martes, 24 de octubre de 2017

SUELTOS AL HILO DEL AHORA

La lógica resulta fascinante cuando se aplica a la paradoja, porque el resultado es algo así como un pollo vestido de chaqué.
Dice un diputado de la CUP: "Convocar elecciones autonómicas sería la herramienta más demoledora para parar el proceso de independencia".
Y uno se pregunta al menos dos cosas, a saber: 1) "¿Quién teme a Virginia Woolf?" y 2)
"¿Pwkeksjsldjs ksjderncdnsdij?".

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Lo más gracioso de los delirios colectivos es que no tienen ninguna gracia.

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El día en que P. Iglesias caiga en la cuenta de que el PdCAT es el equivalente casi exacto del PP (neoliberalismo ultraortodoxo, populismo oligárquico, corrupción organizada, patrioterismo retrohistórico...) va a llevarse la sorpresa de su vida.

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(TRATADO DE POLITOLOGÍA MÍSTICA)

Si alguien te dice que se le ha aparecido la Virgen en lo alto de una zarza -pongamos por caso- y que le ha encomendado que informe al mundo de su dolor por la ola de pecados mortales que nos arrastra, tienes dos opciones, según tus creencias: creértelo o descreer.
La tercera opción -replicarle que es técnicamente imposible que la Virgen se manifieste ante un humano, y que incluso es metafísicamente improbable su existencia- hay que descartarla por inoperante: quien ha visto a la Virgen -la haya visto o no- sólo ve ya a la Virgen.


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Como de épica van sobrados, no estaría de más añadir al asunto un componente bíblico, a saber: que el Gobierno indultara a uno de los Jordi, pero que la elección del Jordi bienaventurado recayese en el Govern.

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En la República Popular de las Buenas Personas va a haber tortazos para conseguir el puesto de Inquisidor General de las Malas Personas.

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La Alianza Popular de Fraga pasó a ser el PP.
La Convergència de Pujol, el PdCAT, ahora revolucionario.
El único que se mantiene en sí, desde niño, es Paquirrín.


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Las borracheras -etílicas, patrióticas, etc.- pueden ser alegremente colectivas, pero la resaca es siempre melancólicamente individual.

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Hay una diferencia cualitativa entre la inteligencia del estratega y la astucia del fullero.

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A algunos políticos tal vez les convendría desescalar un poco el verbo "desescalar".

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Ese extraño momento en que la épica es sustituida por la cursilería...

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FRANQUISMO

Tienen razón los de allí. Estamos volviendo al franquismo. Muchos detalles lo indican:


-saltarse la legalidad vigente y el pacto constitucional en nombre de la liberación mesiánica de un pueblo oprimido y mal gobernado por otros
-silenciar a la oposición
-cerrar el parlamento
-convertir la calle en un espacio de debate teatralizado
-sustituir la realidad democrática por la aglomeración callejera
-medir la legitimidad democrática en la calle y no en las urnas
-convocar comicios con el único control del convocante
-ascender a mandato popular el pucherazo
-exaltación retrohistórica de la patria
-la patria como unidad de destino en lo universal

-la patria como concepto supremo, jerárquicamente por encima de la realidad
-mendigar el reconocimiento internacional 
-promover la irracionalidad simbólica de las banderas
-distinguir entre banderas verdaderas y banderas espurias
-ensalzar a los abanderados como patriotas
-medir los grados de patriotismo
-promocionar calladamente el etnicismo supremacista

-ascender al rango de héroe civil a los delincuentes afectos
-no condenar la persecución de los desafectos 
-controlar los medios públicos de comunicación
-politizar las fuerzas de seguridad

-sustitución de la eficacia gestora por el discurso heroico 
-la infancia como cantera de patriotas
-la escolarización como fomento del espíritu nacional
-guardar silencio ante el linchamiento popular de los renegados
-subvencionar aparatos de propaganda
-hablar por boca de la totalidad del pueblo

(Etcétera.)

Sí. Estamos volviendo al franquismo.


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lunes, 23 de octubre de 2017

EL UNICORNIO



(Publicado el sábado en la prensa)

Cuando decimos que un pueblo que secularmente comparte historia y cultura con otros pueblos tiene “una cultura propia”, ¿de qué hablamos en realidad? Pues fundamentalmente de asuntos gastronómicos y folklóricos, ya que sería cosa de brujería que, en el siglo XXI, un segmento de población intranacional sea depositario de una cosmovisión diferente a la de sus vecinos, a no ser que traslademos el foco a las tribus amazónicas, pongamos por caso. Aun así, el tener una cultura propia –o al menos suponer que se tiene, lo que para el caso viene a dar lo mismo- implica desde luego una ventaja: quien disfruta del privilegio de disponer de una cultura propia colectiva puede evitarse la molestia de forjarse una cultura propia individual. Para disfrutar de la primera basta con alimentar unas sugestiones borrosas; para beneficiarse de la segunda, hay que esforzarse un poco en el estudio y en la reflexión. 

              La opción más cómoda resulta clara, sobre todo si tenemos en cuenta que esa cultura infusa, recibida de nacimiento por derechos territoriales, tiene bastante utilidad para quienes carecen de una cultura adquirida, de modo que cualquier iletrado puede sentirse culturalmente superior no sólo a los foráneos, sino incluso a cualquier compatriota que descrea o alimente divergencias con respecto a esa cultura privativa, que de por sí constituye un dogma telúrico. Quien es partícipe de una cultura diferencial, en suma, tiene legitimado el sentimiento del supremacismo cultural, así no sepa hacer la o con un canuto: lo ampara su cultura autóctona, la infusa. Es lo bonito de las ideas mágicas: que puedes hacerlas tuyas con solo desearlo.


            Tenemos la costumbre de identificar los territorios con cultura propia con los territorios bilingües. Bien. El hecho de que una región sea bilingüe es consecuencia de una deriva histórica, como casi todo, aparte de ser la prueba –si hiciera falta- de una cultura menos exclusiva que mestiza. Otra cosa es que se decida considerar como legítima una de esas lenguas y la otra como espuria. Y otra cosa es también la suposición de que el bilingüismo genera, por inercia, una cultura distintiva que rige unánimemente la vida de todos y cada uno de sus hablantes, aunque no por ser bilingües, sino por disponer de una “lengua propia”, a diferencia de las regiones monolingües, en las que hay que conformarse con una lengua y con una cultura… ¿prestadas?  


Una nación es, por encima de todo, una convención administrativa que no se fundamenta en conceptos fantasiosos, sino en asuntos prácticos: unas leyes, un sistema educativo y sanitario, una fiscalidad, una red de carreteras... Esa es la cultura común: las normas e instrumentos para la convivencia. Y lo demás es folklore, bailes regionales. O gastronomía. O incluso un unicornio rosa.

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lunes, 9 de octubre de 2017

LA ENCRUCIJADA



(Publicado el sábado en la prensa)

El trance catalán puede verse desde un ángulo pesimista (cuando un problema no tiene solución, la solución es el mantenimiento del problema) o bien optimista (cuando un problema se presenta como irresoluble, es señal de que la solución está en marcha). Lo prudente sería situarse en una posición intermedia; es decir, en la perplejidad. En las bulliciosas redes sociales se comprueba que la polarización de los razonamientos populares los hace irreconciliables no sólo entre sí, sino con frecuencia irreconciliables consigo mismos como tales razonamientos: andanadas en las que se destierra el pensamiento en beneficio de la visceralidad no ya sólo acrítica, sino incluso irracional, tanto por una parte como por la otra, hasta el punto de que todo cuanto digas –e incluso lo que no- será utilizado en tu contra, pues cualquier discusión no es ya que se convierta en un monólogo, sino que tiene voluntad innegociable de monólogo: cuando se está convencido de tener la razón, no se discute, sino que se exhibe lo indiscutible.

            Tras la espiral de reducciones al absurdo del Govern, tras la torpeza táctica de la orden judicial de retirar las urnas (bastaba con invalidar el resultado, no el instrumental) y tras la inconveniencia de las cargas policiales (la ley es sólida, pero la realidad es líquida), muchos catalanes, confundiendo quizá Estado con gobierno, han optado por la comodidad de los pensamientos elementales: “España nos odia”, lo que, de ser así, desbordaría el territorio de la psicología para invadir el de la parapsicología, pero no da la impresión de que estemos en la era de los raciocinios, sino más bien en la de los dogmas improvisados sobre la marcha y a ritmo de tuit. 

             No puede haber épica, en suma, sin antagonistas, así lo sean abstractos, como abstracto es el ensueño de un pueblo oprimido insidiosamente por los fantasmas con armadura de los siglos pretéritos, con la agravante de que los descendientes de esos fantasmas sean sus compatriotas en el presente, cuando no ellos mismos. Por lo demás, según la mentalidad del patriota, el patriotero es siempre el otro, hasta el punto de que, llegado el instante en que las banderas sustituyen al pensamiento, un símbolo de interpretación tan múltiple como difuso se convierte en un contundente emblema arrojadizo. No olvidemos, en fin, que los oligarcas siempre han tenido la habilidad de hacer que las disputas entre oligarcas parezcan disputas entre pueblos.

            El conflicto catalán es casi imposible que admita una solución externa, lo que resulta preocupante en una medida asumible. Lo alarmante sería que no tuviese una posibilidad de solución interna, y los síntomas indican que las cosas van por ahí. Porque si das un paso hacia el abismo, es muy raro que acabes en un sitio que no sea el abismo.


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