viernes, 19 de junio de 2009

EL PELIGRO DE LAS COMILLAS


Cuando un periodista abre comillas para citar las declaraciones de alguien, ese alguien puede echarse a temblar. Yo al menos lo hago.

Entre las distorsiones más extremas y pintorescas que recuerdo está la de un periodista jerezano que entrevistó hace ya bastantes años a Francisco Brines, a quien acababan de dar el Premio Nacional de Literatura por su libro El otoño de las rosas. "¿A qué otro premio aspira usted después de este?", le preguntó el periodista en cuestión. La respuesta de Brines fue: "Bueno, en concreto a ninguno. No soy megalómano". Al día siguiente, en el DIARIO DE JEREZ, los lectores pudieron leer el siguiente titular: "No quiero más premios porque no soy melómano".

Comprendo que parece un chiste tirando a dadaísta, pero ahí están las hemerotecas si alguien tiene interés en comprobarlo.

Anoche se presentó en Jerez La noche no tiene paredes, el nuevo libro de poemas de Caballero Bonald. José Ramón Ripoll y yo hicimos de presentadores.

Mi intervención -escrita- empezaba de esta manera: "Creo que estarán ustedes de acuerdo conmigo en que son muy pocas las trayectorias poéticas ascendentes. Casi todos los poetas, incluso los más grandes, disfrutan de una época de esplendor y luego caen en una honrosa rutina, una rutina tanto expresiva como temática que, sin ser desmerecedora de lo antecedente, añade poco o nada a sus logros mayores. Hay, sin embargo, algunos poetas privilegiados que mantienen la excelencia a lo largo de toda su obra, sostenida en una indagación indesmayable de los recursos retóricos y de las variaciones temáticas esenciales. Entre esos poetas privilegiados se cuenta José Manuel Caballero Bonald".

He aquí en lo que se convierte eso tras pasar por el filtro del reportero del ya mencionado DIARIO DE JEREZ:

Y es que son "muy pocas las trayectorias poéticas ascendentes. La mayoría tienen épocas de esplendor, que luego terminan cayendo en la rutina. Bonald es uno de esos pocos privilegiados", aseguró Benítez Reyes. El poeta de Rota aseguró que 'La noche no tiene paredes' sí tiene, sin embargo, "el ímpetu creativo de un autor joven renovado".

Con lo cual, aparte de quedar yo como un enunciador de desatinos agramaticales, da la impresión de que dije lo contrario de lo que dije, relegando a Caballero Bonald al bando de los rutinarios. (Qué peligro tiene ese "sin embargo" que he marcado en negro...)

Si no tiene uno ya bastante con las tonterías que dice, tiene que cargar además con las tonterías que le atribuyen gracias a las peligrosísimas comillas, que deberían estar reguladas por la Ley de Propiedad Intelectual.

Y así, en fin, vamos tirando, entre megalomanías y melomanías, que tanto parece dar lo uno como lo otro.

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5 comentarios:

Juan Carlos Sierra dijo...

Sé que no es un consuelo, Felipe, pero cuando saqué mi Madrid de Larra, una periodista del Diario Jaén me hizo una entrevistilla por teléfono en la que, según ella, yo afirmé que Felipe II era una especie de incomprendido de la historiografía española, porque no fue tan mal rey como todos -incluso yo en aquella entrevista- afirman.
En fin, supongo que el tema da para hacer una antología de las comillas perversas del periodismo.
Un abrazo,
Juan Carlos Sierra.

Anónimo dijo...

De periodistas podría contar algunas muy sonadas pero es mejor esta otra, relacionada vagamente con el tema de las transcripciones disparatadas. Era en un coloquio que se grababa para luego publicar lo dicho en un libro. Uno de los participantes se refirió varias veces a Antoni Tapiès y no sé si lo pronunciaría con un acento catalán demasiado marcado pero el caso es que quien transcribió la grabación puso (varias veces): Antoñita Pies. Lo cual suena a folclórica surrealista o a vecina del ático.
Un abrazo.
JLP

Alejandro Lérida dijo...

Ay, Felipe, agota comprobar tanta estupidez como anda suelta. Y lo peor de todo -ya se sabe- es que el estúpido nunca es consciente de dónde acaba su propia estupidez. Ay, estos petardos amenazan con hacer saltar por los aires los cimientos del idioma, que son los cimientos de la inteligencia. Pues eso. Resulta agotador comprobarlo.

Un saludo, Felipe, y que los dioses te protejan ante los periodistas de turno.

FELIPE BENITEZ REYES dijo...

Creo recordar (lo contaba en algún sitio J.L. García Martín) que, en la transcripción de ese coloquio en el que se daba vida fugaz a Antoñita Pies, también se daba vida, por boca de Claudio Rodríguez, a un libro misterioso y de entrada poco atractivo: LOS CANTOS DEL MAL OLOR.

Como es natural, C. Rodríguez se refirió a LOS CANTOS DE MALDOROR, de Lautréamont, aunque la persona encargada de la transcripción de la charla lo transformo en otra cosa más odorífera.

Anónimo dijo...

Es verdad, no me acordaba. Estaba sembrado el transcriptor. Me gustaría tener un ejemplar de las actas de esos coloquios. Seguro que contenía muchas otras involuntarias felicidades.
JLP