domingo, 17 de mayo de 2015

LOS TÍOS



Reconozco mi fe inquebrantable en la capacidad redentora de nuestro sistema penitenciario: no hay delincuente VIP que, tras su paso fugaz por la cárcel, no salga de allí transformado en un moralista, dispuesto a dar lecciones gratuitas de comportamiento cívico a quienes quieran aprender, que somos casi todos, ya que casi todos andamos faltos de líderes y de referentes morales, en parte por la sobreabundancia de líderes y de referentes a la inversa. Ellos pasan entre rejas una temporada –generalmente breve, casi testimonial, casi simbólica- y salen de allí que da gusto escucharlos, inflexibles en su denuncia de la arbitrariedad de las leyes, combativos con respecto a la manipulación mediática de su inocencia, con el dedo siempre levantado, en actitud admonitoria. Es un poco como lo de san Agustín. Un poco como lo de san Pablo. Un poco –también- como lo de Jekyll y Hyde. Pasan por el trullo y se diría que les falta apenas un hervor para ascender al rango de arcángeles de la sociopolítica o de la socioeconomía, lo que para el caso viene a ser casi lo mismo. De lo limpios de alma que salen. De lo niquelados de espíritu, los tíos. De lo alados. Lo mismo un banquero que un tesorero. Lo mismo un presidente autonómico que un alcalde. Lo mismo un Dioni que un Roldán. Como te lo digo: limpios y niquelados. Dando lecciones. Incluso en la tele, los tíos. 

            Lo que no entiende uno es que, comprobados de sobra los beneficios espirituales que reporta el pasar unas cuantas semanas en el talego, nuestros prohombres no ingresen voluntariamente en él, así no tengan ningún delito por el que hayan podido pillarlos, que eso al fin y al cabo es lo de menos: ¿hay cosa más bonita en el mundo que convertirse, por voluntad propia, en chivo expiatorio? (Bueno, sí: tal vez el convertirse, por voluntad ajena, en cabeza de turco, pero esa sería otra historia.) Es que sales de allí fortalecido, coleguita. Es que sales que ni te lo crees. Eso es como el fitness, aunque para el alma inmortal. De como sales. De lo dabuti que sales.

            …Pero vayamos al aspecto espinoso del asunto, a saber: llega un momento en la vida -un momento de veras triste, de pura decadencia- en que cualquier persona se resiste a que le den lecciones de honorabilidad, así provengan esas lecciones de los delincuentes VIP que han hecho su camino de Damasco en chirona, que son los más acreditados para esa tarea divulgativa de los principios morales. Llega el momento, en fin, que como que no. Que gracias, pero que no. Y eso, por el bien de todos, hay que conciliarlo. Si creemos de verdad en la capacidad redentora del trullo, aceptemos sin fisuras la autoridad moral de nuestros redimidos. Acojamos su discurso moral como un regalo de la vida. Porque es que da gloria ver cómo salen de allí –y qué envidia- los tíos.

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1 comentario:

José Manuel Sanchez de Ibargüen R. dijo...

Ya no asombra esto, porque estamos curados de espanto y de sorpresas, pero si. Es como si entraran allí por gusto y para hacer Ejercicios Espirituales de los de antes, que salias llorando y arrepentido de tus pecados.
pero cuidado, porque a partir de ese momento con sus lagrimas de cocodrilo "La Coste", te lo venderán las cadenas de TV como una persona nueva que está dispuesta a empezar. A empezar a robar otra vez.