martes, 10 de marzo de 2026

MÁS IMPERIO

 


Es más fácil que sepamos si los androides sueñan con ovejas eléctricas que saber con exactitud lo que sueña Donald Trump con respecto al futuro del mundo, más allá de adivinarle al pintoresco presidente un talante imperialista y mesiánico, destructivo y mercantilista, conforme a su mentalidad megalómana e infantiloide, con el capricho por guía y con la pataleta como recurso de autoridad.

         Mientras anda entretenido en convertir Irán en otra escombrera, ya amenaza con hacerse con el control de Cuba, en la que parece ser que se reserva a Marco Rubio un destino de virrey. (“Dejen de lado por un momento el hecho de que en Cuba no hay libertad de expresión, ni democracia, ni respeto por los derechos humanos”, según Rubio. “El problema fundamental de Cuba es que no tiene economía”, agregó, por si no quedaba claro el único interés de EEUU por el dominio de la isla).

         En Cuba, llegado el momento, el payaso loco va a tenerlo fácil: aquello es ya prácticamente una escombrera, y no creo que necesite más explosiones que las de los fuegos artificiales que celebren el paseo triunfal de las tropas norteamericanas por las calles con socavones y cúmulos de basura de La Habana, porque allí la gente se ha pasado décadas viviendo bajo la bota del difunto Fidel, un charlatán disfrazado de militar que prometió igualdad y que, curiosamente, cumplió con lo prometido, bien que de una manera un tanto inesperada: convertir a todos los cubanos – sobre todo cuando la isla perdió su condición de concubina de la URSS- en pobres de solemnidad. Bueno, a todos no, porque la “nomenklatura” –y no hablo de oídas- vive allí en una plácida burbuja aproximadamente capitalista, hasta el punto de que a un enfermo no se le suministran medicamentos, alegando carestía de ellos por el celebérrimo y absurdo embargo, pero a una señora con un cargo público–y no hablo de oídas- se le practican cuantas operaciones de cirugía estética crea necesarias para sentirse a gusto con su imagen.

         Hace años, Fidel Castro apareció en la lista Forbes de los más ricos del mundo, cifrando su fortuna en 900 millones de dólares. Un amigo mío que vivió durante largas temporadas en La Habana me comentó: “No creo que sea cierto. A Fidel no necesita tener dinero, porque es el dueño de Cuba entera. De las personas y de las cosas”.

         Más que un régimen comunista, Cuba ha sido –y sigue siendo- un régimen retórico. Frente a la eficiencia, la elocuencia. Frente a la gestión, la perorata. En sus muros pueden leerse eslóganes como el de REVOLUCIÓN O MUERTE, que suena a aquel viejo chiste de “¿Makumba o muerte?”. Y es que entre la revolución y la muerte hay un abanico de opciones, casi todas preferibles para alguien que no tenga complejo de héroe nacional, y ese ha sido uno de los muchos problemas de los mandatarios cubanos: el haber reducido la realidad a esa disyuntiva desatinada.

La ciudadanía podía carecer de alimentos y de medicamentos, pero no de discursos de varias horas de duración.

         Tristemente, se imagina uno a los cubanos como a los habitantes de aquel reino indeterminado y decadente del poema de Cavafis que ansiaban la llegada de los bárbaros como una solución.

         Allí Trump, ya digo, va a tenerlo fácil, sin necesidad de disparar ni una bala. Además, la isla es idónea para construir resorts de lujo. Tan idónea como la franja de Gaza. De manera que todo en orden.

.

martes, 24 de febrero de 2026

martes, 3 de febrero de 2026

 La mayoría de los libros tiene una vida muy corta.

Este ya vivió la suya.

No fue mala.

domingo, 25 de enero de 2026

LA TENSA CUERDA FLOJA


El narrador de En busca del tiempo perdido, que es Proust y que a la vez no es Proust, observador minucioso y divagatorio de la condición humana, apreció que la sociedad se parece a los caleidoscopios, que, al girarlos, componen una figura diferente a la que dábamos por inmutable. Y añade esta apreciación: cuando una sociedad da la impresión de hallarse inmóvil, imaginamos que permanecerá así y nada habrá de cambiar nunca. La equiparación, en suma, del presente, que es una confusa evidencia, con el futuro, que siempre es una incierta conjetura.

         Lejos de disfrutar de la placidez de la inmovilidad, nuestra sociedad de hoy se ve obligada a lidiar a diario con el vértigo de lo inesperado, con la incertidumbre ante lo venidero, con la falsificación metódica de la realidad y con las alteraciones imprevistas de las normas tenidas por civilizadas, por no decir que a menudo nos vemos obligados a gestionar psicológicamente lo puramente inconcebible, como por ejemplo el hecho de que el presidente de EEUU invada un país para saquearlo y que, para redondear la estrategia gansteril, amenace con apoderarse militarmente de un territorio que pertenece a uno de sus aliados militares… Y mejor que pasemos por alto la invitación que Trump ha hecho a Putin para que forme parte de la denominada “Junta de Paz” que supervisará el futuro (¿?) de Gaza, y quien dice Gaza dice la inmensa escombrera en que el terrorismo de Estado israelí ha convertido aquella región históricamente desdichada. Por otra parte, el futuro de la franja no parece que vaya a ser otro que su conversión en un resort turístico de traza futurista, según ha anunciado el yerno de Trump en el Foro de Davos. Una lujosa ciudad de vacaciones, en fin, sobre un cementerio.

A este paso, la rutina mundial será lo inesperado. Lo inconcebible. Lo puramente disparatado. Por una confabulación de despropósitos, las cuerdas de la realidad mundial se han tensado tanto, en fin, que da la impresión paradójica de que andamos sobre una cuerda floja. Porque el caleidoscopio no para de girar, y todas las imágenes que compone resultan inquietantes, como si fuesen preámbulos de pesadillas.

         Deberíamos ir haciéndonos a la idea de que el género humano es una especie animal fracasada como tal especie: hemos tenido en nuestra mano todo aquello que pudo dignificarnos colectivamente y hemos acabado comportándonos como unos primates embrutecidos, gracias en buena parte al hecho de haber confiado el destino común a algunos de los componentes más bestiales, más irracionales y más desequilibrados de la tribu.

Era cuestión de elegir. Y elegimos.


.

sábado, 10 de enero de 2026

EL ENTE PELIGROSO


(Publicado en prensa)

Si en los manicomios se eligiese al director mediante sufragio entre los internos, no cabe duda de que saldría elegido el más loco de todos los aspirantes. Tiene su sentido: un medio loco siempre admirará al loco de remate, a aquel que ha conseguido un grado eminente de locura.

Dicho esto, pasemos a otro asunto: Donald Trump fue elegido presidente de EEUU gracias a la sabiduría innata de la mayoría del pueblo norteamericano, que vio en él la representación de un botarate bastante chiflado, sí, pero también la de un profeta esperanzador para los demás botarates chiflados de aquel país: un magnate rijoso, iletrado y matachín que había fundido en un solo ser al emperador megalómano y al bufón patoso. ¿Quién se resiste a eso? ¿Quién va a votar a un mindundi anodino teniendo la posibilidad de poner al frente de la primera potencia mundial a un divertido majareta?

Trump parece escapado de la imaginación escabrosa de Stephen King: un anciano de color naranja que por la noche, por influjo malicioso de la luna, se convierte en un espantapájaros sanguinario y bailarín que disfruta aterrorizando al vecindario, con la peculiaridad de que su vecindario es la totalidad del planeta. Algo tiene también de reencarnación neoyorquina de Nerón, de quien se supone que mandó quemar Roma por divertirse un poco. Trump, entre cuyas virtudes cívicas no se cuenta la piromanía, a no ser la ideológica, se limitó a promover el asalto al Capitolio, aunque no sería extraño que algún día lo veamos tocar la lira en la azotea de la Trump Tower mientras el mundo arde a su alrededor gracias a sus políticas alegremente incendiarias.

Todo un fenómeno artístico, en fin, como quien dice.

Trump duerme en la Casa Blanca -que él ha transformado en la Casa Dorada a fuerza de apliques revestidos de pan de oro, vicio que comparte con  Luis XIV-, pero lo que le corresponde, en su calidad de delincuente múltiple, sería compartir celda con Maduro, otro aficionado a los bailes de salón y al ejercicio de la satrapía. Lo curioso de esta historieta es que quien pretende presentarse como el superhéroe es a la vez el supervillano: un matón gansteril que practica la piratería, el crimen de Estado y el saqueo, que apoya el genocidio en Gaza, que ha dado carta blanca a un ejército de sicarios para la limpieza étnica en su propio país, que amenaza con invadir países soberanos por indisimulados intereses comerciales, que chulea con dinamitar la OTAN desde dentro con la invasión militar de Groenlandia y que, al mismo tiempo, aspira al Premio Nobel de la Paz.

Por si quedaban dudas, lo ha proclamado él mismo: "No necesito ninguna ley, lo único que me puede detener es mi moralidad y mi mente". Comoquiera que moral ha demostrado tener muy poca y que su mente es menos brillante que el pelo que la recubre, a este no va a haber quien lo pare en su espiral delirante.

En fin, que se prepare el mundo: el viejo payaso megalómano se ha colocado en el centro del escenario mundial.

Y tiene un lanzallamas en cada mano.

Y está loco.


.

viernes, 2 de enero de 2026