martes, 31 de marzo de 2009

FLORES


FLORES


Oscar Wilde escribió que la muerte es un buen precio por una rosa roja, que es frase propia de un esteta y que contiene una especie de abstracción lírica tal vez un tanto atolondrada, pues ¿qué rosa, por roja que sea, puede valer lo mismo que una vida?

Shakespeare puso en boca de Oberón, el rey de las hadas y los elfos, la fantasía de que la flor llamada "love-in-idleness" (nuestra trinitaria o pensamiento silvestre) fue traspasada por un dardo extraviado de Cupido, lo que tornó su blancura prístina en una coloración purpúrea. Si hemos de creer a Oberón, cuando el jugo de tal flor se aplica sobre los párpados de un durmiente queda éste hechizado y se enamora del primer ser vivo que se le pone a la vista, así se trate de un asno, que es lo que fue a sucederle a la reina Titania.

Ovidio avisaba de que la hora por venir habría de ser menos dichosa que todas las horas precedentes: las ramas blanqueadas por la escarcha él las había visto antes cubiertas de violetas, de modo que no dudó en darles a las doncellas un consejo horaciano envuelto en el celofán de la metáfora: "Coged la flor, porque si no la cogéis, caerá por sí sola marchita", consejo en el que insistió el poeta Ausonio.

En nuestro cancionero oímos esta voz: "Que todo se pasa en flores, / mis amores, / que todo se pasa en flores".

A mediados del siglo XII, Jaufré Rudel, príncipe de Blaya, se enamoró de la condesa de Trípoli sin haberla visto jamás, aunque fascinado por los comentarios que hacían de ella los peregrinos regresados de Antioquía. Por verla, se hizo cruzado, con tan mala ventura que, durante la navegación, cayó muy enfermo y llegó moribundo a Trípoli. Enterada la condesa de las dos enfermedades del desconocido, fue a visitarlo y el príncipe expiró entre sus brazos. En ese mismo día, la condesa se hizo monja. En los versos que escribió como bálsamo de sus fantasmagorías platónicas, Jaufré Rudel aseguraba que los largos días primaverales, con sus cantos de pájaros y sus espinos en flor, eran para él idénticos a los del invierno helado, pues tenía lejos a su amada.

Vicente Huidobro, el diligente poeta chileno, propuso "tocar un heliotropo como una música", al tiempo que concibió la pintoresca idea de que "Dios arranca los ojos a las flores pues su manía es la ceguera".
En 1924, el aviador, diseñador aerodinámico y escritor Fedele Azari publicó un manifiesto: La flora futurista y equivalentes plásticos de olores artificiales, en el que sentenciaba que "las flores en general desentonan en nuestra modernidad mecánica y sintetizada", como consecuencia de lo cual el pintor Oswaldo Bot concibió un "Jardín futurista" entre cuyas especies se contaban la flor rascacielos, la flor dinamo, la flor legislativa, la flor péndulo manubrio y la flor tricúspide angular.

Bienvenida sea, en fin, de una manera o de otra, la primavera.

2 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Veo que ya has activado los comentarios. Te he enlazado a mi blog. Saludos desde Cádiz.

Jesús Cotta Lobato dijo...

¿Y no decían que Atila y los hunos se detuvieron a las puertas de Roma por alergia al polen de las rosas? Se non é vero, é ben trovato. Me alegro del nacimiento de esta bitácora. Lo conozco a usted a través de mi amigo Cabanillas.