lunes, 12 de enero de 2015
sábado, 10 de enero de 2015
jueves, 8 de enero de 2015
LO INVISIBLE
Ana Mato no vio el Jaguar de su marido.
Tania Sánchez no vio la empresa de su hermano.
Rajoy no vio a Bárcenas.
El recién jubilado Alfonso Guerra nunca vio a su hermano Juan.
En Blesa no se fijó nadie.
Nadie miraba a Urdangarín.
La exreina no miraba al exrey y viceversa.
Nadie se paró a observar a los Pujol.
La gente sólo se fijaba en las gafas oscuras de Fabra, no en Fabra.
Etcétera. Etcétera. Etcétera.
¿Y aún reclamamos más transparencia?
miércoles, 7 de enero de 2015
lunes, 5 de enero de 2015
lunes, 29 de diciembre de 2014
CUERPO Y ESPÍRITU
Como somos como somos, y como nos
gusta complicar un poco las cosas -supongo que menos por vocación que por
naturaleza-, hablamos mucho del espíritu navideño, que es un concepto de
sugerencias entre volátiles y fantasmales, cuando en realidad el que trabaja
duro en estas fechas es el cuerpo, el sufrido cuerpo navideño, al que ponemos
hasta las cejas de manjares terrestres y marítimos e incluso de polvorones, ese
producto que está en un punto intermedio entre el confite y el castillo de
arena.
En
estas fechas tan señaladas, el que no para es –ya digo- el cuerpo, el cuerpo
navideño, aunque el mérito se lo lleve el espíritu navideño, que practica una
especie de intrusismo metafísico en estas fiestas de la gula y de los excesos
en general, incluido en tales excesos el de estar bregando al filo de la
medianoche con la boca de un bogavante o con la osamenta de un cochinillo, por
no hablar del malabarismo de tragarte un cuenco de uvas al ritmo de unas
campanadas tras descifrar las instrucciones de una presentadora de televisión
que tirita de frío bajo un vestido de tirantes y lentejuelas.
De
todas formas, y por mucho que el cuerpo navideño se lleve la palma en cuanto a
sacrificios, sería injusto negar la emanación del espíritu navideño. Se
manifiesta ese espíritu, no sé, en las felicitaciones que recibes no sólo de
tus amistades -que de repente parecen haberse hecho devotas de la secta
literaria de Paolo Coelho-, sino incluso de esas empresas que durante el resto
del año se dedican a estudiar la manera de sacarte más dinero del que ya te
sacan, pues se ve que, en la escala moral de los negocios, la avaricia no
constituye un pecado capital, sino que el pecado sería dejar pasar de largo el
capital.
Se manifiesta ese espíritu en los discursos de los gobernantes, del
rey para abajo; esos discursos que se sustentan en una oratoria de inspiración Disney
y en los que suele primar el imperativo ilusionado, el imperativo categórico e
incluso el imperativo un tanto imperial, así lo formule un alcalde de pueblo:
“Tenemos que construir el futuro sobre la base de…” (Sobre la base, en fin, de
lo que buenamente corresponda, ya que se trata de un componente tan variable
como la receta del pavo, del cordero o del besugo, que es en lo que todo el
mundo piensa en realidad mientras oye esos discursos vaporosos: en comer,
porque estas fiestas son menos retóricas que gastronómicas.) Se manifiesta el
espíritu de la Navidad,
en fin, en… Pues en el propio espíritu de la Navidad, que es un espíritu glotón y algodonoso,
delicuescente y tragaldabas, orondo como Papá Noel, y lo raro es que nadie haya
inventado todavía una receta para poder comernos tras la Noche de Reyes el abeto.
Y,
sobre todo, feliz año.
(Publicado el sábado en prensa)
viernes, 26 de diciembre de 2014
lunes, 22 de diciembre de 2014
LA SIMULACIÓN DIFERIDA EN DIRECTO
Al igual que todos los años, unos actores profesionales contratados por
el Ministerio de Hacienda interpretan el papel de agraciados por la
lotería, con un guión invariable: pagar la hipoteca, hacer un viaje,
ayudar a los hijos, tapar agujeros...
Según parece, cobran un plus por movilidad forzosa y otro por la ducha de cava.
Cuando gobierne Podemos, demostrarán con documentos del CNI lo que ya es un secreto a voces: que la lotería es un fraude estatal y que los bombos están trucados para que los 3 primeros premios les toquen a los actores profesionales, que por supuesto no pueden cobrar los décimos premiados. Si alguno se va de la lengua y revela el montaje, lo eliminan -y de ahí los crímenes sin móvil aparente de los que nos enteramos de vez en cuando por la prensa.
Esto es así: el espíritu jubiloso y azaroso de la navidad.
.
domingo, 21 de diciembre de 2014
jueves, 18 de diciembre de 2014
LA BROMA
Somos tan optimistas, disfrutamos
de una naturaleza tan alegre y desahogada, que seguimos manteniendo esa broma
colectiva según la cual los políticos están ahí para resolvernos problemas,
para ordenarnos la realidad y para convertirnos a todos, sin exclusión, en
ciudadanos prósperos, iguales, fraternos y libres. Desinteresadamente. La broma
dura ya mucho (más o menos, desde la Revolución Francesa),
pero se ve que se trata de una broma afortunada, de un chiste imperecedero que,
por muchas veces que nos lo cuenten, sigue arrancándonos una carcajada
incontenible.
Se
trata, en realidad, de un divertimento recíproco: ellos se ríen de nosotros a
través de sus discursos y de sus promesas electorales y nosotros nos divertimos
un poco yendo a votar para ponerlos en el brete de tener que cumplir lo que
ellos saben mejor que nadie que no pueden cumplir, aunque lo que de verdad nos
divierte es que metan de vez en cuando a uno de ellos en la cárcel, cosa que
suele ocurrir con la frecuencia de los milagros o de los eclipses lunares,
porque las cárceles están pensadas para otro tipo de gente y tampoco se trata
de convertir un presidio en un parlamento autonómico, con sus reclusas señorías
trabajando a destajo por el bien común, así sea desde su desventurada
circunstancia personal, por mucho que el político de raza lleve la filantropía
en la sangre y no pueda purificarse de esa intoxicación congénita ni siquiera
cuando se ve entre rejas. De ahí la crueldad que supone el que se impida
concurrir a las elecciones a los políticos imputados en asuntos más o menos escalofriantes,
con lo conmovedora que resultaría una candidatura que pareciese un
martirologio, pues como mártir vocacional puede considerarse a todo aquel hijo
de vecino que se levanta un día y se dice: “A partir de ahora, mi misión en la
vida consistirá en engrandecer mi país, así sea desde un puesto de
vicedelegado”.
El
principal problema que existe entre ellos y nosotros es que no solemos
encontrar un punto de intersección que merezca ese nombre. Un vínculo de
realidad. Porque el caso es que parecemos extraterrestres mutuos: ellos
enrocados en su discurso metapolítico, mareando leyes y números, asistiendo a
reuniones y comisiones en que se debate el debate del debate del debate, y
nosotros cruzando los dedos para que no nos suban el precio de la luz ni el IVA
de las patatas, y así, ya digo, no hay manera, sobre todo si tenemos en cuenta
la distancia metafísica que existe entre alguien que tiene que gobernar un país
y alguien que va al supermercado con la ilusión de pillar una oferta de 2 x 1
en el champú.
Sabemos
por experiencia que la broma es resistente y que no hay motivo alguno para
alarmarse. Haremos lo posible por seguir manteniéndola, oh camaradas políticos.
Pero tampoco os paséis.
(Publicado el sábado pasado en prensa.)
(Publicado el sábado pasado en prensa.)
.
jueves, 11 de diciembre de 2014
DOS SUELTOS
Me
piden desde un periódico mi opinión sobre el hecho de que desde hace 25
años ningún español -excluido el ciudadano híbrido Vargas Llosa- recibe
el premio Nobel. Mi respuesta:
"También llevamos 40 años sin que ninguna española consiga el título de Miss Universo y no creo que haya motivos suficientes para que el premio Nobel haya que tomárselo más en serio que ese concurso de belleza".
"También llevamos 40 años sin que ninguna española consiga el título de Miss Universo y no creo que haya motivos suficientes para que el premio Nobel haya que tomárselo más en serio que ese concurso de belleza".
Harold
Bloom, con su tono irrenunciable de santón que se ha creído que de
verdad es un santón: "No creo que haya nada radicalmente nuevo en la
literatura actual".
De lo que se deducen al menos dos cosas: que ha leído toda la literatura actual -de todas las lenguas y países- y, sobre todo, que da por hecho que puede existir algo "radicalmente nuevo", lo que a estas alturas resulta bastante improbable -y bastante innecesario también- no ya en el arte literario, sino incluso en el mecanismo de las ollas exprés o en la elaboración de ensaladas.
A veces, las visiones universalistas sólo sirven, en fin, para camuflar al pueblerino infatuado.
De lo que se deducen al menos dos cosas: que ha leído toda la literatura actual -de todas las lenguas y países- y, sobre todo, que da por hecho que puede existir algo "radicalmente nuevo", lo que a estas alturas resulta bastante improbable -y bastante innecesario también- no ya en el arte literario, sino incluso en el mecanismo de las ollas exprés o en la elaboración de ensaladas.
A veces, las visiones universalistas sólo sirven, en fin, para camuflar al pueblerino infatuado.
martes, 9 de diciembre de 2014
jueves, 4 de diciembre de 2014
martes, 2 de diciembre de 2014
lunes, 1 de diciembre de 2014
LO FUTURO
(Publicado el sábado en la prensa)
A las campañas electorales les
pasa lo mismo que a las campañas navideñas: que sabemos cuándo acaban, pero no
exactamente cuándo empiezan. Hay quienes suponen que un político está en
precampaña desde el día siguiente al de su toma de posesión, y buena parte de
razón llevan en eso, aunque no toda: cualquier político electo sabe que dispone
de unos tres años y medio para fastidiar a los votantes y de aproximadamente un
semestre para prometerles el paraíso en la tierra. Entre generales, autonómicas
y municipales, nos pasamos la vida en una venta de motos, como quien dice. En
el tiempo feliz de las ocurrencias en torno al porvenir.
Los
programas electorales vienen a ser los cuentos de hadas de los regímenes
democráticos: algo que todos sabemos que es mentira y fantasía, pero que nos
gusta que nos cuenten. Detrás de los redactores de un programa político hay
siempre un equipo de fabuladores que
saben transformar al candidato X en el príncipe de la armadura plateada
que asesinará al dragón que tiene cautiva a la princesa pálida de la economía,
que saben presentar a la alcaldable Z como la maga de la varita mágica que
convertirá en un cofre repleto de monedas de chocolate la deuda municipal
heredada del anterior equipo de gobierno, cuya gestión funesta propició la llegada
de la era de las tinieblas, en la que todo fue miseria y desolación, bosques
neblinosos con fieras administrativas que devoraban a los inocentes, y tristeza,
mucha tristeza colectiva: el mismísimo país de Mordor.
Creo,
no sé, que las campañas electorales podrían durar como mucho un día, tiempo
suficiente para que los candidatos nos expusieran el relato de ciencia-ficción
que cada partido haya considerado más convincente para trasladar a los votantes
a unas regiones imaginarias que suelen estar situadas entre la Arcadia y Shangri-La. Los
catorce días restantes deberían dedicarse a la exposición de sus planes por
parte de los poderes económicos, lo que tendría la virtud de contrarrestar el
efecto de esas fábulas risueñas con unos desasosegantes relatos de terror. La
realidad resulta menos apacible que los sueños quiméricos, pero es la realidad,
a la que la propia realidad se encarga de devolvernos en cuanto perdemos un
poco el rumbo.
Vivimos,
en fin, en un régimen de ficciones mutuas: los políticos nos pregonan un futuro
que se parece mucho a un lugar que está fuera del tiempo y nosotros, a pesar de
los escarmientos padecidos, nos resignamos a dar por hecho que los políticos
tienen nuestro futuro en sus manos, unas manos inmaculadas con respecto a ese
futuro ilusorio, aunque por lo general manchadas de pasado.
Los
discursos políticos acaban girando sobre sí mismos, lo que viene a ser como
decir que giran sobre la nada. Quizá porque la política ha perdido eso, lo
básico: el punto de intersección con la realidad común. Y todo suena irremediablemente
a cuento. Chino.
.
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