lunes, 25 de mayo de 2015

domingo, 24 de mayo de 2015

Cádiz. Patio de la pensión España, en la que se hospedó Trotski durante su estancia en la ciudad, en 1916.

Esperanza Aguirre, fiel a su naturaleza parapsicológica, introduce un factor parapsicológico en las elecciones: "Espero que el Espíritu Santo inspire a los madrileños para que voten hoy lo mejor para Madrid".
 
(Si les sobrevuela a ustedes un palomo, ya saben: salgan corriendo.)

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lunes, 18 de mayo de 2015

CONSEJOS ELECTORALES

1) Nunca votes en urnas de plástico. Exige urnas de cristal.
 

2) Si tu candidato favorito te decepciona, conversa con él, para que de ese modo la decepción pueda ser recíproca.
 

3) Entre dos corruptos, vota siempre al más gordito.

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domingo, 17 de mayo de 2015

LOS TÍOS



Reconozco mi fe inquebrantable en la capacidad redentora de nuestro sistema penitenciario: no hay delincuente VIP que, tras su paso fugaz por la cárcel, no salga de allí transformado en un moralista, dispuesto a dar lecciones gratuitas de comportamiento cívico a quienes quieran aprender, que somos casi todos, ya que casi todos andamos faltos de líderes y de referentes morales, en parte por la sobreabundancia de líderes y de referentes a la inversa. Ellos pasan entre rejas una temporada –generalmente breve, casi testimonial, casi simbólica- y salen de allí que da gusto escucharlos, inflexibles en su denuncia de la arbitrariedad de las leyes, combativos con respecto a la manipulación mediática de su inocencia, con el dedo siempre levantado, en actitud admonitoria. Es un poco como lo de san Agustín. Un poco como lo de san Pablo. Un poco –también- como lo de Jekyll y Hyde. Pasan por el trullo y se diría que les falta apenas un hervor para ascender al rango de arcángeles de la sociopolítica o de la socioeconomía, lo que para el caso viene a ser casi lo mismo. De lo limpios de alma que salen. De lo niquelados de espíritu, los tíos. De lo alados. Lo mismo un banquero que un tesorero. Lo mismo un presidente autonómico que un alcalde. Lo mismo un Dioni que un Roldán. Como te lo digo: limpios y niquelados. Dando lecciones. Incluso en la tele, los tíos. 

            Lo que no entiende uno es que, comprobados de sobra los beneficios espirituales que reporta el pasar unas cuantas semanas en el talego, nuestros prohombres no ingresen voluntariamente en él, así no tengan ningún delito por el que hayan podido pillarlos, que eso al fin y al cabo es lo de menos: ¿hay cosa más bonita en el mundo que convertirse, por voluntad propia, en chivo expiatorio? (Bueno, sí: tal vez el convertirse, por voluntad ajena, en cabeza de turco, pero esa sería otra historia.) Es que sales de allí fortalecido, coleguita. Es que sales que ni te lo crees. Eso es como el fitness, aunque para el alma inmortal. De como sales. De lo dabuti que sales.

            …Pero vayamos al aspecto espinoso del asunto, a saber: llega un momento en la vida -un momento de veras triste, de pura decadencia- en que cualquier persona se resiste a que le den lecciones de honorabilidad, así provengan esas lecciones de los delincuentes VIP que han hecho su camino de Damasco en chirona, que son los más acreditados para esa tarea divulgativa de los principios morales. Llega el momento, en fin, que como que no. Que gracias, pero que no. Y eso, por el bien de todos, hay que conciliarlo. Si creemos de verdad en la capacidad redentora del trullo, aceptemos sin fisuras la autoridad moral de nuestros redimidos. Acojamos su discurso moral como un regalo de la vida. Porque es que da gloria ver cómo salen de allí –y qué envidia- los tíos.

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lunes, 11 de mayo de 2015

SUELTOS

Un lema electoral, por si le sirve a algún candidato: LOS HAY PEORES.


Eduardo Inda demostrará algún día, con documentos, que el cuartel general de Spectra está en Venezuela.


Lo de Esperanza Aguirre es política neurodegenerativa.


En un país como el nuestro, en el que los políticos pillados en delito pretenden hacerse pasar por mártires, resulta raro que en los restaurantes no sirvan chuletas de chivo expiatorio. 

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domingo, 10 de mayo de 2015

sábado, 9 de mayo de 2015

Los altavoces de los coches electorales suenan como los de los vendedores ambulantes de melones.

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lunes, 4 de mayo de 2015

EL CIRCO



La utilización del concepto de “circo mediático” tiene algo en sí misma de número circense: te pillan, no sé, con un dinero clandestino en Suiza, que es donde el capital extranjero se siente como en casa, se apiña una docena de periodistas a la puerta de tu domicilio con la intención malévola de informar del acontecimiento, ya que puede darse el caso de que el dueño de ese dinero nómada sea una persona con proyección pública, y la persona con proyección pública en cuestión -o como poco sus allegados, incluidos sus diligentes representantes legales- formula la frase mágica, equivalente al abracadabra de los ilusionistas: “Se ha montado un circo mediático”. Sí, por supuesto: el circo no lo monta el que esconde el dineral, sino el profesional que va a ganarse un dinerillo a costa del dineral delincuente del dueño delincuente del dineral. El payaso del circo no es el evasor, sino el que fotografía al evasor. El circo no lo monta el detenido, sino el periodista que le pone un micrófono delante para que el detenido pueda decir que no tiene nada que decir. Que gracias.

            Uno comprende que los delincuentes prefieran mantenerse en el anonimato, que sus delitos no rebasen el ámbito de la intimidad de los juzgados y de las comisarías, que su detención se realice con la mayor prudencia y secretismo, para que los periodistas no puedan meter la nariz en la desdicha ajena con la insensibilidad y la falta de empatía que caracteriza al gremio. Claro que comprende uno eso. ¿Cómo no comprender la noble aspiración del delincuente a que sus hazañas pasen desapercibidas? Lo que pasa es que a veces se produce una incompatibilidad insalvable: que el delincuente, antes de ser conocido como tal delincuente, haya sido un prohombre de la patria. En ese punto es en el que se complican las cosas. Eso es lo que propicia, en fin, los lamentables circos mediáticos.

            Para delinquir con tranquilidad, o al menos con relativa tranquilidad, resulta conveniente no practicar el pluriempleo: o te dedicas a salvar tu país o te dedicas a saquearlo, pero hacer las dos cosas a la vez presenta sus inconvenientes, entre los que se cuenta el de que, a la mínima, los medios te monten un circo mediático, que es lo peor que puede pasarle a un forajido, a menos que aspire a convertirse en una leyenda dentro el mundo del crimen y busque publicidad para sus fechorías, aun a riesgo de acabar como Al Capone, Billy el Niño o Bin Laden. Lo malo es eso, ya digo: que vayas de doctor Jekyll y de mister Hyde, de genio financiero y a la vez de raterillo, de prócer de la economía global a escala pública y de defraudador fiscal a título privado, de Keynes por la mañana y de José María el Tempranillo por la tarde. Eso no puede ser. Porque luego te pillan y viene lo que viene: el circo mediático. El circo en que las pulgas se apiñan en torno al león. El circo en el que al gigante le crecen, ay, los enanos.

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viernes, 1 de mayo de 2015

Creo que está claro: el obispo de San Sebastián ha publicado su libro sobre amor y sexualidad aprovechando el tirón comercial de 50 sombras de Grey.

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jueves, 30 de abril de 2015

martes, 28 de abril de 2015

Más vale no figurarse lo que harán en los bautizos...

martes, 21 de abril de 2015

SUELTO

El gobierno está inusualmente torpe: lo de Rato se resuelve en dos días con la inhabilitación de un juez y con la apertura de un expediente disciplinario a un técnico de Hacienda.

(Por lo demás, a este paso, con tanto innombrable dentro, en el PP van a tener que referirse entre sí con números.)

 


Tras la pista fascinante de Essad Bey, que también fue Kurban Said, nacido Lev Nussimbaum (Bakú 1905- Positano 1942).

domingo, 19 de abril de 2015

HUELGUISTAS SIN HUELGA


(Publicado ayer en prensa)

Todos nos hemos extrañado alguna vez por el hecho, tan insólito como virtuoso, de que, a lo largo de estos años de democracia, nuestros políticos no se hayan puesto en huelga como protesta por las decisiones de la ciudadanía, ya que, a fin de cuentas, se supone que ellos son los empleados y nosotros los jefes, aunque la realidad se encargue de indicar más bien todo lo contrario, por esa afición que tiene la realidad común a volverse comúnmente irreal. Resulta curioso, en fin, que ningún presidente de gobierno se haya puesto en huelga como revancha por una huelga general convocada por sus adversarios políticos y sindicales, como curioso resulta que, tras unas elecciones, ninguno de los líderes de los partidos perdedores haya decidido ejercer una oposición meramente pasiva, de brazos caídos y de boca callada, como muestra de desacuerdo vehemente con la decisión mayoritaria de los votantes.


            Todo sería cuestión de inaugurar la tradición. Que un ministro de agricultura se pusiera en huelga porque los vaqueros no han cubierto el cupo de leche, pongamos por caso, o incluso porque lo hayan excedido, pues con las vacas nunca se sabe. O que un concejal encargado del cementerio se declarase en huelga de hambre porque la gente se dedica a robar las flores de unas tumbas y ponerlas en las de sus deudos, para que de ese modo el homenaje póstumo les salga gratis. O que un viceconsejero de sanidad emprendiera una huelga a la japonesa, renunciando incluso a la hora del bocadillo, para protestar por el hecho de que a todo el mundo se le ocurra coger la gripe a la vez, saturando de ese modo, de manera tan irresponsable e incívica, los hospitales y ambulatorios.


            Que nada de esto haya ocurrido habla mucho y bien no sólo de la gran responsabilidad de nuestros dirigentes, sino también de la solidez de su sentido de Estado, ese sentido de Estado que nadie sabe del todo en qué consiste, pero que, con arreglo a su historial de logros, lo mismo sirve para aprobar una subida de impuestos en tiempos de crisis aguda que para meternos en la guerra de Irak. Al contrario que ellos, los ciudadanos tenemos menos sentido de Estado que estados de sentido, y de ahí sin duda el hecho de que, con más frecuencia de la deseable, el sentido de Estado lo interpretemos no sólo como un sinsentido, sino que también lo padezcamos como un sinvivir.


            Se podrá alegar que muchos de nuestros políticos no dan un palo al agua y que, a efectos prácticos, es como si estuvieran en una huelga permanente, pero no sería justo, ya que, al fin y al cabo, la política no necesita figuras, sino figurantes, figurines e incluso figurones, para que este teatro social que nos traemos entre todos pueda seguir ofreciendo a diario la representación de una tragicomedia colectiva que podría tomar prestado el título de la de Lope de Vega: El remedio en la desdicha.

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