sábado, 15 de junio de 2019

A LA MANERA DE ÁLVARO DE CAMPOS


Anteayer fue el cumpleaños de Pessoa.
Traigo aquí este poema que escribí intentando imitar los modos de Álvaro de Campos.




Estoy cansado de sentir.

De sentir incluso esos sentimientos

que he dejado hace tiempo de sentir

y que regresan desde el pasado como un eco

para que yo los sienta sin sentirlos.



Los sentimientos que están fuera de lugar,

los inesperados, también me cansan.

Me aburre este corazón que no para de sentir

incluso las cosas que no siente,

que no debería sentir, al no ser sentimientos

estrictamente suyos, sino de alguien

que está ya muy cansado de sentir.



No sé si lo que siento

es falso o es veraz, ajeno o propio,

y de ahí sin duda este cansancio,

mientras observo sin sentir nada

los barcos que zarpan con esos marineros

de redes invisibles

que navegarán sin sentir nada,

como tampoco lo siento yo mientras escribo esto,

como no siento cuando pienso en el pasado

y me digo: “Eso en lo que pienso nunca existió”,

y en ese momento tampoco mi yo fundamental –digamos- existe,

porque no está amparado por una densidad de tiempo verifi-cable,

un tiempo exclusivo que sostenga

lo que voy a sentir a continuación

sin sentirlo, y de ahí este barajar fantasmagorías

para echar atrás la tarde

engalanada de unos oros transitorios

y del humo de las fábricas,

la tarde que se fuga hacia la noche,

como el oficinista apesadumbrado

que, al regresar a su casa pequeña, se siente el emperador

de unos planetas desconocidos.



Y desde luego la nostalgia, sí, la nostalgia

de aquel que sentía lo que creía sentir

y derivaba todo cuanto sentía al gozo o al dolor,

y no a la indiferencia del sentir,

como este yo de ahora que no siente

la obligación de sentir.



Nostalgia

de cuando la vida era más vehemente y un poco más extraña,

al menos como recuerdo que yo la sentía,

aunque quién sabe.

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(Del libro Ya la sombra, 2018)

DYLAN por SCORSESE

Acaba de estrenarse.
De nuevo, tras la inolvidable No Direction Home, Dylan a través de Scorsese.
Una gira extravagante, en 1975. Un documental que juega con el testimonio y con la mentira bromista. Un genio patoso en la carretera, con una trupe de estupendos patosos alrededor.
Pero, sobre todo, más allá del ambiente circense de aquel experimento, un Dylan que versiona maravillosas canciones propias para convertirlas en maravillosas canciones diferentes.


miércoles, 12 de junio de 2019

martes, 11 de junio de 2019

18

(En Cádiz)
 
No era fácil, pero, a veces, cuando se juega al 50% con el azar, se consigue.

JUEGO DE TRONOS

En EL MUNDO escribo sobre esta serie tan entretenida como controvertida.

https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/06/10/5ced1fb621efa0764d8b4660.html?fbclid=IwAR2DZhfE5gUJqlSEyMjfaWswl0mB3dTMwR5JZGRAi0uvK2NVt9JYKBJW0-U


lunes, 10 de junio de 2019

(Para quien quiera aburrirse durante unos 45 minutos...)


ALGUNOS PARÉNTESIS



(El artículo que publiqué el sábado en la prensa.)


La frutera del barrio comenta que apenas gana unos céntimos con la venta de un kilo de sus productos, que tiene que levantarse a las cinco de la mañana para ir a la lonja, que en verano la mercancía se le estropea de un día para otro, pues el precio de la luz le impide tener una cámara frigorífica. (Mientras tanto, sus señorías aprueban una partida presupuestaria para renovar sus dispositivos móviles.) El peluquero del barrio se queja de que el alquiler de su local esté gravado con el 21% de IVA, en tanto que el dueño del local se queja de tener que tributar, en concepto de IRPF, el 19% de su importe, cargas invariables así se trate de una oficina de 500 metros cuadrados en el centro de Sevilla o de un kiosco de cuatro metros cuadrados en un suburbio de Ponferrada. (Mientras tanto, sus señorías extenderán la mano para cobrar sus dietas de alojamiento: 1.921 euros al mes si viven fuera de Madrid y 917 si residen habitualmente en la capital. Para que el alojamiento resulte más confortable, en ambos casos se trata de cantidades exentas de tributación.) 

           El estanquero del barrio coge cada mañana un autobús para ir de su casa a su comercio, gasto que no le cuenta como desgravable, por la insensatez que implica el vivir lejos del lugar de trabajo. (Mientras tanto, nuestras señorías, en caso de no disponer de coche oficial, cuentan con un bono anual de 3.000 euros para taxis.) 

El barrendero del barrio está contento con la subida del salario mínimo: va a cobrar 900 euros al mes. (Y va a ganarlos gracias a la gestión de unas personas que pueden ganar casi 88.000 euros anuales para que el barrendero pueda ganar 900 euros mensuales.) El parado del barrio está casi tan contento como el barrendero del barrio: va a entrar en una bolsa de trabajo durante seis meses, antes de recuperar su condición de parado de larga duración. (Mientras tanto, un ministro saliente, así salga por pies a causa de un escándalo, cobra 4.700 euros mensuales durante tres meses.) 

Tras tener colgado durante más de un año el cartel de SE ALQUILA en su piso del barrio, la anciana que se fue a vivir a una residencia decidió rebajar el precio para no tenerlo vacío y para que le rentase algo que complementara su pensión de viudedad, por poco que fuese. (Mientras tanto, en una oficina lejana, un técnico de Hacienda, ante un plano virtual del catastro, está redactando un informe en el que da por hecho que se trata de un precio doloso, al estar por debajo de los precios de mercado que fijan los parámetros oficiales para nuestro barrio, y reclamará a la viuda una tributación complementaria, con el posible añadido de una sanción por fraude.) 

            Y es que los barrios tienen ese defecto: el de estar sujetos a la realidad. Sin fantasías. Al precio justo.

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viernes, 7 de junio de 2019

(Perdonen la insistencia con lo del libro, pero esto va por rachas, y ahora es lo que toca.)

Carlos Mármol publica hoy este artículo en LETRA GLOBAL.




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https://cronicaglobal.elespanol.com/letra-global/cronicas/benitez-reyes-escuela-de-carpinteria_251355_102.html?utm_source=Twitter_LGlobal&utm_medium=Social&utm_content=Post

lunes, 27 de mayo de 2019

LA TABERNA



(Publicado en prensa)


Cuando alguien decide dedicarse a la política sabe de sobra que, para gestionar la realidad, tiene que desvincularse lo antes posible de la realidad. Desvincularse de ella no por desdén, sino para no verse desbordado por ella, de modo que se ve obligado a optar por una forma específica de fantasía: sustituir a la gente por estadísticas, reducir los conflictos a números decimales y transformar la gestión en discurso, mejor cuanto más grandilocuente y enaltecedor. 

        Para un político, vivir atento a la realidad en crudo supondría vivir en el infierno, y de ahí que prefiera mudarse al paraíso de lo imaginario, donde los problemas no pasan de ser abstracciones que vagabundean por su despacho como fantasmas suplicantes. Siempre resultará más cómodo que una persona sea una entelequia que consta como desempleada en la base de datos del INEM, por ejemplo, que tener cara a cara a un ser de carne y hueso que no logra sobrevivir en un sistema que lo ampara de boquilla y que lo margina de facto. De ahí la incomodidad del gremio político en cuanto pisa la calle, expuesto al asedio quejumbroso de la gleba, y de ahí la magnitud del sacrificio que lleva a cabo en campaña electoral.

            El martes pasado, en el pleno de constitución del Congreso, asistimos a la puesta en escena, por parte de algunos de nuestros representantes electos, de ese propósito de escapar cuanto antes de la realidad para ingresar en la esfera de los ensueños  de carácter autista. En medio de un clima confuso de patio de colegio, algunas señorías teatralizaron sus melodramas personales, sus estrategias egolátricas y sus delirios refrendados en las urnas, según el sentido del espectáculo de cada cual. Nadie esperaba menos, aunque es posible que nadie necesite tanto.

            No sé: sentamos a una gente en una butaca para que solucione los problemas genéricos de nuestra vida en común y resulta que esa gente acaba siendo, por sí misma, un problema complementario. Porque creo que estaremos de acuerdo en que no es lo mejor para nuestra convivencia el que la sesión inaugural de una legislatura -con la que teóricamente se abre un periodo de esperanza colectiva- acabe pareciéndose a uno de esos programas de la televisión basura en que se disputa un premio a costa de la propia dignidad.

            Tras los pataleos, aspavientos y juramentos a la carta, la nueva presidenta de la cámara, la señora Batet, dio un breve discurso que, lejos de acogerse a la retórica previsible, aliaba el sentido común con el decoro, pero, tras lo ya visto y oído, sus palabras, tan coherentes, resultaron incoherentes en aquel contexto caracterizado por la gestualidad y la bravuconería. 

Mal iremos, en fin, si el Congreso se convierte en la taberna nacional. Mal.

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viernes, 24 de mayo de 2019

miércoles, 22 de mayo de 2019

WILD WILD COUNTRY... e incluso más que wild


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Anoche, los tres primeros episodios -son seis- de esta serie documental en torno a la secta del gurú conocido como Osho, un santón pasmado que coleccionaba Rolls Royce, en protagonismo compartido con su secretaria: la manipuladora, maquiavélica, astuta, egolátrica, servil, codiciosa y venenosa Sheela.

Estupor absoluto. La investigación en torno a un delirio colectivo. Una secta pacifista que acaba formando un ejército armado hasta los dientes. Un mensaje sagrado que acaba en intriga política.

Estrategias de manipulación de masas que resultarían increíbles si no fuesen realidad... y que, aun así, constatadas, siguen pareciendo increíbles.

De fondo, un retrato desolador del género humano, de la cota de estupidez que podemos alcanzar a poco que nos sugestionen con una promesa de redención.

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