lunes, 16 de junio de 2014

EL PENSAMIENTO



La presidenta de Argentina, que no se las suele pensar dos veces, ha creado una Secretaría Estratégica del Pensamiento Nacional. A su frente ha puesto nada menos que a un filósofo, cuando lo normal es que los organismos estatales acaben regidos por políticos, que, gracias a una ciencia infusa de condición portátil, lo mismo entienden de agricultura que de sanidad, lo mismo de turismo que de los misterios numéricos de la hacienda pública, pues no se conoce una versatilidad más alardeada que la de los servidores públicos.

            Supone uno que la creación de esa secretaría requirió un debate previo sobre su denominación, ya que, en vez de Secretaría Estratégica del Pensamiento Nacional, bien pudo denominarse Secretaría Nacional del Pensamiento Estratégico, ya que el orden de los factores no alteraría el producto, de por sí bastante exótico.

            La palabra “pensamiento” tiene un problema: que soporta mal la adjetivación. Por sí sola, da una idea de voluntad reflexiva, de afán interpretativo de todas esas realidades que conforman la realidad, de ahondamiento, en fin, en las cosas, tanto en las tangibles como en las abstractas. Pero si se le añade un adjetivo, según decía, la palabra “pensamiento” da mucho que pensar, y casi siempre de regular para abajo.

            No soy quién para inmiscuirme en las políticas foráneas, pero me temo que la posibilidad de que exista un pensamiento nacional específicamente argentino tal vez rebase el ámbito estricto de la filosofía para invadir imprudentemente el del esoterismo, y mejor papel haría al frente de esa Secretaría Estratégica un vidente televisivo que un filósofo, dicho sea menos como reproche que como sugerencia.

            El concepto de “pensamiento nacional” requeriría una aclaración sobre su esencia, a saber: si es algo que existe por encima del pensamiento individual, a modo de entelequia telúrica, por decirlo de alguna manera, o si es algo que se delimita y define estratégicamente desde una secretaría estatal de condición asimismo estratégica. Creo que Ricardo Forster, el filósofo que tiene la encomienda gubernamental de regir el organismo, debería editar antes que nada un folleto con las instrucciones de uso de ese pensamiento nacional, para que la gente no lo confunda con el pensamiento privado, que tiene el defecto endémico de tomar las veredas más insospechadas y de saltarse incluso las fronteras.

            En España vamos por delante de Argentina en cuestiones de pensamiento nacional: hemos logrado imponer desde hace tiempo el pensamiento autonómico, que viene a ser una fórmula de atomización muy práctica, ya que un tarraconense no tiene la obligación de pensar lo mismo que un alicantino ni un pontevedrés tiene que calentarse la cabeza con lo que quiera que piense un malagueño. 

          Aquí el pensamiento va por barrios, como quien dice. Incluso por el Barrio Sésamo.


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2 comentarios:

Francisco José Martínez Marín dijo...

Con este Ministerio no se pretende el monopolio de su ejercicio que el de Justicia por ejemplo supone, y no porque el pensamiento, tan evanescente y personal, esté privatizado desde los albores de la humanidad y ahora se trate de expropiar algún aspecto o atisbo de él; no, se trata como en el de Cultura, Educación o Ciencia, decir qué es cultura, educación, ciencia, y, en este caso, pensamiento, y fomentar su uso; por qué, se dirán, porque el aspecto nacional del mismo interesa al Estado, puede ser útil, como fue la formación del espíritu nacional; "el patriotismo es la virtud de los depravados" O. Wilde.

Anónimo dijo...

Dejo aquí una crítica (los críticos son en realidad exfilósofos) que apunta directamente a la estabilidad mental, con lo que eso conlleva para el pensamiento, del nuevo secretario, pues asegura que éste, un día, dejó de ser inteligente y formal (no aclara el proceso, pero como lo dice quién fue su maestro alguna razón debe llevar)



"El historiador y columnista de La Nación Luis Alberto Romero indicó: A este Gobierno solo le queda algo más de un año. Muy poco [tiempo] para engendrar una cultura nacional, aunque suficiente para que algunos trabajadores del intelecto se prendan de la teta del presupuesto estatal”. Romero, que fue profesor de Forster, añadió respecto a su antiguo alumno: "Es una persona muy inteligente y formada. Después cambió un poco. Lo más notable es la secretaría que se le ha creado. Primero, por lo de 'estratégico', una palabra que hubiera usado [el general Juan Domingo] Perón, porque este Gobierno no puede coordinar estratégicamente nada. Y luego, está el viejo caballito del pensamiento nacional, como si hubiera un pensamiento nacional y otro no nacional".

(texto extraído de nuestro gran periódico el País, que un día fue centro del pensamiento nacional"


Uno de la Judería