jueves, 23 de junio de 2022
martes, 21 de junio de 2022
ENTRE LA SORPRESA Y LO SORPRENDENTE
(Publicado en la prensa)
La demoscopia tiene una cosa en
común con la videncia: que a veces acierta y a veces no, aunque casi nunca
acierte del todo. Las elecciones andaluzas las ha ganado el PP con esa mayoría
absoluta a la que el partido aspiraba en sus sueños más dulces para no tener
que someterse a la pesadilla amarga que se le planteaba como alternativa: la
negociación con Vox para formar un gobierno de coalición en el que Vox sería el
caballo de Troya, con las riendas manejadas a distancia por Santiago Abascal en
su papel de jinete del Apocalipsis.
Dado que las
formaciones de izquierda se apresuraron a dejar claro durante la campaña que no
se abstendrían en la investidura para permitir un gobierno en minoría del PP,
la responsabilidad directa de la entrada de Vox en el gobierno andaluz hubiese
sido del PP, por supuesto, pero hubiese tenido como responsable subsidiario a las
izquierdas, en una muestra palmaria de la prevalencia del tacticismo partidista
frente al interés general. La oposición iba a divertirse mucho en el Parlamento
autonómico echándose las manos a la cabeza con las propuestas pintorescamente regresivas
de Vox, pero gran parte de la ciudadanía hubiese padecido las consecuencias
prácticas de esas propuestas. Nunca sabremos hasta qué punto el anuncio de esa
negativa ha fomentado el voto útil –o quizá, más exactamente, del miedo- entre
sectores indecisos, que suelen ser los que al final deciden los resultados.
Moreno
Bonilla –que hizo una campaña basada menos en un discurso que en una imagen- sabía
mejor que nadie que Vox, más que un socio, iba a ser un saboteador interno, y
esa parecía ser la esperanza de las izquierdas: que el gobierno andaluz se
desgastase hasta el límite del esperpento. Un esperpento ya desde el arranque:
la incorporación a un gobierno autonómico de un partido que promueve el
desmantelamiento de las autonomías. La consecución de una mayoría absoluta, que
casi todo el mundo daba por improbable, ha supuesto un triunfo para el PP, pero
también –quién lo diría- un respiro para muchos votantes progresistas.
Con
su falta de representación, C´s deja de ser el factor de moderación que Moreno
Bonilla se ha atribuido en exclusividad, en tanto que el candidato del PSOE
cumple con lo esperado: un político-antorcha para ser quemado a la espera de
tiempos mejores para las siglas en Andalucía, donde ha sido el partido ganador
durante casi cuatro décadas. Por su parte, la fragmentación de la izquierda de
ala dura, provocada por su batalla de personalismos y por su divergencia en los
detalles en detrimento de su conciliación en lo esencial, es un nuevo aviso
–nunca tenido en cuenta- de que la atomización únicamente aporta confusión,
dispersión y desencanto a su electorado potencial.
Se
abre, en fin, el telón.
lunes, 6 de junio de 2022
LA DOSIS
(Publicado en prensa)
Frente a la lentitud,
conflictividad y laboriosidad que conlleva un avance social, tenemos la rapidez
con que se implantan los discursos ideológicos regresivos, tal vez porque lo
primero requiere una gestión eficaz y compleja, mientras que lo segundo apenas
necesita una formulación simple basada en la retórica del agravio: una enmienda
a la totalidad del presente. El señalamiento del desastre, en fin, y la promesa
de una redención inmediata.
La dinámica
política dispone que los partidos antagónicos se malentiendan de manera
sistemática, al margen no ya solo de la razón, sino al margen incluso del
interés público, a pesar de que alardeen de “sentido de Estado”, uno de esos
grandes conceptos abstractos que solo sirven para ser conceptos, ya que su
aplicación práctica acaba siendo más abstracta que el concepto mismo.
A
estas alturas de la Historia, parece sensata la conclusión de que nuestros
códigos de civilización están condenados a conciliar la armonía con el caos, y
el progreso dependerá del equilibrio entre una y otro: la armonía completa la
damos por imposible, pero más nos vale no resignarnos a la prevalencia del caos,
cuya solución puede disfrazarse con propuestas amparadas en la recuperación de unos
supuestos valores supuestamente tradicionales, con arreglo a la premisa de que
cualquier tiempo pasado fue mejor. El futuro, en definitiva, como una amenaza
que sólo puede ser neutralizada por la recuperación de los valores del pasado.
Un pasado además irreal, aunque presentado como una especie de edad de oro
abolida por la deshumanización implantada por unos avances sociales que se
supone que atentan contra Dios, contra la familia, contra la libertad
individual o contra lo que sea que a alguien se le ocurra.
Resulta
desalentadora la rendición de una parte de la sociedad al discurso simplificado
y simplista –aparte de incendiario- que dibuja la realidad como un escenario apocalíptico
necesitado de una restauración tan integral como urgente. Resulta desalentadora
la creencia popular en la demagogia mágica, en los caudillos vociferantes que
prometen una purificación de la política mediante una oratoria tan rimbombante como
hueca, ya que las grandes palabras pueden camuflar ideas muy pequeñas, de igual
modo que las verdades enfáticas pueden esconder mentiras silenciosas.
En
política, la demagogia viene de fábrica, de acuerdo, pero su peligrosidad
depende de la dosis, como pasa con los venenos. El peligro está en que la
demagogia acabe siendo el fundamento del discurso y que ese discurso sea
asumido por un sector significativo de la ciudadanía. Crucemos los dedos.
martes, 24 de mayo de 2022
UNA ENTREVISTA
ABC. Sevilla
23 DE MAYO DE 2022
El
escritor de Rota recupera una de sus primeras novelas, La propiedad del
paraíso, sobre el final de la infancia
La reedita El Paseo con un prólogo de Caballero Bonald, un epílogo del autor y una selección de poemas afines
JESÚS MORILLO
Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) es uno de los autores esenciales de la literatura andaluza y, por extensión, española, gracias a una obra que discurre sin altibajos por géneros literarios tan diferentes como la novela, la poesía, el relato, el ensayo o el articulismo. En narrativa es autor de novelas tan sorprendentes como hilarantes, entre las que El novio del mundo (1998) resulta ejemplar y protagonizada por Walter Arias, uno de los personajes más admirados y con más fans de la literatura española actual.
Este último volumen habla también
del estupendo momento creativo del escritor gaditano, que cerró 2020 con la
hilarante y pandémica novela La
conspiración de los conspiranoicos y dio carpetazo al año pasado con el
excelente poemario, algo elegiaco y a vueltas con el tiempo, Un mentido color.
Libros a los que ahora suma la recuperación por parte de El Paseo de una
deliciosa novela inicial, La propiedad
del paraíso (1995), sobre la irrupción del deseo que pone fin a la
infancia.
-Por nada en especial. El libro estaba descatalogado y encajaba bien en
esa colección de la editorial El Paseo. Eso sí, esta edición va con muchos
complementos. Se trataba de darle una nueva vida en estos tiempos en que los
libros son cada vez más perecederos, por el ritmo vertiginoso de las novedades.
-¿Y por qué esta novela y no Chistera de duende (1991) o Humo (1995)?
-También ha sido casual. Al editor le pareció bien esta opción.
-Tanto en su novela como en Los años irreparables de Rafael Montesinos el protagonista da carpetazo a la infancia de la mano del descubrimiento del sexo, ¿realmente ese es el fin de la infancia?
-En buena parte me temo que sí. El despertar del instinto sexual creo
que provoca un giro de 180 grados en el pensamiento y en la emocionalidad. Y
apenas hay un proceso: un día estás jugando con unos pistoleros y unos indios
de plástico y al día siguiente estás pensando en cómo será ver a una mujer
desnuda. Los niños de mi pueblo tuvimos suerte en ese particular, porque aquí,
a través de la base americana, nos llegaba de vez en cuando algún ejemplar de Playboy.
-La voz narrativa es uno de los grandes atractivos de la novela, para crearla se valió de experiencias propias y ajenas, ¿es así como suele construir los personajes de sus novelas?
-Más o menos sí. Para mí, la novela es un espacio para la invención, no
para el testimonio. No me interesa que sea el espacio de la autobiografía. Lo
que me atrae de la literatura es que admita la fantasía total, la ordenación de
unas realidades imaginarias. La poesía es otra cosa, se rige por un código
distinto. En un poema, normalmente estás hablando desde ti, desde tu
conciencia, desde tus percepciones. En una novela eso cambia. Estás
construyendo un personaje, configurándole una conciencia que no tiene por qué
coincidir con la tuya. Componiendo un muñeco con habilidades, digamos.
-Caballero Bonald señala en el perspicaz prólogo que incluye esta edición que usted se vale "normalmente de su óptimo aparejo de poeta para rebuscar el pasado de su protagonista", ¿su condición de poeta transpira en toda su obra en otros géneros, como la narrativa? ¿Por ese motivo ha incluido en el apéndice final poemas que pueden relacionarse con pasajes de la novela?
-Las novelas consideradas poéticas no me gustan demasiado, sobre todo
porque suelen ser falsamente poéticas. Tendemos a pensar que una novela es
poética cuando pone en escorzo una sentimentalidad vehemente, amplificada, pero
es que la poesía no es eso, o no sólo eso. La poesía es menos vaguedad que precisión,
menos evanescencia que intensidad. Por otra parte, el énfasis emocional, en un
poema, le resta no solo efectividad, sino también credibilidad, y a un poema le
conviene resultar creíble. El lenguaje de la buena poesía suele ser muy exacto,
aunque el mensaje admita reverberaciones múltiples. La idea de dar al final del
libro una serie de poemas relacionados con la infancia responde al propósito de
complementar el contenido de la novela desde un registro diferente.
-También me parecen muy apreciables todas esas alusiones a la cultura popular, que pueden rastrearse en otras novelas suyas, pero que aquí están tan presentes y que son claves en la formación del niño, de los tebeos a las películas de piratas, ¿cómo ha influido en su obra la cultura popular? ¿Distingue entre alta y baja cultura o es una distinción espuria?
-Así, genéricamente, no soy partidario de hacer distingos, aunque los
haya. Hay mucha alta cultura que no vale nada, al ser algo del todo inerte, y
hay manifestaciones de la cultura popular que están llenas de vida. Son grados,
no sé. Entiende uno que, en un plano de jerarquía artística, un cuadro de Goya
está por encima de una maceta de cerámica trianera, pero eso no le resta valor
por sí misma a la maceta. Una chirigota gaditana puede estar al mismo nivel de
efectividad satírica que Quevedo, por ejemplo. Yo me crie leyendo tebeos,
primero infantiles y luego los de Marvel, y escuchando música norteamericana y
británica, blues y rock, de modo que me dice más Jimi Hendrix que Wagner, lo
que no quiere decir que no aprecie el genio de Wagner, pero mi vínculo
emocional y estético con él no ha existido nunca. El mapa de la cultura es
siempre algo personal, y depende mucho de los azares, de las casualidades. La
cultura se interioriza, y allí dentro las jerarquías no son las convencionales.
-Echando la vista atrás, usted hace autocrítica en el divertido epílogo que cierra el libro, al calificar la novela de 'demasiado escrita', ¿siente que su obra novelística ha sido desde entonces un proceso de depuración y decantación de estilo?
-No lo sé. El problema de releer cosas propias es que siempre produce
insatisfacción, sobre todo porque ahora las escribiría de una manera totalmente
distinta. Esa insatisfacción creo que es consustancial a la profesión, y de ahí
tal vez que uno siga escribiendo. La insatisfacción con respecto a lo que has
escrito es una buena musa.
-¿Realmente la insatisfacción es su musa dominante y cada vez se siente más inseguro a la hora de ponerse a escribir? ¿El oficio no sirve de nada o es que sencillamente hay que olvidarlo conscientemente cuando se inicia una nueva obra?
-La dominante tal vez no, pero sí una musa muy determinante. Y sí, por
mal que esté decirlo, cada vez escribo con mayor inseguridad. No creo que eso
sea malo. Un escritor debe desconfiar de sí mismo como tal escritor. En el
momento en que te sientes demasiado seguro, lo más normal es que te equivoques.
El oficio ayuda, pero no resuelve. Puede servir para evitar errores de bulto,
pero no errores de detalle, y la literatura se hace esencialmente con detalles.
-Su novela fue calificada como obra maestra por un poeta y editor famoso, y hubo editoriales que la rechazaron por 'overbooking', ¿cree que de alguna manera, y no piense solo en su novela, la literatura no siempre encuentra su editor en el mundo editorial actual?
-Es raro que un buen libro no acabe encontrando editor. Hay precedentes
históricos de rechazos editoriales muy sonados. No se libraron ni Joyce ni
Proust ni Nabokov, por ejemplo. Pero eso no tiene importancia, porque las
valoraciones de una obra pueden ser muy caprichosas, sometidas no sólo a
criterios estéticos, sino también comerciales. Un punto de incomprensión por
parte de la industria editorial puede ser incluso un buen síntoma.
P O E S Í A
“Nuestra memoria no pasa de
ser una fantasía basada en hechos reales”
-Recientemente publicó un estupendo libro de poemas, Un mentido color, que relaciono con La propiedad del paraíso en cuestiones que tienen que ver con la memoria, la volatilidad de las identidades y el mantenimiento de una cierta perplejidad frente al mundo. ¿El tiempo y la memoria son dos de los grandes temas de su poesía?
-Creo que sí. Nuestra idea del tiempo, de su fluir por nosotros, es
bastante enigmática, muy rara. Somos una sucesión, pero a la vez tenemos que
convencernos de que somos una unidad coherente y permanente. De que tenemos una
identidad estable. Y eso estaría por ver. Es posible que la persona que nos
resulta más incomprensible de todo el mundo seamos nosotros mismos. Nuestra
memoria no pasa de ser una pura fantasía basada en hechos reales.
-En este libro también plantea el tema del desdoblamiento del autor o de la identidad, en un largo poema con referencias a Pessoa, ¿a veces hay que desdoblarse en otro, como Pessoa en Bernardo Soares, para llegar a una verdad literaria?
-Quién sabe. Como le decía, más que una unidad, cada persona es una
multitud. Somos entes inestables. Si nos acogemos al pensamiento, puede
traicionarnos la emoción, o viceversa.
-En el poema 'Las artes y las ciencias' escribe: 'Los artesanos /de todo lo palpable y lo invisible. / Siendo, afanosamente, en lo que hacemos. / Escultores de humo y fugitivos”. ¿Esa sería una buena definición para un poeta?
-Tal vez. Pero no solo para un poeta, sino también para cualquiera.
Tenga en cuenta que todos estamos obligados a una tarea titánica, que no es
otra que la de inventarnos una vida. Para asentarnos en el mundo. Para que la
convivencia con nosotros mismos no acabe convertida en una pesadilla.
lunes, 23 de mayo de 2022
LA CRISPACIÓN
(Publicado en prensa)
Según una encuesta del CIS, el
90,4 de los españoles está harto de la crispación política. Cabe suponer que el
9,6 restante tiene la suerte de pertenecer a la clase política, que, lejos de
estar harta de su crispación interna, parece adicta a los mecanismos de
distorsión de la realidad mediante el recurso a la disputa enconada y permanente,
cualidad que comparte con las bandas juveniles.
Da
la impresión de que los políticos, desde su invención histórica como tales
políticos, han optado por teatralizar la divergencia desde el registro de la sobreactuación,
partiendo tal vez del principio pintoresco de que el entendimiento con el
adversario sería un síntoma de debilidad ideológica: mientras se pueda llegar a
posiciones irreconciliables, ¿para qué perder el tiempo en conciliar, si al fin
y al cabo lo único que se pierde por el camino es el interés público?
Al
tratarse de una profesión muy antigua, los políticos han ido adquiriendo
algunos resortes peculiares, entre los que se cuenta el de dar por hecho que la
gente considera un acto de civismo democrático el que los políticos se digan
barbaridades entre sí, y que lo hagan desde el extraño convencimiento de que
ese clima de pendencia afianza la afición atávica de la ciudadanía por el pasatiempo
de la discordia. La identificación popular de la actividad política con la
desavenencia continuada entre rivales no sabe uno a quién beneficiará, pero,
visto lo visto, parece ser que a quienes más vociferan, que acaban siendo los
más peligrosos, ya que son quienes mejor saben aprovechar lo que los partidos
supuestamente moderados deberían moderar: la irritación como argumento, la algarabía
como fundamento y la demagogia como estrategia de seducción de masas.
Nadie
es lo suficientemente ingenuo como para aspirar a que la política sea –nunca lo
ha sido- un ejercicio de armonización entre contrarios, pero nadie es tampoco
lo suficientemente pesimista como para resignarse a que los políticos se
comporten como diablos de Tasmania. Deberían comprender, en fin, que no les
pedimos que sean ingeniosos, malévolos o sarcásticos, porque nos conformaríamos
con que fuesen eficientes, decentes y discretos y que, de paso, entendieran que
los gobernados no esperamos de los gobernantes un espectáculo, sino una
gestión. Quizá deberían caer también en la cuenta de que son ellos quienes
copan los informativos, seguidos a corta distancia por el fútbol, de modo que
corren el riesgo de que, a este paso, acabemos viéndolos como títeres de
cachiporra, lo que no deja de ser un destino laboral manifiestamente mejorable.
Pero ellos sabrán.
.
UN MENTIDO COLOR
Álvaro Valverde escribe sobre este libro en EL CULTURAL: Felipe Benítez Reyes, contra el tiempo y la fugacidad (elespanol.com)
jueves, 19 de mayo de 2022
CABALLERO BONALD
Puede descargarse gratuitamente en este enlace: https://www.juntadeandalucia.es/cultura/caletras/libros/caballero-bonald-entre-el-mito-y-el-verbo?fbclid=IwAR11HnfiwCCY2nmJkDSSRD6VFJRq1xvFaahywoRJfMdxygW0Fp0ZbNx05Sg
Quien lo prefiera en papel (la edición, diseñada por Juan Vida, es muy bonita, en papel verjurado e interior a dos tintas), lo tiene disponible aquí al precio entre ridículo y simbólico de 4 euros: https://www.tiendasculturalesdeandalucia.es/cultura/tiendas-culturales/web/guest/articulos/-/articulo/35106?fbclid=IwAR20r75183JME1LLv1l_z6gGhKT4QBo9FoFRk_qD7AwTlwzm8xI-vbRN53M
miércoles, 18 de mayo de 2022
martes, 10 de mayo de 2022
LOS VACÍOS
(Publicado en prensa)
Quien se siente con derecho a
destruir la casa de alguien no es raro que se sienta con derecho a destruir el
mundo, porque en ese caso la escala no admite mucha gradación: entre una cosa
y otra apenas hay distancia moral, precisamente por tratarse de un vacío moral.
Vemos a diario
cómo las tropas rusas destruyen ciudades ucranianas, y nuestros ojos se
habitúan, con estupor e incredulidad, a ese proceso irracional de devastación,
a esa escenografía de escombros y de estructuras metálicas retorcidas, a esos
planos con cadáveres en escorzo, a esas secuencias de personas que huyen de su
lugar en el mundo con un gesto que mezcla la fatalidad con el espanto.
Una
casa debería ser un lugar sagrado: el espacio en que cada cual desarrolla su
intimidad y su soledad, en que concibe sus espejismos y en que afronta sus
adversidades. El espacio, en suma, en que todos nos sentimos refugiados de la
realidad y a la vez integrados en ella. Una casa puede tener las ventanas
abiertas de par en par o ser por el contrario, y a la vez, un baluarte: es
nuestro sitio. La geopolítica no debería entrar allí sin nuestro
consentimiento.
Nos
pasamos años y años dando forma a nuestra casa, que acaba siendo un reflejo de
nosotros. La llenamos de recuerdos, de baratijas que acaban siendo valiosas
porque nos gustan, de muebles que aprenden a ser útiles, de sillones que
aprenden a resultarnos confortables, de objetos que adquieren la condición de
fetiches privados. Pero, de repente, en cuestión de segundos, todo eso puede
saltar por los aires y desaparecer, convertido en ceniza y chatarra, por la
decisión de un fantoche que ha decidido alimentar en su cabeza delirante un
sueño imperial, una fantasía megapatriótica, sin tener en cuenta que la patria
esencial de una persona está en su casa, de puertas para adentro, donde cada uno
es el emperador de su insignificancia, sí, pero también el gobernante de sus
ilusiones, que son las que nos engrandecen.
Vemos
ciudades destruidas que son metáforas desoladoras de la barbarie por la
barbarie, del sinsentido por el sinsentido, de la crueldad que se satisface a
sí misma.
Alguien
camina por una calle en la que antes bullía la vida y ahora es un páramo
desolador, el decorado fantasmagórico de una pesadilla. Alguien se asoma al
escaparate destruido de un negocio que alguien se afanó en decorar, mimando los
detalles, y ahora es la ruina de un sueño. Alguien mira el vacío en que hasta
hace poco había algo. Alguien vuelve a su casa y su casa no existe.
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domingo, 8 de mayo de 2022
viernes, 29 de abril de 2022
REGRESIONES
(Publicado en prensa)
Las epidemias nos sonaban a cosa
medieval, pero nos sobrevino una pandemia que nos trasladó en un abrir y cerrar
de ojos no solo a un ámbito de incertidumbre y de angustia, de extrañeza y de
estupor, sino también al territorio de la pura irrealidad, hasta el punto de
vernos cautivos en nuestra casa, temerosos de un mal invisible que nos asediaba
como un arma química de expansión aérea.
Pensábamos que
las erupciones volcánicas eran algo que pasaba en algunas películas
catastrofistas y en algunos países exóticos, pero durante unos meses seguimos
en tiempo real el ritmo del fluir de la lava en la isla de La Palma,
sobrecogidos por la grandiosidad aterradora de una fuerza destructiva ante la
que la acción humana quedaba limitada al papel de espectador, a la espera del
aplacamiento espontáneo de aquella voracidad pavorosa que nos brindaba
diariamente, en los informativos, un espectáculo propio de la pesadilla.
Creíamos que
la Segunda Guerra Mundial sería la última, pero estamos hoy con el alma en vilo
ante la posibilidad de una tercera, que podría detonarse por la voluntad del
delirante autócrata ruso y por una sencilla y desventurada conjunción de azares
imprevistos. Creíamos también que los autócratas delirantes eran una lacra propia de los países
subdesarrollados, pero ahí tenemos de vecino a un gobernante que se comporta
menos como tal gobernante que como un patrón del narcotráfico y que se permite amenazar
al mundo con una guerra nuclear, mientras destruye un país con estrategias que
tienen menos de militares que de
homicidas.
Hay quienes se
distraen en suponer que algún día, gracias al perfeccionamiento de nuestros
códigos de civilización, el mundo será un lugar sin conflictos ideológicos, sin
tensiones internacionales y sin luchas interclasistas, pero es muy probable que
ese futurible no pase de ser una utopía demasiado cándida, sobre todo porque el
factor determinante para la consecución de esa utopía es el género humano, que
tiende por naturaleza al desarrollo afanoso de distopías. Llevamos en la mente
ese defecto de fábrica, esa irracionalidad congénita, esa atracción por los
abismos. Ahora, cuando deberíamos estar escarmentados por los precedentes
históricos, los caudillos de la ultraderecha ganan fuerza en Europa, nostálgica
de repente de no sabe uno qué antiguas esencias patrióticas y, a la vez,
entusiasta de la ingenuidad colectiva ante los discursos simplificados que
mezclan la demagogia chulesca y burda con la promesa de purificación de la
clase política como paso previo para purificar la sociedad en pleno.
Y
es que ya no sabe uno si lo que nos corresponde es llevar en la mano un
teléfono de última generación o un garrote.
.
martes, 22 de marzo de 2022
EL TRÁNSITO
(Publicado el viernes en EL CULTURAL)
Una paloma ha elegido mi terraza para su agonía.
El encuentro inesperado nos sobresalta a ambos,
pero ella al instante parece comprender:
yo no soy el heraldo de su muerte,
y sigue, indiferente, en un rincón,
con el plumaje hinchado.
Diré lo previsible: en sus ojos creo leer
una súplica, un desvalimiento
ante lo para ella incomprensible:
¿qué es la muerte,
la enemiga de su vuelo,
esa cosa invisible que la postra
en territorio extraño?
Hace un momento se ha mudado a una zona de sol,
buscando alivio al frío que sin duda le invade,
el bálsamo de luz que ahuyente el mal.
Sé que dentro de unas horas
tendré que recoger su cadáver
y escribo esto por no poder decirle:
“Tranquila, pasará pronto.
Lo peor de la muerte es conocerla
desde mucho tiempo antes de morir.
Tú pudiste volar y fuiste eterna”.
F.B.R. 2021
lunes, 21 de marzo de 2022
domingo, 20 de marzo de 2022
LA GENTE
(Publicado en prensa)
Los analistas geopolíticos se afanan en desentrañar las causas de la invasión de Ucrania, pues no hay sinsentido que no admita un examen razonado, pero lo que resulta difícil es encontrarle -con geopolítica o sin ella- la más mínima justificación, en especial si partimos de la convicción de que una guerra, la gane quien la gane, la perdemos todos, al ser cualquier solución bélica un fracaso no sólo de nuestro concepto de civilización, sino también de nuestro concepto de mera humanidad.
A estas
alturas de la Historia, con su cúmulo de escarmientos, una guerra degrada al
género humano y lo sitúa a la altura del salvajismo, de la sinrazón y del
delirio. Hoy por hoy, la barbarie es más barbarie que nunca, entre otras cosas
porque parece comprobado que el recurso a la fuerza para solucionar un
conflicto deriva en una paradoja: la solución acaba siendo el problema.
Putin ni
siquiera se ha molestado en apoyar su guerra en un discurso acogido a la lógica
de la irracionalidad, ya que le han bastado los simples pretextos. Entre otros,
el de evitar un presunto genocidio en las zonas prorrusas del este de Ucrania,
aunque ha optado por evitarlo de una manera un tanto extravagante: llevando a
cabo un genocidio en el resto del país invadido, y a costa además de la vida de
un número considerable de soldados rusos, que han muerto o van a morir para
satisfacer el sueño megalómano de una mente criminal.
Nadie ignora
que la OTAN no se rige por el mismo código que un santuario budista ni que EEUU
tiene un largo historial de hipocresía y de vandalismo en su política exterior,
pero no parece oportuno en este momento recurrir al memorial de infamias
propias, sobre todo a partir del instante en que Putin, un narcisista embriagado
de poder y de sí mismo, ordenó activar el estado de alerta en el arsenal
nuclear ruso o, lo que es lo mismo, a amenazar al mundo con una destrucción a
gran escala. Dar ese paso supone cruzar la frontera del infierno. Resulta
complicado, en fin, aplicar parámetros de estrategia geopolítica a una
estrategia de apariencia meramente psicótica.
La enseñanza
más desoladora que nos proporciona esta guerra es la de la fragilidad de
nuestro mundo, de nuestra forma de vida y de nosotros, los espectadores de este
juego macabro en cuyo desencadenamiento y solución no pintamos nada y en el que
estamos implicados de lleno por vía tangencial. Tendemos a confiar nuestro
destino común en manos peligrosas y somos esos entes abstractos que votan de
vez en cuando como quien juega a la ruleta, incluida la rusa. Somos los extras que
padecen o mueren en medio de una obra teatral que escriben otros. Somos “la
gente”. Es decir, nadie.
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sábado, 19 de marzo de 2022
LA PROPIEDAD DEL PARAÍSO
Hasta el 28 de marzo está disponible la opción de reservar un ejemplar con dedicatoria y recibirlo a principios de abril.
En la web de El Paseo Editorial se indican los pasos:
En librerías, a partir de la tercera semana de abril.






