martes, 1 de julio de 2014

MODALIDADES



Comoquiera que en España tenemos una experiencia privilegiada en ese particular, la corrupción política va perfeccionándose, ramificándose y estableciendo sus jerarquías específicas. La insistencia acaba dando, en fin, sus frutos, así sean amargos.

En primer lugar estaría, por derecho propio, la corrupción a secas, la corrupción por antonomasia: la que parte de la iniciativa particular de un individuo para corromper de paso, y de rebote, al sistema, que para eso está, pues parece claro que, a estas alturas, casi todo el mundo se ha hecho a la idea de la imposibilidad del desarrollo de las utopías, mientras que las distopías vienen solas. Ese lugar prominente corresponde, según decía, a la corrupción de toda la vida: nuestra corrupción cañí, heredera de los modales propios del bandolero que se lleva el botín a punta de trabuco, aunque, en atención a los tiempos y al espíritu que debe regir las sociedades avanzadas, el trabuco haya sido sustituido por la magia administrativa, ya sea aplicando el arte de la prestidigitación a unos ERE o las mañas del escapismo a los fondos para unos cursos de formación.

Una vez reconocido el predominio y arraigo de esa modalidad, no debemos pasar por alto otros rangos de corrupción que, no por menos vistosos, resultan menos malolientes ni menos honorables. Podría hablarse de vicecorrupciones y de semicorrupciones, por no hacer el catálogo demasiado extenso y que, al final, los corruptos acaben liándose y no sepan con exactitud en qué modalidad se enmarcan sus acciones. 

Una corrupción canónica casi siempre lleva consigo la imagen de una mano extendida, ya sea para coger un sobre o para firmar una recalificación de terrenos, pongamos por caso. Es lo bonito que tienen las corrupciones tradicionales: que todo se hace de un modo artesanal. Una vicecorrupción conlleva, por su parte, una estrategia más sofisticada, como por ejemplo la que implica el hecho de que un gestor público mantenga unos ahorros en Suiza o un fondo de pensiones en Luxemburgo, a salvo de las veleidades del mercado y de los castigos fiscales que ellos mismos imponen a los demás. La semicorrupción tiene unos contornos más difusos, un espectro más diversificado, y no afecta directamente a la cosa de los dineros: es semicorrupto el que tolera y ampara la corrupción, el que practica la corrupción retórica de los discursos engañosos, el que promete en vano, el que adula electoralmente a los débiles para legitimar por vía democrática los privilegios de los poderosos o el que se pone a sueldo de los magnates con el aval de su experiencia en lo público. Por no seguir.
 
 De todas formas, lo peor de la corrupción no es tanto la corrupción misma como las excusas de los corruptos pillados en falta. Ahí entra en juego –“Yo no he sido”- otro tipo de corrupción: la de la inteligencia. Si la hubiere. 

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4 comentarios:

Menchu Sarrión dijo...

Agudo y genial; pero si te cargas los bandoleros, me voy quedando sin héroes...Los eres y fondos, lo veo màs en la ascendencia mora:pa mi primo, prima y pa mí.

Anónimo dijo...

Y todo en diferido...es lo peor ¿verdad?, que nunca sepas cuando se va a terminar.

Nota. Echo de menos al Trillo, gran humorista, ése del "¡Vivaaaa, Honduras!" y reputadísimo amigo de sus amigos juristas.
Esto no tiene nada que ver, lo sé, con lo que nos trae. ¿O sí?



Uno de la Judería

Francisco José Martínez Marín dijo...

El corrupto es un ganador revestido de infamia, en el peor de los casos sin infamia. El poder del dinero (corruptor) puede con el poder político (el corrupto), pero singularmente es el político el instigador, como el adicto a la heroína busca al traficante. los papeles se trastocan. Ciertamente preocupante es el halo de buena fama (véase artistas o deportistas de élite defraudadores, políticos con dinero en paraísos fiscales o partícipes en SICAVS)que se pavonean a la salida de los juzgados o al ser inquiridos por ello. Aquí el autor de ese famoseo es el público, o el electorado, o los posibles trabajadores en obras con licencia amañada, etc. Partícipes de una ganancia, una complacencia y una indolencia.

Antonio Cruz dijo...

y el corrupto que ahogado en sus malas artes ya no se lleva dinero; que el dinero no le va, porque a él le va seguir en el sistema de los corruptos, que es el modo más vil de todos, aquel parecido al cubo de cangrejos; de allí nadie sale porque desde abajo ya se encargan todos de arrastrarlo de nuevo a sus miserias?