sábado, 10 de enero de 2026

EL ENTE PELIGROSO


(Publicado en prensa)

Si en los manicomios se eligiese al director mediante sufragio entre los internos, no cabe duda de que saldría elegido el más loco de todos los aspirantes. Tiene su sentido: un medio loco siempre admirará al loco de remate, a aquel que ha conseguido un grado eminente de locura.

Dicho esto, pasemos a otro asunto: Donald Trump fue elegido presidente de EEUU gracias a la sabiduría innata de la mayoría del pueblo norteamericano, que vio en él la representación de un botarate bastante chiflado, sí, pero también la de un profeta esperanzador para los demás botarates chiflados de aquel país: un magnate rijoso, iletrado y matachín que había fundido en un solo ser al emperador megalómano y al bufón patoso. ¿Quién se resiste a eso? ¿Quién va a votar a un mindundi anodino teniendo la posibilidad de poner al frente de la primera potencia mundial a un divertido majareta?

Trump parece escapado de la imaginación escabrosa de Stephen King: un anciano de color naranja que por la noche, por influjo malicioso de la luna, se convierte en un espantapájaros sanguinario y bailarín que disfruta aterrorizando al vecindario, con la peculiaridad de que su vecindario es la totalidad del planeta. Algo tiene también de reencarnación neoyorquina de Nerón, de quien se supone que mandó quemar Roma por divertirse un poco. Trump, entre cuyas virtudes cívicas no se cuenta la piromanía, a no ser la ideológica, se limitó a promover el asalto al Capitolio, aunque no sería extraño que algún día lo veamos tocar la lira en la azotea de la Trump Tower mientras el mundo arde a su alrededor gracias a sus políticas alegremente incendiarias.

Todo un fenómeno artístico, en fin, como quien dice.

Trump duerme en la Casa Blanca -que él ha transformado en la Casa Dorada a fuerza de apliques revestidos de pan de oro, vicio que comparte con  Luis XIV-, pero lo que le corresponde, en su calidad de delincuente múltiple, sería compartir celda con Maduro, otro aficionado a los bailes de salón y al ejercicio de la satrapía. Lo curioso de esta historieta es que quien pretende presentarse como el superhéroe es a la vez el supervillano: un matón gansteril que practica la piratería, el crimen de Estado y el saqueo, que apoya el genocidio en Gaza, que ha dado carta blanca a un ejército de sicarios para la limpieza étnica en su propio país, que amenaza con invadir países soberanos por indisimulados intereses comerciales, que chulea con dinamitar la OTAN desde dentro con la invasión militar de Groenlandia y que, al mismo tiempo, aspira al Premio Nobel de la Paz.

Por si quedaban dudas, lo ha proclamado él mismo: "No necesito ninguna ley, lo único que me puede detener es mi moralidad y mi mente". Comoquiera que moral ha demostrado tener muy poca y que su mente es menos brillante que el pelo que la recubre, a este no va a haber quien lo pare en su espiral delirante.

En fin, que se prepare el mundo: el viejo payaso megalómano se ha colocado en el centro del escenario mundial.

Y tiene un lanzallamas en cada mano.

Y está loco.


.

No hay comentarios: