domingo, 18 de octubre de 2015

ENTRE LEYENDAS



(Publicado ayer en prensa)


El pronóstico de Antonio Machado parece seguir vigente: una de las dos Españas puede helarnos el corazón, sobre todo si resulta que la otra España está que arde. El problema –o el consuelo, según se mire- es que las dos Españas son al menos tres: la tercera en discordia sería esa España boquiabierta que observa a las dos Españas tradicionales, las de las banderas y los himnos antagónicos, las de las abstracciones en pugna, ya que cualquier forma de patriotismo tiene una vocación intimidatoria: por clarividencia infusa, el patriota intenta convertir su parte en el todo y hacer que su cuota de realidad privada se imponga a la realidad colectiva, que paradójicamente nunca es colectiva. Entre quien besa una bandera y quien escupe sobre esa misma bandera no hay tanto una disconformidad ideológica de fondo como un desajuste de forma, pues la sugestión simbólica es idéntica: la bandera como cosa en sí. Todo el que escupe sobre una bandera acaba besando, en definitiva, otra bandera.

Estamos en el momento de los discursos heroicos, y eso casi nunca es buena señal, ya que quien recurre a la retórica del heroísmo no sólo se cree un héroe, sino que además está exigiendo adhesiones inquebrantables a su ensueño. (Estamos también en el momento de la retrohistoria, de las interpretaciones del pasado a capricho y conveniencia, y eso es tal vez una señal aún peor, a pesar de ser muy divertida: el día menos pensado alguien nos dirá que el homo erectus, cuando atacaba en grupo a un mamut, estaba practicando una forma de salvajismo tan censurable como la de los partícipes en el festejo del Toro de la Vega. Tiempo al tiempo.) En esta España de Españas conviene que seamos juiciosos ante la proliferación fervorosa de fantasías patrióticas de cualquier signo, dado que toda identidad presuntamente colectiva necesita un antagonista para definirse, entre otros motivos porque una identidad mancomunada no es nada por sí sola. Quienes anteponen el concepto de “estado” al concepto de “patria” entienden que se trata de nociones que suelen ir en tangente; en cambio, quienes invierten los términos tienden a considerar que ambos conceptos son inseparables. A fin de cuentas, quien defiende el concepto de “estado” está defendiendo un modelo de funcionamiento social; quien defiende una patria, por el contrario, no sabemos con exactitud qué pretende defender, ni contra quién, y es posible que el patriota tampoco lo tenga muy claro. 

Entre la defensa de la sanidad y la enseñanza públicas y la defensa efusiva del apóstol Santiago o de Wifredo el Velloso existe, en fin, una ligera diferencia. No son defensas incompatibles, desde luego, pero creo que estaremos de acuerdo en que el beneficio que nos reporta cada cual sugiere prioridades. ¿Pero cómo se combaten las leyendas?

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3 comentarios:

Francisco Pelegrina López dijo...

¡Muchas gracias, Felipe!

Microalgo dijo...

Me sumo al agradecimiento.

Miguel dijo...

Sin Cataluña se acabó España, casos similares han acabado siempre en conflictos bélicos, eso es lo que hay que evitar, lo demás es marear la perdiz. Ser español y declararse patriota no es para que cunda el pánico, ni para presumir que quien lo hace es una mala persona, prejuzgar sentimientos te hace errar,la patria es una condición humana
Ucrania está cerca, como español no deseo que Cataluña sea un Donest, y la gente humilde no podemos aceptar la ruina que supone un jaque mate, somos humanos, no privilegiados ni corruptos, ni sectarios, ni abandonaremos a nuestros compatriotas a su suerte, cada uno responde de su honor y su libertad con todo, son los dones máximos