viernes, 18 de febrero de 2011

NABOKOV Y LAS MARIPOSAS ERRANTES

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The New York Times da la información: los nuevos métodos científicos corroboran la hipótesis de Vladimir Nabokov de que las mariposas azules llegaron a América desde Asia. En su día, los entomólogos se tomaron a chacota la hipótesis de aquel entomólogo autodidacta: "¡Ensueños de poeta!". Sí, bueno, pues ahí está ahora el resultado de esos ensueños.

Para celebrarlo (aunque confieso que las mariposas, incluidas las azules, no son mi mayor preocupación), va un poema de Nabokov que traduje hace años:

U N

D E S C U B R I M I E N T O


En tierra legendaria, todo rocas, lavanda

y alta yerba, la encontré,

sobre un barrizal al lado de un arroyo

inaccesible, en un paso de montaña.


Para la ciencia, sus rasgos eran nuevos:

forma y tonalidad, esa especial coloración

de resplandor lunar que atenuaba sus azules,

el abdomen pardusco, los flancos de geométricos diseños.


Han desenmascarado su esculpido sexo mis agujas;

el tejido muerto no podía ya ocultar

esa valiosa mota que ahora riza la lágrima

convexa y límpida que resbala por el portaobjetos iluminado.


Al apretar levemente un tornillo, dos antenas ambarinas

emergen de la niebla y se arquean en simetría perfecta,

y escamas como trozos de amatista

cruzan la circunferencia mágica del microscopio.


Versado en latín taxonómico, fui su descubridor

y le di nombre, y así me convertí

en padrino de un insecto y el primero en describirlo.

Ya ninguna otra fama me interesa.


Con las alas extendidas, traspasada por un alfiler

(aunque profundamente dormida),

a salvo del asedio de parientes y del moho,

en la fortaleza aislada en que guardamos

los especímenes de cada especie, trascenderá al polvo que la forma.


Oscuras pinturas, tronos, piedras que besan los peregrinos,

poemas que perduran un milenio

tan sólo imitan la inmortalidad

de esta etiqueta roja al pie de una pequeña mariposa.

(1943)


13 comentarios:

Microalgo dijo...

¿Sabía Usted que desde principios del siglo veinte se puso coto a los nombres científicos porque muchos biólogos (ejjem) (sobre todo botánicos) les ponían a sus descubirmientos nombres de sus amantes?

Tal fue el caso de una corista de un antro parisino, llamada Lola. Cierto ficólogo (estudioso de las algas, y parece que de todo lo verde) intentó halagarla para llevársela al huerto, inmortalizando su nombre en una especie que descubrió. No sabemos si logró su propósito.

La especie se llama Lola lubrica.

¿No se lo cree?

A ver si cabe el enlace...

http://www.boldsystems.org/views/taxbrowser.php?taxon=Lola

Hale. Ahí lo lleva. Después de unas cuantas como ésa, y viendo que Linneo empezaba a revolverse en su tumba, los popes de la taxonomía mundial pusieron restricciones a los nombres. Tampoco se pueden poner tacos, por ejemplo. Que taxones más antiguos que esta convención los tienen.

Las cosas, Maese Benítez. Las cosas.

Delia Aguiar dijo...

Qué delicia, qué delicia... como todo lo de Nabokov. Gracias por tu traducción. Salud!

E. G-Máiquez dijo...

Buena noticia. Gran poema. Magnífica traducción. Una fiesta. Gracias.

Jorge Andreu dijo...

Muy buena traducción. Un ritmo muy logrado, que no sé cómo será en la lengua original, pero que en español me encanta. Gracias por enseñarnos esta parte de Nabokov y tuya que, por cierto, desconocía.

Un saludo desde una cafetería perdida junto al parque genovés, entre universitarios.

Jorge Andreu

Marian dijo...

Por lo tanto yo acabo de hacer otro descubrimiento: la mariposa azul que tengo en mi salón procedente de un mariposario de Costa Rica ( debo confesar que la encontramos muerta en el suelo y la recogimos con mucho cuidado), hablaría ruso en sus orígenes.

Gracias Felipe por hacérnoslo saber. Nunca se nos ocurrió relacionarla con Nabokov: desde hoy la llamaremos Lolita.
¡Vida esta!

Alberto Pacheco dijo...

Una gran traducción, Felipe.

Pienso yo que los autodidactas suelen tener más conocimiento de la materia que estudian que los que sufren esa enfermedad llamada "titulismo". Y Nabokov es un claro ejemplo.

Espero que el maestro, allá en la ultratumba, esté regocijándose.

Saludos.

Juanjo dijo...

Buenas tardes: estoy leyendo por segunda vez tu maravillosa novela "Mercado de espejismos" y buscando informacion sobre ti en Internet me he topado de bruces con tu blog,del cual no he dudado en hacerme seguidor
Asi que por aqui me tendras de vez en cuando dispuesto a ller tu prosa y tu verso
Un abrazo afectuoso

FBR dijo...

Muchísimas gracias por los comentarios.

(Enrique G-M: enhorabuena por tu nuevo libro. Excelente.)

Anónimo dijo...

La verdad, qué quieren que les diga, a mí el poema me parece malísimo: lleno de palabras largas y larguísimas, con menos ritmo que la excelsa periodista Karmele, cantando; versos que esperan ser terminados. En fin, si el poema lo escribiera, hoy, un adolescente, quedaría marcado para el resto de su vida ante sus compañeros.
(Su novela Lolita, me parece una obra maestra)

FBR dijo...

Para Anónimo:

Si un poema traducido carece de ritmo (y una vez fijado el concepto de "ritmo"), la sospecha más sensata, o al menos la sospecha inicial, debe recaer quizá sobre el traductor. Este poema de Nabokov está escrito en cuartetos consonantados, en endecasílabos muy "rítmicos".
Por otra parte, no creo que ningún adolescente se avergonzara de escribirlo, y mucho menos aún que le arruinase su carrera poética por quedar estigmatizado.
Al ser usted anónimo, ignoro desde qué podio dictamina, pero debe de tratarse de un podio muy elevado. Enhorabuena.

Anónimo dijo...

No hay que situarse, créame, en un podio muy alto para vislumbrar que el poema se queda en simple anotación de una jornada de campo cazando mariposas, y de pronto zas, la maravilla de las maravillas.
De todas formas con los poemas traducidos, y disculpe, te queda la duda, de si el poema es malo por si solo o le ayuda la traducción.

FBR dijo...

Creo que es lo que le decía: que el problema puede ser de la traducción. También puede que el problema sea de usted, claro está. De su gusto poético, quiero decir. O de nadie: un poema nos gusta o no, y hay poco más que hablar.

E. G-Máiquez dijo...

Es verdad: un poema nos gusta o no, y hay poco más que hablar, pero yo agradezco muchísimo, Felipe, que mi libro te haya gustado.