miércoles, 9 de enero de 2013

UNA PROPUESTA DE VERTEBRACIÓN



Donde se exponen unas soluciones razonables para trocear España al gusto de todos



Parece claro que lo que hasta ahora entendíamos por España está entrando en fase de pura entelequia, motivo por el cual se imponen iniciativas que para algunos serán traumáticas y que para otros supondrán un alivio.

Para empezar, habría que convocar cuanto antes la consulta sobre la independencia catalana, aunque el espectro de dicha consulta no debería reducirse al ámbito catalán, sino al ámbito global de las Españas, con lo cual, paradójicamente, tendrían más oportunidades de éxito quienes ansían independizarse de España para pasar a depender de Europa. Una vez independizada, Cataluña podría hacerse cargo de Melilla, para que de ese modo tenga su cupo colonial. 

Ya puestos, podríamos conceder la independencia de forma automática, sin necesidad de hacer gasto en un referéndum, al País Vasco, con el regalo de Ceuta, para no crear agravio entre los pueblos liberados de su yugo y como compensación además por los territorios vascos usurpados por Francia. Incluso podríamos ponernos rumbosos y conceder la independencia a los gallegos, otorgándoles la soberanía sobre Gibraltar. Comprende uno que regalar Gibraltar es como regalar una finca embargada y llena de okupas, pero estoy seguro de que los dirigentes del nuevo estado gallego sabrían gestionar la situación, ya que, al disponer de un formidable flota pesquera susceptible de transformarse en flota bélica, pueden reeditar una versión moderna de la batalla de Trafalgar, aunque cabe desearles que con el final cambiado.

Estas pérdidas territoriales tendrían que verse compensadas, como es lógico, de modo que se impondría la anexión de Portugal por parte de la corona española, trámite que sin duda se resolvería por la vía pacífica, pues resultaría raro que un país aquejado de saudade se animara a padecer el estrés que propician las trincheras. Como gesto de bienvenida a los antiguos lusos, se daría al bacalao el rango de plato nacional, ya que el curso de la Historia nos enseña que ese tipo de gestos fomentan la integración y disuelven, por vía simbólica, la sangre de las heridas internas que sin duda provocaría la disolución del país vecino como tal país, pasando de vecino a miembro de la familia.

Dado que todos los españoles compraríamos toallas y sábanas portuguesas, que ya serían españolas, provocaríamos una crisis en la industria textil catalana, con lo cual solventaríamos, de paso, el afán mezquino de venganza que late en toda escisión, ya sea política o meramente matrimonial. Los vascos, por su parte, tendrían que llenar Ceuta de erchanchas e ikastolas. Al ser el bacalao el plato nacional, como ha quedado dicho, la industria pesquera de Galicia vería mermada sus exportaciones, y más aún si tenemos en cuenta que la mayor parte de su flota pesquera, una vez convertida en flota bélica, andaría en guerra con los gibraltareños.

En fin, que todo es muy fácil, aunque todo sea un lío. Feliz año.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡ Viva Cartagena ¡

Emilio Fernández dijo...

Muy bueno Felipe. Lo de la flota pesquera ya está en marcha, pues hemos invadido las aguas gibraltareñas con barcos pesqueros de Algeciras y La Lïnea, o sea andaluces, sin necesidad de que sean gallegos. Por cierto, ¿cómo quedaría Al Andalus en tu mapa?

Lidia dijo...

jajjajaj...buenísimo.

:)