domingo, 22 de mayo de 2011

PALABRAS


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Hay palabras que parecen ajustarse con precisión a lo que designan. La palabra “plata”, por ejemplo, con esa “p” de prestigio y esa “t” que describe su frialdad. Una palabra, por cierto, que ha dado muchas vueltas desde el nombre latino argentum, que no suena a metal precioso, sino más bien a metal basto. Ahí está también la palabra “aurora”, que me parece perfecta, con ese arranque de aullido de lobo, como colofón a una noche más o menos de walpurgis, como suelen ser las noches de los inquietos.

En cambio, hay palabras que chirrían con respecto a lo que designan. La palabra “albornoz”, pongamos por caso, porque parece demasiada palabra para tan poca cosa, con una resonancia arábiga digna de causa mejor. Un albornoz sólo merecería llamarse albornoz si tuviese bordados y ornamentos, y habría de ser prenda que se usase a la salida de una bañera de mármol pulido, como poco, o de un estanque propio de un sultán, porque parece existir un ligero desajuste en el hecho de vestirlo a la salida de una cabina de ducha, así disponga tal cabina de mecanismo de hidromasaje. Otra palabra estupenda es “góndola”, porque no logra uno imaginar un nombre mejor para esas embarcaciones que Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española, describe de este modo: “Género de barquilla, de las cuales usan en Venecia para andar por las calles, como en tierra firme se sirven de los coches. No sé su etimología, si no está corrompido el vocablo de contola, de contus, en caso que se guiase con varal, que suele servir de remos”. Una barquilla para andar por las calles… Esas calles de agua ligeramente corrompida, como supone Covarrubias que lo está el vocablo.

La palabra “lino” tampoco está mal, porque sugiere limpieza y frescura. No así la palabra “vena”, que parece demasiado sintética para el proceso que lleva a cabo en ella la sangre, que tampoco es una palabra de premio, porque no da idea de su fluir, sino más bien de cosa inmóvil: sangre… No. Ahí nos hemos equivocado, me parece. La palabra latina sanguis estaba bien, sin ser nada del otro mundo, y me temo que nos hemos pasado en el grado de evolución etimológica.

Otra palabra acertada es “taberna”, aun siendo fea, porque describe bien el olor a vino derramado, a humo rancio, a sudor de laboriosos. Una palabra perfectísima es “geometría”, que en sí misma es una palabra geométrica, de igual modo que resulta aritmética la palabra “aritmética”. En cambio, el adjetivo “voluptuoso” constituye un ejemplo de desarreglo: todo el que la pronuncia parece tener una rana dentro de la boca. Ahora bien, para palabra ampulosa y desajustada, “bucólica”, que tan mal casa con la esencia de lo campestre, como casi todo lo esdrújulo, por poco llano que sea el terreno. Y nada más. Que tengan ustedes un buen domingo, que es una palabra sobre la que podríamos discutir.


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5 comentarios:

jordim dijo...

una de mis favoritas es Teta.

José Luis Martínez Clares dijo...

Ya la leí el sábado en Ideal de Granada. Poético análisis léxico. Se palpa el amor por las palabras. Saludos cordiales.

Microalgo dijo...

Eso es porque le van las letras griegas, Maese Jordim. Seguro.

Hace tiempo escuché a un cuentacuentos colombiano que hablaba de eso. Afirmaba que "dársena" no podía ser un sitio donde atracaran barcos. tenía que ser una flor (le tendió una ramo de dársenas). Por otra parte, decía también que otras flores no tenían nombres de flores. Afirmaba, y no sin razón, que Convólvulo, por ejemplo, sonaba a partes pudendas femeninas...

Joaquín S.P. dijo...

Muy interesante su reflexión.

Anibal dijo...

La palabra "taberna" me trae muchas ideas y me trae la canción creo que de Javier Krahe "La taberna de Platón"