domingo, 30 de noviembre de 2025

MOMENTO PELUCHE

 


(Publicado ayer en prensa)

Hay días en que uno decide mirar las cosas con el cristal de la candidez y el optimismo, de manera que estoy dispuesto a aceptar que, en la jerga financiera de los submundos del poder, las chistorras son meras chistorras, no metáforas de los míticos billetes de 500 euros, billetes, dicho sea de paso, que no fueron ideados para facilitar los movimientos delictivos de dinero, sino para que la gente común no tuviese que ir al mercado o a echar la quiniela con el monedero repleto de billetes pequeños.

Y sí, vamos a ver, claro que sí: Ábalos no tiene un duro, según no se cansa de afirmar el propio menesteroso, y lo han mandado a presidio por ser un alegre playboy, un truhan pero un señor, de los de viva la vida y viva el amor, víctima de la moral puritana del Gobierno progresista del que formó parte y que ahora lo arroja a las lóbregas mazmorras del reformatorio para políticos de Soto Real, donde penan por sus supuestos pecados cívicos los prohombres de nuestra patria. Por ejemplo, Cerdán, al que algunos adjudicaron la entrañable condición de preso político a pesar de las escalofriantes evidencias, pues ¿qué peso tiene una escalofriante evidencia frente a una enternecedora suposición? Cerdán: preso político. Claro que sí.

         Por otra parte, la única persona de este mundo que sabe si el exfiscal general del Estado filtró el mensaje maléfico no es otra que el exfiscal general del Estado, de manera que tanto quienes lo han condenado como quienes defienden su inocencia no dejan de tener razón, por paradójico que resulte: en ambos casos se defiende una hipótesis, no un hecho demostrado. Eso sí, a pesar de ser hoy el día de la candidez, tal vez convendría que el Gobierno meditase si resulta beneficioso para el Estado el hecho de poner en duda las instituciones del Estado, sobre todo en una época en que buena parte de la gente empieza a descreer de los mecanismos democráticos y a alimentar ilusiones con respecto a las ventajas de los regímenes autoritarios de mano dura. Pero vayamos al fondo de la cuestión: ¿a quién se le ocurre plantar cara a la presidenta autonómica adicta a la fruta a cuenta de su novio, que ha pasado de ser un presunto delincuente presuntamente confeso a ser el verdugo vicario de todo un fiscal general, mientras que, en el rincón de una whiskería, el jefe de gabinete de la susodicha presidenta sonríe como lo hacía Robespierre cuando caía al cesto una cabeza. Un jefe de gabinete que, en medio de tantas mentiras, es el único que ha dicho la verdad: que es un mentiroso.

Y, hablando de verdades, una recomendación para el ya expresidente Mazón: a estas alturas, la única explicación convincente sería que usted y la periodista fueron abducidos por unos extraterrestres a la salida del Ventorro. Hasta ahí puede llegar nuestra credulidad.

         Y es que no nos vuelven locos de puro milagro.


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