miércoles, 1 de junio de 2016

ACTUACIÓN Y FANTASÍA



(Publicado en el nº de mayo de TintaLibre)


Cuando a Ronald Reagan le preguntaban que cómo un actor podía ser presidente de Estados Unidos, solía dar una respuesta inesperada, más propia del epigramista mundano de una comedia de Oscar Wilde que del protagonista de una película de soldados o de vaqueros: “No concibo que alguien que no sea actor pueda desempeñar ese trabajo”.

            Es posible que el discurso político esté sujeto a la misma regla de oro que el discurso de la ficción: depender menos de la verdad que de la verosimilitud, en parte porque hay ocasiones en que la verdad resulta poco creíble –además de poco conveniente- y en parte porque la verosimilitud no está reñida con la mentira, por no decir que suele estar hermanada con las medias verdades. Hay políticos que prometen paraísos sociológicos instantáneos, y lo curioso es que muchos –desde la ingenuidad o desde la desesperación- los creen a pies juntillas. Hay políticos que justifican el destrozo del contrato social en beneficio de la consolidación del contrato social, y hay gente que los vota. Hay políticos, en fin, que, en nombre de la coherencia, niegan hoy lo que dijeron ayer y lo que tal vez vuelvan a afirmar mañana, y hay gente que lo da por bueno. En esto se ve que hemos decidido ser cándidos, imagino que por ese algo de creencia religiosa que tiene en el fondo toda adhesión a una causa política.

            En los últimos tiempos estamos asistiendo a una exhibición actoral que excede nuestra tolerancia con respecto a la fantasía, por mucho que en los mundos imaginarios aceptemos la existencia de los dragones de tres cabezas. Para mentir medianamente bien conviene ser un actor profesional -aunque sea al nivel artístico de Reagan-, y muchos de nuestros políticos parecen requerir con urgencia un cursillo de dramaturgia, al menos para evitar el defecto de la sobreactuación.

            Se nos ha propuesto creer que los tesoros escondidos en una gruta encantada de los Alpes suizos provienen de herencias misteriosamente ancestrales. Se nos ha dicho que las escrituras de constitución de las sociedades offshore son algo así como unos pergaminos góticos de los que sus firmantes se olvidan al momento de rubricarlos, por culpa sin duda del conjuro de una hechicera malvada. Algún maleante célebre por su reincidencia olímpica en el delito, ante la evidencia de sus travesuras mercantiles, no ha dudado en acogerse al comodín de la caza de brujas, a las que imaginamos, por instinto reflejo, revoloteando en sus escobas en una selva panameña o en un despacho de Bankia. Hemos oído al ex presidente multado por Hacienda convertir su desliz en una diferencia de criterio con Hacienda, como si la fiscalidad se basara en el debate socrático. Hemos visto dimitir a un alcalde no por las corrupciones de las que lo acusan, sino por lo intolerable que le resulta que lo acusen. Hemos visto al banquero engominado presentarse como un antisistema perseguido por el Sistema. Hemos sabido que los áticos pueden viajar desde Delaware a Estepona como la ínsula volante que acogió al aventurero Gulliver. Hemos sido testigos de cómo toda la cúpula de un partido apoya al embustero de su tribu, ese que asegura que no mintió, sino que dijo cosas que no se ajustaban a la realidad, sin saber que ese era el problema médico que afectaba a la nariz de Pinocho. Y así sucesivamente.

            Para transformar las mentiras en verdades ficticias conviene, insisto, ser un buen actor, porque de lo contrario el pacto ineludible entre el escenario y el patio de butacas se rompe. Y lo que queremos es disfrutar de un buen espectáculo, no de una improvisación delirante.

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1 comentario:

Jose Pedro Moreno Diaz dijo...

Los políticos tienen mucho de actores, ciertamente, pero no son los únicos. Casi todo aquel que tiene que comunicar algo -no digamos ya si tiene que venderlo- tiene que actuar. Un cura, un guía turístico, un camarero, un médico, un policía de tráfico ... Y, por supuesto, también un profesor. En una entrevista a Juan Mayorga (pongo el enlace porque, aunque no tiene que ver directamente con el tema, me parece interesante) le preguntábamos al final por esto mismo. http://gaceta.rsme.es/abrir.php?id=1200