lunes, 4 de mayo de 2015

EL CIRCO



La utilización del concepto de “circo mediático” tiene algo en sí misma de número circense: te pillan, no sé, con un dinero clandestino en Suiza, que es donde el capital extranjero se siente como en casa, se apiña una docena de periodistas a la puerta de tu domicilio con la intención malévola de informar del acontecimiento, ya que puede darse el caso de que el dueño de ese dinero nómada sea una persona con proyección pública, y la persona con proyección pública en cuestión -o como poco sus allegados, incluidos sus diligentes representantes legales- formula la frase mágica, equivalente al abracadabra de los ilusionistas: “Se ha montado un circo mediático”. Sí, por supuesto: el circo no lo monta el que esconde el dineral, sino el profesional que va a ganarse un dinerillo a costa del dineral delincuente del dueño delincuente del dineral. El payaso del circo no es el evasor, sino el que fotografía al evasor. El circo no lo monta el detenido, sino el periodista que le pone un micrófono delante para que el detenido pueda decir que no tiene nada que decir. Que gracias.

            Uno comprende que los delincuentes prefieran mantenerse en el anonimato, que sus delitos no rebasen el ámbito de la intimidad de los juzgados y de las comisarías, que su detención se realice con la mayor prudencia y secretismo, para que los periodistas no puedan meter la nariz en la desdicha ajena con la insensibilidad y la falta de empatía que caracteriza al gremio. Claro que comprende uno eso. ¿Cómo no comprender la noble aspiración del delincuente a que sus hazañas pasen desapercibidas? Lo que pasa es que a veces se produce una incompatibilidad insalvable: que el delincuente, antes de ser conocido como tal delincuente, haya sido un prohombre de la patria. En ese punto es en el que se complican las cosas. Eso es lo que propicia, en fin, los lamentables circos mediáticos.

            Para delinquir con tranquilidad, o al menos con relativa tranquilidad, resulta conveniente no practicar el pluriempleo: o te dedicas a salvar tu país o te dedicas a saquearlo, pero hacer las dos cosas a la vez presenta sus inconvenientes, entre los que se cuenta el de que, a la mínima, los medios te monten un circo mediático, que es lo peor que puede pasarle a un forajido, a menos que aspire a convertirse en una leyenda dentro el mundo del crimen y busque publicidad para sus fechorías, aun a riesgo de acabar como Al Capone, Billy el Niño o Bin Laden. Lo malo es eso, ya digo: que vayas de doctor Jekyll y de mister Hyde, de genio financiero y a la vez de raterillo, de prócer de la economía global a escala pública y de defraudador fiscal a título privado, de Keynes por la mañana y de José María el Tempranillo por la tarde. Eso no puede ser. Porque luego te pillan y viene lo que viene: el circo mediático. El circo en que las pulgas se apiñan en torno al león. El circo en el que al gigante le crecen, ay, los enanos.

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1 comentario:

Francisco José Martínez Marín dijo...

El pobre circo, al que están dejando sin animales, y al que deberían aprovisionar de políticos deshabilitados y demás conseguidores, para que el amaestramiento o su obediencia simulada les ponga en su sitio, y nos sirva al menos de divertimento.