domingo, 30 de abril de 2017

EL ANTISISTEMA



(Publicado ayer en prensa)

En su novela El hombre que fue Jueves, Chesterton concibió la fantasía de que el cabecilla de los anarquistas londinenses resultase ser el jefe de la policía de Londres. ¿Un ocioso disparate? Bueno, sí y no. Según una fuente que no puedo desvelar, me consta que nuestros políticos son en realidad anarquistas disfrazados de gobernantes, cada cual desempeñando su papel desde una trinchera ficticia. Al parecer, se reúnen mensualmente en una cripta secreta que queda por la parte de Móstoles y allí, con arreglo a decisiones asamblearias, trazan estrategias de actuación y se reparten los papeles. “Camarada, te ha tocado exigir la supresión de las diputaciones”, anuncia el portavoz de la asamblea. “¿Por qué yo, con lo que me gusta una diputación provincial?”, protesta el afectado. “Pues porque esto va así. De sacrificio”. En efecto, de sacrificios va el asunto: “Camarada, tienes que dejarte melena y recogerte el pelo en una cola de caballo”, le indican a uno. “Uf, no sé. Es que yo con melena voy a parecer el Santísimo Cristo de la Expiración”, y el portavoz le replica: “No te quejes. Acuérdate del camarada al que le tocó representar la pantomima de ser nada menos que ministro de Educación y lo obligamos a que se rapase la cabeza, como si fuese un skin head, y ni una queja salió de sus labios”. O bien: “Pseudopresidenta andaluza, tienes que teñirte de rubio y fingir que eres devota de la Esperanza de Triana”. (Etcétera.)

            Según mi informador, nuestros políticos estelares persiguen no sólo el descrédito global del Estado, sino también el descrédito particular de ellos mismos, para así allanar el terreno a la utopía antiestatista. Porque se trata de eso: de dinamitar la cosa desde dentro. Bum. Como Angiolillo. De ahí la proliferación de políticos corruptos, que en realidad no son tales, sino mártires voluntarios que, por el bien de la causa, se someten al oprobio público y a la cárcel ignominiosa, tras simular delitos que escandalizan al populacho, que de ese modo se escora al escepticismo y al cuñadismo, sustrato idóneo para el fermento del credo anarquista, o al menos del mal humor colectivo, que tampoco está mal como punto de partida para cualquier giro revolucionario. 

           Soy consciente de que esta revelación resulta estremecedora, pero tiene la virtud de hacer comprensible el momento político que padecemos, aparte de promover una reanimación de la esperanza común: se acerca el día en que nuestros políticos impostores, cuando consideren que es el momento histórico adecuado, se quitarán la máscara para proclamar la instauración de un Estado anarquista, valga la contradicción en los términos. Y los mártires saldrán de sus prisiones, con la reprobación convertida en vítores. Y disfrutaremos de la armonía social. Y las primeras en caer serán por supuesto las diputaciones.

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3 comentarios:

Manuel Machuca dijo...

Salud proletarios: Llegó el gran día;
dejemos los antros de la explotación,
no ser más esclavos de la burguesía,
dejemos suspensa la producción.
Iguales derechos e iguales deberes
tenga por norma la sociedad,
y sobre la tierra los humanos seres
vivan felices en fraternidad. (Continuará)

Anónimo dijo...

Qué gozada de columna periodística. Tantas velas y rezos he dirigido para que el altísimo cuidase del mártir de sempiternas gafas de sol y gomina impuesta, que ya por fin lo van a poner de putitas en la calle.

El fantasma de la canoa.

Francisco José Martínez Marín dijo...

Cuidado que el PP quiere que se investiguen las escandalosas noticias, al parecer falsas, que circulan por las redes sociales. Deberían también investigar la ficción tan dada a mentir para hacer ver la verdad. Qué encontrarán?