lunes, 6 de octubre de 2014

LOS CIUDADANOS



Cuando los políticos quieren quedar bien con la plebe, se refieren a nosotros como “ciudadanos”, cuya acepción primera en el diccionario de la RAE es “Natural o vecino de una ciudad” y cuya acepción tercera, mucho más optimista, es la siguiente: “Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país”. En boca de un político de talante halagador, somos ciudadanos los pueblerinos, los aldeanos e incluso los vecinos de las pedanías, y todos intervenimos, por supuesto, en el gobierno del país, con una capacidad clarividente para elegir a quienes acabarán haciéndonos la vida un poco más imposible, cabe suponer que para que luego, en nuestra fase ultramundana, el purgatorio nos parezca un sitio inmejorable. “Los ciudadanos de este país…”, y en ese momento nos sentimos importantes e imprescindibles: ciudadanos. Nada menos. De este país. (No de otro: de este.)

            Para la clase política, el de “ciudadanía” es un concepto oscilante: somos ciudadanos de pleno derecho a niveles retóricos, pero la cosa cambia si decidimos solicitar una audiencia a un simple concejal, ya que entonces pasamos de la categoría de ciudadano a la categoría de pelmazo. Te sientes ciudadano cuando pagas tus impuestos para que ese concejal pueda ponerse un sueldo mayor que el tuyo, compensatorio de sus altas responsabilidades, aunque una voz interior te susurre que tienes menos de ciudadano que de siervo de la gleba, en el caso afortunado de que esa voz no te susurre que en realidad eres tonto de remate. Eres ciudadano incluso cuando un político, para blanquear sus corrupciones, se escuda en el apoyo electoral de los ciudadanos. Eres. Ciudadano.

Sea como sea, uno agradece el otorgamiento de la condición de ciudadano -que resuena en nuestro subconsciente colectivo con el prestigio de la Revolución Francesa y de ese tipo de cosas-, ya que resultaría impopular el referirse a nosotros como “gentuza” o como “chusma”. No hay necesidad, en fin, de vejarnos tan a las claras, aunque sepamos de sobra que la palabra “ciudadano” es el eufemismo de cosas un poco peores. “Los ciudadanos de este país…”. (Sí, vale.) Hay políticos que llegan más lejos y se atreven a una formulación que admitiría matizaciones complicadas: “La ciudadanía ha hablado”, dicen no ya cuando ganan unas elecciones, sino incluso cuando algunos ciudadanos se concentran a favor o en contra de algo de lo que ellos también están en contra o a favor, aunque sepan que una misma plaza puede atestarse un día con los defensores de pelar artísticamente a los caniches y, al día siguiente, atiborrarse de defensores de mantener a los caniches con su pelaje natural. 

Para que un político se adueñe del mensaje de la ciudadanía no le hace falta siquiera contar con un apoyo electoral mayoritario: los ciudadanos hablan y los políticos glosan. Por su parte, quienes disfrutan de un apoyo mayoritario no se toman ni la molestia de glosar: les basta con decretar de una manera bíblica, como si hubieran recibido directamente desde las alturas las Tablas de la Ley. Y amén.

(Publicado el sábado en prensa.)

3 comentarios:

Francisco José Martínez Marín dijo...

Resulta curioso que los dos primeros intentos de democracia directa tras el 15M sean estos de Cataluña y Canarias, tan radicales ellos, y tremendos, como para denostar la misma idea de dejar que la población se pronuncie. Podrían haber sido asuntos de menos calado, aunque importantes, como el cierre al tráfico rodado en los centros urbanos, la Ley de tasas de la Justicia, etc; pero estamos asistiendo a un espectáculo mediatizado por los políticos profesionales y un corporativismo sospechoso; no es que haya exceso de glosas, es que redactan el mismo incunable.

Silvio SALVATICO dijo...

Donde dijo inquilino pongo ciudadano y copio una estrofa de Diego Carrasco
Ciudadano, hombre divino, que estás vivo,
igual que tu, ciudadano del mundo, ciudadano
como el presidente de Estados Unido
o como el cantaor de flamenco Manuel Gerena
o como el presidente de CC.OO.
que también es ciudadano.
Si eres buen vecino te querrán hacer presidente de tu comunidad de vecinos y a presumir de ciudadano.
Estamos en pre crisis, llegará la crisis y luego vendrá la post crisis, nos llamaran gorriones pero dudo nos den trigo, lo importante es seguir siendo divinos por mucho tiempo como escribió D.C., no somos dueños de nada , si acaso de las malas decisiones .

Microalgo dijo...

Amén totá.

Que parece una deidad egipcia, pero no.