(Publicado ayer en prensa)
Hay días en que uno decide mirar
las cosas con el cristal de la candidez y el optimismo, de manera que estoy
dispuesto a aceptar que, en la jerga financiera de los submundos del poder, las
chistorras son meras chistorras, no metáforas de los míticos billetes de 500
euros, billetes, dicho sea de paso, que no fueron ideados para facilitar los
movimientos delictivos de dinero, sino para que la gente común no tuviese que
ir al mercado o a echar la quiniela con el monedero repleto de billetes
pequeños.
Y sí, vamos a
ver, claro que sí: Ábalos no tiene un duro, según no se cansa de afirmar el
propio menesteroso, y lo han mandado a presidio por ser un alegre playboy, un
truhan pero un señor, de los de viva la vida y viva el amor, víctima de la
moral puritana del Gobierno progresista del que formó parte y que ahora lo
arroja a las lóbregas mazmorras del reformatorio para políticos de Soto Real,
donde penan por sus supuestos pecados cívicos los prohombres de nuestra patria.
Por ejemplo, Cerdán, al que algunos adjudicaron la entrañable condición de
preso político a pesar de las escalofriantes evidencias, pues ¿qué peso tiene
una escalofriante evidencia frente a una enternecedora suposición? Cerdán:
preso político. Claro que sí.
Por
otra parte, la única persona de este mundo que sabe si el exfiscal general del
Estado filtró el mensaje maléfico no es otra que el exfiscal general del Estado,
de manera que tanto quienes lo han condenado como quienes defienden su inocencia
no dejan de tener razón, por paradójico que resulte: en ambos casos se defiende
una hipótesis, no un hecho demostrado. Eso sí, a pesar de ser hoy el día de la
candidez, tal vez convendría que el Gobierno meditase si resulta beneficioso
para el Estado el hecho de poner en duda las instituciones del Estado, sobre
todo en una época en que buena parte de la gente empieza a descreer de los
mecanismos democráticos y a alimentar ilusiones con respecto a las ventajas de
los regímenes autoritarios de mano dura. Pero vayamos al fondo de la cuestión:
¿a quién se le ocurre plantar cara a la presidenta autonómica adicta a la fruta
a cuenta de su novio, que ha pasado de ser un presunto delincuente presuntamente
confeso a ser el verdugo vicario de todo un fiscal general, mientras que, en el
rincón de una whiskería, el jefe de gabinete de la susodicha presidenta sonríe
como lo hacía Robespierre cuando caía al cesto una cabeza. Un jefe de gabinete
que, en medio de tantas mentiras, es el único que ha dicho la verdad: que es un
mentiroso.
Y, hablando de
verdades, una recomendación para el ya expresidente Mazón: a estas alturas, la
única explicación convincente sería que usted y la periodista fueron abducidos
por unos extraterrestres a la salida del Ventorro. Hasta ahí puede llegar
nuestra credulidad.
Y
es que no nos vuelven locos de puro milagro.
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