lunes, 26 de enero de 2015

Tal vez ni ellos mismos sepan lo que finalmente conseguirán, pero el de Syriza es un triunfo anticipado: decirles a quienes verdaderamente mandan que a lo mejor no mandan tanto como creen mandar.

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domingo, 25 de enero de 2015

VERDADES Y MAYÚSCULAS





El concepto de “verdad” es uno de los más cuestionados -generalmente con métodos ramplonamente sofísticos: “¿Qué es la verdad?”, etc.-, y a la vez uno de los más prestigiados, hasta el punto de que a veces incluso caemos en la tentación de escribir esa palabra con mayúscula: la Verdad, pues una mayúscula tiene la virtud no sólo de elevar tipográficamente cualquier cosa, sino también de ascender a rango de ente inmortal y mitológico a lo que se le ponga por delante, así sea la Jefatura Provincial de Tráfico o el Real Club Deportivo de La Coruña. Una mayúscula, en fin, propulsa y eleva, y no digamos las mayúsculas concatenadas: la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, por ejemplo, también conocida como ANECA. Ante una cascada como esa de mayúsculas, uno se siente gozosamente intimidado, y es una lástima que las mayúsculas no tengan una pronunciación específica: alguien debería proponer a la Real Academia Española (otra que tal) que la fonética de las mayúsculas se diferenciase de la de las minúsculas con un registro de voz una octava más alta, para no liarnos ni perdernos ese disfrute.

            No seré yo, desde luego, quien arrastre por el fango algo tan elevado como la “verdad”, sobre todo porque estoy convencido de que la verdad existe, aunque el problema es que la mentira somos nosotros, los que intentamos buscar verdades en nuestro paso más o menos melancólico por el mundo. Y así no hay manera: desde la mentira que somos, ¿qué verdades vamos a engendrar? Aunque creamos estar formulando una verdad incuestionable, será mentira. Y si decimos una mentira, no haremos sino ser fieles a nosotros mismos, a la verdad esencial de nosotros mismos, los mentirosos.

            Creo, no sé, y ojalá me equivoque, que hemos inventado el concepto de “verdad” por la misma razón por la que hemos inventado El Dorado y el Olimpo, el alma inmortal y los duendecillos cantores de los bosques encantados, los gamusinos y el mito de la Atlántida: sencillamente porque somos unos mentirosos.

            Aplicado a la política, el concepto de “verdad” deja de ser un concepto imaginario para convertirse en un concepto cómico. En política no son verdad ni las matemáticas, ya que en unos presupuestos generales, pongamos por caso, dos más dos no son lo que suelen ser en la vida ordinaria, sino una especie de número de cualidades esotéricas sujeto a la interpretación y a la controversia, cuando no a la pura bronca parlamentaria. Nuestros políticos parecen haberse dado cuenta mejor que nadie de que con la verdad no se va a ninguna parte, y menos que a ninguna parte a un sillón presidencial o a una poltrona ministerial, de manera que se han visto obligados a refinar el arte de la mentira hasta un extremo que ya quisieran para sí los adivinos televisivos de la madrugada. Mienten sobre el pasado, sobre el presente y sobre el futuro. Mienten con los datos, con las estadísticas y con las previsiones. Mienten ante los periodistas, ante los jueces, ante nosotros y sobre todo se mienten entre ellos. Mienten con tanto convencimiento, que hasta parece mentira tanta mentira.

            Y eso tiene un mérito, la verdad.

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sábado, 24 de enero de 2015

EL ESPECTÁCULO

Un congreso de personas adultas en el que algunos van subiendo a un estrado para contar grandes mentiras heroicas que son aplaudidas devotamente por los engañados, que consideran un privilegio que sus ídolos sociológicos les mientan.

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jueves, 22 de enero de 2015

Los que pasan más frío durante el invierno son los picaportes.

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jueves, 15 de enero de 2015

-No hay libro malo.
-Qué suerte tiene usted.


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martes, 13 de enero de 2015

18,20,22: VIVIENDAS PARA GNOMOS

(C/ HOSPITAL DE MUJERES, CÁDIZ)





lunes, 12 de enero de 2015

LO INVISIBLE




Uno de los grandes méritos de nuestras tandas sucesivas de políticos consiste en haber creado instituciones y organismos de espectro más o menos pintoresco y muchos de ellos con apariencia –al menos a primera vista- de inutilidad. Aun así, no duda uno que esa telaraña burocrática tiene una eficacia indispensable para la buena marcha de la realidad común: ¿qué sería de nosotros sin el Centro Militar de Veterinaria, pongamos por caso, o sin el Observatorio Joven de Empleo, también conocido como OBJOVEM, desde el que se imagina uno a varios expertos observando, de 8 a 3, cómo el desempleo juvenil alcanza el porcentaje esperanzador de casi el 54%? (Por no plantear la pregunta escalofriante de qué sería de España si a alguien no se le hubiera ocurrido crear el Observatorio del Transporte y la Logística o patrocinar la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores.) 

La creación de instituciones y organismos oficiales requiere, de entrada, un golpe de inspiración de índole artística: intuir un vacío en la realidad y llenarlo con unas oficinas, con un logotipo, con unas siglas, con un director general, con un subdirector general, con un secretario general, con un subsecretario general, con unos cuantos funcionarios especializados en la materia hasta entonces desconocida y con lo que sea menester, que nunca suele ser poco. Hay un no sé qué esencialmente artístico en esa labor, ya digo. Algo teológico también: un crear desde la nada. Y algo esencialmente mágico: sacarse de la chistera una agencia estatal o un observatorio autonómico. Por menos de eso, hay gente que se inmortaliza en las enciclopedias.

            Lo que a ningún político se le ha ocurrido, al menos de momento, es la creación del Centro Estatal para la Prevención de la Invisibilidad Política. (El CEPIP, como si dijéramos.) ¿Y cuáles serían las funciones de ese organismo? Bueno, varias, por supuesto, pero quizá la esencial consistiría en impedir que determinadas gestiones políticas y extrapolíticas de los políticos se hicieran invisibles no ya para la ciudadanía, que está de sobra habituada no sólo a las invisibilidades, sino también a las opacidades, sino sobre todo para los políticos mismos.

            Pongamos, no sé, algunos ejemplos… Ana Mato no vio el Jaguar que tenía su marido en el garaje de la vivienda familiar. Tania Sánchez no vio la empresa de su hermano: la parte contratante de la parte contratante. Nadie vio los sobres de Bárcenas. El recién jubilado Alfonso Guerra nunca vio a su hermano Juan. En Blesa no se fijó nadie. Nadie miraba a Urdangarín. Aguirre no vio a Granados. Nadie se paró a observar a los Pujol. La gente sólo se fijaba en las gafas oscuras de Fabra, no en Fabra. Etcétera. El CEPIP evitaría eso. 

            Aunque, bien mirado, ¿qué mejor ley de transparencia que esa invisibilidad?


. (Publicado el sábado en la prensa)

EL CÁDIZ CARIBEÑO



(Ayer, barrio de la Viña, confetti de erizada.)

sábado, 10 de enero de 2015

Tal vez un matiz innecesariamente necesario: en casos como estos, el islamismo no es el motivo, sino el pretexto.

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jueves, 8 de enero de 2015

LO INVISIBLE


Ana Mato no vio el Jaguar de su marido.
Tania Sánchez no vio la empresa de su hermano.
Rajoy no vio a Bárcenas.
El recién jubilado Alfonso Guerra nunca vio a su hermano Juan.
En Blesa no se fijó nadie.
Nadie miraba a Urdangarín.
La exreina no miraba al exrey y viceversa.
Nadie se paró a observar a los Pujol.
La gente sólo se fijaba en las gafas oscuras de Fabra, no en Fabra.
 

Etcétera. Etcétera. Etcétera.

¿Y aún reclamamos más transparencia?

miércoles, 7 de enero de 2015

Los monstruos crean dioses a su medida.

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lunes, 29 de diciembre de 2014

CUERPO Y ESPÍRITU



Como somos como somos, y como nos gusta complicar un poco las cosas -supongo que menos por vocación que por naturaleza-, hablamos mucho del espíritu navideño, que es un concepto de sugerencias entre volátiles y fantasmales, cuando en realidad el que trabaja duro en estas fechas es el cuerpo, el sufrido cuerpo navideño, al que ponemos hasta las cejas de manjares terrestres y marítimos e incluso de polvorones, ese producto que está en un punto intermedio entre el confite y el castillo de arena.

            En estas fechas tan señaladas, el que no para es –ya digo- el cuerpo, el cuerpo navideño, aunque el mérito se lo lleve el espíritu navideño, que practica una especie de intrusismo metafísico en estas fiestas de la gula y de los excesos en general, incluido en tales excesos el de estar bregando al filo de la medianoche con la boca de un bogavante o con la osamenta de un cochinillo, por no hablar del malabarismo de tragarte un cuenco de uvas al ritmo de unas campanadas tras descifrar las instrucciones de una presentadora de televisión que tirita de frío bajo un vestido de tirantes y lentejuelas.

            De todas formas, y por mucho que el cuerpo navideño se lleve la palma en cuanto a sacrificios, sería injusto negar la emanación del espíritu navideño. Se manifiesta ese espíritu, no sé, en las felicitaciones que recibes no sólo de tus amistades -que de repente parecen haberse hecho devotas de la secta literaria de Paolo Coelho-, sino incluso de esas empresas que durante el resto del año se dedican a estudiar la manera de sacarte más dinero del que ya te sacan, pues se ve que, en la escala moral de los negocios, la avaricia no constituye un pecado capital, sino que el pecado sería dejar pasar de largo el capital. 

Se manifiesta ese espíritu en los discursos de los gobernantes, del rey para abajo; esos discursos que se sustentan en una oratoria de inspiración Disney y en los que suele primar el imperativo ilusionado, el imperativo categórico e incluso el imperativo un tanto imperial, así lo formule un alcalde de pueblo: “Tenemos que construir el futuro sobre la base de…” (Sobre la base, en fin, de lo que buenamente corresponda, ya que se trata de un componente tan variable como la receta del pavo, del cordero o del besugo, que es en lo que todo el mundo piensa en realidad mientras oye esos discursos vaporosos: en comer, porque estas fiestas son menos retóricas que gastronómicas.) Se manifiesta el espíritu de la Navidad, en fin, en… Pues en el propio espíritu de la Navidad, que es un espíritu glotón y algodonoso, delicuescente y tragaldabas, orondo como Papá Noel, y lo raro es que nadie haya inventado todavía una receta para poder comernos tras la Noche de Reyes el abeto. 

         Y, sobre todo, feliz año.


(Publicado el sábado en prensa)

viernes, 26 de diciembre de 2014

En según qué diócesis, lo del sorteo del niño puede prestarse a equívoco.

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lunes, 22 de diciembre de 2014

LA SIMULACIÓN DIFERIDA EN DIRECTO

Al igual que todos los años, unos actores profesionales contratados por el Ministerio de Hacienda interpretan el papel de agraciados por la lotería, con un guión invariable: pagar la hipoteca, hacer un viaje, ayudar a los hijos, tapar agujeros... 

Según parece, cobran un plus por movilidad forzosa y otro por la ducha de cava.

Cuando gobierne Podemos, demostrarán con documentos del CNI lo que ya es un secreto a voces: que la lotería es un fraude estatal y que los bombos están trucados para que los 3 primeros premios les toquen a los actores profesionales, que por supuesto no pueden cobrar los décimos premiados. Si alguno se va de la lengua y revela el montaje, lo eliminan -y de ahí los crímenes sin móvil aparente de los que nos enteramos de vez en cuando por la prensa.

Esto es así: el espíritu jubiloso y azaroso de la navidad.

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