martes, 1 de diciembre de 2015

(UN POEMA OTOÑAL)

La caída mecánica de un oro evanescente:
la hojarasca sin rumbo que naufraga en el viento.
Y esta serenidad de una abstracción que muere
en las manos del frío, con sus uñas de hielo.
Y el temblor de las hojas. Y el temblor de las fuentes:
el agua prisionera que rompe su silencio.
Y esa luna suicida entre nubes de éter.


Y el tiempo que se va para ser tiempo.
.

(F.B.R., del libro La misma luna, 2006)

domingo, 15 de noviembre de 2015

EL HEROÍSMO CONFORTABLE



Hemos avanzado: antes, si un territorio decidía independizarse o si alguien tenía la ocurrencia de anexionarse un territorio, las cosas se resolvían casi ineludiblemente en el campo de batalla. No se salía con la suya quien tenía más razón, sino quien tenía más fuerza. No era preponderante ni decisivo el discurso, sino la eficacia militar. Hoy, por fortuna, una declaración de independencia puede decidirse pulsando un botón desde un escaño de terciopelo. Es una de las ventajas de los regímenes democráticos: tener la obligación de asumir de forma incruenta esas maniobras extrademocráticas que se amparan en la defensa de una democracia alternativa, adornada por lo general con componentes mágicos: la consecución de un paraíso sociológico o, como poco, la recuperación de un edén vernáculo usurpado por un enemigo más o menos ficticio y más o menos calculadamente robotizado en el imaginario colectivo. 

            En Cataluña, lo primero que se ha independizado han sido las matemáticas, que allí han pasado de ser una ciencia exacta a convertirse en una ciencia esotérica: un 47,8% es más que un 52,2%. O lo que viene a ser lo mismo: una suma de diputados vale más que una suma de ciudadanos.
            Los políticos catalanes que han optado por proclamar teatralmente la independencia parecen pensar más en los futuros libros de historia que en el presente, lo que si bien puede entenderse como un gesto loable de previsión, también podría malinterpretarse como un síntoma de profetismo, y ya sabemos que no ha nacido aún el profeta que dude de su clarividencia. Hay mucho de heroísmo ornamental en su actitud, sabedores de que al fin y al cabo la sangre no llegará jamás al río y de que cualquier acción que se les aplique, ya sea judicial o policial, no hará sino nimbarlos de santidad en su versión cívica. Aunque fracasen, saben que triunfarán, pues su éxito depende en gran medida de la dimensión de su cataclismo, mejor cuanto más dramático. Es un juego curioso: gana más quien pierde que quien gana.

            En Cataluña estamos asistiendo a lo que parecía apenas una suposición intelectual un tanto apocalíptica: la muerte de las ideologías, en beneficio en este caso de un supraconcepto: la república catalana independiente, que al parecer es algo que está no sólo por encima de las controversias partidistas, sino por encima incluso de la realidad catalana, aunque no desde luego por encima de Artur Mas, que es el Hamlet, el Arlequino y el Míster Bean de este pintoresco sainete.

            ¿La solución pasa por la convocatoria de un referendum, por el diálogo político –sea eso lo que sea-, por la aplicación a rodillo de las leyes? Doctores tiene la conjetura, pero mucho me temo que la solución del problema no es otra que el problema en sí. Y es que quien tiene la habilidad de crear un conflicto irresoluble suele saber lo que se trae entre manos: tanto el veneno como el antídoto.

.

lunes, 2 de noviembre de 2015

EL CASI, EL EX Y EL PRE

(Publicado el sábado en prensa)



Si buena parte de las maniobras políticas de las altas esferas del poder tiene mucho de sainete, hasta miedo da pensar el grado paródico que ese sainete puede alcanzar a nivel de pueblo menor de 20.000 habitantes, como lo es por ejemplo la localidad gaditana de Chipiona, donde un ex cabecilla local del PP está que se lo llevan los mismísimos duques del infierno por el hecho de que el PSOE haya incluido en sus listas para el Senado a una ex concejala de su pueblo a la que él tiene doblemente denunciada por diversas ex actuaciones presuntamente pavorosas. Tales denuncias están aún en mero trámite, pero, lejos de achantarse ante la lentitud de las diligencias judiciales, el ex capitoste ha optado por insistir en el argumento de que se trata de una casi imputada, de una precondenada, de una predelincuente que el día menos pensado, en cuanto los jueces se espabilen, será más carne de presidio que de cámara alta. 


Resulta evidente que estamos ante una versión chipionera de Regreso al futuro, comedia de enredos temporales de la que acabamos de celebrar el trigésimo aniversario de su estreno. Y se pregunta uno: ¿tendrán en la sede del PP de Chipiona una bola de cristal en la que el porvenir se manifiesta con la nitidez de un guiñol? Cosas más raras se han visto, como por ejemplo el noviazgo tripartito entre Mas, Junqueras y Baños, que a estas alturas son ya los prepadres de la prepatria catalana, en un revoltijo admirable de miembros de la alta burguesía y del anticapitalismo, de herederos de la corrupción tradicional y de paladines de la anticorrupción, con un grado de armonía equiparable al de aquellos folletos de los testigos de Jehová en que el león yacía junto a la oveja, el niño junto al lobo feroz y la gacela junto al tigre.   


La ex concejala y presenadora chipionera debe de estar, en fin, que no le llega la blusa al cuerpo, pues me temo que todo político le teme más a una preimputación que a una imputación propiamente dicha, ya que el nivel de incertidumbre de la primera supera al de la segunda, y lo que menos necesita un político son incertidumbres, al ser su materia de trabajo el porvenir y no el presente: lo que importa no es lo que se está haciendo o dejando de hacer, sino lo que se hará, pues la esencia de todo buen discurso político no es tanto la realidad en crudo como ese preterritorio mítico que nuestros prerregidores nos pintan en los programas electorales.


Si el ex dirigente del PP de Chipiona asegura que la ex concejala y presenadora chipionera es una preimputada, sus razones tendrá, y ya veremos si el tiempo y la justicia –que suele ir a contrapié del tiempo- le dan la razón. Mientras tanto, aquí estaremos nosotros, expectantes ante la resolución del precirco, del circo y del postcirco. 

.

domingo, 1 de noviembre de 2015

EL CIUDADANO, EL PINTOR Y EL EREMITA

Esta es la semblanza que he escrito para el catálogo de mi paisano el pintor Manolo Tosar (Tosar Granados), que ahora expone en Jerez de la Frontera, en los claustros de Santo Domingo.




Cuando el pintor Tosar Granados es el ciudadano Manolo Tosar, con su melena y su barba de reminiscencias bíblicas, con su piel tostada y tersa de santificado, te da la impresión de que se trata de un eremita que acaba de volver de los rigores del desierto de cumplir una larga y mortificante penitencia por sus disipaciones.

Hablas con Manolo Tosar y ahí tienes un gran espectáculo: gesticula gallardamente con el aplomo de un monarca escapado de una obra de Calderón de la Barca, te dice algo con su voz imponente de tenor, mueve la mano en el aire como si el aire fuese un lienzo, se levanta de la silla y da dos vueltas sobre sí mismo para celebrar una ocurrencia o para escenificar un asombro, dice algo y se tapa de inmediato la boca para dar a entender que quizá no ha debido decir lo que ha dicho, te interroga con un alzamiento de las cejas si ha debido decir eso que ha dicho, le confirmas que él puede decir lo que se le antoje, se ríe con su risa de bucanero bueno de los mares del Sur, se mesa la susodicha barba bíblica, distrae durante un segundo los ojos vivaces en una lejanía abstracta, como si buscase allí un argumento perdido, te mira, se mira un poco por dentro y complementa toda esa teatralidad con una frase sentenciosa que de inmediato se arrepiente de sí misma, de su solemnidad y vehemencia, para coronarla al instante con un alegre disparate, acompañado convenientemente de la ya referida risotada de aristócrata de la piratería.


Eso en la calle. Porque, en cuanto se encierra en su estudio, en su taller de blancuras y de espectros de colores, ahí tenemos ya a Tosar Granados, el maestro pintor, el que discute con los fulgores y las sombras, el que pacta con las figuras huidizas, el que pone cepos líricos a la luz para apresarla, para darle un molde y un sentido, para ponerla más en claro. El Tosar Granados que construye deslumbramientos geométricos. El Tosar Granados que pronuncia el abracadabra de la blancura para que se haga la blancura. El hechicero que transforma la luz incorpórea en una materia densa y expansiva. El de los corros de personajes grotescos. El de las muchedumbres arábigas que parecen estelas de colores en fuga.


Ahí, en su estudio, hablando y batallando consigo mismo, gesticulando para sí mismo, convirtiendo en tangible lo incorpóreo, es donde Manolo Tosar, el ciudadano con aspecto de eremita, se convierte en el eremita Tosar Granados: el solitario ante su arte. El hombre que recrea los desiertos infinitos y las esquinas pequeñas. El constructor de un mundo de azoteas y de páramos, de escenarios entre reales y oníricos: tan reales a veces, que dislocan la realidad; tan oníricos, que acaban resultando delicadamente hiperreales.

Allí, en su taller de alquimista que sabe convertir la nada en luz, es donde Manolo Tosar se repliega sobre sí mismo para que hoy podamos disfrutar, en fin, de los encantamientos minuciosos y refulgentes de los cuadros de Tosar Granados.

.


viernes, 30 de octubre de 2015

SUELTOS

A todo escritor le conviene estar convencido de que escribe obras inmortales, aunque con el convencimiento paralelo de que el más inepto de los ineptos está convencido de exactamente lo mismo que él.


En este mundo, lo único que está del todo claro es que un pesimista no puede ser meteorólogo.


A la "solemne" resolución soberanista que aprobará el parlamento catalán sólo se le puede poner una pega, y de mero matiz: declara que la Cataluña independiente tendrá "forma de república", pero el caso es que todos los indicios apuntan a que ya tiene un señor feudal.


Para cualquier "declaración solemne", ya conocemos el antídoto: la risa floja.

domingo, 18 de octubre de 2015

ENTRE LEYENDAS



(Publicado ayer en prensa)


El pronóstico de Antonio Machado parece seguir vigente: una de las dos Españas puede helarnos el corazón, sobre todo si resulta que la otra España está que arde. El problema –o el consuelo, según se mire- es que las dos Españas son al menos tres: la tercera en discordia sería esa España boquiabierta que observa a las dos Españas tradicionales, las de las banderas y los himnos antagónicos, las de las abstracciones en pugna, ya que cualquier forma de patriotismo tiene una vocación intimidatoria: por clarividencia infusa, el patriota intenta convertir su parte en el todo y hacer que su cuota de realidad privada se imponga a la realidad colectiva, que paradójicamente nunca es colectiva. Entre quien besa una bandera y quien escupe sobre esa misma bandera no hay tanto una disconformidad ideológica de fondo como un desajuste de forma, pues la sugestión simbólica es idéntica: la bandera como cosa en sí. Todo el que escupe sobre una bandera acaba besando, en definitiva, otra bandera.

Estamos en el momento de los discursos heroicos, y eso casi nunca es buena señal, ya que quien recurre a la retórica del heroísmo no sólo se cree un héroe, sino que además está exigiendo adhesiones inquebrantables a su ensueño. (Estamos también en el momento de la retrohistoria, de las interpretaciones del pasado a capricho y conveniencia, y eso es tal vez una señal aún peor, a pesar de ser muy divertida: el día menos pensado alguien nos dirá que el homo erectus, cuando atacaba en grupo a un mamut, estaba practicando una forma de salvajismo tan censurable como la de los partícipes en el festejo del Toro de la Vega. Tiempo al tiempo.) En esta España de Españas conviene que seamos juiciosos ante la proliferación fervorosa de fantasías patrióticas de cualquier signo, dado que toda identidad presuntamente colectiva necesita un antagonista para definirse, entre otros motivos porque una identidad mancomunada no es nada por sí sola. Quienes anteponen el concepto de “estado” al concepto de “patria” entienden que se trata de nociones que suelen ir en tangente; en cambio, quienes invierten los términos tienden a considerar que ambos conceptos son inseparables. A fin de cuentas, quien defiende el concepto de “estado” está defendiendo un modelo de funcionamiento social; quien defiende una patria, por el contrario, no sabemos con exactitud qué pretende defender, ni contra quién, y es posible que el patriota tampoco lo tenga muy claro. 

Entre la defensa de la sanidad y la enseñanza públicas y la defensa efusiva del apóstol Santiago o de Wifredo el Velloso existe, en fin, una ligera diferencia. No son defensas incompatibles, desde luego, pero creo que estaremos de acuerdo en que el beneficio que nos reporta cada cual sugiere prioridades. ¿Pero cómo se combaten las leyendas?

.

sábado, 17 de octubre de 2015

Bueno, todo se acaba. Después de siete años, fin de la revisión general de la novela.
La he dejado en manos de un acupuntor.


jueves, 15 de octubre de 2015

FANTASÍA DE MANHATTAN

(En el último número de la revista LITORAL publiqué este pie -en clave cinematográfica- para esta fotografía de Elliott Erwitt.)




FANTASÍA DE MANHATTAN

La actriz Fay Wray ha salido a pasear en la madrugada de niebla, esa niebla que se desliza en la oscuridad como los dedos errabundos y ciegos de un fantasma.

Sus pasos han guiado a Fay Wrey, como casi todas las noches de los últimos 20 años, al mirador desde el que se divisa el Empire State, con su silueta de jeringuilla. Fay Wray pasea de madrugada porque no puede dormir. 

Fay Wrey no puede dormir porque en sus sueños aparece el monstruo, y el monstruo la despierta. 

Fay Wray sueña que no es Fay Wray, sino su personaje Ann Darrow y que el gigante la transporta en su palma como si fuese una joya o un juguete. Sueña con los ojos titánicos y enamorados de la bestia vanidosa y de corazón vulnerable. Recuerda el aliento del coloso, aquel aliento como de manglares en proceso de fermentación. 

Todas las madrugadas, la actriz Fay Wray mira el Empire porque allí mataron al animal que se empeña en revivir en sus sueños, el animal que no la deja dormir. Una parte de ella –su cuota de Ann Darrow- se niega a asumir la muerte del monstruo galante. Era aterrador y delicado. Olía como toda una jungla. 

Cada noche, Fay Wray intenta convencerse –para poder dormir- de que King Kong está muerto.

domingo, 11 de octubre de 2015

FRAGMENTO DE LA NUEVA NOVELA

(En el nº 118 de la revista Clarín he publicado un fragmento de la nueva novela. Este es un fragmento del fragmento que doy allí.)




           (...) A pesar de estar medio en el limbo, mi pobre madre me agenció una tarea inesperada: acompañar a don Eladio Escapachini a Alcalá de Henares.
            Este don Eladio Escapachini había sido catedrático de historia en un instituto de Cádiz y estaba cegatón, hasta el punto de que ni siquiera los cristales con fondo de abismo polar de sus gafas le permitían ver mucho más que siluetas y borrones.
Cuando lo jubilaron, Escapachini se mudó al pueblo con su biblioteca, con su menaje de solterón y con sus erudiciones múltiples, dispuesto a seguir dando guerra en el territorio minado de las conjeturas históricas, para lo que tuvo que recurrir a la colaboración de Jiménez Pinzón, cronista oficial de nuestra villa, convertido en sus ojos, en su mecanógrafo y en su compinche de rastreos por las regiones nebulosas de Tartessos o por las calles luminosas de Gades bajo el esplendor del linaje de los Balbo.
Por lo que logré enterarme (mi informador fue alguien de tan poca solvencia intelectual como Fantomas, que sólo entendía de ovnis, aunque su juicio venia avalado por lo que le habían contado al respecto los próceres locales), Escapachini se había aventurado a arriesgar más de la cuenta en sus ensayos históricos, que editaba a su costa en la Tipografía Gadir, y la comunidad científica de la provincia no había tenido más remedio que refutar sus fantasías, que eran al parecer del género florido en cuanto a estilo y libérrimas en cuanto a fuentes y conclusiones: don Eladio Escapachini lo mismo ofrecía a los curiosos la localización exactísima del templo de Hércules que el fenotipo ideal de los fenicios, y con esas novelerías, camufladas de ciencia, buscó la buena fama y la honra profesional, para acabar en la otra punta. Aun así, era miembro de número de una academia jerezana en la que cabía el debate sobre asuntos científicos, humanísticos y, sobre todo, relativos a las bellas letras, y tan antigua y acreditada era por lo visto la historia de tan alto organismo, y tan fino el entendimiento de sus componentes electos, que se preguntaba uno cómo no había salido todavía de alguna sesión plenaria de aquella institución no ya una nueva fórmula para el soneto o la endecha, sino incluso el remedio filosófico definitivo para los males del espíritu humano tanto a nivel de grupo como de individualidad. “Allí sólo entran los mejores”, según nuestro catedrático, a quien se le doraba la boca por dentro con sus jactancias.
Al poco de venirse a vivir a Rota, Escapachini, fiel a su costumbre, promovió un pequeño escándalo erudito, ya que se animó a suponer que el nombre de nuestro pueblo provenía de la diosa fenicia Astarté, que derivó en el topónimo Astaroth, que a su vez derivó –tras un proceso de derivaciones igualmente misteriosas- en Rauta, que era el nombre –a un tris del actual- con que se lo designó en los tiempos de la dominación árabe, cuando era señor de la villa el aguerrido caudillo Sayf al-Dawla, gloria musulmana. Aquellas suposiciones las argumentó en un artículo que le publicaron en la revista de las fiestas patronales, con la mala suerte de que, unos meses después, un catedrático de la universidad de Sevilla que veraneaba en el pueblo publicó en la revistilla del Casino Municipal una desagradable refutación: Astaroth no era un nombre antiguo de Rota, sino más bien el de un demonio que tenía el rango de gran duque del infierno, mientras que el moro Sayf al-Dawla, más conocido como Zafadola, jamás pisó estos pagos, ya que no fue señor de Rauta, sino de Rueda, allá por la parte de Zaragoza. Escapachini, por lo visto, eludió cualquier controversia, como si el asunto no fuese con él, actitud que compartió con el cronista oficial Jiménez Pinzón y con el dueño de la recién inaugurada Autoescuela Astaroth, que había aprovechado la información contenida en el artículo del catedrático para bautizar su negocio con un nombre de resonancia forastera.
            Era el caso, en fin, que Escapachini tenía que ir a Alcalá de Henares a soltar una conferencia sobre el origen y la decadencia de Tartessos, invitado por un amigo suyo, compañero de armas en la remota milicia, que estaba igualmente jubilado y que presidía allí un círculo cultural-recreativo. Dado que Jiménez Pinzón tenía buena la vista pero dislocada la presión arterial, no se atrevía a acompañar a su socio de investigaciones en aquella expedición a una de las cunas mundiales del saber y, dado que Escapachini no podía viajar solo, entré en juego yo, que jamás había viajado más allá de Cádiz capital y del campamento de Cerro Muriano. “Así conoces mundo”, me animó mi madre, y la verdad es que aquella perspectiva me ilusionaba: lo lejano.
            Era la primera vez que hacía una maleta de viajero, ya que la que hice para irme a la guerra imaginaria lo era de cautivo, y a mi madre todo le parecía poco: vengan mudas y camisas, en previsión de lo imprevisible. “¿Cuánto va a pagarme?”, y mi madre me contestó que eso era lo de menos, que lo importante era al fin y al cabo la experiencia del viaje, y me pareció bien: la experiencia, el viaje. (...)

.

domingo, 4 de octubre de 2015

LO ABSTRACTO Y LO OTRO



Imaginemos que tres personas se ponen de acuerdo para echarse juntas al monte en busca de un oso. Una de ellas es un cazador. La otra, el representante de una asociación defensora de los animales. La tercera, un pastor al que los osos han diezmado su rebaño. ¿Qué hace cada cual cuando se encuentra finalmente frente al oso? Imagino que lo mismo que tenían calculado los socios del Junts pel Sí con respecto a Cataluña: debatir sobre el destino del oso desde posturas ligeramente incompatibles, aunque coincidentes en lo esencial: lo importante del oso es que sea un oso, no lo que cada cual tenga pensado con respecto al oso, al margen por supuesto de lo que el oso tenga pensado para sí.

            Osos aparte, resulta curioso que unos partidos políticos de signo divergente sean incapaces de ponerse de acuerdo en los asuntos prácticos que afectan a todo el mundo, pero que en cambio estén dispuestos a llegar a pactos inquebrantables con respecto a las entelequias que afectan a unos pocos. Algo así, no sé, como si una comunidad de vecinos, en vez de dedicar su presupuesto al arreglo del ascensor, lo emplease en contratar una cuadrilla de cazafantasmas para espantar al espectro en pena que el vecino del 3º asegura tener pululando por su piso.

            En contra de lo que pudiera parecer, ese tipo de convenios abstractos sobre cuestiones abstractas no deja de tener su mérito: la aplicación de un parámetro metafísico –la identidad patriótica, en este caso- que suplanta unas realidades –el paro, la corrupción, los recortes- que tal vez lo que menos necesitan sea la metafísica, a pesar de que todos reconozcamos que la metafísica es una cosa estupenda.

            Visto lo visto en Cataluña, es posible que el debate no hubiera que centrarlo en la realidad nacional, envuelta en unas neblinas retrohistóricas, sino en la realidad a secas. Y es que, se mire como se mire, resulta menos real que surreal el hecho de ver a Oriol Junqueras sacar pecho por Artur Mas, por mucho que Artur Mas sepa de sobra sacar pecho por Artur Mas. Se mire como se mire, tiene menos que ver con el surrealismo que con el realismo el hecho de que Artur Mas –precisamente él- se postule como el redentor de una nación oprimida por unos políticos que, al fin y al cabo, son sus cofrades ideológicos. 

            Amparados por la inflexibilidad y la torpeza del gobierno central, los abanderados independentistas disponen de barra libre: convertir unas elecciones autonómicas en un plebiscito, convertir las matemáticas en una ciencia inexacta y convertir una sociedad diversa en una sociedad dividida. No está mal. Como tampoco estaría mal que todos empezásemos a entender que el patriotismo es una cuestión privada, aparte de variable tanto en su grado de intensidad como en sus límites geográficos. Las patrias, al igual que los Reyes Magos, son, en definitiva, los padres. Y no precisamente los padres de la patria.

(Publicado ayer en la prensa)

miércoles, 23 de septiembre de 2015

lunes, 21 de septiembre de 2015

EL SEGUNDO HOMBRE

 

Unos amigos me han regalado este robot-corrector-estilístico para aliviarme la revisión final de la novela.
Hoy ha añadido dos adjetivos especificativos muy resultones y ha eliminado tres adverbios en -mente.

(Aquí pueden verlo en plena inspección. La información la recibe a través de las lengüetas metálicas de los pies y luego la procesa en el muelle que tiene en la coronilla.)

.

domingo, 20 de septiembre de 2015

MOVILIDAD MUNICIPAL



La política española tiene algo de noche de los muertos vivientes, pero a veces se nos alegra con algunos toques de Alicia en el País de las Maravillas. 

      Como ustedes saben, una concejala del Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta ha tenido que irse a vivir a Chicago, circunstancia dramática que la ha llevado a solicitar que el consistorio le pague los billetes de avión para poder desplazarse a los plenos y a cuantas reuniones exijan el concurso de su arbitrio y perspicacia. 

         La gente, que no tiene arreglo, se ha echado las manos a la cabeza, mostrando una vez más su insensibilidad humanitaria ante los problemas que padecen nuestros políticos. Hay quien dice que cómo van a pagarse con dinero público esos desplazamientos, lo que parece sugerir la alternativa de que sea ella misma quien los abone, sin pararse a pensar en el quebranto que eso supondría para las arcas domésticas de la concejala. Hay quien alega que no se puede ser concejal de Castilleja de la Cuesta, en la provincia de Sevilla, si vives en Chicago, allá en el estado de Illinois, pasando por alto el hecho de que hoy en día existen no sólo las videoconferencias, sino también los hologramas: si podemos reconstruir holográficamente la imagen en movimiento del difunto Michael Jackson, no entiende uno cómo no vamos a poder ver la imagen virtual de una concejala de Castilleja en el fragor de un pleno municipal. Hay quien reclama que la concejala emigrante entregue su acta y ceda su sillón a alguien que viva un poco más cerca de Castilleja, como si eso de dejar un cargo público fuese tan fácil, por lo que implica de traición al sector del pueblo soberano (582 votos) que depositó en ella sus anhelos, según ha manifestado la propia interesada.

            No me consta si la concejala itinerante anunció en su programa electoral que pensaba mudarse a Chicago. Seguramente sí, porque los políticos no suelen ocultarnos ninguna información, de modo que la gente sabe siempre lo que vota. Se menosprecia, además, el cosmopolitismo que aportaría al pueblo de Castilleja el hecho de tener un representante en Chicago, y se descarta de antemano una opción tan razonable como la de promover un intercambio de concejales –a la manera de los estudiantiles- entre Chicago y Castilleja de la Cuesta.

            No sé. Estamos liando las cosas. En un mundo globalizado, no tiene nada de excepcional que nuestros concejales vivan donde quieran o donde puedan, así sea a 6.737 kilómetros de distancia, que es la existente entre la capital norteamericana y el municipio sevillano. Es más: me atrevería a decir que esa distancia hace que los problemas municipales se vean con mayor perspectiva y lucidez, sin el inconveniente de la cercanía, que muchas veces ofusca. Todos nuestros políticos deberían vivir en realidad en Chicago. En el supuesto, claro está, de que no estén viviendo allí desde hace mucho tiempo.

(Publicado ayer en prensa)

jueves, 17 de septiembre de 2015

lunes, 7 de septiembre de 2015

EL FENÓMENO



Comoquiera que los micropatriotismos están de moda, van a permitirme que les hable hoy de un extraño fenómeno que tuvo lugar en mi patria chica. Un fenómeno para el que nadie ha encontrado todavía una explicación convincente y que en su día trituró el sentido lógico de los vecinos de mi pueblo, al implicar un descoyuntamiento de todos los patrones de realidad que manejábamos hasta entonces. “¿Se les posó un ovni en el tejado del ayuntamiento?”, se preguntarán ustedes. No, afortunadamente no. “¿Sufrieron la temida invasión de las arañas mutantes venidas del espacio exterior?” Tampoco.

            El caso fue que uno de nuestros concejales se levantó un día con la mente más preclara de lo habitual y tuvo una ocurrencia menos política que psicodélica: semipeatonalizar una calle. “¿En qué consiste la semipeatonalización?”, se preguntó todo el mundo. Algunos conjeturaron que se trataría de una calle con el tráfico restringido, para uso exclusivo de los residentes con garaje. Otros, que estaría abierta al tráfico durante un horario reglamentado. Y así sucesivamente. Cada cual aportando su parecer, como en los concilios ecuménicos.

            Lo curioso es que nadie acertó. Lo que se dice nadie: la calle semipeatonal sigue abierta al tráfico sin más restricciones que las que los dueños de los vehículos quieran imponerse, que no son muchas. Bien es verdad que no se prohíbe la circulación en esa calle semipeatonal a los peatones, a pesar de haberse eliminado las aceras, pero, en fin, que cada cual asuma el riesgo que su valentía le permita, porque en nuestra calle semipeatonal no rige ni siquiera un límite de velocidad para los vehículos, de modo que quienes tienen que acelerar son los peatones, para escapar cuanto antes de esa calle sin ley. Cada vez que uno de nosotros pasa por allí, asume su condición peligrosa de semipeatón, en tanto que los vehículos no se ven afectados por ningún código de semivehiculización, y de ahí el misterio que envuelve a nuestra calle semipeatonal.

            A estas alturas, lo único que tenemos semiclaro es que el concejal que semipeatonalizó la calle pertenece a alguna congregación semimasónica o semisatánica dedicada a enloquecer la vida común, a añadir factores de desquiciamiento a la política municipal.

            Vivimos aterrados por culpa de esa calle. Vivimos en vilo. Muchos dan rodeos para no pasar por esa calle maldita, por esa calle que encierra más incógnitas que los muñecones de la Isla de Pascua. Nadie se atreve a pasear por ella por miedo a que lo pille un coche y pasar así a la historia pequeña del pueblo como el tontaina que murió atropellado por un coche en una calle semipeatonal.

            Por su parte, el concejal que la semipeatonalizó vive retirado de la vida política, riéndose sin duda de nosotros con la mueca maligna de los grandes villanos del cine de villanos. El tío.


(Publicado el sábado en la prensa)