martes, 1 de diciembre de 2015

(UN POEMA OTOÑAL)

La caída mecánica de un oro evanescente:
la hojarasca sin rumbo que naufraga en el viento.
Y esta serenidad de una abstracción que muere
en las manos del frío, con sus uñas de hielo.
Y el temblor de las hojas. Y el temblor de las fuentes:
el agua prisionera que rompe su silencio.
Y esa luna suicida entre nubes de éter.


Y el tiempo que se va para ser tiempo.
.

(F.B.R., del libro La misma luna, 2006)

2 comentarios:

L. N.J. dijo...

Precioso poema, me gustó muchísimo.

Silvio SALVATICO dijo...

Los cangilones dejan caer el oro que recoge la draga, oro extraído de una cuenca aluvial, el lugar Alaska. En el mar de Bering aspiran oro los buceadores, Jack London anduvo por allí.