenómenos del mundo están necesitados de nuestra
opinión, ya sea cualificada o intuitiva.
Históricamente,
el ser humano tiene vocación discrepante con respecto al resto de los seres
humanos, de modo que resulta imposible llegar a una conclusión unánime sobre,
qué sé yo, la manera de anudarse la corbata o de freír un huevo adecuadamente:
hay teorías variadas al respecto, y controversia.
El
último debate que ha enfrentado a parte de la población es el del mantenimiento
o no del horario veraniego durante todo el año. No puede decirse con propiedad
que se trate de un severo debate filosófico, pero no por ello deja de ser un
debate, que es de lo que se trata: disponer de algo sobre lo que no estar de
acuerdo con el mayor número posible de congéneres.
Entre
las muchas opiniones oídas y leídas al respecto, me ha conmovido una en especial.
Un reportero le puso el micrófono por delante a un joven que ofreció a los
televidentes una apreciación no sólo inesperada, sino antropológicamente
desgarradora: “Los canarios no podemos perder nuestra identidad”. No habíamos
caído en eso: en la pérdida irreparable de la tradicional coletilla “una hora
menos en Canarias”. Esa hora menos que, según el dictamen del joven canario,
sustenta la identidad de los isleños, que nacen y mueren una hora antes que los
peninsulares. El asunto presenta, como es natural, sus contradicciones, como
casi todo en esta vida: también los portugueses tienen una hora menos en sus
relojes, lo que equipararía la identidad canaria con la identidad portuguesa, extremo
que tal vez enredaría un poco más la ya de por sí enredada cuestión identitaria
ibérica.
Por
su parte, los gallegos, más cercanos que los canarios a la cultura lusa, alegan
que les amanecería muy tarde.
La
clave esencial del asunto la ha planteado la escritora y periodista vasca Txani
Rodríguez: “Entonces, los de izquierdas, ¿qué posición tenemos con respecto al
cambio horario?”. La broma es muy buena como tal broma, pero también muy seria,
porque el caso es que, a fuerza de opiniones, y hora más y hora menos, ya no
sabe uno demasiado bien ni qué opinar de sí mismo.
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domingo, 2 de septiembre de 2018
Juan Bonilla escribe sobre Ya la sombra en la revista Mercurio:
http://revistamercurio.es/ediciones/2018/mercurio-203/sombra-hecha-de-luz/
http://revistamercurio.es/ediciones/2018/mercurio-203/sombra-hecha-de-luz/
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