domingo, 14 de enero de 2018

MAÑANA (por si...)


EL BOTAFUMEIRO



(Publicado ayer en prensa)

La noticia es falsa, como muchas de las que circulan por ahí, pero démosla, como experimento, por verdadera: el pasado 6 de enero, dos monaguillos de la catedral de Santiago de Compostela tuvieron una ocurrencia diabólica, que es tal vez el tipo de ocurrencia que menos conviene a un monaguillo. La ocurrencia no fue otra que la de llenar el botafumeiro de marihuana, como si, en vez de una misa para celebrar la Epifanía del Señor, aquello fuese una fiesta hippie para celebrar la llegada de la primavera. Según la confesión de los acólitos, el propósito de la broma no era otro que el de hechizar a los feligreses con la fumarola de la risa, cuando de sobra es sabido que la gente suele acudir a los templos con un ánimo menos festivo que penitencial, y desde luego no entra en las expectativas de nadie el ir a misa para salir de allí no con el espíritu reconfortado, sino con un bolillón como los que pillaba el difunto Bob Marley. 

            Los monaguillos pasaron la noche en el cuartelillo, puesto que la justicia humana suele ser menos benévola que la divina, pregonera del perdón, al menos desde el Antiguo Testamento para acá, una vez descartado el recurso a las plagas de Egipto y a ese tipo de actuaciones efectistas. Por suerte para los detenidos, ya gozan de libertad sin cargos, aunque han sido destituidos como monaguillos catedralicios, lo que no quiere decir que vayan a iniciar una carrera como traficantes de maría en el ámbito eclesiástico, dado lo traumático de su experiencia piloto. Será incierto el futuro de los dos monaguillos santiagueros, y a obispos está claro que ya no llegan, pero cabe suponer que el santo apóstol velará por ellos, al menos mientras le dure el efecto risueño del humo anómalo, que tanto convida a la empatía. 

            Bien, según avisé, todo esto es mentira, pero, forzando un poco los paralelismos, podríamos suponer que España en pleno está bajo los efectos de un botafumeiro narcótico, pues de otro modo no se explica el ambiente de alucinación que se percibe no sólo en las actuaciones del gremio político, sino también en la vida ordinaria de la gente, que tampoco vamos mal en cuanto a colocones ideológicos y morales. Te levantas, pones la radio y la realidad te vuelca en el entendimiento su cornucopia de  irrealidades difíciles de entender, y te dices: “El botafumeiro”. Porque sólo el humo mágico de un botafumeiro profanado puede explicar lo inexplicable, y te preguntas, un poco a la manera de los filósofos presocráticos: “¿Hasta qué punto puede soportar la realidad esta mecánica de irrealidad?”, y te respondes, un poco a la manera de los filósofos racionalistas: “Hasta que deje de balancearse el botafumeiro”.

            Porque la clave está ahí, en el botafumeiro con marihuana que recorre el país de norte a sur y de este a oeste, provocándonos una risa floja, porque vamos puestos hasta las cejas. Como monaguillos traviesos. Como noticias falsas de nosotros mismos.

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martes, 9 de enero de 2018

domingo, 31 de diciembre de 2017

TIEMPO EN FUGA



 (Publicado ayer en prensa)

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Nos dicen, nos decimos: “Hay que vivir el instante”. Los poetas de la antigüedad ya andaban a vueltas con esa copla. Una premisa que se fundamenta en el prestigio de lo inmediato, en el beneficio potencial de lo presente. Y, sí, qué duda cabe, uno está de acuerdo en vivir el instante y lo que haga falta, pero vivir el instante implica vivir en la confusión, ya que el tiempo no es de verdad tiempo hasta que pasa: cuando asciende –o se degrada, según se mire- a memoria. Nuestra percepción del tiempo es en esencia retrospectiva. Construimos el tiempo. Inventamos el pasado y el futuro desde el presente, pues para eso es casi lo único para lo que sirve el presente, que al fin y al cabo no deja de ser un espacio de transición: historiamos desde él nuestro pasado y abocetamos en él nuestro futuro.

            Medimos el tiempo para no hacernos un lío con el tiempo. De lo contrario, sería para nosotros una especie de magma, un fluido informe. Cuando éramos niños, había días que parecían durar semanas, semanas que parecían durar meses, meses que parecían durar años, al ser el tiempo de la infancia muy lento, con algo de eternidad estática: una tarde lluviosa ante el cuaderno de los deberes podía resultar interminable, un simulacro desesperante de aquella forma de vida que debían de tener en el Cielo los difuntos bienaventurados, según nos relataban los curas con el optimismo propio de quien fantasea con los trasmundos. Luego, a medida que envejecemos, el tiempo tiende a apresurar el paso, a desbocarse, y los días ya no parecen semanas, sino apenas minutos, y los minutos ni se perciben, y los años parecen relámpagos.

            Se ve, en fin, que nuestra mente tiende a descompasarse con respecto al ritmo del tiempo, que va siempre por delante de nosotros. Entre un verano y otro, apenas un parpadeo. Entre unas fiestas navideñas y otras, apenas un suspiro. Y así: el tiempo a su aire y nosotros tras él, ganándonos siempre la carrera.

            Estamos a las puertas de un año nuevo. Hemos fragmentado el tiempo para tenerlo vigilado, para controlarle la velocidad. De no tener el tiempo sometido a la fragmentación en minutos, horas, días, semanas, meses, años, quinquenios, décadas, siglos o milenios, acabaríamos por volvernos locos: “Hace muchísimo que no nos vemos”, diría uno, y su interlocutor precisaría “Mucho más que muchísimo”, o tal vez “No tanto”, y ambos tendrían razón, al ser el tiempo en abstracto una medida personal, una sensación intransferible de tránsito. De no haber fraccionado y etiquetado el tiempo, se acabarían por ejemplo las citas: “Nos vemos dentro de…”. ¿Dentro de cuánto? Para procurar ser puntuales, ¿nos guiaríamos por las lunas, por las mareas, por la posición del sol? 

            Y este cuento… este año, quiero decir, se ha acabado.

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sábado, 30 de diciembre de 2017

(Los años son como los electrodomésticos: cada vez duran menos.)

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viernes, 29 de diciembre de 2017

(Ayer fue el día de los inocentes. Hoy es el cumpleaños de Puigdemont. Mañana se celebra el día del diácono Exuperancio, del obispo Jocundo y del mártir Mansueto... Y así vamos concatenando, en fin, grandes efemérides.)

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lunes, 25 de diciembre de 2017

(No soy muy filonavideño, pero sí muy filoxilográfico. 
Aparte de eso, siempre es bueno desear lo bueno, de modo que todo lo bueno para todos ustedes.)

domingo, 24 de diciembre de 2017

DISCURSO NAVIDEÑO



Como cada año, es para mí un honor y una responsabilidad dirigirme a todos los españoles y españolas en estas señaladas fechas navideñas. Fechas que marcan un hito colectivo en cuanto a consumismo y fraternidad, con la mirada fija en unos objetivos sociales que a todos nos afectan.

            Vivimos tiempos difíciles, pero es en la dificultad donde las grandes naciones encuentran el impulso necesario para impulsarse. Impulsarse hacia adelante, no hacia atrás, como desgraciadamente hemos presenciado en ocasiones en países amigos, víctimas hoy del anonadamiento económico del que nuestra firme democracia se manifiesta como garante, aunque al revés, pues lo que nos garantiza es la fuerza y el estímulo necesario para esquivar ese fatal anonadamiento al que antes me he referido. 

              Porque si bien es cierto que las dificultades hacen que todo sea más difícil, también lo es, y en no menor medida, que lo sencillo vuelve todo demasiado fácil, y los grandes empeños requieren un esfuerzo común y un sacrificio colectivo que sólo los ciudadanos de buena fe estamos dispuestos a afrontar, pues nuestra experiencia en el duro campo de la adversidad histórica nos otorga un aval milenario de compromiso y abnegación.

No quiero dejar pasar por alto la ocasión de brindar todo mi apoyo a quienes, desde el convencimiento europeísta, viajan al menos una vez al año a Europa, sin distinción de zonas, pues mantengo la convicción de que Europa constituye una construcción global que requiere el esfuerzo y la ilusión de todos. Repito: son tiempos difíciles, pero no por ello debemos cejar en nuestros afanes de igualdad y de legalidad, de legalidad y de igualdad, pues entre todos y todas sabremos convertir nuestros proyectos en realidades. 

No puedo olvidarme de quienes en estas fechas navideñas se preparan a conciencia para entrar de lleno en las fiestas navideñas, ya sea disfrazándose de Papá Noel o de rey mago, ya sea de pastorcillo en los belenes vivientes o de Virgen María, ya sea preparando cestas surtidas o reponiendo polvorones en los grandes almacenes. No dudo que el esfuerzo conjunto dará como resultado un resultado conjunto.

Si sabemos encontrar el rumbo, nuestro timón no dudará qué rumbo seguir. Si acertamos a mantener firme el timón, llegaremos a puerto. Si comemos demasiado turrón, nos caerá mal. 

Felices fiestas.

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viernes, 22 de diciembre de 2017

Aquí, las tres primeras entregas de mi cuento navideño, en INFOLIBRE.
El viernes próximo, la cuarta y última: 

https://www.infolibre.es/noticias/los_diablos_azules/2017/12/22/reposteria_irresponsable_cuento_navideno_73375_1821.html

domingo, 17 de diciembre de 2017

CONTINGENCIA Y NECESIDAD



(Publicado ayer en prensa)

Gane quien gane el próximo jueves las elecciones catalanas, las ganarán, aunque las pierdan, los independentistas. Las ganarán no sólo porque entra dentro de lo posible que las ganen, sino porque ya han elaborado el discurso del triunfo moral en previsión de un fracaso porcentual: unas elecciones ilegítimas e ilegales, con riesgo de pucherazo, en desigualdad de condiciones, con candidatos encarcelados, y sometidas además a la manipulación por parte de los poderes estatales. Pero lo curioso es que, gane quien gane, si se cumplen las previsiones, las perderán todos, lo que sin duda servirá, en atención a la peculiar lógica política, para que todos se consideren triunfadores. Un triunfo prorrateado que tendrá como consecuencia previsible una situación de ingobernabilidad.

            En Amanece que no es poco, aquella película disparatada de José Luis Cuerda, un lugareño grita emocionadamente a la primera autoridad de su pueblo: “¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!”. Un sentir similar ha venido imponiéndose en Cataluña: España es contingente, una convención ahistórica, pero Cataluña es necesaria como entidad histórica natural. De ahí se ha pasado a un sentir un poco más desconcertante, aunque esperemos que transitorio: Cataluña puede ser de momento contingente, pero Puigdemont es necesario. Para coronar la deriva, el proceso parece estar ahora en su punto supremo: Cataluña es coyunturalmente contingente, pero inaplazablemente necesaria. 

Este punto de equilibrio entre lo contingente y lo necesario sólo presenta un defecto: que nadie acabe sabiendo qué es lo uno y qué es lo otro, de modo que lo contingente se confunda con lo necesario y viceversa, lo que no dejaría de ser una contingencia innecesaria. Por ejemplo: que, para que Cataluña se erija ante el mundo como una necesidad, los catalanes tengan que extremar su contingencia ante el mundo; que, para que la patria se imponga como necesidad, los ciudadanos contingentes padezcan la contingencia del sacrificio por la patria. O dicho de otro modo: para que exista una república independiente, resulta inevitable que la ciudadanía en pleno se someta a la dependencia de su república, ya sea esta contingente o necesaria para cada cual, así se dé la contingencia de que la corriente secesionista se erija en necesaria frente a la contingencia de los unionistas innecesarios. 

¿Fuga de empresas e incertidumbre económica? Sacrificio. ¿Políticos heroicos que acaban resultando cómicos? Sacrificio. ¿Perspectivas de aislamiento aldeano? Pues sacrificio. Y así hasta que el entendimiento aguante, en el caso de que podamos implicar al entendimiento en los mecanismos emocionales de las quimeras  colectivas. 

            El próximo jueves ganarán todos y perderán todos. Porque no se trata de una pugna entre programas políticos, sino de un pulso entre realistas y utópicos, entre mártires y opresores, entre alucinados y pragmáticos. Entre la contingencia, en suma, y la necesidad. Sin punto medio.

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viernes, 15 de diciembre de 2017

Hoy, en INFOLIBRE, sale la segunda entrega -serán cuatro- de un cuento mío navideño: pastiche entre Twain y Dickens, si se me permite la inmodestia al elegir los modelos.