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domingo, 14 de agosto de 2016

ENTREVISTA


(Revista de Letras. Suplemento de LA VANGUARDIA)

Benítez Reyes: “La voluntad también puede ser azarosa”

 

11 agosto 2016


Por GONZALO GRAJERA

Tras casi diez años de silencio, Felipe Benítez Reyes (Cádiz, 1960) acaba de publicar su última novela, El azar y viceversa, en la editorial Destino. La obra nos narra la historia de un menesteroso, de un superviviente, de un buscavidas, de un pícaro del siglo XX cuya biografía se encuentra sometida, sin descanso, a lo inesperado de los imprevistos, de la sorpresa, de la siempre enigmática fortuna. Como escenario, diferentes ciudades del sur de España y una época que discurre entre los años sesenta, setenta y ochenta. Benítez Reyes es autor de novelas, de ensayos y de libros de poemas; una extensa obra traducida al inglés, al italiano, al ruso, al portugués… Premiado con el Nadal por su novela Mercado de espejismos (2007) y el Nacional de Poesía por Vidas improbables (1996). Conversamos en una tarde de junio con Benítez Reyes, y este es el resultado.

¿Para tanto da la picaresca en España, que hasta es un género literario que perdura cinco siglos y llega a su novela?
Es posible que los grandes patrones narrativos no caduquen. No son procedimientos que se agoten por sí mismos. Se pueden parodiar, actualizar o transgredir, según lo que cada cual pretenda. El riesgo tal vez esté en limitarse a reproducirlos sin una marca distintiva.


El azar y viceversa… El protagonista de la obra siempre deambula entre la fortuna y la adversidad, como todo pícaro. Pero ¿cuál es del azar y cuál es de la viceversa? ¿Se podrían entender la una sin la otra?
El título de la novela pretende sugerir una especie de proposición disyuntiva, aunque un tanto artificiosa. El azar tal vez no tenga un antónimo exacto, ni siquiera la voluntad, que también puede ser azarosa. El protagonista está instalado en una inestabilidad continua. Y acaba comprendiendo que todo lo que se alza puede derrumbarse, que en cualquier momento puede perderse todo cuanto se consigue, tanto lo material como lo abstracto.


Dosis de humor salpican la novela. Un humor que le sirve al personaje para aliviar sus desgracias, no para entonar el chiste fácil. ¿Es ese el humor que le interesa a Felipe Benítez Reyes en la literatura?
En esta novela, el humor es el recurso que me pareció válido para poder contar una historia dramática de forma verosímil. Una historia dramática contada en tono dramático tiene sus riesgos, ¿verdad? Para mí, el humor consiste sobre todo en jugar con el pensamiento. Con la formulación imprevista. Con la descripción inesperada de la realidad.


Pueblos como Rota o Jerez de la Frontera y ciudades como Sevilla o Cádiz son lugares que aparecen en la novela y cuyos personajes ofrecen personalidad a la prosa del texto. ¿Cuál es, si la hay, la riqueza y la originalidad del habla andaluza? ¿En qué se manifiesta?
Andaluces eran los hermanos Álvarez Quintero y andaluces fueron Bécquer y Cernuda. No hay un patrón. El estilo no suele ser regional. Es menos autonómico que autónomo. Pero hay unas características de habla que, por supuesto, se reflejan en la escritura. La musicalidad de la frase o el afán metafórico, por ejemplo.


El azar y viceversa posee una sintaxis que evoca a la de los grandes clásicos de la literatura española… ¿Cree que tanta lectura de obras traducidas ha evaporado las singularidades sintácticas del español?
Un poco tal vez sí. Algunos autores jóvenes tienden a la frase corta. A la expresión sintética. Con muchos puntos. A mí me gustan las oraciones subordinadas, que suelen ser menos subordinadas de lo que parecen a primera vista.


Abunda el tono coloquial, pero también la elaboración, la redacción, de la lengua. ¿Qué ha pretendido con el uso de estos dos registros?
Mi pretensión era la de mantener un tono coloquial en un texto muy cargado de estilo. Equilibrar esos dos elementos que suelen ser incompatibles. Ese fue uno de los retos. El más complicado después de la configuración psicológica del personaje.


Como lector, ¿qué le exige Felipe Benítez Reyes a una buena novela?
Pues precisamente eso: que sea buena. Cada cual tiene sus parámetros de valoración, claro está. Lo peor que puede pasar es que al leer una novela tengas la impresión de estar perdiendo el tiempo.


Muchos han insistido en el sesgo tradicional de esta novela, pero en ella se introducen también elementos desconocidos en la novela picaresca, como el uso de la tercera persona para medir distancias en el relato. ¿Le ha interesado esta comunión entre la tradición y la novedad?
Es que escribir al margen de la tradición tal vez implique una arrogancia que sólo está al alcance no ya de los arrogantes, sino sobre todo de los imprudentes. Cuando te pones a escribir una novela, conviene tener claro que antes que tú han escrito Dickens, Cervantes o Nabokov, por ejemplo. A ningún médico se le ocurriría renegar de la tradición de la ciencia médica, a menos que tenga vocación de curandero.


¿Considera que solo así, de la mano de la tradición y del aporte personal, puede nacer algo verdaderamente rompedor con toda estética y con todo precedente?
Las rupturas con la tradición ocurren dentro de la tradición. Es más, son consecuencia de la tradición misma. Octavio Paz hablo de “la tradición de la ruptura”. Ese afán rupturista va en el lote. Pero, en fin, la tradición, más que romperla, quizá convenga limitarse a modularla.


Si comparamos la biografía de su protagonista con la de cualquier protagonista de la picaresca del Siglo de Oro, vemos que no se distancian demasiado. ¿Tan poco hemos evolucionado?
En lo esencial, el ser humano varía poco. Nace, crece, procura instalarse en el mundo, intenta ganarse la vida, se enamora, se desalienta, disfruta cuanto puede y al final se muere el día menos pensado.


¿Qué necesita un personaje para resultar creíble en una novela?
Imagino que muchos matices, pero sobre todo el de mantener una coherencia psicológica que refleje también la incoherencia intrínseca que padecemos los seres reales.


Frases de la novela como “cuando el espíritu se nos pone miserable, la verdad y la mentira se funden en algo que no es mentira ni es verdad” encajan en un libro de aforismos, ahora tan de moda. ¿Alguna publicación próxima en la cabeza?
Escribo algunos aforismos, pero no me gustan los aforismos. Es una contradicción que no logro interpretar. Siempre suenan a falso, a ocurrencia artificial… No sé. A lo mejor algún día me aplico el castigo de reunirlos y publicarlos.


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lunes, 13 de junio de 2016

viernes, 4 de marzo de 2016

(Respuestas a la entrevista que me hizo Lauren García a propósito de la publicación de Las formas de la luna y que se publicó ayer en La Nueva España.)



Con el paso de los años, ¿se le afianza un criterio propio a la hora de establecer un canon de su poesía?

-El paso del tiempo suele traer menos certezas que incertidumbres. La relación que uno mantiene con lo que ha escrito no sólo es conflictiva, sino también inestable. Hay poemas que en principio te resultaban secundarios y que a la larga potencian su significación privada, y al revés. Una obra literaria es un organismo cambiante que actúa además sobre el ente mudable que la escribió.

Podríamos hablar de una primera parte de su poesía más influida por un corte bohemio….

Bueno, bohemio tal vez sea mucho decir. Fui un joven que salía mucho de noche, como casi todos. Y me gustaban los maudits franceses y los modernistas hispánicos, con su decadentismo y sus cadencias alejandrinas. Pero le aseguro que nunca llegué a tomar absenta ni a pedir dinero prestado a nadie, y me temo que eso me inhabilita como bohemio en sentido estricto.

Después fue apareciendo un componente más metafísico y meditativo…

-Eso lo impone la edad, supongo. La juventud es fundamentalmente acción. La madurez propone pactos más abstractos con tu pensamiento. Más abstractos y más complejos. Innecesariamente complejos tal vez, pero inevitablemente complejos. Por una cosa o por otra, en la vida se avanza poco. Tiene más de espiral que de camino.

¿Sirven las ausencias del mundo editorial para que el autor reflexione y no se repita?

Repetirse no es malo si la repetición es buena. Todos los autores tienen derecho de plagiarse a sí mismos, siempre y cuando el plagio esté a la altura del original; es decir, siempre que el autor esté a la altura de su rango. Se produce la paradoja de que exigimos a un autor que sea dueño de un estilo propio y, cuando lo consigue, le exigimos que no sea esclavo de su estilo. El problema tal vez no sea tanto la reproducción de una fórmula como la degradación de una fórmula.

¿Qué me puede adelantar acerca de la novela que se publicará en mayo?

Las novelas, si se resumen, siempre parecen una tontería. La mía trata de lo mismo que el Lazarillo o David Copperfield. Es decir, la invención de una conciencia a través de la invención de una vida.

¿Ha de partir la buena literatura del ingenio?

Depende de lo que entendamos por ingenio. Por sí mismo, el ingenio es un factor más, no un factor determinante de la escritura. Ser ingenioso lo mismo puede ser una virtud que un defecto. Más que ingenioso, creo que a un autor le conviene ser astutamente imprevisible. Y muy prudente con respecto al ingenio, que puede provocar hartazgo.

Ha conquistado un humor muy propio en su obra, ¿ha de moldear suavizar el mundo y la literatura?

Para mí el humor no consiste en hacer reír, sino en establecer con la realidad una relación razonable y equilibrada. Una relación de distanciamiento que me permita interpretarla con más cercanía. La solemnidad te lleva por lo general a la grandilocuencia y al tremendismo. La vida es fascinante y a menudo puede resultar terrible, pero también es bastante absurda y ridícula. Si prescindimos del humor, le mutilamos la mitad.

¿Qué postura ha de adoptar el escritor ante la calamitosa realidad actual?

La que cada cual considere oportuna. Tengo la suerte de escribir artículos de opinión en periódicos. Por ahí me aplico a ponerme los incidentes de esa realidad en claro, dentro de lo que cabe, que nunca es mucho.
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viernes, 24 de mayo de 2013

UNA ENTREVISTA / 12 PREGUNTAS

BENÍTEZ REYES CONVIERTE SU NUEVO LIBRO DE RELATOS EN UN ALMANAQUE VITAL
Agencia EFE

Alfredo Valenzuela

 
Sevilla, 20 may (EFE).- El escritor gaditano Felipe Benítez Reyes ha construido su último libro de relatos, "Cada cual y lo extraño", como una especie de "almanaque vital" enlazando doce relatos, uno por cada mes del año, como si se trataran de argumentos que no pudieran haber sucedido en otro periodo de tiempo.

Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960), además de ser dueño de una importante obra poética, es uno de esos narradores que no parecen dispuestos a renunciar a divertirse mientras escriben, para lo cual emplean su ingenio en juegos que no se limitan a las palabras sino que implican también a los argumentos y a los personajes.

Llevado por ese espíritu literario y también por su sentido del humor, el escritor ha aceptado hacer esta entrevista de doce preguntas, también una por cada mes del año y cada una de las cuales está relacionada con el argumento del relato de su libro correspondiente a ese mes concreto, con lo que sus respuestas vienen a ser la última vuelta de tuerca a cada uno de los cuentos de su libro.

1--¿Los Reyes Magos evidencian que las mentiras hacen la vida más grata?

Las noches de Reyes de la infancia vienen a ser un cuento de terror. Eres un niño que se asusta hasta de su sombra y tus padres, que deberían protegerte de los fenómenos paranormales, te anuncian que tres ancianos inmortales y ubicuos van a entrar en tu casa en plena madrugada.

2--¿Las segundas rebajas son una oportunidad?

Para las cosas de la vida, casi todo se obtiene en las segundas rebajas.

3--¿Un carnaval en marzo es una mascarada?

Más bien un anacronismo. Aunque, como están las cosas, las mascaradas duran ya todo el año. Casi nada es lo que parece.

4--¿Abril es tan cruel como lo pintan?

Su fama de cruel, aparte de por culpa de Eliot, le viene, creo, de su indefinición. Lo mismo diluvia que te asas. Es un mes muy adolescente.

5--¿De qué se arrepiente de no haber aprendido, además de química?

El latín. Me gustaría leer en latín. Es una lengua muerta que jamás se muere del todo. Algo así como el Terminator de las lenguas.

6--¿Es mejor que el día sea más largo que la noche?

Depende. Si eres por ejemplo pintor del natural, sí. Si eres vampiro, no.

7--¿Diga algo supuestamente divertido que nunca volverá a hacer?

Tener veinte años.

8--¿Qué puede hacerse en agosto en un pueblo de costa, como el suyo?

Muchas cosas, casi todas inútiles. Entre las principales, esperar con ansiedad que llegue septiembre.

9--¿Un militar que hace sonetos es un hombre del Renacimiento?

Depende de cómo sean los sonetos y depende de cómo ande el Renacimiento en ese instante.

10--¿Pueden heredarse las pesadillas?

No creo, pero la posibilidad de heredarlas resulta aterradora. Siempre será mejor heredar acciones que alucinaciones.

11--¿El Tenorio es cosa de viejos?

Tal vez sea el sueño imposible de todos los ancianos. La nostalgia tardía de una vida de disipación más o menos luciferina, incluso saltándose el requisito de la redención final.

12--¿Que está más cerca del caos, una reunión de comunidad o una cena de empresa?

Ninguna de las dos cosas está mal. Las reuniones de comunidad casi siempre tienen un trasfondo guerracivilista. Las reuniones de empresa casi siempre tienen algo de cónclave de trileros.

lunes, 20 de mayo de 2013

ENTREVISTA DE LA AGENCIA EFE


Benítez Reyes convierte su último libro de relatos en un "almanaque vital"

Alfredo Valenzuela
 
 
Sevilla, 20 may (EFE).- El escritor gaditano Felipe Benítez Reyes ha construido su último libro de relatos, "Cada cual y lo extraño", como una especie de "almanaque vital" enlazando doce relatos, uno por cada mes del año, como si se trataran de argumentos que no pudieran haber sucedido en otro periodo de tiempo.
 
Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960), además de ser dueño de una importante obra poética, es uno de esos narradores que no parecen dispuestos a renunciar a divertirse mientras escriben, para lo cual emplean su ingenio en juegos que no se limitan a las palabras sino que implican también a los argumentos y a los personajes.
 
Llevado por ese espíritu literario y también por su sentido del humor, el escritor ha aceptado hacer esta entrevista de doce preguntas, también una por cada mes del año y cada una de las cuales está relacionada con el argumento del relato de su libro correspondiente a ese mes concreto, con lo que sus respuestas vienen a ser la última vuelta de tuerca a cada uno de los cuentos de su libro.
 
P--¿Los Reyes Magos evidencian que las mentiras hacen la vida más grata?
R--Las noches de Reyes de la infancia vienen a ser un cuento de terror. Eres un niño que se asusta hasta de su sombra y tus padres, que deberían protegerte de los fenómenos paranormales, te anuncian que tres ancianos inmortales y ubicuos van a entrar en tu casa en plena madrugada.
 
P--¿Las segundas rebajas son una oportunidad?
R--Para las cosas de la vida, casi todo se obtiene en las segundas rebajas.
 
P--¿Un carnaval en marzo es una mascarada?
R--Más bien un anacronismo. Aunque, como están las cosas, las mascaradas duran ya todo el año. Casi nada es lo que parece.
 
P--¿Abril es tan cruel como lo pintan?
R--Su fama de cruel, aparte de por culpa de Eliot, le viene, creo, de su indefinición. Lo mismo diluvia que te asas. Es un mes muy adolescente.
 
P--¿De qué se arrepiente de no haber aprendido, además de química?
R--El latín. Me gustaría leer en latín. Es una lengua muerta que jamás se muere del todo. Algo así como el Terminator de las lenguas.
 
P--¿Es mejor que el día sea más largo que la noche?
R--Depende. Si eres por ejemplo pintor del natural, sí. Si eres vampiro, no.
 
P--¿Diga algo supuestamente divertido que nunca volverá a hacer?
R--Tener veinte años.
 
P--¿Qué puede hacerse en agosto en un pueblo de costa, como el suyo?
R--Muchas cosas, casi todas inútiles. Entre las principales, esperar con ansiedad que llegue septiembre.
 
P--¿Un militar que hace sonetos es un hombre del Renacimiento?
R--Depende de cómo sean los sonetos y depende de cómo ande el Renacimiento en ese instante.
 
P--¿Pueden heredarse las pesadillas?
R--No creo, pero la posibilidad de heredarlas resulta aterradora. Siempre será mejor heredar acciones que alucinaciones.
 
P--¿El Tenorio es cosa de viejos?

R--Tal vez sea el sueño imposible de todos los ancianos. La nostalgia tardía de una vida de disipación más o menos luciferina, incluso saltándose el requisito de la redención final.
 
P--¿Que está más cerca del caos, una reunión de comunidad o una cena de empresa?
R--Ninguna de las dos cosas está mal. Las reuniones de comunidad casi siempre tienen un trasfondo guerracivilista. Las reuniones de empresa casi siempre tienen algo de cónclave de trileros.
 
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domingo, 29 de agosto de 2010

SOBRE FORMULACIONES TAUTOLÓGICAS

PUBLICADO HOY EN DIARIO DE SEVILLA


Diabluras de recorta y pega

Felipe Benítez Reyes publica 'Formulaciones tautológicas', una serie de 21 'collages' acompañados de sendos relatos concebidos como "una derivación 'desprejuiciada" de su habitual universo narrativo

Francisco Camero / SEVILLA | Actualizado 29.08.2010 - 08:35


Uno de los collages del libro: algo así pasaría si se organizara una carrera de caballos en una vieja biblioteca.



Los cuadernos de notas de Felipe Benítez Reyes suelen acabar siendo el doble de gruesos que recién estrenados. Siempre le gustó recortar imágenes, mezclarlas y pegarlas. Con el tiempo, el escritor ha ido reuniendo una colección de revistas francesas y españolas del siglo XIX de las que saca su material. También de una enciclopedia animal que compró en una librería de viejo, "aunque alguien se había entretenido en recortar casi todos los grabados y sólo quedaban los de reptiles y batracios, lo que explica que haya ranas y serpientes en mis collages en vez de, no sé, oropéndolas o cervatillos", dice el escritor gaditano (Rota, 1960).

Juan Bonilla sabía de esta vieja afición de su amigo, que surgió "como suelen venir estas cosas, sin darse uno cuenta", y le animó a componer un libro para inaugurar una colección de textos e imágenes que dirige en la malagueña editorial Zut. A Benítez Reyes le gustan los libros "anómalos", y esta propuesta de su colega jerezano suponía "un cambio de registro, una manera diferente de plantear un conjunto". Y se animó. El resultado es un libro titulado
Formulaciones tautológicas, que recoge en una entrañable y primorosa edición una serie de 21 collages, cada uno de ellos acompañados de un (micro) relato ad hoc del autor de Vidas improbables, El novio del mundo o La propiedad del paraíso.

"Los collages son previos a los textos. El reto era extraer una posibilidad narrativa más o menos lógica de esas imágenes descabelladas. Los textos vienen a ser una especie de explicación absurda de un absurdo, y esa acumulación de irracionalidad creo que acaba adquiriendo algún tipo de coherencia, o al menos así lo pretendí, aunque tampoco pasa nada si no la tiene", explica el escritor, para quien esta técnica tiene el atractivo de lo "casual", porque "sólo puedes sacarle partido a lo que tienes disponible, no a lo que tienes en mente".

Al hablar de este tipo de libros, al narrador, poeta y ensayista le resulta "inevitable mencionar a Max Ernst". "Sus novelas en imágenes -dice- son uno de los puntales del collage. Es un referente inexcusable, sobre todo si uno trabaja con imágenes decimonónicas, como es mi caso". Tal como concibe él mismo un buen collage, éste "debe ser escueto". "No conviene abusar de los elementos, porque entonces se convierte en una imagen farragosa. Busco la nitidez; es decir, que la imagen se aprecie a primera vista como un todo, no como una acumulación de componentes dispares. Me interesa además la aplicación del concepto surrealista de desplazamiento, la descontextualización de las imágenes, la creación de ámbitos visuales ilógicos. A fin de cuentas, un collage es sólo una diablura, y casi siempre contiene un elemento humorístico: la realidad puesta del revés".

En el centenar de páginas de
Formulaciones tautológicas conviven personajes estrafalarios, melancólicos y a veces -como el fantasma moribundo de una de las historias- paradójicos. El autor, que nunca ha dejado de amar a este tipo de criaturas, asume los relatos de este libro como "una derivación desprejuiciada" de sus "resortes narrativos habituales". Gigantes que acuden a una ciudad lituana para participar en un desastroso simposio centroeuropeo, niños bicéfalos que navegan en mares de juguete, jinetes espectrales, novias invisibles, un hombre "que era de Calatayud pero que murió como si fuera de Vigo", incluso una iguana descomunal que devora en la puerta de unos juzgados a todos los culpables antes de que puedan siquiera comparecer ante el juez... Son sus seres extraordinarios, que viven su condición fundamentalmente como una fatalidad y que mueven a la compasión.

"Creo que hay que ser compasivo, o al menos comprensivo, con los personajes que uno inventa. No se les debe tratar como a marionetas ni como a muñecos del pimpampún, sino como a seres irreales, aunque con derecho a tener una conciencia. Todo narrador tiene algo de marionetista, pero no le conviene hacer marionetas. Si un personaje no alcanza la posibilidad de pasar por un ente real, así se trate de un vampiro o de un gigante de dos cabezas, acaba resultando un muñeco grotesco", afirma.

La narrativa breve es uno de los territorios que Benítez Reyes ha frecuentado siempre con gusto, pero el microrrelato no ha sido tan habitual. Aunque él no reconoce este tipo de fronteras genéricas. "Un microrrelato es sencillamente un relato un poco más corto de la cuenta, lo que no le quita su condición de relato. Pasa igual que con la poesía: tan poema es una epopeya de varios miles de versos como una soleá", concluye el autor, que anda trabajando en una novela que la está dando "problemas" y escribiendo poemas de vez en cuando, "aunque con cautela, porque un poeta de 50 años debe ser muy precavido, no porque vaya a equivocarse, sino precisamente porque puede cogerle miedo a equivocarse".

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lunes, 30 de marzo de 2009

ANDREA CAMILLERI




ANDREA CAMILLERI

(Prólogo a la traducción italiana de la novela Tratándose de ustedes, publicada por La Nuova Frontiera en 2002, en versión de Giorgio de Marchis, con el título de In via del tutto eccezionale.)




Antes de leer Tratándose de ustedes, reconozco que no conocía el nombre de su autor. Quiero inmediatamente confesar mi ignorancia porque sé muy bien las dimensiones de su vastedad y también porque, en este caso, sé que puedo encontrar fáciles justificaciones. La principal probablemente es que Felipe Benítez Reyes tiene la suerte de ser joven y de escribir en España: es casi imposible conocer todo lo que uno tiene tan cerca…

Pero tengo que reconocer que esta vez la sorpresa ha sido especialmente grata. Porque Benítez Reyes – autor del que yo espero se traduzcan pronto otras obras- con Tratándose de ustedes ha conseguido escribir un libro apacible y (¡cosa rara, rarísima!) también muy inteligente.

Apacible porque, leyendo la novela, se experimenta la sensación tranquilizadora de conocer perfectamente el mapa para encontrar indemnes la salida de su laberinto. Tratándose de ustedes nos habla, de hecho, en una lengua antigua pero conocida por todos aquellos lectores que desde siempre aman los inextricables enredos de historias.

Inteligente porque, una vez leída la novela, notamos que hemos pasado por un lugar totalmente nuevo, nos damos cuenta de que hemos visitado un país desconocido para el que nuestro mapa era completamente inutil y que hemos desafiado un laberinto del que, en realidad, no hemos salido nunca. Un lugar desconocido donde sobre todo se hablaba una lengua distinta, para la que simplemente no estabámos preparados.

Con esta novela de estructura al mismo tiempo tradicional y modernísima se experimenta, en dos palabras, el sutil placer de perderse, se goza de la renuncia a cualquier punto de referencia y, como en cualquier viaje, afortunadamente no turísticamente organizado, la unica pena es sólo cuando se llega al final, cuando volvemos a nuestra casa y nuestras sorpresas inevitablemente se domestican.

Es esta alternancia de modernidad y tradición, de dejá-vu y novedades sabiamente desconcertantes, lo que hace de la lectura de esta novela de Felipe Benítez Reyes un autentico placer. Yo la aconsejo como lector, no sólo como escritor.

Empresa meritoria publicarla. Creo que no hay mejor manera de estrenar una colección de novelas que publicar un libro como este que, a mi parecer, es sobre todo un cariñoso homenaje y una explícita declaración de amor a la sabiduría de quien escribe y al placer de quien lee.

sábado, 28 de marzo de 2009

ENTREVISTA CON FBR


ENTREVISTA CON PEDRO ESPINOSA


(Publicada en EL PAÍS, edición Andalucía. 20.3.09)




Lo primero es una cita. Un recuerdo a Walter Arias, uno de sus personajes de novela más inolvidables. "Hay que contar todo: lo que ocurre y lo presentido, lo previsto y lo improbable, lo que creemos ver y lo que imaginamos ver". Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960) abre así su último libro, Oficios estelares (Editorial Destino), un repaso a 26 años de relatos, que incluye todos sus anteriores libros de narrativa breve y uno inédito.
"En literatura se puede contar todo, aunque también hay que saber lo que no hay que contar para que quede un margen de misterio, digamos. Un relato se hace de evidencias y de sugerencias, de revelaciones y de secretos. Se cuenta una historia y de fondo se está contando otra, que suele ser la importante", explica el autor. Benítez Reyes se recrea en la variedad de sus cuentos. "Soy partidario de que los libros de relatos no sean unitarios. Prefiero los caleidoscopios".

Es la segunda recopilación de su carrera y la publica muy poco después de repartirse entre las librerías su antología de poemas, artículos y novelas Laboratorio de irrealidades (Diputación de Cádiz). "Las recopilaciones son fundamentalmente prácticas. Rescatan libros agotados y ofrecen un dibujo de conjunto. Esta recopilación mía incluye además un libro inédito", detalla casi a modo de justificación.

El repaso de tantos años de literatura permite descubrir a un creador diverso y sorprendente, que se mueve a gusto rastreando en la cotidianidad de la realidad como indagando en los senderos más oscuros de la imaginación. "Practico ambas estrategias. En este libro hay de todo: historias realistas y fantásticas, probables e imposibles, suposiciones quiméricas y cotidianidad, personas de carne y hueso y monstruos imaginarios", repasa.
Sus musas son inesperadas pero él siempre está atento a sus repentinas apariciones. "Muchos de mis relatos suelen partir de la observación de un detalle minúsculo que luego someto a un proceso de amplificación. Observas algo, un hecho trivial, y adivinas de pronto la posibilidad de una historia. A fin de cuentas, el escritor tiene mucho de espía de realidades. Bueno, y de irrealidades también".
Benítez Reyes reconoce que se fija mucho en los que le rodean. "Yo observo mucho el comportamiento de los desconocidos en lugares públicos y les invento luego una historia que seguramente no tiene nada que ver con ellos, pero mi oficio es ése".

Hay en la labor de recopilación siempre un esfuerzo nostálgico, una autoevaluación de la que el escritor no huye pero en la que tampoco se recrea. Más que orgullo, sus relatos, leídos de nuevo ahora, le producen tranquilidad. "Salieron como quería que saliesen. Ya es bastante. No sé si lo último siempre es lo mejor. Hay que tener en cuenta que no todas las trayectorias literarias son ascendentes. De modo que hay que andarse siempre con cuidado: el hecho de haber escrito algo que esté bien no es garantía de que lo siguiente vaya a estar mejor. Ni siquiera igual. Uno no puede fiarse ni de sí mismo".

Los 17 relatos inéditos se engloban bajo un mismo título: Fragilidades y desórdenes. Son nuevas aportaciones tras un intenso ejercicio de repaso. "Casi preferiría que el sorprendido fuese el lector. El escritor está dispensado de tener que sorprenderse a sí mismo". Aunque confiesa haberse encontrado alguna ocurrencia inesperada. Es un viaje a un pasado literario pero no una búsqueda de sí mismo. Aunque de su nuevo libro broten las manías intransferibles y los recursos estilísticos de un mismo autor, se complace de la variedad del resultado final. Lo dice recién abierto su caleidoscopio.

Las neblinas de un Cádiz fantasmagórico


Ponerse a repasar toda una vida de relatos no detiene al ganador del Premio Nadal de 2007 con Mercado de espejismos. Su próximo trabajo será una novela. Una novela ambientada en las calles de Cádiz. Pero su viaje a la capital gaditana se llenará de tinieblas. "Un Cádiz fantasmagórico, un poco envuelto en neblinas", describe. Es un recorrido por una ciudad que admira. "Me parece una de las más bonitas y vivaces del mundo, al menos de las que conozco. Paso buena parte de mi tiempo allí, callejeando. El habla gaditana es muy creativa. La gente, en la vida cotidiana, se esfuerza por salirse de los patrones expresivos previsibles y se pone a jugar con el lenguaje", explica el autor.

Poeta. Novelista. Narrador. Felipe Benítez Reyes no encuentra género chico. Y no le gusta mezclar. "Las novelas las concibo como tales y los relatos como tales. Si se piensa, el relato tiene mucho de despilfarro, ya que una novela suele ser un relato prolongado. El relato, como el poema, se basa en la intensificación", reflexiona. "En cualquier caso, no hay que entender el relato como una novela escatimada ni como una novela embrionaria. El relato tiene su autonomía como género. Un género que ha dado muchas de las mayores obras maestras de la literatura".

No oculta su admiración a Borges. "Es un uno de mis autores magistrales, aunque más como poeta y ensayista que como narrador, a pesar de ser un narrador prodigioso con esa habilidad que tenía para convertir el truco en magia".

Paseará en su próximo trabajo por una Cádiz de neblinas. Una ciudad volcada ahora en el bicentenario de la Constitución de 1812, aclamada entonces entre las calles que le inspiran su nueva novela. Comparte el espíritu de la conmemoración pero le pide compromiso. "Estaría bien que sirviera para que los gaditanos recordaran su historia y se decidieran a hacer de nuevo de Cádiz un referente de progresismo".

ENTREVISTA


ENTREVISTA CON NURIA AZANCOT EN "EL CULTURAL" de EL MUNDO (2008)





Se ve que, como él mismo escribe , “la vida es demasiado larga, al menos para ser tan corta”, o quizá sea que a Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) le ha cundido mucho, porque acaba de reunir en Laboratorio de irrealidades (Diputación de Cádiz) una antología de poemas, relatos, novelas, teatro, ensayo y traducciones que son “espejos que reflejan espejismos de quita y pon”.


Pregunta: ¿Qué ha descubierto de sí mismo con esta antología general?


Respuesta: Precisamente, que uno siempre acaba siendo más o menos el mismo, aunque reflejado en espejos extraños. Espejos que reflejan espejismos de quita y pon.


P: ¿Qué le sorprende más del poeta que fue?


R: Que lo fuera. De todas formas, supongo que nadie está capacitado para sorprenderse de su pasado. Sería un malabarismo psicológico muy pintoresco. Llega un momento en que ni siquiera resulta sorprendente el futuro.


P: ¿Y del narrador?


R: Quizá que acertara a poner el punto final a historias potencialmente infinitas.


P: De todas formas, ¿se reconoce en sus primeros poemas, en sus primeros balbuceos narrativos?


R: En la misma medida fantasmagórica en que uno se reconoce en las fotografías antiguas.


P: Si escribir es una forma de entender la vida, ¿cómo explicaría la suya?


R: Es posible que una vida no admita explicación: se configura a fuerza de hechos incoherentes y pensamientos contradictorios, y lo curioso es que todo eso tiene como resultado una armonía anómala, aunque armonía al fin y al cabo.


P: ¿Se ha descubierto más poeta que narrador, más ensayista que poeta, más...?


R: Me temo que soy un escritor que padece diversos trastornos bipolares.


P: ¿Podría recordarnos alguno de sus primeros versos, esas letras de canciones en inglés-comanche?


R: La memoria es compasiva. Las tengo por ahí, en una carpeta, pero me da vergüenza leerlas. Uno se debe a sí mismo un poco de respeto.


P: ¿Soñó quizá ser Bob Dylan y se quedó en ...?


R: Yo soñaba más bien con ser Jimi Hendrix, pero ya estaba muerto.


P: De los autores que admiraba cuando comenzó a escribir, ¿a quién le ha perdido el respeto?


R: Creo que hay que ser respetuoso con los antiguos maestros aunque se les derrumbe el pedestal.


P: ¿Pero quién, y por qué, le resulta hoy imposible?


R: A los 20 años me gustaban mucho los poetas modernistas, incluidos los de cuarta fila. Hoy sólo llego a los de tercera. Va uno degenerando.


P: ¿Qué es lo que viene después de lo peor?


R: La calma, al menos si se es un poco taoísta.


P: ¿Y como escritor?


R: Como escritor, conviene ponerse siempre en lo peor en todos los aspectos, por lo que pudiera pasar, aunque nunca pase gran cosa.


P: ¿Qué tiene de Quijote y de don Juan, dos personajes que estudió?


R: De don Quijote, el desprecio por las armas de fuego. De don Juan, tal vez la capacidad de improvisar ripios de viva voz a la luz de la luna, o incluso a mediodía.


P: Al final de su antología confiesa que hay algunos libros que suprimiría... ¿Cuáles y por qué?


R: Varios. Pero no voy a delatarlos, porque son inocentes: la culpa es sólo mía. Además, la cosa no tiene ya remedio, y lo irremediable es un espacio hermético para el que no existe llave.


P: ¿Qué le gustaría escribir a continuación?


R: Una novela que tengo ya clara, dentro de lo que cabe. Pero el proyecto es tan imprudente y tan laborioso, que no veo el momento de abordarlo. Aunque está bien así: las obras aún no escritas tienen el privilegio de flotar en el ámbito platónico de la perfección. Luego viene lo que viene: la sombra.


P: ¿Sigue teniendo cuento para rato...? Lo digo porque acaba de ganar el NH de relatos...


R: Muchos piensan que el relato es una especie de faena de alivio. A mí me parece un género prodigioso si el resultado alcanza a ser prodigioso, claro está, como ocurre con todo. No hay géneros mayores ni menores, sino autores mayores o menores en el género que sea.


P: Incluye en el libro un ensayo sobre Luis García Montero, “poeta con brújula”. ¿Qué relación mantiene con él?


R: Una relación fraternal que dura ya treinta años. Al cariño puedo unir la admiración.


P: ¿Y con Ángel González?


R: Aparte del poeta único que fue, fue una persona única. No he conocido a otro melancólico tan respetuoso con la felicidad, que él sabía encontrar en cosas muy pequeñas.


P: ¿Qué fue de la saña contra los poetas de la experiencia como usted?


R: Eso se calmó un poco. Sólo parece persistir Gamoneda, él sabrá por qué.


P: ¿Qué clásico sigue entusiasmándole?


R: Todos aquellos que han sobrevivido a la fosilización y todos aquellos que han conseguido transformarse en fósiles portentosos.


P: ¿Y por qué poeta joven apuesta sin dudar?


R: Por todo aquel que dude de sí mismo sin dejar de estar seguro del poeta que es.


P: ¿Qué verso suyo recomendaría a un joven lector que no le haya leído?


R: Recomendar algo es siempre una imprudencia, porque se corre el riesgo de defraudar, pero recomendar algo propio es una petulancia. Aparte de eso, uno escribe por escribir, no para ser leído.


P: ¿Y un verso ajeno?


R: Tal vez uno de Lope: “Dar la vida y el alma a un desengaño”.