sábado, 20 de agosto de 2011

UN POEMA DE T.S. ELIOT


Como aquí el viento de levante anda enloquecido, me acuerdo de este poema de Eliot, de su libro juvenil Prufrock y otras observaciones, que traduje en 2000 para la editorial Pre-Textos.

Es uno de los poemas de Eliot que más me gustan.



RAPSODIA EN NOCHE DE VIENTO

Las doce en punto.


A lo largo de los extremos de la calle

sostenida en una síntesis lunar,

los susurrantes conjuros de la luna

disuelven los sustratos de la memoria

y todas sus claras relaciones,

divisiones y precisiones.


Cada farola que dejo atrás

redobla como un tambor fatalista

y, a través de los dominios de lo oscuro,

la medianoche agita la memoria

como agita un demente el cadáver de un geranio.


La una y media.

La farola chisporroteó,

la farola murmuró,

la farola dijo: "Mira a esa mujer

que titubea ante ti a la luz de la puerta

que se abre ante ella como una mueca.

Puedes ver que la cenefa de su vestido

está hecha jirones y manchada de arena,

que el rabillo de su ojo

se retuerce como un alfiler doblado".


La memoria vomita hasta vaciarse

un enorme tropel de cosas retorcidas;

en la playa una rama retorcida,

sus pulidas aristas devoradas,

como si en ella el mundo revelase

el enigma de su esqueleto,

rígido y blanco.

Un muelle roto en la explanada de una fábrica,

herrumbre que conserva la forma que la antigua fuerza ha dejado

sólida y enroscada y lista para saltar.


Las dos y media,

la farola dijo:

"Observa al gato que, despatarrado junto a la alcantarilla,

saca la lengua con naturalidad

y devora una porción de mantequilla rancia".

Así, la mano automática del niño

se deslizó para apropiarse de un juguete que corría por el puerto.

Nada pude yo ver tras la mirada de ese niño.

He visto ojos por la calle

que intentaban mirar a través de las contraventanas luminosas,

y un cangrejo una tarde en una charca,

un anciano cangrejo con percebes en su caparazón

que se agarró a la punta del palo que le tendí.


Las tres y media,

la farola chisporroteó,

la farola murmuró en la oscuridad.

La farola canturreó:

"Mira la luna,

la lune ne garde aucune rancune,

que guiña un ojo feble,

que ríe en los rincones

y que alisa el cabello de la hierba.

La luna ya ha perdido su memoria.

Una lechosa viruela le agrieta la cara,

con su mano retuerce una rosa de papel

que huele a polvo y agua de colonia,

está sola

con todos los antiguos olores nocturnales

que una vez y otra vez recorren su cerebro".


Llega la reminiscencia

de los secos geranios sin sol

y del polvo en las grietas,

el olor a castañas en las calles,

los olores de hembra en los cuartos cerrados,

un olor a tabaco en los pasillos

y a cóctel en los bares.


La farola dijo:

"Las cuatro.

He aquí el número de la puerta.

¡Memoria!

Tú tienes la llave,

el farolillo expande un círculo en la escalera.


Sube.

La cama está destapada; el cepillo de dientes cuelga de la pared,

deja tus zapatos a la puerta, duerme, prepárate para vivir".


El último retorcimiento del cuchillo.


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3 comentarios:

Ferrán Blasco dijo...

Felipe, qué atinada elección, un poema hermoso hasta perder el aliento:
La memoria vomita hasta vaciarse
un enorme tropel de cosas retorcidas ...
Hay quien dice que la poesia no puede traducirse, obviamente no ha leído este poema, buscaré el libro con afán.
Gracias por este regalo de media tarde.
Saludos

Anónimo dijo...

Gracias, todo un detalle... para disfrutar.






Uno de la Judería

Frances dijo...

Gracias por tan magnífico poema.